La lengua madre y la lengua perpleja

Por: | 11 de enero de 2013

Hablamos, decimos, creemos estar diciendo lo que sabemos y en realidad estamos diciendo lo que desconocemos creyendo que los otros entienden nuestro galimatías. Si descompusiéramos nuestro discurso cotidiano, si nos explicáramos cada vez que decimos, entraríamos en el pantanoso territorio de la locura o de la risa.

La lengua madre, la obra de teatro que escribió Juan José Millás y que anoche estrenó Juan Diego en el Teatro Bellas Artes de Madrid, pone de manifiesto, con la ya conocida inteligencia del autor para crear paradojas, situaciones que parecen reales siendo estrictamente ficticias, la capacidad que tiene el lenguaje para llevarnos adonde le da la gana, incluso a paraísos supuestos y a sobreentendidos gloriosos o estúpidos.

La dedicación que Millás ha prestado al orden alfabético, para descomponerlo, para indisponerlo o para ponerlo en el paredón, viene de hace muchos años, cuando escribió, por ejemplo, Tonto, muerto, bastardo e invisible; después escribió El desorden alfabético; y a partir de esas dos obras fundamentales de su manera surrealista y kafkiana, millasiana ya, de ver la realidad, ahondó en el lenguaje, en la lengua madre, como escenario de su propia batalla literaria.

La lengua madre, la obra a la que le puso encarnadura teatral Emilio Hernández y que interpreta Juan Diego, responde a esa ambición de Juan José Millás de adentrarse en el diccionario para sacarlo de sus casillas. Juan Diego ejerce de Millás en el escenario, en cierto sentido, pues la conferencia entrecortada que pronuncia, y que es el eje absoluto de la obra, es una interpretación ampliada y dramatizada de una legendaria conferencia de Millás sobre las paradojas y perplejidades a las que nos conduce el uso del diccionario, de la RAE y el de María Moliner. Por qué las palabras significan lo que han terminado significando, por qué están donde están en las páginas de esos diccionarios, ¿no contamina aborto la palabra abotargado?, qué hace celos junto a celosía...

Millás ha dado una conferencia que en sustancia planteaba lo mismo por universidades, institutos y ferias, lo hacía mostrando cara al público ese rostro estólido de Buster Keaton que lo distingue; a partir de ese texto, que él ha enriquecido y modificado, ha construido esta Lengua madre que al final se convierte, en la interpretación de Juan Diego, en un alegato sobre una de las sustancias que encierra el lenguaje, el engaño, la suplantación de la palabra aclaratoria por la palabra que produce distorsión y manipulación.

El encuentro con esa sustancia engañosa del lenguaje marca ese crescendo final de la indignación del personaje que se siente engañado por la superposición de diccionarios fraudulentos. Al término de ese alegato, que alcanza la voz del drama, hubo un aplauso del público, como si el texto hubiera sintonizado, después de la risa, con la víscera perpleja que ahora se hace las mismas preguntas que ese profesor de clase media que ha estado desde el escenario recontando sus perplejidades hasta llegar a la zona cero del cabreo. La obra prosiguió unos minutos más, con el personaje recogiendo, compungido, los papeles de su conferencia dramática y paradójica, y entonces se produjo una ovación muy merecida. El teatro estaba lleno de actores y de dramaturgos; escuché risas, muchas risas; al final salieron a saludar los protagonistas. Me alegré mucho del éxito. 

Hay 10 Comentarios

Maestro Cruz
Y yo me alegro de que Millás triunfe en el teatro pues es uno de los últimos seres humanos del que leo sus libros y leo sus comentarios con interés sabiendo que tiene ética y es honrado con sus lectores.

Saludos Paco

El idioma o el lenguaje es como un armario que viste al señor y al pobre, incluso lo disfraza.
Por ello cada día es más urgente adquirir cierto sentido critico de la vida, pues nos duermen con mucha palabreria adornada con citas.
Arte que los politicos de la derecha lo bordan, pues lo llevan en los genes, pasa de padres a hijos y estos nos chulena con su aires y sus silencios cuando todos esperamos que administre el poder que les hemos dado al elegirlos democraticamente.
Salud y Resistir.

Hola Juan, leí tu columna sobre la palabra ruín y enseguida pensé en como los canarios lo suavizamos todo empleando casi las mismas palabras. Recuerdo cuando hacía algo que disgustaba a mi abuela y esta me decía: "pero que ruinito eres". Claro, con aquella paciencia, mas parecía un dejate estar que un reproche. Pero claro la Secretaria Cospedal, ni es abuela ni tiene dulzura. Saludos.

El lenguaje se presta a la invención y desprende rostros de sonrisas cuando se juega con él, tiene ese mecanismo mágico de la similitud y de las apariencias, de lo que parece decirse y de lo que se intenta decir. Es cierto, si nos detuviéramos por un momento a analizar cómo nos expresamos, nos daríamos cuenta de que tenemos unas cuantas decenas de palabras favoritas que podría ser sustituidas por otras que convertirían la expresión hablada en un monologo casi humorístico o en un galimatías ya no kafkiano, sino Marxiano ( De Groucho Marx), otro genio que encontró en la semántica y la sintaxis el verdadero juego de trileros con el que nos comunicamos a duras penas, pues hay tantas veces que tienes que repetir lo que has querido decir que a veces piensas cuan delicado y complejo es el lenguaje.
Me alegro de que la obra haya sido un acierto y sea recibida con placer por parte del público y me imagino que de la crítica. Mi enhorabuena a Juan Diego, (admirado por mí desde hace muchos años) y a Juan José Millás a quien deseo que siga con su fructífera imaginación.

El Diccionario de la Rae, leí hoy, ha puesto mal la fecha del Nacimiento y Fallecimiento del Dr. Canario y último Presidente de la República Dr. Negrín. Cuando hace años en Las Palmas se cambió el Hospital y se hizo uno nuevo, más Grande que el Antiguo del Pino, se le llamó Hospital Dr. Negrín, muchos Canarios no lo conocían, ni la escultura que le pusieron al finalizar la calle Triana, los más fachas entraron en polémicas absurdas, pero desgraciadamente como tuve que ir tantas veces con mi padre, ya nadie se extraña al decir voy al Negrín o lleveme al Negrín, pero aquella polémica del principio no existe y todos admiten el nombre de un Dr. Canario Presidente de la Républica. Asi que no me extraña que solo los Canarios que manejan Diccionarios nos demos cuenta del error.
En este caso no es el lenguaje, ni la lengua, ni Lingüística, que diría nuestro Decano Salvador Caja, es sencillamente ignorancia y no dar impotancia a lo que venga de las Islas.
Incluso las Calles, la Calle Pérez Galdós no es en Nombre del Escritor, sino de su hermano militar, me enteré hace tiempo cuando Emilio González Déniz habló del desconocimiento de las personas de las Islas.

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No es "El desorden alfabético" sino "El orden alfabético" (confusión probable con otra de sus obras: "El desorden de tu nombre").

Un poco de orden, dijo la obsesiva-compulsiva ;-)

Cada día pasaba por la cuesta de una calle que no recuerdo el nombre, a pesar de ser muy conocida, porque los domingos se llena de gente de todas las raleas, blancos, negros, chinos, americanos, mestizos y la gente de Madrid. Con el tiempo me entere que los domingos, cuando marchaba a casa de mis padres, se montaba el Rastro.
Ayer y algunos días, tu blog mantiene cierta similitud, por la variedad de pensamientos, enriquecedor para los que entramos a curiosear entre la fauna humana.
Salud y Resistir

Desde que he sabido de esta obra, tengo ganas de verla. No sólo por los grandes -autor y actor- que la componen, sino porque llevo tiempo dando vueltas al tema de la incomunicación a través del lenguaje. ¿Por qué si hablamos el mismo idioma parece que estamos en una torre de Babel? ¿Por qué el lenguaje nos distancia más de las personas? ¿Por qué nos comprendemos mejor en el silencio? ¿Qué futuro tienen las palabras que tanto dijeron y ya no dicen nada? ¿Hay alguien empeñado en esta confusión, mientras nos cuentan que la lengua tiene que estar viva y por tanto sujeta a la evolución por el uso? ¿Qué pensar de la RAE?
Todos estos pensamientos y otros de la misma índole me asaltan a ratos, mientras ejecuto tareas mecánicas de esas de dejan libre el intelecto, así que, cuando me enteré de la obra sobre el Diccionario de María Moliner, fui al Teatro de la Abadía, y ahora, estoy deseando ver esta.
Saludos. Y que el Año Nuevo traiga felicidad y entendimiento.

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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