No es un monte que se quema, no es la lengua de fuego que llega hasta el mar devastando un paisaje que forma parte de los más bellos paisajes isleños. No es una tragedia que afecta, tan solo, a la superficie de La Gomera, es una herida que va más hondo.
Como en cualquier isla, esta es la condición natural de una isla, el hombre y la tierra están entrañados indisolublemente, el paisaje es el alma, y el alma del hombre está hecho de la infancia y del paisaje de su tierra. El gomero, el isleño de La Gomera, ha tenido como modo de subsistencia, aun lo tiene, la tierra; han pasado (lejos, es cierto) las revoluciones industriales, las nuevas tecnologías de la alimentación, el hombre ha ido a la Luna y ha vuelto, ha habido guerras y hambrunas, y también ha habido épocas (lejos, es cierto) de abundancia, pero en La Gomera casi todo se ha vivido mirando hacia la tierra, y no hacia la tierra grande, hacia los grandes espacios cultivados o yermos.
La tierra ha sido y es el lugar de subsistencia, la metáfora del amparo que el hombre busca en la naturaleza para no morirse de hambre. Y aunque hayan pasado épocas más duras y más difíciles y más injustas que la época que ahora vive la isla, la tierra sigue siendo la mano en la que se apoya el hombre para mirar con cierta confianza al futuro.
El incendio sucesivo que ahora ahoga a la isla es, en ese y en muchos otros sentidos, una tragedia exactamente humana. No se está quemando el monte, se está quemando algo mucho más hondo y sustancioso, se está quemando el alma misma de una tierra bellísima que se hizo bella porque los hombres la han querido.
Ahora bien: se quema porque antes del incendio, los hombres, las autoridades, los que han de vigilar que en el verano no prenda el fuego, han dejado que se sequen los rastrojos, han permitido que no se recoja la pinocha, y en general han permitido que esa tea ardiendo que es el calor del verano halle el campo minado para hacer posible ahora esta desgracia. Que no es la primera, quizá no sea la última que amenace tan gravemente lo mejor que tiene la isla, la tierra que le da sustento.