Todo lo que era sólido, de Muñoz Molina

Por: | 17 de marzo de 2013

Antonio Muñoz Molina ha escrito ya sobre su barrio, sobre sus padres, sobre su pueblo, sobre algunos de sus amigos; ha escrito sobre la Luna, sobre Nueva York, sobre el arte, sobre lo que le concierne y también sobre lo que le resulta contingente u olvidable, pero que en algún momento le importa y le produce desánimo o alegría. Ha escrito sobre cine, muchísimo sobre literatura, ha escrito de personas y de ideas, y, sobre todo, nunca ha dejado de escribir.

       Su motor (que es también el motor de los periodistas, de los sacerdotes, de las personas que no son ni una cosa ni otra) es la curiosidad, que es, por otra parte, la ilusión de saber para contarlo. Y a saber para contarlo aspira todo el mundo, el que por obligación cuenta y el que cuenta tan solo porque no se lo puede guardar. En el caso de los que por obligación cuentan, aunque también cuenten porque no pueden guardárselo, hace falta un don: saber contarlo.

       Y Muñoz Molina sabe contarlo como muy pocos. Le viene esta facultad, que muchos consideramos un milagro cuando la verificamos en grandes escritores, de una circunstancia muy simple, que está al alcance de todo el mundo, o casi: le viene de haber leído. Aunque esta experiencia no es suficiente, no es lo único que ha de tener alguien con capacidad de contar, en este caso por escrito, lo que sabe de lo que ha visto. Para escribir como él (y como otros como él) hace falta ritmo, y el ritmo es una facultad del alma del buen escritor.

       El ritmo es el alma de Muñoz Molina, este narrador que ha escrito de su casa, de sus padres, de su pueblo, de Nueva York, de Madrid, etcétera… Ahora, con ese ritmo con el que también escribió su historia en el cuartel (Ardor Guerrero) o el tiempo en que despertó a la modernidad (El viento de la luna), Antonio ha escrito un libro particularmente desasosegante que trata de su país, España. Se titulaTodo lo que era sólido, ha sido publicado por Seix Barral y te deja, al final, con el aliento sobresaltado.

       Todo lo que era sólido es una visita atónita al país roto que es ahora España; después de años en que parecía que, en efecto, todo era sólido y este país vivía en la más placentera de las planicies, resulta que estamos pagando ahora una alegría que en realidad era un despilfarro. Ahora, como decían las madres de la posguerra cuando nos reíamos en casa, estamos pagando tanto alboroto. La corrupción urbanística, la corrupción política, y hasta la corrupción de las costumbres, fueron la porquería que saltó de pronto a las superficies de las charcas, y ahora las charcas albergan sobre todo porquería. Dice Muñoz Molina, en una de las frases más tremendas de este libro de su (y de nuestro) desasosiego: “Bajo el colorido de fiesta pop de los primeros 80 hay un escándalo ahora olvidado de charcos de sangre”.

       Es probable que aquella España que se aprestó a vivir la fiesta de la democracia no sintió que también tenía que aprestarse a comportarse como un país maduro, cuyas instituciones, políticas, culturales, institucionales, sociales, sirvieran de baluarte contra la corrupción de las costumbres. Eso no ocurrió; y no fueron solo los políticos los que contribuyeron a que tras la relajación se produjera el escándalo; también fuimos los periodistas, fueron los jueces, fueron todos aquellos que, teniendo la obligación de prevenir, de denunciar, ahora nos encontramos con el escándalo en las manos, con los charcos impracticables de un invierno mayor de nuestro descontento.

       El libro de Muñoz Molina es una denuncia de 253 páginas que se leen de un tirón, porque el ritmo de Antonio es de una enorme carga poética y musical; pero esas 253 páginas constituyen una purga del corazón español; se leen con contrición y respeto, como si el novelista de El jinete polaco hubiera llevado al borde del camino un espejo nítido en el que se reflejan todos los comportamientos que ya hemos conocido y nos los presenta juntos y no sólo uno a uno. Como si un tumulto de fracasos sociales, políticos, culturales, estatales y autonómicos, saliera en tromba de ese volumen que es blanco por fuera y especialmente gris por dentro.

       El valor del libro no es únicamente el de la denuncia. Es una denuncia y es una advertencia. Pero, en puridad, es también la consecuencia escrita de una actitud que durante años ha mantenido Muñoz Molina ante lo que ve: esa voz suya, queda pero vigorosa, es la que siempre lo ha acompañado como espectador, como Robinson urbano, por citar el recopilatorio con el que primero se dio a conocer. Y esa voz suya es un ritmo inconfundible, que él describe a su manera en este párrafo que constituye su tributo al estilo: “Escribo dejándome llevar. El propio acto de escribir desata a veces los argumentos y los recuerdos. La urgencia de comprender y de intentar explicarme a mí mismo el presente me devuelve fragmentos del pasado”.

       Esa es la esencia de su estilo; así se lee lo que escribe, así suena. Esta vez no es la ni la ficción ni la historia el objeto de su visita, sino el presente atroz de un país al que le ha dedicado este poema sobrecogedor, esta narración desasosegada que uno lee como si estuviera viendo en un plano corto el aspecto más espeluznante de la autobiografía de España después de la alegría. 

 

Hay 14 Comentarios

por fin alguien cuenta las cosas como han sido. Desgraciadamente nadie quisimos verlo, como dice Antonio Muñoz Molina, preferimos mirar para otro lado y no ver la realidad de lo que pasaba.
Me ha gustado mucho el libro y me ha hecho pensar en lo absurdos que hemos sido dejándonos llevar por la codicia y los fastos... Me incluyo, nadie hemos tenido los " reales" para decir " basta"!
Al igual que ahora,parece, nos faltan para pasar pagina y enderezar el renglón.
Bravo,Antonio, por tu valentía!
Y gracias!

Mucho se habla, pero que poco se actúa. España es un país poco serio, gracias a sus habitantes y de esta realidad se desprende todo lo sucedido. Naturalmente, nadie se hace responsable de ello y echamos a otros las culpas de nuestra propia incompetencia.

Tantos años de franquismo ha laminado a la Sociedad y todavía no se ha constituido un cuerpo social democrático que ponga los límites de su propio funcionamiento. Sin ello iremos dando tumbos al arbitrio de aquellas fuerzas más poderosas y oportunistas.

¿Para cuándo un poco de formalidad y sensatez?

En relación a los últimos comentarios, me gustaría añadir que esta estrategia de embrutecimiento que se ha conseguido gracias a un modus operandi poco democrático y arcaico en muchos aspectos, está respaldada por gran parte de la ciudadanía.
Aquellos labriegos libres de sospecha se han mudado a otros perfiles.
Estoy pensando en Dionisio Moreno, quien ha dejado en evidencia no solamente a los abogados más poderosos, sino a una gran mayoría de la abogacía, así como a las Instituciones económicas, políticas y religiosas de nuesro país.
Es evidente que una mayoría social estaba secundando este modus operandi. Que también ha repercutido en otros ámbitos: el laboral, el educativo, el cultural, el sanitario o sin ir más lejos, el que atañe a la seguridad. El más delicado.
Me gustaría felicitar al autor, no solamente por su maestría; sino por su actitud.
Su actitud me parece ejemplar.
Felicidades
Y gracias por la recomendación (lectura y reflexión)

Y como resultado de tantos vaivenes de los mercados y de los bancos, los ciudadanos estamos perdiendo nuestros derechos y hemos bajado a ser considerados "subditos del capitál".
Suena muy fuerte pero nadie parece darse cuenta de la tragedía griega que estamos padeciendo al ser administrado y dirigidos por unos tecnocratas que no han sido elegidos democraticamente.
En fin tanta lucha por una Democracia respetuosa con los derechso de los ciudadanos, para quedar echos unos zorros perseguidos por unos vulgares pistoleros.
Salud y resistir.

Pero, ¿de verdad era eso la alegría? La mía no, desde luego. Y no me resigno a creer que tengamos que pagar por la alegría. ¡Con lo que cuesta!

Ahora todo parece podrido, porque lo estamos viendo. Pero la vista es sólo uno de los sentidos. Antes de que lo viéramos ya olía mal. Muy mal. Y para limpiar la "mierda" hay que mancharse. Nos estamos manchando. Ahora lo vemos. Sin embargo, parece que todavía nos sigue importando la fachada.

El libro de Muñoz Molina promete, el ritmo también. Hace unos días me encontré con una expresión: "melodía cinética" y se me ha venido ahora a la cabeza, al leer las citas de "Todo lo que era sólido" en el artículo. Creo que me gustará "dejarme llevar" por esas páginas.

El problema tambíen, es que la corrupción, la siverguenza y la prepotencia del ladrllo ha descafeinado la democrácia, lográndo que todas las Instituciones democráticas encuentren acomodo a todos los presuntos delincuentes, de modo que puedan pasear con sus trajes robados, coches regalados por mafiosos por un fin magico, de hacer pasar lo público a los bolsillos de sus señorias, alcaldes, diputados, senadores, concejales y etc.
No es solo lo que tenemos que pagar a los seudodemocrátas, sino que han logrado dar un golpe de estado, el sistema de regímen a la medida de sus tropelias.
Mientra el pueblo lo mismo que sigue votando y eligiendo al malvelsador de Castellom, parece contagiado de del sindrome de la mujer de Lot, mirando hacia otro lado o hacia atras, como mejor les interesa a los sinverguenzas.
Hoy le toca a Chipre mañana no sabemos, lo que si sabemos es que España esta en la cola.
Salud y Resistir

Juan, parece ser que ha desaparecido el archivo de Daniel Mordzinski en las oficinas de Le Monde, 27 años de trabajo.
http://www.danielmordzinski.com/
Necesita ayuda.

Hola, amigos. Por arte de birlibirloque, mi segundo comentario del día de ayer desapareció. Bueno, no importa. A propósito del tema del artículo, me pregunto yo si ha habido algo realmente sólido en nuestra cultura reciente. Parece que no muchas cosas. Nosotros, que en la época de Franco presumíamos de ser la reserva moral de Europa y no sé qué otras zarandajas, resulta que ni eso. Porque hay formas y formas de sobrellevar la pobreza,pero la nuestra, por lo menos en el nivel de lo público, no tiene mucha dignidad. Tapar, mentir, engañar y no reconocer la verdad, las verdades. Y con esos malos ejemplos, ¿cómo van a cambiar las cosas?

Pienso que todo creador de este país debe enfrentarse a la enorme maquinaría que ha puesto en relieve la fragilidad de nuestro sistema social, de una u otra forma, cada compositor, cada escritor, cada escultor, cada pintor reflejará el revulsivo frenético que está removiendo todo sin ningún tipo de miramiento. La forma de expresión a veces lo es casi todo, tal vez sea por eso que las formas de Molina tengan un adecuado cauce en nuestra sociedad tan proclive a ser sincrética y a veces escatológica.
En mi obra narrativa y musical he aportado mi granito de arena y para mí, es de creadores comprometidos con su tiempo quienes aceptan el reto de mirar a su alrededor con la mirada serena de la observación.
Por lo tanto bienvenido el libro de Muñoz Molina, con sus contenidos y con sus formas.

Juan Cruz y Muñoz Molina dos excelsos del relato de la realidad.

Es el fracaso de un modelo de funcionamiento que se ha dado de bruces contra dos Constituciones: la española y la europea.
Felicitar a esta última por su crítica contra los abusos de la ley hipotecaria española.
Las víctimas dejaremos de ser consideradas estafadoras por los jueces españoles.
Gracias, gracias y gracias

Hola, amigos. No me parece que se deba dar tanta importancia, como en este caso, a la calidad de la obra o los méritos del escritor. Lo más grave es lo que dice y de quién lo dice. Y lo más importante, aunque sea muy doloroso. Porque esa es la función del escritor y lo ha hecho Muñoz Molina y lo han hecho otros muchos. Y lo que más vale es su compromiso, su valentía y su capacidad de arrastre que, por los resutados vistos, no parece que haya sido mucha.
Desde esta orilla del Atlántico, he ido de sorpresa en sorpresa, de asombro en asombro, entre noticias, reportajes, testimonios, libros, documentales, etc., hasta llegar a una sensación interna de aplastamiento moral ante la corrupción generalizada, pero en todos los niveles, no solo en el político, aunque ese sea el principal y el que primero se percibe. Como Benavente en su famoso prólogo, también podríamos comenzar nuestro discurso con "He aquí el tinglado de la antigua farsa". Era la misma de siempre, estaba detrás de toda la rimbombancia, el derroche, el despilfarro, la inmoralidad, la avaricia. Pero cuando Europa descorrió el telón, cuando los grupos financieros nos desnudaron, quedaron a la vista nuestras vergüenzas y Rajoy trata por todos los medios de taparlas, sin conseguirlo. Aparece en el momento más inesperado en un rincón del escenario, un diablillo sonriente y con el pelo tieso y bien peinado, que, como los odiosos celulares, interviene en el momento menos pensado y grita: "Hola, soy BÁRCENAS!", y se acabó la fiesta.

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Y al final, ya no nos queda ni Paris. Sam ya no nos toca el tiempo pasará y aquellos que nos guiaban nos acusan de habernos dejado llevar. Debimos tener conocimientos de banca, del mercado inmobiliario, de cálculos actuariales, la culpa es nuestra. Uno, pasados los 60 años, visto lo visto, valora en Muñoz Molina, tanto la ética como la estética, lo que cuenta y como lo hace. No dejo de pensar en los afanes que ahora me roban, yo que solo servía para trabajar y que nunca viví por encima de mis posibilidades, que tengo más de 44 años cotizados, que tuve fuerzas para coadyuvar, como me decían que debía hacerlo, por la paz,la concordia entre los españoles, trabajando, ahora veo vomitar odio en cadenas de inspiración católica y veo que no hemos avanzado nada, que al final, como hay de saber de banca,de pisos, de leyes(nos echan la culpa por ello, por saber solo trabajar) resulta que pueden tener razón los del socialismo anarquista y autogestionario. Los palanganeros que nos gobiernan, quieren privatizarnos hasta el alma.......

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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