Una amiga, de viaje por Aragón, llegó a Alcorissa, entró en un templo del siglo XVII y anotó una frase que quiso regalarme, para compartirla. Como ella la quiso compartir, quisiera amplificarla aquí para que ustedes también la disfruten. A veces llegan mensajes así, que no son ni urgentes ni perentorios, y que alivian la mitad del camino, que decía Dante, o que le piden al sol que se pare, que decía Espronceda.
