Sobre el Blog

Lo que pasa y no se cuenta. Lo que se ve y no se dice. La actualidad y el pasado en un blog que mezcla artes, política y fútbol. Como una plaza pública.

Juan Cruz, escritor y periodista canario, adjunto a la dirección de EL PAÍS. Su último libro es 'Ojalá Octubre', y el próximo, 'Toda una vida preguntando'. Es autor de 'Una memoria de EL PAÍS'.

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03 julio, 2009 - 09:03 - Juan Cruz

Lo que dijo Jean Daniel

Fui a Aranjuez, a hablar en un curso sobre periodismo, dirigido por mi compañero Germán Yanke. Allí conté una de las reflexiones más escalofriantes que he escuchado nunca de un veteranmo periodista sobre el futuro del periodismo. Se la escuché una tarde reciente en París a Jean Daniel, el ex director de Le Nouvel Observateur, uno de los grandes periodistas europeos. Desde la estatura de su larga experiencia, hablaba en voz baja del futuro del oficio, y en un momento determinado salió a relucir la irrupción de internet entre los instrumentos de distribución de las noticias. Entonces Daniel enarboló un ejemplar de Le Monde, que lo tenía al lado, y dijo:

--Un día esto será un suplemento de una página web.

Se refería a los periódicos de papel.

Dije en Aranjuez que, como veterano periodista que ya soy, aquello me había sobrecogido.

Ayer vi en algunas publicaciones de las que llaman confidenciales el siguiente titular, y ustedes perdonen la autocita:

Juan Cruz: "Un día los periódicos serán suplementos de Internet".

Tengo claro que quiero seguir siendo periodista, de Internet o de la prensa escrita, de la radio, de la televisión, o de la prnesa clandestina. Lo que sé, además, es que no querría nunca ser un periodista que titula con lo que no fue cierto.

02 julio, 2009 - 07:48 - Juan Cruz

Teoría del alomejorismo

La abundancia de medios para comunicarse no mejora necesariamente el buen ejercicio de la urbanidad. No es corriente devolver las llamadas o cumplir las citas, y las prestaciones más habituales de los nuevos teléfonos incluyen precisamente, y en muy primer término, ambas posibilidades. A veces digo que si invitas a siete amigos a cenar y seis de ellos te dicen que a lo mejor van, prepara comida para uno. La expresión A lo mejor encierra varias actitudes; la más habitual es la que esconde al que espera que le surja cualquier otra posibilidad mejor que la de tu propia cena. No le dices que no, pero le adviertes de que podría haber, precisamente, una oferta mejor. A lo mejor voy. Es mejor decir No voy que dejar al otro esperando a que se concrete esa posibilidad que el otro oculta bajo la manga de su expresión dubitativa: a lo mejor voy. Peter Mayer, el gran editor norteamericano, decía, hablando de las negociaciones editoriales, una frase que atesoro como la expresión de una actitud: No también es una respuesta. Nos da pudor decir que no: no a la presentación de un libro, no a una cena, no a una reunión que no nos interesa, no a un viaje que tampoco nos apetece. Y no también es una respuesta. Hace muchos años, el poeta canario Carlos Pinto Grote acostumbró a sus amigos que todas sus reuniones (que organizaba muchas) debían terminar exactamente a las doce de la noche. No decía no, simplemente se levantaba de la mesa (las reuniones eran en su casa) y se iba a la cama; los demás podían seguir o no, pero ya sería siempre sin su presencia. En Canarias es donde más casos de Alomejoristas conoce. Pero, claro, es que soy canario; aquí, en la Península, hay ya muchos alomejoristas acreditados. Ya los voy conociendo; me sirven para perfeccionar mi teoría del Alomejorismo, a la que espero y deseo que ustedes también contribuyan.

01 julio, 2009 - 08:56 - Juan Cruz

Los cien años de Onetti

Participé anoche (con Félix Grande, con Javier Rioyo) en una de las jornadas de homenaje que se celebran en Madrid (en la Biblioteca Nacional y en la Casa de América) de homenaje a Juan Carlos Onetti, que hoy hubiera cumplido cien años. Esta mañana he escrito un texto para elpais.com sobre Onetti, por qué le queremos tanto. Lo conocí, digo ahí, en 1973, con Félix Grande, y con mi compañero Juan Manuel García-Ramos, que le había llevado a Tenerife. Luego le vi muchas veces, y sobre todo al final de su vida, en los últimos años, tuve mucho contacto con él; era un ser humano fantástico, chispeante; tenía un sentido del humor fuera de lo común. Ahí, en ese artículo, he glosado ese carácter. Anoche lo hablaba con su viuda, Dolly. Onetti no era el hombre triste que ha entrado en la leyenda habitual. Al contrario, era muy divertido escucharle sus ocurrencias, disfrutar de su memoria implacable. Ese carácter está sobre todo en sus artículos. Hay una nueva oportunidad de leerlos, en las obras completas que acaba de recopilar Hortensia Campanella para el Círculo de Lectores. Lean esos artículos. Aparte de divertirse o reflexionar con ellos pueden asistir al festival de un lector: exigente, crítico, divertido. Como Juan Cueto suele decir de la mirada inteligente, la de Onetti era una mirada divertida Recuperarla sería una obligación gozosa.

30 junio, 2009 - 08:40 - Juan Cruz

Las malas noticias

Hay mañanas en que te despiertan las malas noticias; un avión que se estrella, una muchacha que muere a los diecinueve años de la gripe que ronda. César Vsallejo tiene esos versos sobre el almuerzo imposible del obrero que sale a la fábrica y la casualidad fatal no le deja seguir. La vida está ahí, acechando, y siempre ofrece su maldita dosis de azar, que te agarra a ti o agarra a otros cuando se disponen a vivir o a dar vida. Las noticias son las crónicas de aquellos hechos que rompen, para bien o para mal, la normalidad cotidiana, y ese ladrillo, o ese bramido, o lo contrario, a veces te toca a ti, alguna vez siempre te toca. Viene disfrazado en forma de enfermedad o accidente, o con los ropajes tibios de la naturaleza. Sin embargo, la estrategia es seguir como si no fuera a pasar algún día, porque si no no existirían ni la alegría ni la esperanza; nbo existiría ni la vida sino el muro que la tapia.

Estoy en Barcelona; me duele la cabeza; ahora regreso en el tren. Me dijeron: el tren es fantástico. Lo es. Si no va alguien a tu lado hablando por el móvil desde que sale de una estación y llega a la otra casi tres horas más tarde. Qué hacer con esos movilizados que no se levantan del asiento para contarle a la madre que están viajando de un punto a otro. Y qué hacer al menos para que abrevien la expresión de tamaña banalidad.

29 junio, 2009 - 07:36 - Juan Cruz

La noche extraña de Tegucigalpa

Pablo Ordaz está ahora el epicentro de una extrañeza. La memoria había perdido hace años la costumbre de los golpes de estado en América Latina. Y de nuevo viene la bota a rectificar lo botado. América vivía una época excepcional de democratización, a veces a trompicones, y de nuevo reaparece la orden de la que aquí también supimos. Toque de queda. Cuando hay toque de queda y no es sino porque los militares no quieren que la vida se tuerza tan solo por los votos es que la sociedad fracas. El mundo entero ha pedido la restitución del orden inmediatamente pasado. No les harán caso. Los golpes de estado están ahí para quedarse. Pablo lo ve de cerca. Nos va contando esa noche extraña de Tegucigalpa. Atentos. Puede ser otro símbolo del mundo roto, uno más, el penúltimo.

28 junio, 2009 - 13:01 - Juan Cruz

El censor creador

Me escribe la atentísima Miriam Gómez, la compañera de toda la vida de Guillermo Cabrera Infante. Lo hace a propósito de mi post de ayer. Esa frase, Ya no se puede más, que está en el borde final de la inmortal novela de Guillermo, Tres tristes tigres, es en realidad (y así lo contó Guillermo en un artículo, El censor creador) una contribución involuntaria de la censura. Dice Miriam: "No hay cita de Guillermo; la frase es el censor franquista que cortó todo lo que la loca decía contra la Iglesia [en Tres tristes tigres]. G se dio cuenta de que era un final perfecto, incorporó todos los demás cortes, pero ese lo dejó para siempre, está en todas las traducciones". Una coincidencia que convirtió una frase (Ya no se puede más) en un emblema del libro con el que cambio, en mi caso personal, mi manera de leer e incluso de vivir.

Es uno de los finales más gloriosos y simbólicos de la literatura que me gusta. Por esta vía acaso ustedes podrían ayudarme a buscar otros finales, los que ustedes quieran, de los libros de su vida.

Gracias a Miriam por iluminar el blog de hoy.

27 junio, 2009 - 14:38 - Juan Cruz

Ya no se puede más

El amigo Juanma escribió ayer aquí que he comparado a Michael Jackson con Picasso, con Joyce y con Hemingway. Nada más lejos de mi intención. Tan solo quería hablar de la ansiedad, que él representa, y me serví de una frase que siempre me produjo una enorme congoja; es del Ulises de Joyce y la utiliza también Guillermo Cabrera Infante, a quien también citaba, en Tres tristes tigres, uno de los grandes libros de mi vida. Ya no se puede más. Escuché el otro día hablar de algunas frases famosas de la literatura, sobre todo en los comienzos de libros que están en la memoria literaria del mundo. Las citaba Antonio Muñoz Molina en Santillana del Mar. Entre los finales que siempre me han cautivado ese Ya no se puede más es mi favorito, porque cuenta en una sola línea del drama de los hombres, ese episodio final que se abre como una pared infranqueable, como un talud, como el símbolo del úiltimo instante de la ansiedad. No me gustan las comparaciones. No puedo comparar a Michael Jackson con los escritores o los artistas que admiro, porque a Michael Jackson no lo admiré nunca, con todos mis respetos para aquellos que, con todo motivo, le tienen en su corazón y ahora también en su memoria.  

26 junio, 2009 - 06:41 - Juan Cruz

Michael y la ansiedad de nuestro tiempo

Lo vi una sola vez en un concierto, creo que en Madrid, en el momento culminante de una fama que no conoció desmayo. Estaba allá, a lo lejos, moviéndose con la eficacia de un mecano envuelto en ritmo, evolucionando según el esquema inagotable de su energía. Aceleró el ritmo de la vida: se quiso hacer de otro color, emprendió una huida en la que conoció las controversias de los pecados de siempre, pero los perpetró con la perversión contemporánea, creyendo que su poder, que era su fama, iba a mantenerlos impunes. Su música iba por un lado, por el lado de la creatividad imbatible de un genio insatisfecho, y su personalidad individual se colgaba cada vez más de la cucaña que no acaba nunca, la de la ansiedad de ganar, y de estar presente. Cada vez más ambas imágenes se fueron juntando, hasta que surgió el proyecto de arrasar a los cincuenta, con conciertos maratonianos que iban a devolverle, desde Inglaterra, al primer puesto en el que siempre quiso estar y donde muchas veces estuvo. Picasso pintaba para calmar la ansiedad, y Hemingway se pegó un tiro. Jackson tuvo, en esta despedida final tan abrupta, la rara complicidad de su corazón, que, como se dice en Ulises de Joyce y en los Tres tristes tigres de Cabrera Infante, dijo ayer tarde en Los Ángeles ya no se puede más. Quiso ser otro, e inmortal, lo fue; ya lo es, ya es inmortal y único, el solo, con su color desvaído y su tristeza amparada por un paraguas blanco, el más excéntrico, y el mejor, de los cinco hermanos.

25 junio, 2009 - 08:01 - Juan Cruz

Ardor guerrero

Para los que creemos que Ardor guerrero marca un punto y aparte en la escritura de Antonio Muñoz Molina resultó muy reconfortante escuchar ayer en Santillana del Mar al profesor Ángel Loureiro hablar de esa obra maestra de la novelística del inventor de Mágina. En esa tesitura le siguieron Manuel Rodríguez Rivero y otros; Ardor guerrero, consecuencia autobiográfica, pero narrativa, de la estancia de Muñoz Molina en el cuartel, en San Sebastián, es un relato en el que aparece muy definida ya la melodía de la que habla el propio Antonio, y de la que habló ayer por extenso, tanto en la sesión que le junto con sus estudiosos en Santillana como en el coloquio que tuvo con Luis Mateo y con Angeles Mastretta en el Palacio de la Magdalena, en la sesión de clausura de este encuentro de Lecciones y Mestros que organizó por tercer año la Fundación Santillana. Y no sólo la melodía: la ambición literaria de escarbar en la realidad para agrandarla. Muñoz Molina está dotado de una lupa muy especial; dijo Justo Serna que es la lupa del historiador del arte, capaz de asomarse a las profundidades de un detalle para agarrar de éste todo su poder de metáfora. Muñoz Molina es el escritor que no se conforma. Un suceso de 1969, el viaje a la luna, tan distante de Úbeda, o de Mágina, dio de sí El viento de la luna, una memoria-ficción que rompe los moldes de los libros en los que los escritores cuentan la adolescencia, para contar una historia completa, la de los suyos cuando la época era aún más roda y más opaca. Ardor guerrero, en cierto modo, inició este tono, que luego regresó a Mágina, o a übeda, para contar una historia que aunque ocurra en Manhattan siempre tiene su raíz en el principio del vuelo. Pozuelo Yvancos le preguntó por qué Mágina y no Úbeda está en el centro de El viento de la luna. Porque diciendo Mágina puede inventar. Me pareció suficiente, esencial respuesta. Con la voluntad del entomólogo Fernando Valls insistió en la cuestión. Desde mi punto de vista no hay cuestión: Mágina es Úbeda, si tú quieres, o San Petersburgo. Los sitios no son nada: la imaginación los convierte en un territorio de aire donde habita, tan solo, kla melodía profunda de los escritores. Y Muñoz Molina tiene esa melodía de lo que no tiene lugar, sino el liugar que le pones. Estoy en el aeropuerto, llaman al avión; me voy. Acabaron las jornadas. Me voy con los territorios cruzados: Mateo-Mastretta-Muñoz. M. M de Maestros, por cierto. Adiós.

24 junio, 2009 - 08:40 - Juan Cruz

A la Maestra Liendre le regalan un blog

Photo A la Maestra Liendre le han regalado un blog, y ha vuelto a sentir lo que sintió cuando de chica la sorprendía la vida escribiendo, o contando, lo que le daba la gana. Eso dijo ayer Ángeles Mastretta cuando le preguntaron lo que se pregunta a los escritores cuando ya no hay más preguntas: por qué escribe. Escribe para contar. La manía de escribir le viene de la manera de contar, y el blog, que hace aquí al lado, muy temprano en México, ha venido a colmar la ansiedad que de niña la convirtió en la Maestra Liendre. Liendre es la cría del piojo, y está en todas partes, saltando de un lado a otro. Se ganó la denominación de chica (de monifata, que diría mi madre, y la suya) porque estaba siempre escuchando en la casa lo que no tenía que escuchar. Le decía su abuela: "Es la Maestra Liendre, que quiere saberse las lecciones antes de escucharlas". Con esa actitud, primero se hizo curiosa y después se hizo escritora. Ahora tiene las mismas inseguridades que cuando empezó, y la misma pasión por contar. Por contar, y por cantar. Anoche, cuando ya se había vencido el día y nos adentrábamos en la madrugada, agarró su voz rota y empezó a cantar el bolero que le sirve de tono a su novela Arráncame la vida, que acaba de convertirse, también, en una película en la que ella no tiene que ver aunque le gusta. Cuando ya los últimos de la noche, entre los cuales estaba un servidor, celebrábamos el verano, la Mastretta, Liendre hasta el amanecer todavía, se lanzó a cantar Arráncame la vida, con el gesto de la chica que no se acostumbra a que se acaben las fiestas. Y por ella hubiera seguido. Por la mañana había leído páginas muy emocionantes de su relación con el padre y con la madre, y había contado esa historia de la Maestra Liendre. Aquí, a Santillana del Mar, la Fundación Santillana la trajo para ser protagonista de la serie Lecciones y Maestras. Ninguno de los participantes es maestro desde chico como ella, que se ganó el título ocultándose detrás de los sillones de la casa para escuchar, como una liendre, lo que le decían que no se podía oír. Y aquí está, con esas historias que oyó contándolas todavía en el blog que es para ella como un regalo de un cumpleaños que la vida le ha hecho cumplir todos los días, sobre todo por la noche. Y ahora me voy a escuchar a Antonio Muñoz Molina, excelso contador de historias, que tiene por dentro, en su melancolía literaria, una de las voces más originales y profundas de este universo en el que lo que se cuenta es al final lo que termina sucediendo.

Photo2 

P.D. Me olvidé de nombrar las fotos. En la segunda, cuatro críticos literarios: Joaquín Marcos y Fernando Valls, en primer término, y en segudno Pozuelo Yvancos y Santos Sanz Villanueva. En la otra foto, hay un grupo de asistentes a este curso de 'Lecciones y maestros'. Identificarlos uno a uno sería una labor de entomología que dejo a los lectores.


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