Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

A favor de Jesús Hermida

Por: | 07 de enero de 2013

Como la actualidad tiene las pavorosas patas cortas de la urgencia, y por tanto cualquier juicio inmediato puede llevarnos al error y quizá a la maledicencia, digamos algunas palabras para situar en la historia al periodista que conversó con el rey Juan Carlos para Televisión Española. Porque puede ocurrir, y así de vano es este oficio, que lo que le quede en la memoria a quienes se fijan más en lo que acaba de pasar que en lo que ha pasado sea que Hermida no le hizo dos preguntas a su entrevistado, y que por esas dos preguntas ya su larga experiencia merece enlatarse dentro de un cajón que por fuera ponga Nada.

Desde que el periodismo se configuró para algunos de nosotros como el mejor oficio del mundo ya estaba ahí Jesús Hermida, combatiendo en el diario Pueblo a favor de lo que Juan Cueto llama ´la mirada divertida`; sus páginas eran antologías de las ideas que un periodista quiere tener en su cajón para salir de los atolladeros: siempre había en esa caja de sorpresas un personaje insólito, una frase a la que él le torcía el cuello. Era estimulante y era evidente que él escribía estimulado por una curiosidad que luego lo llevó a inventar formatos informativos que lo convirtieron en el más famoso (y en el más popular) de los personajes que hacían información en la pequeña pantalla.

Su presencia en la pantalla era espectacular pero, mientras estuvo en Nueva York, informando desde el puente de Brooklyn, siempre fue imaginativo y no banal. Asistió a episodios que luego fueron históricos, aunque alguno fue instantáneamente histórico, con la impavidez de un profesional y con el entusiasmo de un crío. Y así se comportó siempre, hasta ahora mismo, con el entusiasmo de un crío. Educado, elegante, tranquilo, y también atrabiliario, veloz, voraz... En una sola figura, todas las figuras de un personaje que quiere vivir más allá del aliento que tiene.

Hizo algunas entrevistas memorables, como las que hizo en De cerca, pero nunca fue un preguntón más allá de su escudo áureo de hombre que no quiere meter el dedo en el ojo para que el ojo llore; para eso no se hizo Hermida, y nunca fue eso. Así que es lícito imaginar que ahora no quería tampoco ensañarse con el ojo malo (o con los ojos malos) del rey, sino que quería llevarse a casa una conversación con alguien sobre el que él tiene curiosidades que no todos los periodistas tendrían de igual manera: otro hubiera querido saber dónde le duele al rey, pero Hermida no es de los que preguntaron nunca por los dolores que no se quieren decir. Si los hay, si aparecen, escucha; siendo tan educado como es resulta imposible pedirle que le meta el dedo en los ojos, o en la boca ni a Jesucristo que se lo encontrara. Ahora bien, si el personaje le deja un resquicio, por ahí entra; pero me temo que ahí él no vio, o no le dejaron que viera, ningún resquicio. 

El formato, por otra parte, no era hermidiano, a él le gusta hablar al oído, simular además que está oyendo por un solo oído, sin mirar directamente al que le escucha en el otro lado, sino tratando de parecer el cómplice del otro. Y el rey estaba muy lejos; así no puede hacer una entrevista Hermida; así Hermida tan solo puede mirar, y mirar de lejos; la suya es una conversación de cerca, y en este caso no se daban las circunstancias.

He escuchado de todo estos días; con muchas críticas al resultado de la entrevista estoy de acuerdo, y con otras críticas no me siento tan confortable. Todos tienen derecho a echar en falta esas preguntas u otras, pero me parece que a Hermida no se le puede despachar como si estuviera presentándose a la Reválida de periodismo, pues en este oficio ya tiene aprobados todos los cursos. Dejen que hable la viodeteca, y la lejana hemeroteca, para saber quién es Hermida; no nos conformemos con lo que la urgencia nos lleva diciendo desde el viernes por la noche.

 

 

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal