Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

La marquesa salió a las cinco

Por: | 30 de septiembre de 2011

La fascinación por Buenos Aires, donde estoy ahora, me viene de Julio Cortázar y de la música argentina que escuchaba de chico en el restaurante El Greco, de mi amigo Edmundo A. Esedín del Ródano, argentino ilustre que animó muchas de las noches de nuestra juventud. Allí actuaba, con su guitarra, mi amigo Zoilo López Bonilla, y allí íbamos entonces con algunos de los componentes de Los Sabandeños, cuyo director, Elfidio Alonso, era compañero mío en el periódico y es un gran experto en el folklore latinoamericano y también canario. Argentina es un país extraordinario, como lo es su literatura, como lo es su controvertida historia, que tiene claroscuros dramáticos en los que uno se adentra con pavor pero también con el ánimo de abrazar a los que han sufrido esa historia. Pero decía que me había apasionado por Argentina, sobre todo, escuchando la música de Eduardo Falú y escuchando la voz literaria de Julio Cortázar. De sus primeros libros recuerdo con una emoción recurrente la excelencia bohemia y juvenil de Los premios, una novela de iniciación que era también el ensayo de una aventura que comienza en Buenos Aires y prosigue en un barco que les llevaría, a Julio y a sus personajes, al París con el que entonces todos soñaban (aquí y en toda América, y también en Europa). Esta mañana he estado en la Avenida de Mayo con Perú, donde se halla en Buenos Aires el café que le sirvió a Cortázar de escenario de su escritura cuando escribía Los premios; el café se llama London (el London, dice Cortázar, La London, escuché decir ahora) y tiene el aire, ahora, de un hermoso café abierto, lleno de luminosidad y de esa cierta alegría reconcentrada que tienen los argentinos cuando ya están sentados conversando. Tienen a Cortázar bien retratado, en el salón del fondo, fumando, en la época juvenil en que escribió ese libro, aunque en cualquier época (casi hasta el final de su vida) Julio tuvo ese aire, entre adolescente preocupado y dadivoso. Allí exhiben retazos del libro en el que la London aparece. Como ese famoso comienzo ("La marquesa salió a las cinco --pensó Carlos López--. ´¿Dónde diablos he leído eso?` Era en el London de Perú y Avenida..." que tanto ha dado que hablar a los tratadistas de Cortázar como creador de un lenguaje surrealista que luego hallaría su sublimación en Rayuela o en las Historias de cronopios y de famas. Y en Los premios aparece también esta referencia que los propietarios de esta cafetería reverencian: "Prensada entre López y Raúl, Paula preguntó adónde iban. (...) Y bueno --dijo López. Vamos al London, che. Perú y Avenida". Siente uno una cierta emoción retrospectiva, sentarse en el lugar donde uno de los mitos literarios de su vida se situaba para mirar el mundo con una ilusión que ahora parece la ilusión propia por la vida que habría de venir.

Gonzalo Suárez

Por: | 28 de septiembre de 2011

Estuve anoche en la presentación conjunta de dos libros de Gonzalo Suárez, Las fuentes del Nilo, una recopilación casi completa de la obra breve (más o menos breve) de todo lo que escribió Gonzalo aparte de sus novelas grandes, novelas o memorias, o misceláneas, pues Gonzalo nunca le ha prestado mucha atención a las historias que tienen principio y fin; Las fuentes del Nilo, digo, y El síndrome de Albatros, una novela nueva, en la que tampoco hay esa atención, ni falta que hace, a las historias que empiezan y acaban, sino que muestran la capacidad de Gonzalo para estar y no estar, para dejar entrar y dejar salir el aire de una imaginación que se hace verbo y habita entre nosotros, aún, como si fuera todavía aquel genial Martin Girard que deleitó a los aficionados al fútbol con aquellas historias formidables que contaba cuando este cronista era un adolescente. Los libros, que han sido editados por Alfaguara y Seix Barral, respectivamente, fueron presentados en el Círculo de Bellas Artes por Juan José Millás, que hizo una introducción preciosa, honda y a la vez diversa o divertida, de ambos libros, y comenzó el diálogo con el autor con una pregunta espectacular que dio origen a brillantes reflexiones de ambos sobre la normalidad, o sobre la anormalidad: "Gonzalo, ¿te hubiera gustado ser una persona normal?" Pasé un buen rato, que tuve que interrumpir pues me esperaban en otro sitio unas (agradables) obligaciones familiares... Pero me fui de allí dándole vueltas a mi propia memoria: Gonzalo fue (es) mi maestro como cronista o apasionado del fútbol, suyas fueron aquellas crónicas que yo coleccionaba como si fueran estampas religiosas, y ellas me llevaron a buscar a Gonzalo por todas partes, desvelada al fin la identidad que había detrás de aquel seudónimo, Martín Girard; leí sus relatos, sus novelas, y al fin, cuando fui editor, me empeñé en sacar en Alfaguara un grueso volumen de sus historias cortas, que titulamos La literatura, pues para mi y para muchos Gonzalo es La Literatura... Ese volumen, que recuerdo porque me llevó a conocer mejor a Gonzalo (y a Rafael Azcona, pero esta ya es otra historia) es el trasunto de esta nueva recopilación que Pilar Reyes publica en Alfaguara otra vez y que ayer presentó con tanta brillantez Millás, que fue esencial, por otra parte, para aquel momento bello que vivimos en la editorial que ahora se ha puesto de acuerdo (y esto es insólito y bueno) con Seix Barral (que dirige con tanto éxito Elena Ramírez, que también estuvo en Alfaguara) para presentar juntos libros publicados en los distintos sellos... Bueno, pues me fui con esos recuerdos que nadie más tendría por qué recordar, pero es que la vida a veces te devuelve memorias que han hecho tu vida con otros y que surgen tan solo cuando ocurren días muy señalados... Luego me tomé una manzanilla, solo, esperando que llegara la familia. A la salud de La Literatura. Y de la vida.

Temblor de El Hierro

Por: | 26 de septiembre de 2011

El Hierro es una isla de mil records. Es la más joven del Archipiélago canario. En las cumbres el tiempo parece inglés y en la costa te tuesta el sol de África, camino de América. Su faro, el de Orchilla, es lo último que ven los navegantes que se adentran en el océano para buscar la ruta americana. Y por ahí pasaba el meridiano que le robó Greenwich. En la isla sólo hay un semáforo, pero es contundente: dura más minutos que cualquier semáforo convencional y junta una isla con la otra, te aproxima al parador, que durante años estuvo ahí, como un fantasma, desolado, a la espera del túnel que ahora resguarda la vía de las piedras que caían sobre el itinerario. Además, en la isla está el hotel más chico del mundo, al borde del mar, de modo que hay extranjeros que van allí a pescar desde la ventana de su habitación minúscula. Hay carreteras desoladas que te llevan al bosque de las sabinas, un lugar desértico en el que el viento, literalmente, ha peinado los árboles que ahora son toda una fantasmagoría. Los lagartos de Salmor, enormes y vigilantes, tienen en la mirada el miedo y así atemorizan. José Padrón Machin, el viejo cronista de la isla, me contó historias de violencia y de huida hace cerca de cuarenta años en Valverde, la capital, donde él escribía aún como si estuviera perseguido por los nacionales en la guerra civil. El Hierro. Ahora tiembla, parece que la lava le viene pronto, como el nacimiento de una piedra nueva en la negrura definitiva de su geografía, acaso la más exótica, la más rotunda de un archipiélago que estaría desolado si le faltara El Hierro, ese faro que nunca deja de vigilar desde su altura.

Una noticia buena

Por: | 24 de septiembre de 2011

Manuel Vicent decía que Eduardo Haro Tecglen era como aquellos soldados japoneses que seguían disparando como si no tuvieran cierto que había acabado la guerra. Haro disparaba y disparaba, y hasta el último aliento siguió disparando; ahora hará seis años que murió Haro, como decía él "el pobre Haro", y como la de tantos como él su falta es una pérdida sin fondo. En fin. Lo que quería decir es que, como aquellos soldados que seguían disparando y como Haro, pero no en el mismo sentido en ninguno de los casos, habrá gente que seguirá creyendo que no acabó Eta porque la organización terrorista que tanta abyección ha protagonizado a lo largo de décadas todavía no ha dicho, en un comunicado, que ya no existe. Es que no lo va a decir en un comunicado, le escuché decir hace un mes y pico a uno de los políticos que mejor conoce el vericueto complicadísimo de las decisiones de la banda. Se va a ir diluyendo, inevitablemente se está diluyendo en la política, que es lo que por otra parte reclamaba casi todo el mundo, y se diluirá, se irá como aquel escritor desleído del que escribía Juan Marsé. No estará, estarán sus vestigios, muchos de los cuales son extremadamente dolorosos, y harán bien los que queden entre los que forman y habrán formado parte de su entramado en pedir perdón con mayúsculas a aquellos a los que ocasionaron tan vil sufrimiento. Pero se irá, no estará, y no lo sabremos de pronto, o no necesariamente. Lo sabemos ya, no está, y hoy mismo hay esa noticia en la prensa, los presos mismos, a los que Eta dice defender en las instituciones, en la calle y con las armas que conservan, han dicho que basta, y que además deben pedir perdón a las víctimas. No es una buena noticia, porque en efecto aún no es LA noticia, pero es una noticia buena, porque es una noticia en la dirección correcta. ¿Hasta cuándo van a seguir siendo Eta? Quién sabe. Es curioso constatar hoy el alcance de las divergencias entre las interpretaciones y subrayar lo que dice el PP: no se lo cree, no se lo acaba de creer. No quiero ni pensar que no se lo crea porque no le conviene creérselo. En fin, una noticia buena hasta que sea una buena noticia, y que la veamos dibujada en el rostro del futuro que ya estamos viviendo.

Una atmósfera sangrienta alrededor

Por: | 23 de septiembre de 2011

Iba a titular "Malos presagios", como el libro de Günter Grass, pero he preferido esa frase que decía Severo Sarduy, el gran escritor, y músico, y pintor, y científico, cubano; cada vez que observaba mal clima, una atmósfera enrarecida, exclamaba: "Siento una atmósfera sangrienta alrededor". Se siente esa atmósfera, en la economía, en la política, en la vida, en las relaciones humanas que devienen de la enorme incertidumbre en la que nos ha metido la crisis de aquellas contingencias: la economía, la política, el oficio del periodismo, el ejercicio mismo de la amistad. Cuando empiezan a romperse los árboles, y se están rompiendo muchos árboles recientemente, los hombres sienten que se destruyen las bibliotecas, las metáforas de la concordia y del trabajo en común, y entonces empiezan a destornillarse las historias, y cada uno va por su lado, buscando el sol que mejor le ampare; surge el egoísmo, se implanta con dureza el valor de la sombra más que el valor de la compañía. Malos presagios, una atmósfera sangrienta alrededor. Y cuando esto ocurre suceden inesperados gestos que parecen impunes; por ejemplo, el acoso sin fin, casi sin excepción, a quienes antes eran agasajados porque apoyaban a los autores, por ejemplo, y ahora son rociados con agua sucia incluso por aquellos que recibieron los beneficios de su gestión; o esto que ha pasado, a la luz del día, con los consejeros (prácticamente todos, unos y otros, con dos excepciones, el de UGT y el de IU) de Radiotelevisión Española, que decidieron, como si fuera normal hacerlo, reclamar el mando de los telediarios para vigilar, en función de los intereses de sus partidos, seguramente, lo que estuvieran haciendo en sus ordenadores los encargados de la información y los responsables de la dirección de los informativos, de cada uno de los informativos. Luego se volvieron de su decisión, dicen que porque habían causado escándalo; y tanto que causaron escándalo; es un escándalo mayúsculo que proviene de la poca vergüenza, es decir, del ejercicio de la poca vergüenza en medio de los restos del naufragio que permite la impunidad. Anoche el periodista Antonio Papell dijo en 24 horas de TVE que lo habían intentado varias veces más, en la época de Luis Fernández como presidente de RTVE, y en los tiempos recientes con Alberto Oliart, pero no pudieron; ahora que tienen el mando colegiado creyeron llegado el momento. Y lo intentaron, sin éxito, pero han dejado su huella como un mal presagio. Parecía una pesadilla cuando lo presentaron como una decisión, y ahora que ya parece que rectificar se queda como un mal presagio, un detalle más de la atmósfera sangrienta que se percibe alrededor.

Esperanza en educación

Por: | 20 de septiembre de 2011

En un día clave para el conflicto que vive el mundo de la educación en Madrid, la presidenta Esperanza Aguirre ha agitado el fantasma de lo privado contra lo gratuito. No todo, en educación, ha de ser gratuito, ha dicho; en una frase ha chocado con la esperanza y los objetivos de la sociedad española en el siglo XX, el lugar al que quiso llegar este país desde el final de la dictadura, lejos del azote mayor de todos los tiempos: el analfabetismo y la desigualdad de oportunidades, que debe atajar el Estado ofreciendo educación obligatoria y gratuita a todos los estudiantes. Es grave lo que ha dicho la presidenta madrileña, porque muestra qué prefiere hacer precisamente cuando su partido intenta ocultar qué quiere hacer. Estos días las protestas del profesorado, por los recortes, suben de tono, y ella ha decidido subir su propio tono explicando sus posiciones.

Estamos comunicando

Por: | 18 de septiembre de 2011

Decía José Ortega Spottorno que el fin del mundo llegaría cuando todos los teléfonos dieran comunicando. Él vivía (aún) en la era del teléfono fijo, que usaba con profusión pero con desgana: como Manuel Vázquez Montalbán era un hombre negado para la comunicación telefónica de carácter cordial o casual, pues sólo llamaba para dar recados, y luego colgaba sin decir adiós, como si le quemara el aparato en la oreja. Él creía, en efecto, que ese día en que ya todos los teléfonos dieran el espantoso pitido reiterado del Comunicando el mundo estaría al borde de su desaparición. Imagino que eso no pasará jamás, pues ahora hay más teléfonos que usuarios, por lo cual siempre habrá algún móvil sonando en el desván, sin que nadie lo agarre pero sonando. Pero sí es cierto que todo el mundo, de una manera u otra, está comunicando, entretenido en la pantalla superficial y digital de su teléfono celular, esperando que de ese tacto que se le ofrece surja alguna novedad, un mensaje que le cambie la vida al menos por un minuto, o alguna noticia que cambie el destino del mundo. Es una terrible plaga la de comunicar; lo que en algún momento se dibujó como una posibilidad de contacto entre los seres humanos, el teléfono e incluso el celular, se está convirtiendo en una manía, como la de la glotonería o como la de la musicomanía que hace años hacía que nadie te escuchara porque iba a toda hora (la manía persiste) colgada de unos auriculares. Ahora es frecuente encontrar en los restaurantes, en los bares, en las iglesias y en las universidades a gente de todas las edades comunicándose por teléfono con otros mientras están en las mesas, en las barras, en los pupitres o en las aulas sentados con otros que a su vez están haciendo lo mismo que ellos: comunicándose con los lejanos. Así que están lejanos los que están cerca y aquellos a los que llamamos. Se está produciendo aquel fin del mundo del que hablaba Ortega, lo que pasa es que nosotros creíamos que el fin del mundo sería como un incendio. Lo es, pero no lo vemos, porque está en nuestro cerebro, en nuestra mente, en la destrucción progresiva de la intimidad como forma de atención al otro, al único, al que está dentro de nosotros pero oculto por la presencia omnímoda, y omnívora, de un auricular que requiere toda nuestra desviada atención.

14 de septiembre de 1920

Por: | 14 de septiembre de 2011

Tal día como hoy nació en Paso de los Toros, Uruguay, Mario Benedetti, el poeta que desalambró la poesía, habitó en el desexilio y combinó la ternura con el compromiso político. Fue el 14 de septiembre de 1920. Su padre le puso mil nombres, o por lo menos ocho, como a Pablo Picasso. La tragedia de la dictadura y la tortura lo persiguió en Argentina, y él siguió camino a Perú, a Cuba, a España, y regresó a su país cuando ya la vida le estaba poniendo la frontera de la enfermedad, de las mayores enfermedades; aún así, allí disfrutó algún tiempo del enorme calor poético que desprende Montevideo. Y allí le vi por última vez en mayo de 2009, cuando él estaba a punto de morir. Hoy se presenta en Madrid un libro de poemas de Aurelio Romero, un poeta que nació en Ciudad Real en 1951. El libro se titula Nómada, ha sido publicado por Ézaro y el acto en el que se bautizará el poemario es el Ámbito Cultural de la calle Serrano. A las siete de la tarde. Repasando sus versos hallé un poema dedicado a Mario Benedetti en el día de su muerte, se titula Tristezas para el día de hoy y de él expurgué estos versos: 

Hoy tengo la tristeza subida de tono.
pero no me asustan las ausencias

ni los versos escritos con palabras borradas

ni las emociones del primer poema

            que siguen siendo mías

y no podrá con ellas ni su muerte

Es emocionante abrir un libro y hallar unos versos dedicados al poeta, al hombre, en el que has estado pensando hoy y todos los días, desde hace tantos días, desde que su mirada desesperada se posó en mis ojos para siempre. 

Lo sagrado según Arenas

Por: | 12 de septiembre de 2011

Lo peor de la política y de los medios es tratar de mostrar lo que no es pareciendo que es, o tratando de mostrar que ellos sí y los otros no, cuando es que ellos sí y los otros también, al menos. El otro día un medio nacional de Madrid ocultaba el patrimonio de Mariano Rajoy para poner de manifiesto el de Rubalcaba, que por lo menos se parecen. Y hoy leo en EL PAÍS un suelto que protagoniza Javier Arenas, el dirigente del Partido Popular. Dice Valme Cortés que el político andaluz ha dicho en Granada que "La lucha contra el paro y el despilfarro serán claves para el PP que defiende la ´austeridad`pero ´sin tocar`ni educación, ni sanidad, ni servicios sociales, ni pensiones. ´Son cosas sagradas para nosotros", subrayó". He subrayado a mi vez esta declaración pública de Arenas. Lo que subyace es que ellos, es decir, el partido de Arenas, sí hace eso, respetar "lo sagrado", o lo hará, mientras el otro partido, seguramente el PSOE, no lo hace; ellos son austeros, pero respetan lo sagrado, mientras que los otros son despilfarradores y además no respetan "lo sagrado". Como las noticias se suceden en el sentido contrario, imagino que Arenas prefiere leer periódicos como aquel que ocultan el patrimonio de Rajoy para que parezca que el único que tiene patrimonio es el maldito (es decir, no sagrado) Alfredo Pérez Rubalcaba. 

La tragedia contada

Por: | 11 de septiembre de 2011

CNN Internacional emitió anoche una crónica de la tragedia del 11S contada por aquellos que perdieron a sus parientes en el desastre provocado por los suicidas de Al Qaeda. El programa incluyó relatos de políticos (entre ellos el presidente Bush) que tuvieron que ver con las decisiones que tomó el Gobierno de Estados Unidos después de los gravísimos atentados que segaron las vidas de miles de personas. Me sorprendió, en los políticos, la falta de autocrítica con la que abordaron sus decisiones, que condujeron, por ejemplo, a una guerra sin sentido en Irak, a la que nos condujeron también a los españoles. El sufrimiento causado para vengar lo que había ocurrido en Washington y en Nueva York debería haberles llevado ya, a ellos y a sus cómplices, a pedir perdón por el uso abusivo que hicieron de las atribuciones democráticas de las que se valieron. Esa parte del documental, que la CNN realizó en colaboración con Time y HBO, me pareció, pues, al menos inconveniente, pues se mezcló con testimonios de un enorme valor sentimental que hicieron revivir en el espectador las sensaciones que todos vivimos aquella tarde fatal, la mañana en Estados Unidos. Hace ahora una década, y escuchar el recuento cercano, familiar, de aquellos hechos nos devuelve el latido privado, y tan extendido, de los que padecieron esa tragedia con la que empezó un siglo que nos ha traído ya esa y muchas otras tristezas. Estos días se recuerda en muchos sitios lo que pasó en la jornada, qué hacíamos cuando eso estaba pasando. En mi caso, comía en un restaurante de Madrid con el pintor Eduardo Arroyo y con mi compañero Miguel Gil, hablamos del español, de un libro de homenaje al español que queríamos que ilustrara Arroyo. De pronto sonó el teléfono y mi compañera Ximena Godoy me dio la noticia, que comuniqué en el restaurante. Por la tarde me vino a ver Miguel de la Quadra Salcedo; él había descubierto en un libro de Frederick Forsythe un adelanto de ficción de aquella realidad. A todos nos pareció aquella tragedia como una pesadilla inventada. Escuchando el recuento de la realidad, hecho por parientes de los que fueron abrasados por el fuego de aquella barbarie, sabemos una vez más el alcance humano de aquellos hechos, que ni entonces ni ahora puede analizarse desde el latido de la política sino desde el ámbito del sufrimiento padecido por los hombres y las mujeres que entonces fueron víctimas de la locura de la venganza.

El País

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