Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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Perder al fútbol

Por: | 17 de abril de 2014

Soy del Barça desde mi infancia, por razones que ahora sería prolijo enumerar. Y sigo siendo de ese equipo que ayer salió martirizado de su partido contra el Real Madrid y de la temporada. Ser de un equipo tan importante te acostumbra mal: el Barça ha tenido diez años gloriosos, y hemos pensado que esa tendencia podía llegar a ser infinita. No lo ha sido, ya se ve.

La melancolía que produce la derrota vuelve a ser, en este tiempo de miseria de resultados, como lo fue en aquellos tiempos en que se acabó la gloria (relativa) que nos dio Helenio Herrera y que desembocó en la desgraciada derrota ante el Benfica en Berna, cuando los palos desactivaron la esperanza barcelonista de ganar la primera Copa de Europa.

Aquel fue el bautismo de melancolía futbolística para mi, supongo que para otros que entonces ya se hicieron del Barça. Ahora toca recordar ese sentimiento, con dolor, como dice Martino. Ahora viene el periodo de culpas, o de duelo, como dijo también el Tata. Es sólo fútbol, decimos, también para quitarnos de encima el valor oscuro de los sentimientos de derrota.

Hemos perdido, como se pierde el aire o se pierde un libro; ya lo encontraremos, ya será el Barça otra vez el equipo que jugó cinco minutos después del gol de Bartra. Ahora toca felicitar a los que estaban enfrente y ganaron, en buena lid, un partido en el que jugó también, ay, la casualidad; pero es que la casualidad (el palo de Neymar, por ejemplo) es un elemento determinante del fútbol. El fútbol es todo, como la vida, y también se hace de la gloria triste de los perdedores.

Sombra y luz de Shakespeare

Por: | 16 de abril de 2014

Recomiendo los artículos que hoy publica EL PAÍS en torno al aniversario 450 de William Shakespeare. Javier Marías, Marcos Ordóñez... Volver a Shakespeare es algo que se hace cada día, como se pone de manifiesto en estos textos que el periódico dedica al gran bardo... Me detengo en el de Marías especialmente porque contiene, en cierta manera, una apelación a la lectura de los clásicos: Shakespeare, Cervantes, Dante, Proust, Faulkner, Montaigne, Conrad, Hölderlin... Son la luz de la escritura de todos los tiempos, y deberían ser también la luz de los escritores que siguen escribiendo ya lejos de aquellas sombras. Pero, apunta Marías, da la impresión de que han sido difuminados para que no perturben a quienes prefieren pensar que con sus obras de inaugura la literatura. Lo que Marías hace, también, es apuntar una lista de lecturas obligatorias para aquellos que quieran adentrarse, con la humildad imprescindible, en el mundo de la escritura. Y lean a Marcos Ordóñez; sus artículos teatrales, en Babelia y fuera del suplemento, no son sólo refrescantes reflexiones teatrales, sino excelente materia de aprendizaje sobre cómo debe escribirse de literatura en los periódicos. 

El periodismo y las alas de los pájaros

Por: | 15 de abril de 2014

El periodismo no se reinventa, eso es un lugar común. El periodismo siempre será lo que fue, y se irá adaptando a las épocas. Los pájaros tenían cuatro alas, hasta que ya sólo necesitaron dos. Y los insectos también tenían cuatro alas, porque necesitaban planear para escapar de los depredadores que los perseguían al borde de los acantilados, como me contaba el otro día en Barcelona el sabio Jorge Wagensberg.

    De modo que al periodismo le pasará lo mismo: se quitará peso, pero en la esencia necesitará lo mismo que siempre para subsistir: descubrimiento, novedad, y discusión. Pero sobre todo necesitará noticias, información, y escritura (o imagen, o dicción) adecuadas. Decía en La Vanguardia el exdirector de Al Jazira Wadah Khanfar (entrevista de Lluis Amiguet, 5 de febrero de 2014): "Las noticias ya son gratis; por la información pagaremos". Las noticias están al alcance de cualquiera, nos atiborran a noticias. Pero, ¿y lo que está detrás, lo que las nutre, lo que hay de veras en las noticias, en los titulares?

     Esa es la esencia del periodismo: explicar las noticias, informar de por qué se producen. Y eso es lo que ahora premian en el Guardian inglés, el periódico que dirige Alan Rusbridger. Primero le dieron el Ortega y Gasset que otorga este periódico por su cobertura de la información relativa a los descubrimientos que hizo el ex analista del espionaje norteamericano Snowden y ahora por lo mismo recibe el Pulitzer. Se premia la información, el periodismo en estado puro. Lo que siempre fue el periodismo. Ahora se hace con dos alas, vuela de manera diferente, más rápido, ya despegó hace siglos, pero sigue precisando los mismos elementos. Entre ellos, las ganas de hacerlo, el entusiasmo por no hacerlo como si fuera un oficio cualquiera. Convertirlo, como quería Gabo, en el oficio más bello del mundo. O, por lo menos, en uno de los más útiles.

Viva la República

Por: | 14 de abril de 2014

Ayer escuché a Pedro Zerolo hablar de los valores que defiende y que ha defendido a lo largo de toda su vida. La libertad, la igualdad, los derechos civiles que están en el corazón de las reivindicaciones propias del espíritu republicano. Un país laico, aconfesional, libre de las ataduras que la religión impuesta han caído como un peso muerto sobre la sociedad española durante los largos años de su historia. La República fue un instante de suspiro, un aire nuevo. Se acabó, la terminó la guerra civil, el fascismo se impuso sobre las otras fuerzas, y España regresó a un largo túnel. Cuando escuché ayer a Zerolo me acordé de los maestros laicos, de los intelectuales que tuvieron que irse al exilio, de los científicos represaliados, de la larga noche que ahora cuenta en sus episodios nacionales de la posguerra la novelista Almudena Grandes. La propia familia canaria de Zerolo sufrió esa persecución. A él le daban ayer el premio Carmen Cerdeira por defender los derechos civiles. A él le quería dedicar este blog con el que espero regresar ahora, quizá a diario, a este espacio que desde hace cerca de ocho años alberga algunos pensamientos cotidianos, sobre la literatura o sobre la vida.

El País

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