Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Los Beatles y el cansancio del siglo

Por: | 30 de septiembre de 2013

El siglo XX nació cansado y, en el caso de España, triste y amodorrado. Avanzó en manos de las guerras, una de las cuales nos afectó en el corazón y en la sien, y dañó la facultad de pensar y de ser. En el mundo, mientras tanto, la costumbre se convirtió en un antídoto ante la sorpresa terrible de las invasiones y de los asesinatos.

Cuando ya se hizo irrespirable ese hábito de vivir tristes, cerrando y abriendo conflictos a la vez, ocurrieron algunas cosas que desembocaron, por ejemplo, en las pintadas que inauguraron la playa hallada bajo los adoquines del 68.

Mientras tanto habían elegido a un papa simpático y popular, Juan XXIII; se había inaugurado, para romperse en seguida, la esperanza de Cuba, y todos teníamos en las habitaciones el poster del Che junto a un retrato mojado de Brigitte Bardot. Mataron a Kennedy, es verdad, y nos dieron algunos días libres en este país que no renunció a la caspa a pesar de que el verano tibio nos trajo a los turistas.

En esta atmósfera vinieron los Beatles (literalmente, vinieron a España, y descansaron en mi pueblo, Tenerife, por ejemplo; Lennon vino a rodar a Almería, además).

Ahora algunos consideran (siempre hay precipitados del juicio lento) que aquella fue una música domesticada. Al contrario, vista en el momento exacto en que empezó a existir fue una combinación sabia, casi arriesgada, de melancolía y transgresión; glorificó la libertad de recordar (Yesterday es una buena memoria) y de romper (Strawberry fields forever inauguró la psicodelia de Hoffman llevada a la música, antes de Pink Floyd), hicieron cine y baile, e inundaron el mundo de un símbolo que ahora es tonto y que entonces era como abrirle una cicatriz a una sotana: el pelo largo.

Estaba tan cansado el siglo que hasta lo más simple parecía una ventana abierta. Hasta el origen de los Beatles era simbólico: de una cueva salió la luz, como en los recuentos metafóricos de Platón, y además salió esa luz en Liverpool, que no era nada más que un agujero oscuro en aquella Inglaterra a la que la guerra la dejó preguntándose por el porvenir de su empobrecimiento. Fueron recibidos, es verdad, por Su Majestad La Reina, pero ellos se burlaron de lo más alto y de lo más solemne, como harían después los Monty Python por otros medios, igualmente sarcásticos.

En ese sentido jamás me olvido de una escena larga de Qué noche la de aquel día, que parecía concebida para los hermanos Marx y que protagonizaron ellos. La broma terminaba lanzando por el váter de un tren al caballero gris que simbolizaba ahí lo rancio de Inglaterra.

Hicieron que Londres fuera swinging (y con qué genio hizo Guillermo Cabrera Infante el retrato del ascenso y el descenso de esas calles, Carnaby St sobre todo) y que todos nos pusiéramos a cantar como si el siglo se hubiera despertado para siempre. Luego no fue cierto, el siglo siguió muriendo, como el cadáver en el poema de César Vallejo, pero qué feliz pareció el tiempo en que la música de los Betales nos convención de que hasta la melancolía era un ritmo moderno.

El almirante y el aire

Por: | 28 de septiembre de 2013

Esta es la semana de Hora 14, mis breves comentarios en el programa informativo de José Antonio Marcos en la Ser. Desde la muerte de Álvaro Mutis a la desfachatez que rodea la ansiedad madrileña por abrirle el paso a la contaminación moral de Eurovegas.

VIDA DEL ALMIRANTE

Era un activista de la amistad y de la risa. Un almirante de la ficción. Él creía que esta era una fiesta de niños y que sólo entendiendo así la vida seríamos eternos. Le dio a su amigo Gabriel García Márquez un libro de Juan Rulfo para que aprendiera y años después hizo lo mismo, pero al revés: le dio a Rulfo El coronel no tiene quien le escriba para que aprendiera de Gabo. Álvaro Mutis murió el último domingo en México. Fue la voz de Los intocables, un aventurero que se reía de sí mismo. Un poeta.

AUTORIDAD DEL ASMÁTICO

Es irritante comprobar la insistencia con que el presidente de la Comunidad de Madrid reclama que vengan los casinos de Adelson. Eurovegas es un símbolo de lo que no debe querer un gobernante que defienda el bienestar basado en el respeto a la ética, el medioambiente y otros valores humanos. Los asmáticos estamos autorizados, además, a deplorar la desfachatez con que invocan que se tachen las leyes contra el tabaco. No todo vale en la vida, la vida vale más.

 EL GRITO Y EL GRADERIO

 Conviene que los periodistas hablemos como si supiéramos poco y sólo de algunas cosas. Nuestra misión es preguntar y servirle al público, con sosiego, lo que sepamos bien, y lo que dudemos. ¿A qué vienen los gritos de muchos colegas que han hecho de las tertulias un púlpito desde el que predican como si supieran absolutamente de todo? Dice Michael Robinson que a él le pagan para hablar por encima de lo que grita el graderío. Es una buena manera de impedir que se degrade el periodismo

CARO LIBRO

Escucho decir que los libros son caros. Cabe preguntar: ¿en relación con qué? No preguntamos cuánto vale una cerveza o una entrada de fútbol, pero al libro le podemos todo tipo de reparos. Esa actitud esconde una pasión española: no leer. No compra libros ni el Estado, para las bibliotecas, con ese argumento: el libro es caro, ahorremos. Con una entrada de fútbol de primera se pueden comprar dos libros grandes o cinco de bolsillo. Se empieza no comprando libros y se termina diciendo que se van a morir. 

REGOCIJO DEL PESIMISMO

Se habla mucho de lo mal que estamos, porque estamos muy mal. Pero, ¿todo está mal, todo ha de petar? Es un mal momento, pero algo estará bien, digo yo, cuidado con el regocijo del pesimismo. Una encuesta de Metroscopia decía el otro día que la gente valora el trabajo de los funcionarios y de los médicos. A veces parece, oyendo o leyendo, que no funciona ni la luz del sol. Convendría, me parece, hacerle caso a Bertolt Brecht. Decía que también habría algo que cantar en los tiempos oscuros.

La semana en que el Papa bajó a la tierra

Por: | 20 de septiembre de 2013

Estas son las intervenciones que hice esta semana en Hora 14 de la cadena Ser. Es la semana en la que el Papa habitó entre nosotros y le dio un buen varapalo a la Iglesia española, por ejemplo. Asistimos a la barbarie del toro de la Vega. Volvimos a las profecías de Mario Benedetti y vimos cómo se borran las huellas del momento en que la transición parecía naufragar.

 

EL PAPA SE CONFIESA

Yo no soy de derechas. Además,
estoy harto de la obsesión de la Iglesia por invadir la intimidad de las
personas, en lugar de ocuparse de ayudarles a aliviar sus heridas. Creo también
que el genio de las mujeres está desaprovechado por la Iglesia y por la
sociedad. Soy defectuoso, o pecador, y creo que antes que decidir hay que
pensarlo muy bien y pedir consejo. Todo eso lo dijo el Papa. El Papa No Papa,
como dice Juan Arias. Un soplo de aire fresco, algo perfectamente serio y no sólo
para que lo tenga en cuenta la Iglesia.

 LA MALDAD ANIMAL

Todo es malo en el Toro de la
Vega. La preparación de la muerte, los gritos de la muerte, la muerte del toro.
La estética, la ética. En medio, el peligro, pero también la agresión que
entrañan el machismo, el orgullo de matar, la falta de respeto por la vida. Los
seres humanos nos educamos para ser mejores que los animales y somos animales.
Espectáculos así hacen peor a este país. Y no me refiero a su imagen, sino a su
alma. Sólo unos desalmados pueden apoyar esta barbarie.

LA LOCURITA DEL SIGLO

Mario Benedetti dijo hace quince
años en un poema qué iba a ser este siglo. Iba a ser Light, su locurita, dijo, ya encandila. La locurita se puso en
marcha en seguida y ahora a este siglo, como cantó el poeta, le explota su
mochila de preguntas. La Universidad de Alicante, donde Mario había leído
esos versos, abrió la biblioteca personal que les legó el poeta. “El pobre
mundo sin nosotros será peor”, cantó. La poesía es un arma cargada de profecía.

 

HERIDO DE VIDA

 Alguien que luego se desdijo
marcó el nombre del magistrado Manuel Rico Lara como presunto culpable en el
caso Arny, por el que se persiguió a pederastas en Sevilla. El denunciante erró
pero a Rico Lara, juez, artista, un hombre bueno, le arruinó el alma y la vida.
Murió el último fin de semana en Huelva. Contó su tragedia en un libro, Herido de vida. Nada de lo que hicieron
para aliviar la afrenta compensó del todo su sufrimiento. El recorrido de la
flecha de la calumnia es infinito y cruel.

  HUELLAS BORRADAS

España está ocupada con dos o
tres temas. Los liquida pronto. Quién se acuerda ya de Gibraltar. Y asuntos que
son la espina dorsal de lo que pasa caen en el olvido. En el Congreso borraron
las huellas de las balas del 23F. Los países son la memoria de sus tragedias.
El patrimonio está hecho también de las heridas. La indiferencia hacia ese
barrido de los agujeros de las balas tiene la complicidad social. Poco importa.
Y esas huellas que no importan fueron la base de la transición. ¿Se acuerdan?
Acaso se acabó la transición el día exacto en que se borraron las huellas de
esas balas.

 

Los reveses y los días

Por: | 14 de septiembre de 2013

Dejé aquí los primeros comentarios que bajo el título El revés y el derecho hago ahora cada día en Hora 14 de la cadena Ser. Ahora adjunto seguidos los de los días sucesivos por si tienen interés en leerlos y comentarlos. 

CAFÉ Y LECHE

En la derrota conviene sosegar el ánimo. Perdió Madrid y ganó Tokio. Como escribió Julio Cortázar, no se culpe a nadie. La ciudad no se rompe porque le digan no. Madrid es más que un café con leche en la plaza Mayor y siempre será mucho más aún que una cena romántica en los Austrias. Es tan grande Madrid como su esperanza en tiempos oscuros, de los que nació Goya, por ejemplo. Madrid es Velázquez y el Prado, y el Retiro. Es, sobre todo, la ciudad que sufre y se alegra y recuerda y olvida. No es un lugar que merezca la mezquindad de gritar que la culpa es de otros. 

HÉROES DISCRETOS

Hay héroes que son villanos. Hay también héroes de barro. Y en el mundo hay multitud de héroes discretos. Sobre uno de esos héroes que no salen en la prensa ha escrito Mario Vargas Llosa la novela que hoy presenta en España. Su personaje, un humilde peruano de Piura, se opuso al chantaje de la mafia, que le mandó arañas y amenazas para hundirlo si no pagaba esos tributos hediondos que garantizarían la seguridad de su pequeño negocio. El Nobel ha hecho ficción, pero eso pasó en la realidad. Los héroes discretos no son noticia, pero a este Vargas Llosa le ha construido un monumento literario.

NUESTRO DRAMA DE CHILE

La portada en negro de la revista Triunfo marcó hace cuarenta años el luto de España por Chile, tras el golpe de Pinochet. El ensañamiento militar tuvo como símbolo el suicidio de Allende en La Moneda. Días después murió Pablo Neruda; quizá aceleraron su enfermedad, se dice. Al anciano Pinochet el juez Garzón lo detuvo en Londres. Cuando el golpe contra Allende aquí mandaba Franco, otro golpista. Así que ese día en que este juez logró encausar al dictador chileno aquí se vivió como si no sólo se aliviara el luto por Chile sino también la memoria de nuestro propio drama.

UN PAÍS EXTRANJERO

El primer nombre catalán que aprendí era húngaro, Kubala. Y luego vino por la radio un nombre coruñés, también del Barça, Luis Suárez. Siguieron llegando Ramallets y otros mitos. El tiempo, la música y los libros trajeron a mi pueblo los nombres de Serrat, Raimon, Espriu, Juan Marsé o Nùria Espert. Vázquez Montalbán nos explicó España desde la Piquer y cantábamos Diguem no como si fuera nuestra. El catalán fue parte del alma. Nos hicimos así, con esos nombres, y por eso ahora es lícito decir que me suena muy extraño que tantos quieran que Cataluña sea un país extranjero.

LA RADIO DESPIERTA

La radio nunca duerme. Lo dice un insomne. Lo dijo anoche también Macarena Berlín, la voz de Hablar por hablar, en la presentación de la temporada de esta radio. Una madrugada de 2010, entre las llamadas de sus oyentes, la llamó desde Haití Nico Castellanos. Han hallado vivo a un niño entre los escombros del terremoto. Nico contó ese milagro. La radio es un milagro que nos mantiene despiertos. Su sustancia son los sueños, pero también las noticias, y por tanto los milagros y las tragedias. Por eso la radio está despierta, para que no se le escape la vida. Por eso la escuchamos.

 

 

La velocidad del disparo

Por: | 08 de septiembre de 2013

La facilidad con la que el periodista que opina a brote pronto se dirige a los oyentes, a los lectores o al televidente se ha multiplicado en progresión geométrica, por usar una comparación hecha anoche por uno de esos periodistas que comentó, nada más saberse que Madrid quedaba apeada de la aventura olímpica, este fracaso español.

El periodista de la progresión geométrica hablaba en televisión, que es donde el mensaje cala antes y se diluye en seguida. Para este periodista en concreto, esto había ocurrido porque a los miembros del COI habría que tratarlos como se trata a los mafiosos, casi todos ellos forman parte de grandes consejos de administración y además no le tienen simpatía a España ni a Madrid. Por otra parte, indicó el mismo colega, el presidente del COI, aunque veranea en Cataluña, odiaba a José Antonio Samaranch, y como se la tenía jurada finalmente inclinó la balanza hacia Tokio. Para acreditar todo eso el periodista no usó dato alguno, sino sus intuiciones concatenadas. Tampoco explicó si él mismo había avisado antes de esta sucesión suya de saberes. 

Esta velocidad de disparo fue idéntica en muchos otros participantes en las distintas tertulias que se formaron tanto en las radios como en otros medios, como twitter. En este último sistema de comunicación rapidísima, leí de todo; entre otras cosas leí que lo que tumbó a Madrid fue la constancia que había en el COI de que este país sería incapaz de superar sus problemas con el dopaje. Asimismo, que la crisis económica había sido la causa del desdén olímpico. A las suposiciones siguieron las burlas y al final desdeñé yo mismo todos los aparatos que ahora se usan para comunicarnos y me fui a la cama con la sensación de que estaba rodeado de sabios cuya especialidad era el disparo veloz, kamikazes de la información que además no cuentan con verdadera información para decir lo que decían.

En esas estamos: mientras los compañeros que estaban en Buenos Aires buscaban a protagonistas que les dijeran qué pudo haber sucedido, cuando todavía ni los componentes del COI habían salido de sus madrigueras, reputados comentaristas sentados en sus poltronas madrileñas ya sabían todo lo que había sucedido y tenían una opinión con la que ilustrar la ignorancia ajena. Lo que demuestra este desparpajo es algo que me inquieta muchísimo como miembro de este oficio: periodista así lo puede ser cualquiera. Por eso mismo cada vez creen menos en nosotros.

Pongamos que hablo de Longares

Por: | 07 de septiembre de 2013

Después de Romanticismo, que es su obra maestra, y de Las cuatro esquinas, Manuel Longares le regala a Madrid, y a la literatura, otra obra de arte. Se titula Los ingenuos (Galaxia Gutenberg), es una novela en tres estampas, sucede en el siglo XX, desde que Franco gana la guerra hasta que el dictador muere, y está atravesada por el estilo que el escritor ha ido depurando hasta hacerlo tan propio y tan personal como, por ejemplo, fue el estilo en Baroja. Ya se sabe que es de Longares en cuanto oyes hablar al libro.

Es ligero y audaz, verosímil y andariego; las novelas de Longares se escriben andando, y se leen como si tú lo estuvieras acompañando en ese viaje por la entraña de un sitio que él conoce como nadie. Es una celebración de Madrid, de su callejero más tradicional y más cotidiano, por el Madrid que habla en las puertas y en los bares y que grita aún ¡agua va! o se enorgullece de las más minúsculas de sus pertenencias. Aquel Madrid pobre e ingenuo que aún habita en corralas y en rastros y que se sube a las novelas de Longares como si estuviera esperando que alguien como él fuera a recoger un testimonio oral que aún no ha diluido del todo su antigua ingenuidad. Un Madrid hablado que además habla incesantemente.

Escribe Longares como si estuviera allí, en la posguerra, en la que por cierto nació hace setenta años ahora, y como si transitara por los barrios a los que acudían los inmigrantes cuando casi toda España (ingenuos) creía que en Madrid los que vinieran no se iban a morir de hambre. Es el encuentro del mundo rural, o del pequeño mundo urbano, con la gran urbe; ésta se abre y se redistribuye, en tiempos verdaderamente oscuros; Madrid sueña con tener dos riberas, como Nueva York, como París y como Londres, y los que viven en un barrio piensan que cuando las cosas vayan mejor es en el otro lado donde deben seguir viviendo.

Las ambiciones son chiquitas y las actitudes son mezquinas; la gente compra y vende la voluntad y el alma, y hay aprovechados que hacen de su poderío una exhibición de maldad y de abierto latrocinio. El proceso incluye la educación sentimental, y sexual, de los hijos de esos inmigrantes, que paulatinamente se van haciendo madrileños, van ascendiendo en el conocimiento de los barrios que transitan y van convirtiendo la ciudad en su cómplice. Hasta que la ciudad es una maraña y tanto los nuevos madrileños como los viejos tratan de olvidar que hubo un trayecto y que éste fue verdaderamente difícil y oscuro.

Como en Rayuela, en Los ingenuos hay dos zonas, una sagrada, o mítica, en la que Madrid avanza hasta llegar a ser la urbe desarrollada que ve morir a Franco, y el empobrecido entramado del viejo Madrid, que no es ni elegante ni antiguo, sino rancio y cansado, un lugar revenido en el que viven y gritan personas que están tristes pero no llegan a saberlo nunca porque han perdido la noción de la alegría, de la ambición o de la esperanza. En medio hay destellos, que Longares va describiendo con una maestría que ya mostró en Romanticismo, acaso la mejor novela del final del franquismo de todas las publicadas en España hasta la fecha.

Es un libro sobre Madrid como alma y sitio, como cuerpo y alma, y por tanto como símbolo literario en el que se fija Manuel Longares para escribir casi toda su obra. Como si Madrid respirara, o no pudiera respirar, la ciudad aparece en esta novela como un personaje. En realidad, los personajes que pueblan Los ingenuos (esos ingenuos) son el coro que habla, pero es la ciudad la que transita, la que sufre y espera, como símbolo de un país que quedó a merced de la arbitrariedad y del desánimo.

No es, por otra parte, ni una novela de tesis ni de introspección; está llena de espejos y de peripecias, como las películas de Buñuel, y de gente, como los filmes de Azcona, Berlanga o Fernando Fernán Gómez, o como el mejor teatro de Buero Vallejo. Esas peripecias son incesantes y suculentas, las lees con la frescura con que se vivieron, aunque sea sólo en la mente del autor; a esa acción contribuye la extraordinaria capacidad para el diálogo y para la observación que son por otra parte seña principal de identidad de la literatura de Longares.

Aquí, en Los ingenuos, alcanza su máxima madurez el lenguaje del novelista de La novela del corsé o de Las cuatro esquinas. Decía Jorge Guillén que lo profundo es el aire. Longares alcanza la profundidad desde la ligereza, ese es su estilo, ríe y muestra, no se entretiene nunca. Sale uno de Los ingenuos habiendo vivido en la novela y me parece que queriendo más a esta ciudad que, en la escritura de Longares, parece más una persona que un personaje.

El mundo está mal hecho

Por: | 04 de septiembre de 2013

El poeta Jorge Guillén escribió: “El mundo está mal hecho”. No descubrió la pólvora, pero explicó qué pasa. Hay tanta riqueza y hay tantos pobres. Ahora ponen a la venta en Grecia los alimentos caducados y un fichaje del fútbol español vale 101 millones de euros. El libre mercado ciega los ojos. Unos inmigrantes africanos llegaron a España y una agencia estatal titula que asaltaban una playa. Como si fueran un ejército armado hasta los dientes. El hambre ciega los ojos y a esto que nos pasa lo llaman libertad y también libre mercado. El mundo está fatalmente hecho y el hambre afila los dientes.

Emitido hoy en Hora 14 a las 15.00 hora peninsular española

El revés y el derecho

Por: | 03 de septiembre de 2013

Me pidió José Antonio Marcos, director de Hora 14 de la Ser, que hiciera un apunte diario sobre las cosas de la vida. Lo emiten a las tres de la tarde, hora peninsular española. Cada día reproduciré aquí, después de esa hora, los textos que digo ante el micrófono. Aquí van los dos primeros, correspondientes al lunes y al martes de esta primera semana de septiembre. El título de la sección es El revés y el derecho, como el libro de Albert Camus que cito con tanta frecuencia.

 

LA REPREGUNTA

 Cuando despedíamos en España a Manuel Martín Ferrand, un periodista que inventó de todo, en la Ser y en muchos sitios, moría en alta mar David Frost, el periodista que hizo sudar a Nixon. Frost fue en la televisión inglesa como los Beatles en la música. Su arma era la repregunta, que los ingleses cultivan, aceptan y exigen. Aquí si repreguntas te miran como si fueras un delincuente y no un periodista. Con las repreguntas Frost desarmó a Nixon en la histórica entrevista que le hizo en 1977. En Inglaterra enseñan a repreguntar desde la escuela, a cara de perro. Ahí nacen el parlamentarismo y el periodismo, y esa es la cuna que tuvo Frost. En España no estamos acostumbrados. Aquí los personajes públicos se agarran al comunicado sin respuesta y dan ruedas de prensa hasta para decir que se van al dentista. Entrevistas como esa en la que Nixon pidió auxilio son raras entre nosotros porque lo público aquí se trata como un secreto y porque los periodistas no nos plantamos ni ante el no comment ni ante el plasma.  

 

 

NUEVOS FASCISTAS

Hay ahora preocupación porque cada día más jóvenes españoles posan con banderas fascistas y se enorgullecen de ello. El lodo tiene un origen. En las últimas décadas se ha descuidado la educación histórica de las nuevas generaciones, se han querido borrar las huellas del origen y de la realidad de la guerra civil y se ha llegado a decir que ésta fue una guerra de malos contra malos... Sedicentes historiadores le echaron toda la culpa del desastre a la República de Azaña y a la vez glorificaron a Franco como un héroe que no tuvo otro remedio que dar su golpe de estado. A la vez, se impidió que prosperara la ley de Memoria Histórica, que trataba de compensar moralmente a los que habían sufrido la desaparición de sus seres queridos y además a aquellos que habían sido depurados por el régimen. Se anuló también, y aviesamente, la asignatura Educación para la Ciudadanía, que trataba de ofrecer a los maestros instrumentos para explicar civismo a los muchachos… De esos olvidos, José Antonio, creo que vienen estos lodos. 

El País

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