Una lectura. 'Como la sombra que se va', de Antonio Muñoz Molina

Por: | 26 de diciembre de 2014

Mm
Hay libros en los que está la vida de quienes los han escrito detrás de la vida de lo que parecen contar. Pasa en El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald. Y sucede en tantos libros. El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa, divide en dos la experiencia del Nobel, su adolescencia y su ingreso en la batalla política, como si tuviera miedo de quedarse solo en la historia desamparada del muchacho que luego lo ha acompañado toda la vida, hasta ahora mismo.

Una vez, en 1990, Vargas Llosa explicó que escribía para escapar de la pena, y esa sombra que parece resuelta en aquella obra tan autobiográfica, resurge siempre, sea lo que sea lo que cuente el chiquillo de Arequipa. A veces uno entra en los libros para saber qué pasó y termina sabiendo qué le pasó a uno mismo.

En otras ocasiones uno entra como si fuera a leer una historia ajena, por ejemplo sobre el asesino de Martin Luther King, y sale sabiendo tanto del autor que no le queda más remedio que pensar que éste quiso en realidad contar lo que le sucedió a él y que ocultó su intención indagando en alguien tan mundial pero también tan ajeno como el hombre que huyó de su culpa haciéndose pasar por otro.

Eso sucede precisamente con Como la sombra que se va, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral). Se lee como una historia, real, milimétrica, casi obsesiva en todos los detalles que alberga, y resulta otra, conmovedora e igualmente real, tan autobiográfica como el pudor propio de lo que no se cuenta nunca. Es, en efecto, la indagación sobre la fuga de James Earl Ray, que huía con otro nombre y se refugió en Lisboa huyendo de la pesquisa internacional que lo perseguía; pero es, sobre todo, la historia del encuentro de Muñoz Molina consigo mismo y con el amor.

Para llegar a esa situación en la que vierte su propia memoria mientras indaga en la vida de otro se produce un proceso de alto contenido personal; Muñoz Molina va muy atrás en el tiempo para encontrarse en Lisboa con las huellas de aquel asesino, y en el transcurso de su búsqueda se halla a sí mismo, como uno puede encontrar a Scott Fitzgerald en la figura dubitativa del hombre que describe la historia del gran Gatsby.

Esa persona que va a Lisboa en busca del final, o de la continuación de la novela que titularía El invierno en Lisboa, halla aquí, en Como la sombra que se va, el ámbito acabado de un autorretrato en el que caben todos los afectos, todos los desafectos y todas las culpas; mientras reconstruye (o construye) la personalidad de aquel asesino obsesivo, Muñoz Molina se encuentra consigo mismo en un espejo que le devuelve en momentos dramáticos a los que no les ahorra ni descripciones ni autoinculpaciones.

Hay rubor pero no hay pudor ni en la descripción de lo que pasa por fuera ni de lo que pasa por dentro; es el autorretrato del escritor como persona; huye de la autocontemplación de la página porque en realidad está contándose mientras escribe, o más bien cuando no escribe; toda historia, y esta es una historia muy íntima, se traza en función de lo que sabemos, de lo que se nos explica; en Como la sombra que se va el que se va, el que escapa, es James Earl Ray, pero en esa otra historia a la que nos asoma Muñoz Molina con todas sus consecuencias está un hombre que se busca, que conoce, como aquella mujer de Hemingway, la angustia y el dolor, y además en un momento determinado de su propia vida vislumbra que la muerte está más cerca de lo que dice nuestra propia idea oscura de la fatalidad.

Están, por tanto, el alcohol, las huidas propias, la noche como un monstruo que nos ayuda a precipitarnos, están las premoniciones que a veces parecen literatura y que muchas veces nos llevan a abismos reales, y hay, como en la vida misma, advertencias que nos llegan de otros o de nosotros mismos: si no controlas el desvarío un día no habrá ni desvaríos. Acaso todos hemos sentido esas revelaciones de madrugada, o de noche oscura del alma, pero es probable que nunca las hayamos leído (o las hayamos dicho) con la crudeza (y la ternura) con que ha relatado Muñoz Molina sus propios abismos. Hasta que, y este es el centro mismo de su narración, el sentido de su propia búsqueda, halla el amor; y tiene que ser de noche, en este caso en Madrid, hablando o escuchando hablar de literatura, mientras de alguna manera lo llama su maestro Onetti y al tiempo lo espera la mujer que inadvertidamente se ha colado en su sentimiento para resolverle la alegría y la vida. A ella la llama en el libro; y sólo en la última palabra de Como la sombra que se va sabremos que se llama Elvira.

Es un libro conmovedor en el sentido más secreto, más real, del término; no habla de sí mismo, en sentido estricto, porque habla, en primera instancia, de ese fugitivo que se refugia en Lisboa; pero en sentido moral, íntimo, de lo que habla es de sí mismo; la huella de su paso por la vida es la que se pone en primer plano, con su dolor y con su descubrimiento; conozco a Muñoz Molina desde que era el muchacho que se describe a sí mismo, con su timidez aún caliente, con los afectos que describe, y con los desafectos que va narrando, sobre la vida cotidiana, sobre la vida social, sobre la vida literaria; desde muy temprano fui testigo de esas actitudes que narra con la paciencia lírica que distingue su literatura, pero nunca lo imaginé tan desnudo, tan intensamente él mismo como se muestra en este libro. No es sólo eso lo que me ha conmovido de Como la sombra que se va, por supuesto, pero es lo que más me ha conmovido, cómo cuenta su soledad arriscada, cómo explica el lugar que va encontrando en el mundo, hasta que se produce ese resplandor que fue para él la consecuencia de un azar.

Cuando cierras el libro sabes que ha hablado de dos personajes, un americano del que lo sabe todo, y de un muchacho de Úbeda del que él ha querido saber más. Pasaba en El pez en el agua: uno entraba para ver a un hombre en el mundo y se iba habiendo visto a un muchacho al que una mirada lo salva del abismo.    

Foto: Antonio Muñoz Molina, tras serle concedido el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras. /GORKA LEJARCEGI

Hay 18 Comentarios

Tengo la misma impresión que algunos de los que comentan este post sobre los libros de Antonio Muñoz Molina. Hecho de menos al autor de "El invierno en Lisboa"

Ah me olvidaba yo estoy de acuerdo con lo que dice Antonio Corbalán, aunque le tengas en gran estima, creo que jamás se debe prohibir hablar de política que es lo que ha hecho, eso es La Ley Mordaza, lo siento, pero no se pueden maquillar las cosas y más con las elecciones pisando fuerte, y todo lo que está pasando, No solo Debemos hablar y escribir sobre Política, aunque sea la Rusa, sino es nuestra obligación hacerlo y además Podemos ......bye Juan , Bsss

Hola Juan, he entrado a ver que columna tenías , pensé que habrías cambiado ya de texto, pero salvo para los que les entusiasme este autor, ya lleva tiempo ahí, para mi demasíado. Ahora es tiempo de renovar Autores y libros, no solo novelas, pero bueno, estamos en Carnaval, ayer fue la Cabálgata y tu sabes que en Canarias se celebra al máximo haga frio o calor y no veo artículo en la prensa sobre ellos, en La Canaria si por supuesto, pero en la Península no, por cierto el viernes es la elección del Drac, y eso si que mola, porque viene muuuuuchisima gente, . Todo forofo dela Queen Drac sacó la entrada, pasando la noche en el Parque para sacar entrada que en muy pocas horas se acabaron.....Supongo que lo sabes pero como en El Pais no veo nada de nuestros Carnavales, supongo que andarás muy ocupado......Por cierto no sabía que mi querido Arturo iba a campeonatos de Ajedez, aunque se vea en sus novelas que le gusta, uno de los participantes que yo desconozco, le gustó mucho que estuviera , le saludó, muy contento porque era Arturo.....en fin Carnaval Carnaval.....

Un exacto desnudo de alma y una exquisitez de sensibilidad bien trabajada. A mí me ha encantado...

Juan, lo siento mucho pero en la pagina 129 lo he dejado, no me despierta interés ni curiosidad, es muy lento, lo encuentro un poco mayor al autor, y muy repetitivo.
Resiste y Salud

Juan, ha muerto Amparo Baró, una excelente actriz.

Hola Juan, aunque lo que te voy a decir no tenga que ver con el libro de Muñoz Molina, del que me he leido muchos desde el Beatus Ille, tiempo muy atrás hasta cada uno de él menos ese, yo quería y no sabía como poner en el Pais un comentario sobre "La Poesía es de nuevo un arma cargada de futuro", y en los poetas españoles, no veo a ningún canario y sabes que en las islas abundan y muy buenos, pero creo que no debe molestarte que entonces incluya uno, hay muchos más por supuesto, pero a Jose Miguel Junco Ezquerra hay que ponerlo entre los mejores y españoles y canario. Disculpa si he usado tu columna , repito no sabía donde ponerlo y además tu lo conoces y su último "Oasis" es exquisito.

Juan en mi pueblo dice los más antiguos "que hasta San Antón pascuas son".
De modo que si en donde estas eres feliz, no bajes.
Salud y Resistir.

Largas vacaciones, juan cruz....muy largas ¿Se encuentra bien?
bibiana Fdez Simajovich

La vida. Esa gran novela experimental.

Juan, estoy leyendo lo ultimo de Javier Marías y tengo esperando lo nuevo de Jonas Jonasson.
Espero leer el libro de Antonio sobre el mes de Febrero, ya te contaré.
Salud y Resistir.

el otro día me asusté, no podía soportar esa posible ida, seguiría sin poderla soportar, me agito en la noche, en mi sueño, me despierto angustiada y en mi mente resuena una bella canción de Barbra Streisand que continuamente evoco, es triste, muy triste, sólo dejará de sonar si vuelvo a mirarte otra vez, estoy segura.

Un saludo para Muñoz Molina, por su felicidad y la de Elvira

¡Qué buena perspectiva la de que un escritor, aún escribiendo un hecho real, objetivo, pueda estar queriendo mostrarse a sí mismo!
Al menos, en "A sangre fría", Truman Capote a mí me mostró que seguramente no iba a encontrar a un escritor que hiciera una crónica más redonda, más clara, más perfecta. Que pocas veces volveria a leer a un autor tan brillante (puede ser que me falten lecturas)
Imagino que, muchas veces, escribir es un acto doloroso, dolorosísimo; y parece ser el caso que ud nos cuenta hoy; doloroso y solitario: el del reencuentro con uno mismo.
Entiendo que escribir es viajar, a lisboa o a nuestras propias entrañas. Leí en las redes sociales, una frase que me gustó mucho: "Si quieres viajar, lee. Si quieres escribir, viaja"

Bibiana Fernández Simajovich
:
¡¡Muy felices lecturas para todos en este nuevo año!!

Sabes que hay autores que a veces va por tiempo o por estados de ánimo y me encuentro que habiendo leído varios libros de Muñoz Molina no me apetece leer este. Porque me ha pasado con otros novelistas, hay tiempos para todos y nunca tengo un solo libro en el que descargue toda ansiedad salvo si es de la Dra ScaRpetta, ya ves, me gusta ahora Así empezó lo malo, y por supuesto no puedo estar sin uno de Pérez Reverte, Arturo. Aunque tb lo he dejado de lado algunas veces, tampoco quiero releer que siempre se me va el ansia de la juventud y el impacto del libro.
Bueno Juan cada uno con sus historias favoritas, y así te deseo unas felices fiestas y a ser posible un año un poquito mejor que este. Feliz en lo que más desees :
Dumi

Resulta obvio que cuando un autor cuenta una historia, su percepción de los hechos de una época determinada, le proporciona conocimiento y nuevas sensaciones, al introducirse en la piel de los personajes, pero siempre estará condicionado por los sentimientos que le producen las vivencias, y quiera, o no, una parte de sí mismo estará presente.

Fue tu voz, te miré y hablabas, y al emitir ese aliento al hablar y su sonido, algo en mi interior se disparó, me estrujó por dentro, fue en un sitio público, había mucha gente pero nosotros y los nuestros estábamos cerca, sólo yo lo sentí y desde entonces ya no me pude desprender de ti, después se calmó, se durmió, dejó de rasgarme y de darme calor, pero, de nuevo, sin escucharla, tu voz ha vuelto a sonar en mis oídos, no la he olvidado, hasta cuando te ríes, tu bella sonrisa que recuerdo como si en este momento estuviera impresa frente a mi por todos los rincones y lugares, y otra vez ha llegado hasta mi pecho y a mi corazón ha abrazado.

no puedo más, no puedo más, no me asustes

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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