Estuve anoche en la entrega a Pilar Velasco, periodista de investigación de la cadena Ser, del premio del Club de Debates Urbanos, veterana asociación de arquitectos y otros ciudadanos que cada año subraya actividades profesionales que permiten creer en la idea republicana de la cooperación y el progreso a través de la discusión y la denuncia.
Pilar Velasco es una joven reportera de investigación; es madrileña, tiene 33 años y ahora está con un pie en los juzgados porque a un político madrileño, en el poder, no le ha gustado lo que ella ha descubierto acerca del manejo de sus viajes públicos. Pero ese no es el único frente que ha abierto; se ha ocupado prácticamente de todos los escándalos de malversación que se han producido en Madrid y fuera de Madrid y lo hace desde la zona anónima de los medios, donde se cuece información más acá de la opinión, donde el oficio alcanza su más nítida dimensión, la que lo hace útil para la comunidad (de lectores, de oyentes, de ciudadanos) sin presumir de brillos ni otros resplandores de la tertulia global en la que hemos convertido el guirigay.
En la entrega de estos premios del Club de Debates Urbanos (otro fue para el importante arquitecto gallego Manuel Gallego, comprometido ciudadano con su tierra y su paisaje) pensé en estas cosas, el periodismo de raíz, aquel que le dice a la gente lo que le pasa a la gente, en contraste con ese periodismo de floritura en el que parece vibrar mejor la metáfora o la ocurrencia que la realidad sobre la que se quiere indagar.
Eugenio Scalfari dijo una vez, y aquí lo he citado muchas veces, que periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente. Y no gente que le dice a la gente lo que al que lo hace se le pasa por la cabeza. Creo que después de las distracciones que vive el oficio volveremos al periodismo puro, total, ese periodismo que ahora, por ejemplo, está explicando con todo el lujo sencillo de la información de referencia (en El País, por ejemplo) la dificilísima crisis económica, social, cultural y política que estamos sufriendo.
Albert Camus dijo, brindando por el éxito de una de las ediciones de Combat, en la clandestinidad bajo la dominación nazi, "¡Vale la pena vivir para este oficio!" Pilar Velasco y esos periodistas que explican la crisis, los que van al tuétano de lo que ocurre para rasgar la opacidad con la que la política y la economía se vela desde el poder, deben exclamar cada día lo que exclamó Camus, y lo deben escuchar los oyentes, los lectores, los televidentes; un país con buena información es un mejor país. Un país con buena información es un país sin tanto guirigay.