Me han invitado a hablar en Buenavista del Norte, Tenerife, sobre el valor de las palabras, en homenaje a una mujer de 47 años, una maestra, Malela Ramos, que murió el año pasado y que pobló este lugar de 5.500 habitantes en un sitio donde la lectura y la discusión forman parte de la tranquila ansiedad de vivir.
Fue, dijeron, una mujer menuda y fuerte, aguerrida, a la que la enfermedad que le quitó la vida no le pudo quitar la fuerza para difundir su pasión: la lectura, el valor de las palabras. Cuando las personas se mueren no dejan atrás el vacío, la muerte no es una pared; el pasado que hay detrás de nosotros es el soporte de lo que seguimos siendo.
Que la gente de este lugar magnífico, soleado y verde, azotado a veces por un vendaval que se parece al ruido de las olas, sembrado --aun-- de las plataneras que hicieron de esta zona de Tenerife el amplio solar de un bosque, cultive la memoria de lo que hubo para seguir construyendo lo que serán emociona y alienta.
Canarias tiene ante sí muchos retos; generaciones nuevas tienen que asumirlos, y entre ellos han de asumir el ingreso de las islas en el reconocimiento abierto de sus muchos problemas. Nosotros, los canarios, padecimos durante siglos un caciquismo que lastró la educación y la libertad; eso lastró el pasado, y ha de ser una mancha que el futuro debe borrar.
La modernidad entró en las islas a través de la Enciclopedia, en el siglo XVIII, y volvió a asomar, con fuerza, a través de las vanguardias europeas de mediados del siglo XX. Olas de emigración propia nos hicieron de todas partes; ahora son los emigrantes ajenos los que vienen aquí buscando, en Europa, en España, aquí mismo, una promisión que sus tierras les niegan.
Ese vendaval de sucesos que nos están pasando requieren buenos guías, maestros de gran autoridad moral y docente. Como Malela.
De eso estuvimos hablando, junto al mar, que batía con la fuerza de la mirada de un niño. A mi lado se sentó una chica de ojos claros, que de pronto me habló de sus estudios; ahora es intérprete de alemán, y se apresta a estudiar otras lenguas; hablaba con soltura de literatura y de música. Pensé que debía ser una alumna de Malela. Era su hija.
