Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

¿Votará Niemeyer?

Por: | 31 de enero de 2012

La sorprendente noticia de que el presidente asturiano Francisco Álvarez Cascos ha propuesto a sus conciudadanos ir otra vez a las urnas seis meses después de haber ganado por una sutil mayoría me trajo a la cabeza de inmediato el caso que abrió Cascos cerrando la perspectiva del Museo Niemeyer en Avilés. ¿Votará ahora Niemeyer, dirá algo el museo en esta nueva convocatoria electoral?

Los centros culturales tienen la voz que le dan, pero es cierto que la voz del Niemeyer era poderosa, empezaba a serlo; Cascos y los suyos lo cerraron alegando que allí dentro no se hacía nada de lo que debiera estar orgullosa Asturias. Demasiado moderno, poco motivo astur. Forzados un poco a elaborar sobre el asunto, llegaron a decir que lo que iban a hacer allí se debía parecer bastante a lo que se hacía.

Entonces, ¿qué no les gustaba del Niemeyer?

El cierre del Niemeyer, nada más llegar al Gobierno, fue en el caso del mandato de Cascos una señal de lo que se proponía como presidente: hacer lo que quisiera atendiendo más a su propio eco autoritario que a la voz ajena, y dejó perplejos a los asturianos con la celeridad con la que abordó, a su manera, el complejo asunto del arte como motor de las ciudades.

¿Para hacer qué? En eso hubo mucha discusión, y debió haber muchísima discusión interna, que debe proseguir incluso sobre el ruido de la decisión de marcharse para intentar volver.

Al lado de esa decisión, Cascos decidió acabar también con el Festival de Cine que pretendía ser como el Sundance del sur. ¿Por qué? Por dinero. ¿Por dinero? Es posible, lo que pasa es que eso costaba bien poco.

Ahora se abre un debate electoral, otra vez, en Asturias, e imagino que Niemeyer, el propio Niemeyer, el arquitecto, sumido en la bruma de su edad, recibirá la noticia en Brasil con esa media sonrisa que se le pone a los viejos sabios cuando ven pasar, por delante de la puerta de su experiencia, la posibilidad de que el que los ofendió le devuelva la moneda de su honor.

Si él pudiera, si pudiera votar Niemeyer, lo haría seguramente, y seguramente podríamos adivinar qué diría en la urna o, lo que es lo mismo, qué le diría a Francisco Álvarez Cascos, que lo borró del mapa de las nomenclaturas modernas de Asturias. 

Contra el anonimato

Por: | 29 de enero de 2012

Elpais.com informa esta mañana que Anonymous ha decidido intervenir en la privacidad electrónica del ministro de Edudación y Cultura, José Ignacio Wert, y de la exministra Ángeles González Sinde, que ocupaba la segunda cartera en la última administración socialista. Contra el anonimato siempre, y por supuesto contra esta acción; respeto para los ciudadanos, para su nombre, para sus apellidos, para lo que es suyo, para lo que les pertenece más íntimamente y para lo que les pertenece porque lo han hecho, lo han escrito, lo han compuesto, porque lo han vivido y tiene su sello. El anonimato es el germen de otros abusos; es el que ampara a los ladrones, y no sólo a los ladrones más aviesos y violentos, sino también a los que usan guante blanco, y también a los que abusan de la demagogia para explicar la raíz de su irrespetuosa agresión a la propiedad de autores e intérpretes, por ejemplo. La sociedad ha de defenderse con honestidad y fortaleza contra este tipo de burlas, y nadie, ni siquiera jugando, ha de aceptar que el anonimato se convierta en una identidad y por tanto en una naturaleza que hay que soportar simplemente porque viste bien vivir sin ser visto.

Víctor García de la Concha, la paciencia y el genio

Por: | 28 de enero de 2012

El nombramiento de Víctor García de la Concha para presidir el Instituto Cervantes es una buena noticia; la trayectoria del académico y crítico (y ojalá algún día memorialista también) es la de uno de esos intelectuales pacientes que se ponen un día al servicio de una idea, abandonan un rato su estudio concienzudo, se dedican a esa idea y convierten lo que se les confía en un acontecimiento memorable.

Véase lo que hizo al frente de la Academia de la Lengua, cuando sucedió al inolvidable Fernando Lázaro Carreter. Y véase lo que hizo en Ínsula, la revista que fundaron Cano y Canito, y véase lo que hizo en la jornadas de Verines, desde la que impulsó la relación de jóvenes y veteranos escritores, narradores y poetas.

Mientras tanto, escribió libros, dedicó jornadas de estudio a discutir con los clásicos (los antiguos y los modernos) y compaginó también la pasión por la escritura con la dedicación a la amistad; no hubo despedida alguna de los últimos años en que no viera o leyera la mirada fértil de este escritor tranquilo, al que únicamente le reprocharía que no usara, todavía, su pasión biográfica para contar en memorias lo que ha ido viviendo cerca de otros. Pues cuando usa la escritura para retratar a los otros, a los que ha conocido, muestra la sensibilidad que es propia de los que recuerdan con generosidad.

A esos valores une, como gestor, uno que seguramente le va a servir para dirigir los destinos del Cervantes, donde sucede ahora, en puridad, aunque su destino tenga otras características, a Carmen Cafarell, apasionada defensora de la idea del Instituto. Ese valor de gestor de García de la Concha es la discreción, que ha ejercido con mucha sensibilidad en la Academia; pues las relaciones en torno a los nombres propios de la literatura (y sobre todo de los que están vivos, naturalmente) requiere de una mano izquierda que a él le sobra.

De modo que celebro este nombramiento; era una buena decisión lógica, tenía mucho más sentido que la oferta audaz a Mario Vargas Llosa, alejado de la gestión (donde jamás ejerció) y siempre mucho más cerca de la creación literaria; Víctor García de la Concha ha mezclado tareas y en todas y en cada una de ellas ha ejercido con mucha responsabilidad el servicio público sin dejar a un lado la perspicacia de un lector cuya sabiduría es una manera de ser. Ahí estará, gestionando, no sólo es un gran nombre propio con una carrera brillante detrás, sino que es capaz de ejercer su genio desde la paciencia del despacho.

Twitter y la libertad

Por: | 27 de enero de 2012

Mucho revuelo en torno a la anunciada decisión de twitter de limitar la libertad de lo que dicen sus usuarios en algunos ámbitos del mundo donde esa libertad no esté en las fronteras de lo permitido. El revuelo es natural, porque el asunto se presta a todo tipo de manipulaciones y es, de raíz, la expresión pública de una futura o posible manipulación.

En la información que ofrece elpais.com se dice, con razón, que la libertad no cabe en un tuit; en realidad, la libertad no tiene espesor, ni cantidad, no pesa sino que es: es lo que distingue al hombre, y proviene, desde Kant y más allá, del aprendizaje de la libertad. Para decir hay que aprender, así que libertad es la expresión de lo que se sabe. Muchas veces se habla de la libertad (de la libertad de expresión, por ejemplo) como si dentro de la expresión libertad solo haya aire y humo, cuando lo que debe haber dentro de la palabra libertad, para que tenga peso, es aprendizaje y sabiduría, opinión propia, pero sobre todo opinión apropiada. Una opinión que no se sustenta en nada, que se dice tan solo para arrojar insulto en el lado del otro, no es libertad sino nada, nada en su término más puro y grosero.

Dicho esto, hablemos de twitter. Evidentemente, esa expresión enredada de redes internacionales que ya usa todo el mundo ha querido ponerle puertas al campo de su propia expresión, y ha lanzado esta idea que ha soliviantado a sus usuarios. Es lógico: no está claro cuál va a ser el alcance de las prohibiciones, cuyo anuncio se presta a la sospecha de la arbitrariedad. Imagino que ahora twitter se verá obligado a expresar más concretamente esos ámbitos legales a los que alude; pero sí es cierto que desata todo tipo de temores que una red que basa su éxito en la apertura total de su sistema para que la gente diga lo que quiera anuncie ahora que también ella será fronteriza. Lo global frente a lo prohibido, lo global pasándose a negro cuando corresponda.

No uso twitter, no he caído aún en esa red y he resistido, más por desconocimiento técnico que por pura convicción personal, los consejos que me dan muchos amigos: entra en esto. He leído un libro, Superficiales, qué está haciendo Internet con nuestras mentes, que me previno, que me situó en el lado de los que aún no dan el paso. Lo daré, qué duda cabe, sobre todo ahora que lo han dado por mi. Me avisaron recientemente de que había una persona que se llamaba como yo, y no sólo, que era como yo, con mi fotografía, que durante algunos meses del año pasado se dedicó a enviar tuits a otros seguidores; y no sólo eso, supe, porque lo vi, que esos comentarios de 140 caracteres que hacía tenían cierto eco y cierta voluntad de estilo. Yo no era, yo no soy. Ya lo puse en conocimiento de twitter, pero advertí en seguida que darse de baja era para mi mucho más complicado que lo que lo fue para el que se dio de alta fraudulentamente.

Esa usurpación de la identidad me pareció preocupante, por no decir grave o decepcionante; esa es, me parece, un ataque a la libertad de ser, pues uno no es quien no quiere ser, aunque el otro diga que uno es quien parece ser. Y twitter tenía que haber eliminado al usurpador (la usurpación, quero decir) de inmediato. Y es la primera noticia de que sí, tal vez twitter debería controlar algo, al menos eso. ¿Controlar lo que se dice? Hombre, se supone que los adultos que usan su libertad sabrán a estas alturas qué cosa es la libertad, lo hubiera dicho Kant o su porquero. 

El gesto de Lassalle con Rogelio Blanco

Por: | 26 de enero de 2012

Es complicado, en todo caso, escribir sobre política cultural. Es esencial, claro, y hay excelentes periodistas que cultivan ese género y que son capaces de convertir en atractivo lo que en principio pareceria áspero o burocrático. Hoy voy a hablar por un  instante de algo que tiene que ver con los políticos y con la cultura.

Me refiero al gesto que el actual secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, ha tenido con el hasta hace un mes director general del Libro, Archivos y Bibliotecas de las dos legislaturas socialistas, Rogelio Blanco. Como publicó en elpais.com Tereixa Constenla, que es de esas periodistas que convierten el trabajo sobre política cultural en un ejercicio que apela al interés general del lector, Lassalle le ofreció a Blanco, y éste ha aceptado, seguir como asesor suyo en el organigrama, que imagino complejísimo, de ese ministerio que ahora se refugia en las amplias faldas del Ministerio de Educación.

Es un buen gesto, y es ejemplar; muchas veces, en los traspasos de poderes, se traspapelan experiencias, se dejan a un lado curriculos prestigiosos o eficaces, en aras del intercambio político. En esta ocasión Lassalle ha demostrado que se puede hacer y se debe hacer con los que se van gestos que dignifiquen el pasado y lo conviertan en parte del futuro. Seguramente habrá extrañado a la concurrencia, porque este es un país áspero y tantas veces ingrato con los que se van y con los que vienen, pues siempre estamos con la cimitarra dispuesta para cortar cabezas o para ponerlas a enfriar. Y esta vez no ha sucedido eso en este ámbito tan complejo (y tan peligroso) del mundo del libro, que vive una encrucijada tan grave como preocupante, y que precisa de todas las manos posibles para abordarla con sensatez, utilizando para ello opiniones distintas, trayectorias diferentes e incluso distantes.

 

Rita y Chico

Por: | 25 de enero de 2012

El estudio de Mariscal es diáfano; allí dentro, en aquellas mesas de madera cubiertas de tazas de té verde y de manzanas rojas, hay una vitalidad extraordinaria, como si fuera siempre junio e hiciera buen tiempo; hay alegría de bicicletas y risas sordas de los hermanos Errando, que así se llaman, en realidad, los Mariscal a los que Xavi les ha dado este segundo apellido. Pero ellos son Errando Mariscal, miembros extraordinarios (en el sentido literal) de una gran familia. Sobre esa familia hablamos un mediodía como si estuviéramos adentrándonos en un océano interminable sobre el que alguna vez ellos tendrían que hacer un libro, una película o un soneto.

El estudio de Fernando Trueba es una biblioteca al final de una finquita que se abre al cielo del Madrid de Arturo Soria; Trueba tiene en ese cubículo lleno de la luz natural del patio discos, películas, libros...; es como el centro de operaciones de un hombre del Renacimiento que sólo soporta la palabra cuando dice algo o le hace reír; de resto, ahí está, en silencio, después de haber vivido una infancia (como los Errando) llenos de hermanos y por tanto de diversión y músicas ensordecedoras en una familia que luego prolongó la familia Huete, la de Cristina, su mujer de tanta sensibilidad como sentido común.

Uno y otro juntaron risas parecidas y similares melancolías y se pusieron a trabajar sobre una historia de amor. Como en los dos la excentricidad es un lujo que no se permiten abandonar, en lugar de escribir una película cualquiera, es decir, con actores de carne, hueso y estornudos, hicieron una película de dibujos animados. Y lograron, con esos materiales (el corazón, el desdén, el alma, el amor, el exilio y la música), una hermosa historia de amor y melancolía que tuvo al estudio de Mariscal, a la imaginación de Trueba y a la mano de Xavier, en vilo durante años. Hasta que salió Chico y Rita, fruto del arte hecho con paciencia, como si plantaran un árbol e impávidos lo vieran crecer.

Ahora la película aspira a los Oscar. Ni uno ni otro (Mariscal, Trueba) van por el mundo diciendo más alto que nadie el valor de lo que hacen; así que me alegra que sea Hollywood, ese mito de dos cabezas (la buena y la mala) la que haya gritado, por fin, que la película no es sólo un capricho de dos genios tranquilos pero dislocados. Y me he alegrado muchísimo, como espectador de los dos estudios, el del dibujante y el del cineasta, que de ambos ámbitos haya salido esa hermosa alegoría del amor de los solitarios.

Los cuentos y ´Nada del otro mundo`

Por: | 23 de enero de 2012

Por alguna razón que la razón no entiende, en los años 80 de nuestra era resultaba muy difícil que los editores publicaran cuentos y por tanto se hizo habitual que a los escritores les supusiera esa puerta cerrada una señal disuasoria para cultivar el género del que nacen todos los géneros, incluidos la poesia y la narrativa cinematográfica.

Pero en los años 90 algunas editoriales decidieron que no podían dejar a un lado un género tan crucial, que, en el ámbito de nuestra lengua, dio de sí personalidades de la altura y de la profundidad (el cuento es altura y profundidad) de Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar o Ignacio Aldecoa.

Entre los cuentistas de la época, algunos de cuyos relatos fueron publicados en EL PAÍS antes de gozar de envoltorio de libro, estuvo Antonio Muñoz Molina, que recopiló (y publicó en 1993) una selección fantástica de sus mejores cuentos, con el título ´Nada del otro mundo`. Aquella edición apareció en Alfaguara, y ahora, con algún añadido muy pertinente, ´Nada del otro mundo` ve nueva edición en Seix Barral, que es donde actualmente publica el escritor de Úbeda.

Me ha dado mucha alegría ver esa recopilación otra vez en curso, pues ahí se encierra, como ha dicho la crítica, el germen y también la metáfora que explica la capacidad que tiene Muñoz Molina para hacer de sus dotes de observación un material poético y narrativo de primera calidad. Ese libro es casi contemporáneo de una de sus mejores creaciones novelísticas, ´Ardor guerrero^; dicen que el cuento es como una piedra que se lanza en un estanque, y que aunque la piedra sea menor, el estanque se asusta, o se divierte, en todo caso se solivianta. Pues estos cuentos que Muñoz Molina publicó entonces y publica ahora representan muy bien, cada uno de ellos, esa trascendencia que Antonio le da a la imaginación como reflejo de lo que ve; lo que sueña, es decir, lo se le ocurre, nunca está alejado de la realidad, pues él es un narravor que ´ve` escribiendo, que acompaña la ficción con una enorme penetración realista, atemperada siempre por la melancolía de la que parte su poder de mirar o su poder de adivinar dónde la ficción ya es sueño, imaginación absoluta.

He aquí, pues, al Muñoz Molina primigenio, el que venía de Granada a las ciudades más grandes, el que empezaba a asombrarse del mundo, y el que tenía derecho a exclamar, como su afortunado título, que tampoco lo que hay por ahí es nada del otro mundo.

Dice Muñoz Molina en el prólogo de entonces, que es también el prólogo de ahora, algo que leyó en un texto de Bioy Casares: "Bioy Casares ha dicho y escrito que por las disgresiones entra la vida en la literatura". De esa convicción de Casares parte lo mejor de la literatura de Muñoz Molina, incluido el inolvidable ´Sefarad`, construido a partir de disgresiones que convierten su texto en un universo en el que da gusto vivir, o ´El viento de la luna`, el emocionante homenaje a su padre, en el que se mezclan situaciones mundiales con la crónica minuciosa de la vida de un hombre humilde cuando el mundo estaba viendo, asombrado, que era verdad que el hombre había pisado la luna...

Quiero recomendar el libro; a los que ya leen a Muñoz Molina, porque descubre sus cimientos, y su simiente; y a los que no lo han leído porque es un pórtico formidable para entender la vena poética de la que él parte.

Los blogs y la cultura, Puig Antich, los robos

Por: | 22 de enero de 2012

EL PAÍS publica hoy en su edición impresa la noticia que ya se había adelantado aquí, en la edición digital: el periódico hace crecer la cultura en este ámbito. Nuevos compañeros escriben nuevos blogs, se intensifica en el formato digital la pluralidad de puntos de vista, las noticias que el espacio impreso dejan descolgadas hallarán amplitud y panorama. Ahora La Cultura en elpais.com es como un océano por el que uno ha de navegar con la seguridad, siempre, de hallar en algún rincón el guiño que busca para seguir viviendo, pues uno vive gracias a la mirada que el otro le recompone o le sugiere. Si no hay paisaje delante (humano, vital, arbóreo, marítimo) nosotros no vivimos, y leer es sumirse en un paisaje que hace vivir de nuevo. Los periódicos serán como el tiempo, es decir, la nueva tecnología, quiera que sea, pero todos los periódicos, sean como sean, dependerán siempre de la multiplicidad de puntos de vista, y por tanto dependerán del fermento que se produce poniendo juntos, a enfrentarse o a entenderse, distintos puntos de vista. Es en la cultura, con mayúsculas o sin ellas, donde se juega el futuro, de la sensibilidad ante las adversidades, de la vida misma, pues uno no vive verdaderamente sin saber, sin leer, sin conocer lo abstracto para hallar el pensamiento o la melancolía y por tanto para saber qué es en efecto la felicidad. Un eslogan de EL PAÍS, de cuando el periódico cambió, levemente, pero de manera significativa, su diseño, aludía a saber como el punto de partida para "saber comprender". A saber comprender se aprende leyendo, y esta aventura digital que el periódico sitúa en el ámbito de sus páginas (virtuales) de Cultura hay que saludarla como un estímulo a levantarse ya pudiendo saber más.

Una palabra sobre Salvador Puig Antich. Pere Sureda, un activo editor e internauta generoso, ha remitido esta mañana algunas músicas a sus múltiples amigos de todo el mundo. Esas músicas aluden a sucesos gravísimos ocurridos durante épocas especialmente crueles de la dictadura de Franco: el asesinato del estudiante Enrique Ruano, la ejecución asesina de Julián Grimau, la ejecución (también asesina) de Salvador Puig Antich... Todos esos momentos tienen su historia y también tienen su canción. Y eso es lo que envía Sureda, las canciones. Quilapayún, Aute, María del Mar Bonet... Joan Isaac canta una canción que parte de la emocionante carta que Puig Antich, el anarquista catalán ejecutado en 1974, le envía a su madre... Aquella historia de Puig Antich nos conmovió a todos en nuestra juventud, y ahora que he escuchado la canción y he evocado aquel trozo ensangrentado de los últimos tiempos de Franco he vuelto a sentir el sudor frío y lento que entonces me produjo esta difícil, arriscada historia, este cruento desenlace de un despropósito. Como es natural, Sureda ha enviado este recordatorio musical para resaltar la empecinada voluntad de la derecha franquista española de evitar relacionar a Manuel Fraga Iribarne, recientemente fallecido, con esos sucesos e incluso con Franco. La memoria (la mala memoria) ha afectado incluso a Televisión Española, cuyo ´Informe semanal` de anoche procuró eludir esos episodios que no se pueden soslayar si uno es fiel a Fraga, apasionado de la historia y por tanto, seguro, de toda la historia, incluso de toda su historia...

Y los robos. Hombre, yo no entiendo nada de las descargas desde el punto de vista técnico, y ahora me pierdo en lo que dicen los periódicos acerca de este desfalco que se hacía desde Nueva Zelanda y que han desactivado los norteamericanos. Pero tengo clara mi opinión: robar es robar es robar. En España les resultó simpático a muchos comprar lo robado, e incluso robar directamente, como si así le hicieran un favor a la humanidad. Pues robar a un creador es como tachar su obra, es como tapiar su posibilidad de seguir creando. La demagogia dice otra cosa, pero conviene abrir los ojos ante la demagogia, de la que en este país tenemos raciones y raciones.

 

Manuel Longares y las Olivetti de Umbral

Por: | 21 de enero de 2012

Manuel Longares ganó el primer premio Francisco Umbral a libro ya publicado, en su primera convocatoria. La obra elegida por un jurado que presidió Carmen Iglesias fue ´Las cuatro esquinas`; la noticia ya apareció en elpais.com, así que los detalles los ahorro, menos el detalle importantísimo que no debe faltar nunca en la reseña de ningún libro: éste está editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, y si yo no hubiera leído el libro, que lo hice con mucho gusto, ahora mismo saldría a comprarlo; y si me quedara presupuesto compraría, del mismo autor, y de parecida tesitura, ´Romanticismo`, que publicó Alfaguara.

Olivetti

Estuvo de acuerdo el jurado, del que yo formaba parte, en que este libro de Longares prolonga su sabiduría literaria, con la que enfoca cuatro episodios de la vida española desde el final de la guerra civil; lo hace con su maestría habitual, que nace de su compromiso con los clásicos y su trabajo insistente, silencioso, a favor de una escritura en la que la imaginación y la contemplación de la realidad se dan la mano.

Da gusto leer a Longares, se dijo en la rueda de prensa que presidió María España, la viuda del escritor, y alguien del jurado explicó, entusiasta, algo que quiero reproducir aquí como si fuera mío: ya es hora de que de una puñetera vez la gente en este país se entere de que hay un escritor como Longares.

Dicho esto, y dicho con gusto, contemos lo que siguió a aquella reunión del jurado. María España nos invitó a todos, y casi todos fuimos, a la casa de Francisco Umbral, en la calle Puebla de Majadahonda. Mientras íbamos, después de tantos años sin pisarla, le pregunté a Mario si aún estaba allí la muñeca que Luis García Berlanga usó para la película ´Tamaño natural` y que una buena noche les regaló. No, no estaba; la pobre muñeca también envejeció, dejó de existir. Pero allí estaba, intacta, la casa tan bien cuidada por María, como siempre la cuidó, como cuidó a Paco en sus grandes momentos y en sus momentos de gran dolor, que ellos compartieron y que Paco contó admirablemente en su hermoso, difícil, esencial ´Mortal y rosa`.

Acababa de morir esa mañana el crítico Miguel García Posada, a quien todos rendimos homenaje, y Fernando Rodríguez Lafuente (jurado también) recordó el espléndido, emocionante prólogo, que el crítico fallecido había dedicado precisamente a una de las reediciones de esa obra fundamental en la historia de Umbral y en la historia de la literatura herida y autobiográfica.

María nos llevó por los vericuetos de la casa; los que habíamos estado en ella a finales de los ochenta y aún antes, cuando Francisco Umbral concitaba a su alrededor a toda aquella gente inolvidable que ya no está (Haro Tecglen, Fernando Lázaro, Fernando Fernán-Gómez, Berlanga, Adolfo Marsillach) en tenidas singulares que acababan y terminaban como si hubieran estado diseñadas por uno de sus maestros, Ramón Gómez de la Serna, pudimos recordar el destello de la época, la sucesión suculenta de hechos y anécdotas que luego eran materia imprescindible de la torrencial producción del escritor.

En un punto determinado, María España rescató de uno de los cuartos, entre libros ya catalogados y dispuestos para ser consultados por los apasionados de Umbral, las Olivetti que el escritor hizo famosas entre sus ´negritas`; ahí estaban, enhiestas, utilizables aún, como símbolos de una época en la que Umbral convirtió la escritura incesante en espejo de su pasión por vivir como en permanente huida, en busca, quizá, de todo lo que hay en el fondo místico, poético, de ´Mortal y rosa`...

Estaba Fanny Rubio, la poeta que también era jurado; en algún momento empezó a cantar, convirtiendo así aquel mediodía nostálgico como el mejor Umbral en una fiesta que tenía por objeto agradecerle a María España la hospitalidad y el agasajo que siempre deparó a los innumerables visitantes que tuvo y sigue teniendo la casa que Umbral convirtió en dacha, su querida dacha de treinta años.

Es audaz la propuesta a Mario Vargas Llosa

Por: | 19 de enero de 2012

La propuesta de que Mario Vargas Llosa ocupe el cargo más relevante del Instituto Cervantes es audaz; ahora, según todos los indicios que aparecen desde ayer en este periódico, el premio Nobel se lo está pensando.

Toda propuesta audaz requiere, en alguien tan responsable, y tan serio en su actividad pública, como el escritor de ´La verdad de las mentiras`, una reflexión detenida. No puede imaginarse al Mario Vargas Llosa lector, autor, pensador, polemista, contestando a bote pronto, como si fuera un defensa lateral de un equipo mediocre, una solicitud de tanta galanura.

Y si se lo está pensando unos y otros pueden suponer una respuesta u otra, pues la solicitud no permite términos medios, me parece. Pero, independientemente de la respuesta, valoremos la propuesta. El Instituto Cervantes es, con el Museo del Prado, la institución cultural española (de raíz española: el Cervantes aspira a servir de altavoz institucional, docente y cultural a toda la comunidad hispanohablante) de mayor prestigio internacional; en primer lugar, porque opera con una lengua de muchísimo prestigio ganado gracias a una literatura de primer orden cuyo decaímiento, cuando se ha producido, no ha sido capaz de destruir la memoria viva de clásicos que son imprescindibles en el lenguaje mundial de la imaginación.

Y esto lo ha logrado el Cervantes en pocos años, que son casi los años de la democracia; ha situado en su red de centros a personalidades diversas de la cultura o del funcionariado y ha conseguido instalar en ellos una vocación de servicio público del que se ha servido, sin duda, lo que los británicos llamarían el Servicio Exterior de la nación (y de Hispanoamérica).

Así que, por decirlo así, el Cervantes es ahora un gran señor (o una gran señora), de modo que esta propuesta le va como animada por la imaginación de una buena mente al escritor de nuestra lengua que, en estos tiempos, más prestigio y honra le ha dado al español que hablamos todos, de un lado al otro del Atlántico.

Vargas Llosa, además, es un hombre que se toma muy en serio, muy responsablemente, todas las tareas que le imponen las circunstancias de su vocación civil o literaria. De modo que no responderá para luego quedarse quieto, esperando que la gloria del cargo haga el resto; y si responde que sí todos debemos esperar de él lo que ya da, ilusión y dedicación en todas sus actividades, las que le hallan solo ante el folio, las que lo sitúan delante de los auditorios; y si responde que no, aún siendo tan audaz y adecuada la propuesta, todos debemos entender a qué se debe un escritor cuando está desgranando, día a día, corriendo o sentado, hasta cuando duerme, los proyectos que le aguardan en su escritorio tan móvil como su vida.

El País

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