Luis Alemany y los puercos de Circe

Por: | 30 de marzo de 2012

Luis Alemany ganó hace una semana el premio Canarias de Literatura.

Su nombre propio está unido a una novela que marcó un hito en las islas, Los puercos de Circe; de ella se habló en voz baja cuando salió y se siguió hablando así a lo largo de los años que median de aquella edición (Taller de Ediciones JB, 1973) hasta ahora mismo, pues la obra se adentraba en la vida provinciana de una sociedad burguesa, y ya se sabe que lo más difícil es que las ciudades acepten su condición de puritanas, conservadoras y estrechas de mente.

Y Alemany retrataba en Los puercos de Circe aquel Santa Cruz en el que fue recriado (nació en Barcelona, en 1944, pero sus padres lo llevaron muy pronto a la isla) con la destreza de un paseante en las intimidades del lugar, y con la habilidad de un extraordinario narrador que ya había asombrado al jurado del premio Jauja de cuentos (que se daba en Valladolid) con un cuento que está (o debería estar) en las mejores antologías de relatos españoles.

Ese relato, El indulto, revelaba a un narrador que, como pedía Ernesto Guevara a los suyos para otras cosas, alcanzaba la mordacidad sin perder (sobre todo en el pasaje final del cuento) la ternura que atrapa y al mismo tiempo distancia.
Los puercos de Circe era mucho más mordaz, más atrevida, iba al tuétano de aquella ciudad burguesa y la exponía como si estuviera secando al sol sus vísceras. Después de ese libro, que tuvo ese éxito en baja voz al que están condenados los buenos relatos en las sociedades que retratan, hasta que alguien los destapa y se atreve a airearlos, Alemany hizo teatro, escribió otros cuentos, dirigió montajes ajenos o propios, fue profesor (y se aburrió de ello) en La Laguna, donde estudió, y en otras ciudades españolas o extranjeras, y finalmente decidió que, en medio de las ruinas de la vida, era mejor esperar a que escampara para regresar a la escritura para la que está tan dotado.

Este premio que ahora ha recibido en su tierra honra lo que ha hecho, y como aún está a tiempo (y que sea por muchos años) seguramente será un acicate para que continúe haciendo, pues hay pocos talentos narrativos tan promisorios y tan contundentes como ese que se alberga en Los puercos de Circe.

Decía Alfonso García-Ramos, narrador, periodista, que los canarios estaban dotados para la lírica, al menos hasta la década en que escribe Alemany su primera novela. Y de hecho los poetas insulares, desde Tomás Morales, Domingo Rivero o Domingo López Torres, entre otros muchos, le dieron  a la poesía en español mucha metáfora de la que vive el aliento insular también. Pero fue el propio García-Ramos, con Guad, el que reinaugura un periodo narrativo que sigue hasta hoy y del que Alemany es un adelantado. El premio que ahora ha recibido en su tierra llama la atención sobre su literatura. Tiene uno la confianza de que también le llame a él mismo la atención sobre las posibilidades que sigue teniendo de dar a la estampa aún muchos libros que subrayen aquel talento que asombró al jurado que le premió El indulto y a este jurado que le premió por toda su obra con el Canarias de Literatura.

Hay 7 Comentarios

Leyendo la cronica biografica, me viene la duda sobre la cantidad de autores sin padrino, que como invisibles caminan por sus ciudades hasta que a alguién se le ocurre, seguir su estela y pisandole la sombra le mira a la cara y le reconoce su trabajo.
La vida está llena de casos semejantes.
Salud y Resistir.
PD.Recordar que Garzón existe.

Soy uno de los afortunados que disfrutó de las clases magistrales de Luis Alemany en la Universidad de La Laguna, que, entre muchas cosas más, fueron para mí el descubrimiento del mundo del teatro, la importante dimensión que lo dramático cobra no sólo en la literatura, sino en esa realidad tan literaria que trasciende a la literatura, transformada, maquillada, generosamente enriquecida por el sentimiento de lo artístico.
En aquella época, aunque estudiaba en La Laguna, por motivos de trabajo yo vivía en Santa Cruz de Tenerife, que es ( o era - hablo de los años 80- ) una ciudad pequeña, y recuerdo cruzarme frecuentemente con Alemany en aquellas luminosas mañanas santacruceras, que caminaba con su aire de libre pensador, de bohemio, de persona y maestro distante y excepcional. También lo veía en las serenas noches de la capital enfrascado en conversaciones con amigos y amigas (entre ellos el gran periodista Chela) y disfrutando de la compañía de un buen lingotazo de un licor escocés de color ambarino.
Nunca tuve la suerte de trabar una conversación con él; al cruzarnos las miradas nos reconocíamos mutuamente como alumno y profesor, pero su figura y dignidad me inspiraban un profundo respeto que rayaba el miedo, un temor tal vez incomprensible a dirigirle la palabra al maestro a quien se admira de veras. Me arrepiento tremendamente de no haber intentado trabar conversación.
Soy muy feliz de ver que la obra de Alemany, ha sido por fin premiada y que, oficialmente, se reconoce el lugar que le corresponde en el orbe literario de las Islas. Extraoficialmente, al nivel de los que amamos la Literatura, hace ya mucho tiempo que ocupa el sitio privilegiado que merece.
La noticia me ha traído gratos recuerdos y una gran nostalgia. No en vano, la que cuento, fue una época que marcó un cambio de rumbo decisivo en mi vida, cuando comencé a amar de verdad a la Literatura, amante imposible, a la que no he podido dedicarle tanto como yo quería, dadas las presiones de lo cotidiano. Época en la que comencé el gran romance con la que luego sería la madre de mis hijos y en la que conocí a los amigos más importante e influyentes de mi vida, cuyos recuerdos se difuminan en las nieblas del pasado, pero quedan en las entrañas del corazón. Pero esa es ya otra historia.
¡Enhorabuena Alemany!

Víctor Alonso (victoralonso@nocheydiagrancanaria.net)

Sería interesante calcularlo, la verdad


Ni la rama ni la palma: la retama, la planta amarga. Con eso se ha quedado Enrigorris. Otra vez será. Es decir, dentro de tres años, cuando ayuntamientos y demás entidades recreativas vuelvan a ponerlo sobre la mesa. Menudo trabajo, a mi ver, tener que llamar de nuevo a los secretarios de las instancias para que eso ocurra. Un trabajo de una modernidad, como todo él, radical, rigurosa, refocilante.
Porque el premio Canarias de Literatura se lo han dado a Luis Alemany. Nos alegramos porque, así, irá menos apurado por la vida, que ya vienen duros los bingos, los bares, lo que no surje.
Ahora bien, aparte de que conocer a los miembros del jurado del premio Canarias de Literatura da repelús, ¿cómo se han permitido desestimar las abundantes contribuciones del profesor Enrigorris al Instituto de Estudios Canarios? ¿Han leído bien Los puercos de Circe, de Alemany? Preguntas sobre retórica inrigurosa, si atendemos a que en el jurado estaba el autor de Crónica de la nada hecha pedazos, Naranja...; por cierto, cuánto espacio se ganará, cuanto aire nuevo vendría cuando desocupen a Juan Cruz Ruiz.


¡Enhorabuena!

Yo tampoco he leído algo de Luis Alemany, supongo que será un autor interesante que tiene una recomendación loable como la de Juan Cruz.
También entiendo esa indicación sobre la narrativa insular y la posible fecundación de una literatura que tiene trazas de ser una apuesta a la cultura del castellano en general, algo he leído de escritores insulares, y encuentro una perspectiva de las cosas, de los objetos, del tiempo muy determinados.
Repito, no he leído a Luis Alemany, como una gran mayoría de ustedes no ha leído “el collar de la Loba” de Fernando Barrejón, una novela histórica que trata de una investigación por parte de un ilustre romano de la vida y muerte de Viriato.
Fernando y yo nos criamos en el mismo barrio y coincidíamos en los mismos lugares donde departíamos de casi todo. Siempre ha sido una persona cultivada y elocuente a la vez que modesta. Ya entonces conjeturábamos sobre la posibilidad de escribir en este mundo literario tan cerrado y nos lo tomábamos un poco a huasa. Después de casi dos décadas de no saber de él me enteré por medio de unos amigos comunes de que había escrito ese libro y mis compañeros me animaron a comprarlo de la misma forma que Fernando compró el mío “El Magiador”.
Me alegro de haberlo comprado, pues además de utilizar una narrativa excelente que te introduce en una época de España muy determinada, descubrí que fue muy riguroso con la documentación que utilizó para ubicar esa novela tan interesante.
Ya digo, me alegro porque Fernando después de comprobar que su libro no había tenido éxito, lo retiró del mercado y hoy en día es casi imposible de encontrar.
Existen pues, oportunidades de encontrar ese libro que mencionabas en un post anterior y puede que los lectores deban aventurarse un poco, abrir un poco sus expectativas con Luis Alemany, con Fernando Barrejón y con otros escritores.

No conozco a Luís Alemany ni tampoco su obra. Pero del esbozo de su biografía que aquí presenta junto con su esperanza y ánimos de que siga escribiendo me ha surgido una reflexión sobre la creación artística y la literatura en particular. Sobre su misterio condensado en el eterno dilema entre trabajo e inspiración.
Sin duda el trabajo es fundamental aunque no lo creo suficiente para conseguir la excelencia. Con trabajo, pienso, uno consigue ser un buen artesano conocedor de su oficio. Pero el salto cualitativo de la artesanía al arte viene determinado por ese aspecto misterioso, inestable y volátil que denominamos inspiración. Los grandes genios serían aquellos que han conseguido fijar, hacer estable, la inspiración. Aquellos que sientan todas las noches a cenar a las musas en la mesa de su casa.
Son muchos los escritores que han pasado a la posteridad por una sola obra, genial, sin duda, pero que han sido incapaces de igualarla posteriormente, a pesar de que algunos hubieran seguido trabajando todos los días. El caso paradigmático es, sin duda, el de Carmen Laforet, pero también tenemos a Salinger, Pasternak, Arundhati Roy, Bram Stoker…¿Se tiene el talento artístico como algo propio e inalienable de lo que uno dispone cuando le viene en gana? Las musas te han de pillar trabajando, pero ¿es segura su visita sólo porque uno se ponga a trabajar?
Todos, en diversos aspectos de la vida, nos hemos sentido alguna vez inspirados. De pronto una claridad radiante disipa las brumas del conocimiento y podemos ver nítidamente lo que antes era oscuro e incomprensible, abriéndosenos caminos insospechados. Y tales momentos no se producen necesariamente cuando más trabajamos, cuando más nos ocupamos o preocupamos por algo. Antes al contrario, tales iluminaciones acontecen cuando menos las esperábamos, como casualidades surgidas mágicamente del detalle más insignificante. Y entonces no podemos más que estar de acuerdo con esa representación romántica de las musas artísticas como seres etéreos y caprichosos que desciende de su esfera luminosa para comunicarnos al oído algunos de sus secretos. ¿Qué es la inspiración?

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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