Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

El año en que nació Oliver

Por: | 31 de diciembre de 2011

Iba a deplorar el año, tan difícil y tan arriscado, tan duro. Y de pronto recordé la madrugada en que nació Oliver, hace ocho meses, pronto hace nueve, y aparqué aquellas memorias tremendas del tiempo pasado y concentré mi energía, la de la vida de sol y de nieve, la vida que no está en los diarios ni en la política ni en la mirada mezquina de lo que es alud de complicación y de miseria, y atraje hacia mi ese nombre propio, la primera sonrisa, la primera risa, el nacimiento, en fin, de la vida como calor y como nieve, y con esa imagen felicito a quienes me lean este rato de tiempo que va de un año a otro, pues superar un año es como reafirmar las ganas de vivir, y tener ganas de vivir es más que vivir simplemente. Así que deseo ganas de vivir, felicidad, un poco de sensatez, no mucha, y la locura necesaria para entender que imaginar es mejor que dormir simplemente, o que olvidar, imaginar es vivir dos veces. 2012. Pues no suena mal. Hagamos que suene bien; será el año en que Oliver diga sus primeras palabras. Como dice el gran poeta canario José Luis Pernas, hay que buscarse una esperanza para seguir viviendo. Y a veces la esperanza, la superación del dolor, el fin de la melancolía, viene precisamente de una palabra, y si la palabra es la primera palabra la esperanza puede ser indestructible e inmensa.

Tijera y misa

Por: | 30 de diciembre de 2011

Al tiempo que el Gobierno del Partido Popular anunciaba en Moncloa la aplicación de una tijera insólita en la historia reciente de la economía española, los seguidores católicos de Rouco Varela, incluida la nueva alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se manifestaban en misa contra algunos de los signos de modernidad que logró instaurar entre nosotros el Gobierno anterior, socialista. Rouco y los suyos claman, en una misa que ha paralizado el tráfico y que ha consternado a los que piensan que ahora empieza un nuevo ciclo para las libertades civiles en la capital de España, contra el aborto tal como está legislado y contra la ley del matrimonio homosexual tal como lo concibió el Ejecutivo de Zapatero. La teoría en un caso se basa en la existencia de vida antes de lo que dice la ley en vigor, y en el otro caso sucede lo que avisaba Rubalcaba: a la derecha (la eclesiástica y la política) le parece bien que los homosexuales se duerman después de comer, pero no les gusta que a eso se le llame siesta. No, no, la Iglesia no quiere que el matrimonio homosexual se llame matrimonio. Para afirmar que la familia cristiana, por otra parte, es el antídoto contra la crisis organizan, pues, una misa, tratan de exorcizar el tiempo pasado queriendo instalar entre nosotros el pasado, que transcurre debajo y a través de las sotanas. Juan Marichal, el historiador republicano que rescató a Azaña de las mazmorras intelectuales en la que le hicieron vivir, me decía hace ocho años, cuando él cumplía ochenta, que el Estado ha tardado demasiado tiempo (estaba tardando demasiado tiempo) en desprenderse de sus ligazones con la Iglesia; el Gobierno de Zapatero dio algunas alertas, pero no actuó del todo, pues la Iglesia es un intangible poderosísimo, y ahora que se ha visto liberada de trabas para salir a la calle a decir misa ha vuelto a tomar la calzada, ha usado el palio para tratar de impedir la marea moderna y nos hace santiguarnos como si hubiéramos pecado los que pensamos de otra manera. Ahora toca persignarse. Ojalá se den cuenta antes de que sea tarde los que gobiernan ahora que esa alianza va en contra de la naturaleza del tiempo y en contra de la naturaleza de la libertad. Si la Iglesia va por delante este país irá por detrás; así fue siempre, y así será siempre. 

Límites del pudor político

Por: | 28 de diciembre de 2011

Tiene toda la legitimidad Ana Botella; es lógica, en la lógica política de las listas cerradas, que sea hoy alcaldesa de Madrid. Y ojalá lo haga bien, pues esa ciudad se merece mucho cuidado, por arriba y por abajo, por las nubes y por el suelo, que tienen la sombra del descuido metida en su piel pues es una ciudad alegre y confiada y sólo recientemente se ha dado cuenta de que la duermen con humo. En todo caso, a lo que iba: tiene la legitimidad democrática indudable, pues fue en una lista que, si se corría en el sentido en que la ha empujado Rajoy nombrando a Gallardón ministro o cualquier otro cargo importante, la convertía a ella automáticamente en aspirante al cargo que fue de Tierno Galván, de Juan Barranco y del propio Alberto Ruiz-Gallardón, que por cierto ha sido (independientemente de las críticas que merezcan sus inversiones) un buen alcalde, con ambición y con arrojo, con ganas y también con la ingenuidad que tienen los que no ven puertas sino ventanas por las que saltar de una realidad a otra a favor de su imaginación. Así que el nombramiento o elección, como queramos llamarlo, de Ana Botella estaba cantado en virtud de la esencia corriente de las cosas. Lo que me ha sorprendido es la parafernalia del saludo colectivo que ha merecido: su familia directa, su familia política, los que ahora se asimilan a su familia política, corriendo como gamos para hacerse visibles ante el nuevo poder político... Ese contento es perfectamente entendible, pues Ana Botella (la mujer, la madre, la política) accede a un cargo de un enorme valor simbólico; pero tenía que haberse revestido, me parece, de una mejor prosopopeya democrática, de un discurso más elevado y más liviano; todo lo familiar pesa, pero no eleva necesariamente, expresa un peso, el que es, pero los cargos no son familiares, ni son fiestas en familia. Madrid es una ciudad de grandes (y de mediocres, no lo olvidemos) alcaldes. Que en una ocasión así la invocación de su mentor político sea la invocación a su marido parece al menos un reconocimiento innecesario, que debió quedar, me parece, en el ámbito de lo íntimo; Madrid es una ciudad grande, de nombres grandes, de instituciones poderosísimas, y merece, por parte de sus alcaldes, de reflexiones asimismo notables o sobresalientes. El vuelo familiar se debe dejar para las bodas, sean éstas grandes o pequeñas, y Ana Botella no se estaba casando con la alcaldía de Madrid, aunque la atmósfera provocara esa sensación. Estaba asumiendo un cargo muy serio que tenía que habérselo dedicado más a Madrid y a su historia que a una persona. No sé, sentí como el cosquilleo del impudor al ver esa exhibición de poderío familiar, y como lo sentí lo digo. 

Torrente Malvido y una nota de Giorgio Bocca

Por: | 27 de diciembre de 2011

Tenía el aire de un hombre que viniera del territorio fronterizo donde no se sabe qué hace la mano izquierda. Tuvo una bendición, ser hijo de Gonzalo Torrente Ballester, pero esa bendición también fue un castigo, porque ese padre poderoso (por su literatura, por su imaginación desabrochada) era una sombra persistente que le siguió a todas partes, y en todos los sitiales literarios que quiso ocupar era ya una sombra posada. Era un excelente narrador; conocí sus libros, tuve que ver con la edición de alguno, conocí de cerca su especial personalidad convulsa (por su conducta pública, por su extraordinaria facilidad para ser él y otro al mismo tiempo), por mantener, en sus ojos, el misterio de un hombre que no aceptaba las convenciones, ni siquiera aquellas que le hubieran llevado por la senda del acomodo. Así que siempre estaba luchando, desde la heterodoxia personal, y a veces desde la heterodoxia literaria, por ser otro, justamente otro, y siempre otro, caminando de lado, como aquel amigo, Ezequiel Pérez Plasencia, por un mundo que él había convertido (en sus cuentos, hasta en su apariencia) en un universo de sombras bajo las cuales él mismo se hacía pasar también por una sombra. Su ironía era poderosa y afilada, como la de su padre, pero me parece que era más amarga que la de don Gonzalo. En los últimos años, me dicen, una operación delicada y las secuelas de ésta lo tuvieron desganado, como dimitido de vivir. Su muerte me sorprendió esta madrugada, en la esquela que aparecía en EL PAÍS, y de inmediato se me representó su porte, vestido de camisas de colores sobrios o estridentes pero siempre muy bien combinados, su cigarrillo ladeado, su cuello cubriéndole la garganta, sus gabardinas... Pensé en Marisa, en sus muchos hermanos, en don Gonzalo preocupado por él en las lejanías y ahora esta noticia que ya perturba finalmente una biografía que se parece a la biografía de muchos españoles como él, hijos de la luz y de la sombra, de una época de plomo y artificio, de una época en que ser y no ser al mismo era quizá lo que tocaba.

En esa misma página necrológica había una nota de Lola Galán sobre un gran periodista italiano, Giorgio Bocca, que escribía en L Expresso y que contribuyó a fundar La Repubblica. Subrayé de ahí esta frase del propio Bocca sobre la vocación central de su vida, el periodismo. Dice Lola, para recoger luego lo que creía el periodista fallecido: "Para él, el periodismo era sobre todo aprendizaje, ´escribir claro y deprisa, tener capacidad de síntesis, no perderse en dudas ni vacilaciones, pero también ser culto, abierto al mundo y a sus lecciones, capaz de emocionarse y de solidaridad humana`".

El periodismo, ojalá.

La madre

Por: | 26 de diciembre de 2011

De todas las figuras de la memoria, la luz de la madre es imborrable, está siempre, jamás deja de estar. Es la memoria misma, como un trozo de madera dispuesta en el río para salvarte, o para iluminar, con su humilde, sinuosa, singladura el lugar por el que podrías andar si tuvieras incierto el rumbo. Cada madre supone una luz así, y sin embargo todos vemos esa luz desde un rincón especial, único; aunque no esté la madre esa claridad es como la mano abierta de los domingos, como el despertar de un niño que aun no sabe qué cosa es amanecer o estar vivo, como el soplo que cae sobre una vela que sigue alumbrando. No hay recuerdo más emocionante que el recuerdo de una madre, ahí está, siempre, como si te estuviera esperando; la mía murió en febrero de 1981, poco antes del golpe de estado; desde entonces han barrido del mundo muchas de las épocas históricas que parecían cambiar con el universo, pero su memoria, lo que dejó dicho, lo que no dijo, lo que hubiera dicho, sigue siendo, aún en los más espectrales días, cuando parece que el olvido es mejor que la certeza, la presencia más sutil, más esperada, y también más inesperada, la presencia contundente de una mano invisible que te abraza cuando ya nada se espera. Como si estuviera siempre al tanto de los mínimos ruidos de la casa, como si no estuviera ausente tampoco su oído en las madrugadas, como si dejara en ti el rastro de luz que se llevó. Siempre ahí, esperando, esperando siempre, siendo ella misma, ausente, nuestra propia espera. La espera es la esperanza, la ausencia no es la lejanía. La madre es una mano abierta que sigue existiendo aunque se cierre la mano, aunque nuestra mano ya no se aferre a nada ahí está, aún, esa mano vieja buscando tus dedos para huir juntos del silencio que es vivir.

Hoy ha muerto la madre de un buen amigo. Quiero, con él, recordar a su madre como si también recordara a la mía, a las madres de tantos.

Un cambio civil

Por: | 22 de diciembre de 2011

El cambio de Gobierno que acaba de producirse, independientemente de las opiniones que cada uno sostenga acerca de los protagonistas particulares de este acontecimiento, ha tenido algún valor que me gustaría destacar.

La exquisita relación que en el último tramo de este trayecto han mantenido el presidente saliente y el candidato que ganó es una excelente noticia para la democracia, en todo caso una reivindicación civil de la buena educación. Como esa actitud de doble correspondencia se ha manifestado en todos los casos referidos al cambio, creo que merece la pena señalarlo como una muestra estimulante de buena educación política.

No puede ser de otra manera, como es natural, pero a veces es de otra manera; a veces se acusan unos a otros de ocultarse papeles o de exigir papeles que no existen, y así hay rifirrafes que ocultan la verdadera naturaleza de las cosas: que hacer política, gobernar, es un ejercicio de servicio público y cuanto más se guarden las formas y los comportamientos (esenciales en democracia) más y mejor se preserva el interés general.

Eso me gustó, de modo que me gustó ese modo de despedirse que protagonizaron en el hemiciclo Rajoy y Zapatero, y luego Rubalcaba y Rajoy (que se seguirán viendo, pues aquel va a ser de momento el portavoz socialista frente al nuevo presidente). Son fechas decisivas y difíciles, tiempos en los que se puede esperar de todo, pero se debe desear sólo una cosa: armonía y esfuerzo común para evitar que el abismo que está abierto bajo nuestros pies sea una puerta hacia la nada.

Me gustó, luego, el tono del debate, y así lo dije cuando me lo preguntaron; me pareció insólito (y así lo han subrayado muchos comentaristas) ese diálogo que sostuvo el portavoz de Amaiur con el nuevo presidente, que augura sin duda nuevos tiempos de consecuencias impredecibles, y me resultó altamente interesante la dispersión de la izquierda en la cámara.

Lo que quise decir, en mi referencia a Rosa Díez, que me ha sido tan criticada, creo que con razón, pues establecí una cadencia que oscureció lo que quise expresar, es que me sorprendió la diatriba que hubo entre ella y Rajoy, aunque éste al final le aclaró que no estaba enfadado, al contrario. Bueno, pues pareció que estaba enfadado por lo que ella le dijo al respecto de la ley electoral. Pero sí es cierto:esas desproporciones entre votos y escaños que se dan en los partidos minoritarios desmejoran el resultado democrático.

Pero de eso no quería estar hablando ahora; quería, tan solo, congratularme de una imagen, la de la concordia en el cambio; en este país ríspido en el que si no gritas no eres nadie este sosiego me ha conmovido. ¿Se romperá? Imagino que sí pues en este país nada bueno dura nada.

La hora laica, el tiempo de lo público

Por: | 22 de diciembre de 2011

Mariano Rajoy ha demostrado ya suficientemente que no le debe nada a nadie; ni a la ETA, por supuesto, ni a Rosa Díez, ni a la derecha cavernícola que se burló de él hasta el escarnio cuando querían entronizar en su puesto a la que ellos creían que podrían sacarle provecho (algo que por cierto hicieron, y siguen haciendo).

Ahora lo que Rajoy podría hacer, sugiero, es acabar con la dependencia que gran parte de su partido tiene con la Iglesia católica. La Iglesia católica, y las adherencias poderosas que tiene en el ámbito político, es la que ha conducido al PP a presentar en mala hora una propuesta de inconstitucionalidad contra la ley del matrimonio homosexual.

En el debate de investidura, Alfredo Pérez Rubalcaba explicó que quizá al Partido Popular le parezca bien que los homosexuales duerman después de comer, pero no ven bien que a eso lo llamen siesta. la metáfora sirve: lo que objetan los populares es que la unión homosexual se llame matrimonio. Y eso es lo que sostiene la iglesia, como si el nombre fuera la esencia de la ley que aprobó el parlamento y que reivindicaron durante años tantos homosexuales como los defensores de los derechos igualitarios de esos colectivos.

Es evidente que en el Partido Popular que hoy asume el Gobierno hay muchísima gente, líderes políticos incluidos, que no son partidarios de esa enmienda que estudia el Constitucional. Sería un gran alivio para el sentimiento de igualdad que debe imperar en este país que Mariano Rajoy decidiera revocar ese pronunciamiento, y que lo hiciera, si fuera posible, antes del 30 de diciembre, día en que la Iglesia quiere llenar, otra vez, el centro de Madrid para reclamar fidelidad a la familia cristiana que, según los obispos y quienes le siguen, no sólo es la garantía de la felicidad sino (lo dijo el obispo de Alcalá de Henares) que es el baluarte contra la crisis económica.

Es tiempo de luchar por el laicismo, por la educación pública, por lo público, como decía Joan Manuel Serrat en la recepción del premio El Ojo Crítico de Radio Nacional de España. Es tiempo de defender lo público, y lo público es la igualdad frente a los privilegios que la Iglesia y otros poderes quieren mantener para sí y para siempre. 

Gürtel, un estilo de vida

Por: | 17 de diciembre de 2011

En las conversaciones de los inculpados por el caso Gürtel hay un gusto por la vida que excluye cualquier complejidad. Es muy curioso anotar lo que se dicen entre ellos, sobre qué hablan en esas conversaciones a veces largas, a veces circunstanciales, pero todas ellas con objetivos bien claros: señalar el afecto ("te quiero un huevo", "amiguito del alma"), calificar al otro ("cabrón", en el peor sentido, "cabrón", en el mejor sentido, "hijoputa", en el mejor sentido, "hijo de puta", en el peor sentido), expresar profecías ("serás el próximo presidente del Gobierno"), o indicar envidia (sana) a quien está en Brasil ("cabrón, tú en Brasil y yo en Orihuela aguantando navajazos").

No extraña, leyendo el resumen que ahora vuelve a hacerse en el juicio popular que tiene lugar en Valencia, que el nuevo presidente valenciano, Fabra, consigne su estupor ante lo que se dice. Lo que pasa es que el presidente de lo que se extraña es de que eso se haya grabado, aparentemente no le preocupa que eso se haya dicho. Pero se ha dicho.

Y en medio de ese mendrugo de pan oscuro que constituyen las conversaciones de los incriminados lo que hay es un objeto bien claro: favorecer, desde el poder a unos amigos; y buscar, desde los aledaños del poder, el enriquecimiento gracias a que los que están en las poltronas públicas son, en mayor o menor grado, "amiguitos del alma".

La estrategia con la que desde el principio se descalificó el caso, desde tribunas públicas y políticas, como una inútil persecución de gente honrada incapaz de venderse "por dos o tres trajes" es un indicativo del aprecio (es decir, el desprecio) que se manifiesta tanto por lo público como por el ejercicio mismo de la ética de la política. Da igual si son dos o tres trajes, da igual si es un traje; lo que se revela en ese conjunto sintáctico de conversaciones vergonzantes es el estilo que estas personas habían construido en su mente, qué cosas llegaban a importarles (el caviar, el reloj, el coche, el móvil, la última generación de cada capricho) y cuál era el índice (cero) de su preocupación por lo que había alrededor, aparte de la naturaleza del afecto que tenían en función de los regalos esperados o de los regalos ofrecidos.

Que ese mendrugo de pan oscuro hubiera sido deglutido impunemente ha sido imposible gracias al ejercicio de la justicia y del periodismo pertinaz, que ahora sigue actuando para vergüenza (por ejemplo, del presidente Fabra) y para ejemplo de aquellos que llegaran a considerar que hacer política es hacer amistades para tener a quienes contentar para pagarles los regalos o incluso los halagos con epítetos como cabrón, hijoputa o amiguito del alma, que de todo ha habido en ese diccionario que ahora se llama Gürtel.

Es la política

Por: | 16 de diciembre de 2011

Aún hay que decir, antes de expresar una opinión sobre todo lo que tiene que ver con la izquierda independentista vasca, que abominamos el terrorismo, que ha causado tanto dolor inolvidable a tanta gente. No se cumple un trámite, se dice porque es cierto, pero esto que es cierto ya debería darse por entendido, por dicho un millón de veces por millones de personas en este país.

    Pero ahí está el exordio. Es justo y necesario, todavía.

    Dicho esto, hay algo que no se entiende. Se trataba de que acabara Eta, de que esa plaga que le tocó a lo más importante de este siglo (cincuenta años, nada menos, de amenaza constante y despiadada) dejara de existir, se esfumara, fuera pasado con todas sus consecuencias. Y si se acaba Eta, si se va, se inaugura la política para hablar de lo que quieran los independentistas vascos. Con la política todo, con la violencia, nada. De acuerdo.

    Se fue Eta. Quedan algunos trámites, pero, después de tiempo sin matar, que es la mayor amenaza, anunció que dejaba la lucha armada.

    Pues ahora se dan las condiciones para que haya política, y de pronto (como titula hoy un periódico de Madrid) la democracia impide que Amaiur (la coalición independentista vasca) tenga su propio grupo parlamentario en función de los votos que obtuvo en Euskadi.

    Pues a mucha gente esto último no le ha parecido tan razonable como al PP, que se basa en la historia de Amaiur como representante del pasado de Eta para defender en solitario la decisión de las Cortes de cerrarle ese paso parlamentario a los independentistas.

    ¿No era que venía la política? Es probable que esta decisión de anoche sea revocada en función del recurso de Amaiur. Pero la política ha quedado lesionada, me parece, porque ha demostrado que, en este caso, no ha cumplido su palabra. Es probable que Amaiur no haya cumplido el importante trámite de despegarse de Eta, de exigirle que entregue las armas, etcétera, pero la política (y no sólo la del PP, es cierto) ha empezado por no cumplir ella misma su palabra.

    Pienso, espero que sea lícito pensarlo.

"2 años hace y no nos olvidamos de Haití"

Por: | 14 de diciembre de 2011

Cada día lo recuerda Forges en EL PAÍS: no nos olvidemos de Haití. Hace dos años, un terremoto que "causó una hecatombe humana, ultrapasó el horror y resquebrajó el país con una furia que parecía inédita en la tierra", como ha escrito Manuel Rivas, rompió el suelo pero no acabó con la esperanza de esa pequeña nación empobrecida pero no triste. A Haití se le puede aplicar, escuché decir este lunes en la Librería Alberti, donde se presentó este libro que es una descripción de la esperanza haitiana, aquello que escribió Hemingway: "Conoció la tristeza y el dolor pero nunca estuvo triste una mañana". Pues sobre ese Haití que lucha, en efecto, contra el estertor de la tierra y se rehace por encima de sus posibilidades y de su ánimo se ha escrito este libro a tres manos que ha publicado Península con el patrocinio de la Agencia Española de Cooperación Internacional Internacional para el Desarrollo, cuya presidenta, Soraya Rodríguez, ha escrito el prólogo y presentó el acto con el que se lanzó el volumen. Intervienen en él, con relatos que te levantan de la silla, al leer, y te conducen a la solidaridad, a la rabia, a la voluntad de ayudar a que ese país prospere, los escritores Georgina Higueras, periodista de EL PAÍS, Gustavo Martín Garzo y Manuel Rivas. Forges ha dibujado la viñeta que está en la portada: "2 años hace y no nos olvidamos de Haití". Los textos son dignos ejemplos de buen periodismo; escritura que traspasa las señales de la tierra y va al alma del país, de sus habitantes, con los que han convivido los tres autores en busca de la evidencia que luego trasluce en sus textos: no se rinden, no se rendirán, siguen luchando, hasta en escaleras inhóspitas, lo que ha quedado de sus locales, a favor de los derechos humanos, a favor de la cultura en todas sus formas, a favor de la sanidad pública que alivie de tanto sufrimiento a estos seres que, como dice Forges día a día, deben ser inolvidables para el mundo. Los tres fueron a Haití con el propósito de contar lo que vieran; la condición era que no se encontraran, que al volver escribieran el fruto de su mirada y de su experiencia, y los tres han mostrado, en el texto y en la actitud, un compromiso conmovedor, que los honra como periodistas pero que los hace admirables como ciudadanos, requeridos para una aventura difícil en tiempos en que casi nadie encuentra tiempo para mostrar su solidaridad o su cariño para aquellos que de verdad sufren sobre la tierra. Es "una apuesta por la esperanza", como reza el título. El resultado de la venta, ojalá sea grande, se destinará a un proyecto cultural en Haití. No nos olvidemos, no nos olvidamos, nadie se olvida, de Haití, Forges. Ojalá. 

El País

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