El oficio. 12. Zepeda Patterson y la manera de empezar una columna

Por: | 16 de octubre de 2014

Cantaba Raimon que del hombre mira siempre las manos. Pues de las columnas hay que procurar mirar cómo empiezan, pues de eso se deduce cómo terminan. Una columna, lo saben todos los lectores, seguramente, y seguramente también lo desconocemos muchos columnistas, es no sólo el sombrero de un traje sino que a veces es el traje mismo. De ahí dependen la elegancia pero también el dato, la apariencia y la sustancia.

Si alguien tiene claro cómo empezar una columna, muy probable sabrá acabarla. En la era contemporánea (es decir, ahora mismo) hemos tenido y tenemos columnistas magníficos, desde Francisco Umbral a Juan Cueto, y aparecen nuevos, entre los cuales citaría (por no incurrir en mi propio periódico) a jóvenes como Manuel Jabois o David Gistau. En ellos me fijo como lector y también como columnista ocasional. En esa pesquisa he hallado en América ejemplos preclaros de buen columnismo en gente como Jorge Fernández Díaz, Josefina Licitra y Juan Villoro, teniendo en cuenta también a nuestra Leila Guerriero (¡ya incurrí en nombrar a los nuestros!).

Había uno en México que es el padre de todos, Jorge de Ibargüengoitia, al que habría que leer obligatoriamente en las escuelas y en las redacciones, y no me resisto a recordar a uno que descubrió Arturo Pérez-Reverte, Germán Dehesa, que escribía crónicas magníficas en Reforma de México DF.

En esa pesquisa admirada del columnismo periodístico me tropecé hace tiempo con Jorge Zepeda Patterson, que ahora es notorio entre nosotros (en España y en el mundo de habla española) porque le acaban de dar el Planeta en Barcelona por una novela sobre la corrupción en su país, México. Hubo bromas al amanecer, pues no sabía mucha gente (en España, donde nos sentimos el centro del habla) quién era el galardonado.

Es un gran periodista, un hombre aún joven que está en la mejor tradición del gran periodismo de crónica que surca el siglo XX (y el XXI) en América Latina y también en la América del Norte, y que despunta ahora en España en virtud, sobre todo, de ese influjo americano. Su trabajo como creador de periódicos y como maestro de periodistas procede de un magisterio que es común, el de Tomás Eloy Martínez, que escribía como dios y que, como dios (es decir, como García Márquez, entre otros), comenzaba sus columnas o sus perfiles sabiendo qué iba a seguir y cómo iba a acabar. Eran, en el caso de Tomás y lo son en el caso de Zepeda, fogonazos de luz, brillantes descripciones de una ocurrencia que de pronto se convierte en una idea y por tanto en una atmósfera. En una columna, en todo caso, pues esos son los ingredientes de un buen artículo.

Pues en tiempo muy reciente, el 24 de junio de 2014, Zepeda publicó en EL PAÍS una columna gloriosa, que era también una crónica, y que si se hubiera prolongado se hubiera convertido en una novela en la que estaban, otra vez, los ingredientes que uno quiere tener en un guiso tan complicado como ese cuyo resultado debe ser el asombro ante la claridad de la calidad.

La columna, o la crónica, iba de la reina Letizia, que fue alumna suya en el diario Siglo21 de Guadalajara, México, y que unos días antes había sido proclamada  Reina de España. Se titulaba con un guiño a una novela de Pérez-Reverte, Letizia, La Reina en el Sur. Y comenzaba así: "Probablemente yo era el único periodista del Hemisferio Occidental que desconocía la noticia". ¿Cómo no seguir leyendo? En esa condensada confesión está la columna vertebral, y la dentadura, y los ojos, de un periodista; entonces lo celebré como se celebran ahora estas cosas, emitiendo en twitter mi alegría por el texto; celebré, por tanto, ese comienzo y el artículo en su totalidad, pues por leer cosas así, como esa, merece la pena hacer periódicos y leerlos.

Ahora que Planeta lo premia he querido recordar a los lectores aquel texto; si la novela es como escribe Zepeda, ahí tendremos una buena oportunidad de seguir admirando su extraordinaria manera de sentetizar lo que ha tenido o tiene ante su experiencia de mirar.

Hay 3 Comentarios

No solo las columnas me han educado parte de mi mente, también las cartas al director han tenido mucha importancia en mi forma de comprender lo leído durante mi vida.
La prensa como vehículo de cultura durante mi juventud fue primordial de tal forma que llegue a escribir alguna vez que idealice a los periodistas, llegando a llamarles, "Notarios" de la actualidad.
Hasta ese linde de la imaginación llegaron a ilusionarme.
Salud y Resistir.

Mi pasión por la lectura comenzó a fraguarse leyendo a los grandes columnistas de nuestro país. Qué palabra tan contundente: ¡Columna!.

Juan, yo imagino que es un tarro de miel, lo que pone el columnista al inicio de su escritura, que bien dices, después hasta el final puede ser un relato corto, una novela por entregas o una prosa jocosa con sabor acida y
que pasados los diez minutos, la volvemos a reiniciar por el punto y aparte que más nos adentra en el tarro de miel imaginativo que nos pego la pupila al periódico al comenzar la lectura matutina.
Entretenida crónica la de hoy.
Salud y Resistir

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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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