Sobre el Blog

Lo que pasa y no se cuenta. Lo que se ve y no se dice. La actualidad y el pasado en un blog que mezcla artes, política y fútbol. Como una plaza pública.

Juan Cruz, escritor y periodista canario, adjunto a la dirección de EL PAÍS. Su último libro es 'Ojalá Octubre', y el próximo, 'Toda una vida preguntando'. Es autor de 'Una memoria de EL PAÍS'.

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24 diciembre, 2009 - 09:27 - Juan Cruz

Anido e Irago, periodistas

La decisión de un juez de Madrid de dictar prisión e inhabilitación para los periodistas Daniel Anido y Rodolfo Irago, director y director de Informativos de la Cadena Ser, ha causado conmoción en ámbitos profesionales y judiciales. El juez entiende que una información que, bajo la responsabilidad de ambos, emitió la Ser en 2003 se ajustaba a todas las normas del oficio; sin embargo, el juez entiende como delictivo el hecho de haber divulgado en Internet algunos documentos relativos a esa información. Estima el magistrado que lo que se publica, o emite, en la radio, está amparado por la Constitución, porque la radio es un medio de comunicación social; Internet, sigue pensando el juez, no tiene igual amparo, porque la red es un medio de comunicación universal. Pero lo que publicó Internet (la web de la Ser) es la documentación que avala la información que emitió la radio. Muchos de los que ya han opinado sobre la sentencia --en la radio, en la prensa y en internet-- la juzgan como una pieza disparatada desde el punto de vista legal. Los compañeros de la Ser la van a recurrir. La gravedad del precepto dictado por el juez pone de manifiesto la impunidad en la que a veces actúan los magistrados en el ejercicio de su responsabilidad. El origen de aquella información fue la afiliación irregular de miembros del Partido Popular, denunciada por la alcaldesa de Villaviciosa de Odón, también del PP, en 2003, en medio de los conflictos causados por la actuación de los diputados madrileños Tamayo y Sáez; esa afiliación irregular se montó para impedir unas elecciones normales dentro del Partido Popular, controlado entonces por Romero de Tejada. El juez considera que esa información era correcta; divulgar en Internet el documento en el que se apoyaba es lo que no le ha gustado al magistrado, porque Internet es un medio universal, según él incontrolable. ¿Medio universal Internet? Claro que sí, pero hoy todos los medios pueden ser universales. ¿Y la radio que se escucha por Internet? ¿Y la prensa que se lee por Internet? ¿Y los blogs, como este, que se lee en Internet? ¿Y las sentencias judiciales que se divulgan en Internet? El juez ha puesto en manos de la sociedad una polémica que deja chica la controversia sobre las descargas; y mientras tanto ha arrojado sobre dos periodistas excelentes una sentencia que dibuja, en torno al espejo judicial, la sombra de la duda razonable: ¿sabe de qué está hablando el honorable magistrado, de dónde puede obtener el argumento que le lleva a asestar esa dicotomía entre lo que él llama medios de comunicación social y medios de comunicación universales? ¿Sabe él lo que es la red, lo que abarca hoy? Y si juzga que una información es impecable, ¿cómo puede reprochar que se apoye con datos? Demasiadas preguntas para tantas obviedades.

23 diciembre, 2009 - 10:14 - Juan Cruz

La lluvia en el mar

Llueve en El Médano; al llegar, ayer, la tierra parda reflejaba esa especie de pereza del cielo encapotado; como una sombra de burro pacífico parecía el color de la isla al mediodía; ahora una lluvia fina cae sobre el mar y lo hace aún más gris; las olas, sin embargo, están mansas, igual de perezosas que las nubes; no se oye en la playa ni en los alrededores de estas orillas pacíficas otro rumor que el de esas pequeñas olas acercándose a la arena, y la arena está húmeda y mojada, absorbe sin esfuerzo alguno el agua salada, el agua dulce, el agua del mar, el agua del cielo. Cuando llegué, un brote cálido de humedad sustituyó al viento que suele ser habitual en el aeropuerto del Sur. En el avión vine leyendo el libro póstumo de Carlos Castilla del Pino, Conductas y actitudes (Tusquets). Me detuve en el capítulo sobre la envidia, un ejercicio interesantísimo de identificación de la envidia como enfermedad. Su lectura no resulta sugestiva sólo por la capacidad teórica que desarrolló Castilla del Pino como psiquiatra, sino porque identifica con ejemplos concretos los límites a los que puede llevar esa enfermedad a los seres humanos. El libro concluye con un capítulo sobre el odio. Ambas actitudes, o ambos defectos, ambas posibilidades oscuras a las que llega el alma humana, son comunes en todas las personas, están latentes; su identificación sirve, dice Castilla, para tratarlos, pero sólo una gimnasia constante de generosidad y de tolerancia permite que desaparezcan, y jamás del todo. Recomiendo mucho este libro, y recomiendo Mis premios, de Thomas Bernhard, que ha publicado Alianza Editorial. Y ahora volveré a mirar el mar, tan extraño esta mañana.

22 diciembre, 2009 - 07:55 - Juan Cruz

El principito, El extranjero

Unos amigos de El Médano me pidieron ayer que les recomendara un libro que aconsejar a los escolares de este querido pueblo del sur de Tenerife. Me acordé de inmediato de lo que le sucedió a un adolescente nómada de Mali, Moussa Ag Assarig, a quien unos pilotos del París-Dakar le regalaron hace años, cuando él debía tener entre doce y trece años, El Principito, de Antoine de Saint Exupery. Moussa convenció a su padre para que le llevara a una escuela de la capital, para aprender a leer. Aprendió, y leyó El Principito. Esa lectura cambió su vida; ahora él mismo escribe libros (el último, En el desierto no hay atascos, publicado en España por Sirpus) y destina sus derechos de autor a montar escuelas para los niños nómadas de su país y del resto de África. La propia familia del autor de El principito le ayuda a financiar este proyecto, que Moussa presentó en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es un hombre de mirada luminosa, que refleja una ilusión que viene, dice él, de haber aprendido a leer; la lectura le ha abierto al mundo, le ha dotado de un entusiasmo con el que ahora viaja, contagiándolo. Y por la noche un compañero me preguntó por algún libro de Albert Camus, aparte de La peste, que ya había leído. Le recomendé El extranjero, un relato que transmite desolación y extrañeza, una novela de rara perfección que siempre me ha subyugado. Le recité uno de los párrafos que quedaron en mi memoria, y que siempre he asociado a las playas perfectas en las que el viento a veces reina como una premonición o como un manto: "Comprendí entonces que había roto la armonía del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz". Me parece que esa es la traducción de José Ángel Valente. Un libro sobrecogedor, escrito con una sencillez extraordinaria que contribuye al clima aparentemente distante con el que el narrador va contando su desoladora historia. A mediodía comí con un científico que me preguntó por lecturas para estos días. Le aconsejé que leyera la autobiografía de Mario Vargas Llosa, El pez en el agua, y dos de Orhan Pamuk: La maleta de mi padre y El museo de la inocencia. Este último es un libro que a mi me parece importante, en el que hay que entrar con ganas de sumergirse, de dejarse perder en una historia de amor que te va envolviendo hasta que se convierte en algo propio. Como estamos en tiempos de consejos, aconsejo también La noche de los tiempos, de Muñoz Molina, y Caín, de Saramago, de los que ya he hablado aquí alguna vez. Y, para releer, poesía, las poesías completas de José Hierro. Y lo que aconseje un buen librero, por cierto. Creo que una manera de luchar contra las habladurías acerca del porvenir de los libros es ir a las librerías a ver qué nos dicen los libreros.

19 diciembre, 2009 - 08:45 - Juan Cruz

Los toros

Conozco a muchísimos españoles (y extranjeros) que aman la fiesta de los toros; y conozco a muchos extranjeros (y españoles) que la detestan. Y ambos tienen sus razones. Lo que me resulta extravagante es que la oposición a los toros, legítima como cualquier oposición, se identifique como un calco con la actitud de los nacionalistas catalanes ante la lidia. Ni soy nacionalista ni jamás lo he sido, y lo único que me gusta de los toros es la escritura sobre los toros, especialmente la de mi admirado y añorado compañero y amigo Joaquín Vidal. Imagino que habrá muchos catalanes (y españoles) que disfrutan de la fiesta de los toros, y tengo la certeza de que otros muchos (nacionalistas o no) la detestan. Pero eso pasa en Burgos (como decía ayer Ignacio Escolar),  en Andalucía, en Galicia, en Euskadi, en Canarias, en Madrid, en Valladolid y en todas partes. Reducir el asunto (como hacen estos días los medios de derecha y de ultraderecha, patrióticos vociferantes de su propio patriotismo) a una disputa política de raíz independentista es olvidar que la gente tiene sus gustos y sus disgustos, y hay personas que con toda la legitimidad del mundo ama los animales y considera que el sacrificio al que se somete a los toros daña sus convicciones y su entendimiento de lo que debe ser un juego cara al público. En Canarias se prohibieron los toros, y nadie dijo que ese era un signo del independentismo salvaje de los paisanos. Que en el quiosco de hoy la decisión parlamentaria catalana de dar vía libre a una discusión sobre si en esa comunidad se abre paso la prohibición de los toros prime sobre la decisión acerca del cambio climático indica que al presunto interés del nacionalismo catalán se le opone con uñas y dientes el interés del presumo nacionalismo español, el patriótico, es decir, el nacionalismo bueno, el verdadero.

18 diciembre, 2009 - 07:45 - Juan Cruz

Aminetu en El Aaiún

Aminetu Haidar ya está en El Aaiún, después de un mes en el que su propia angustia ha regado el mundo, y sobre todo nuestro mundo, de preguntas sobre nuestra propia conducta con relación al Sahara, la colonia española que este país abandonó en 1975 en manos de Marruecos, tras la Marcha Verde. El esfuerzo de Haidar, que a veces ha sido entendido y a veces ha sido vapuleado, ha alcanzado un objetivo que acaso es la razón sentimental y política de su gesto: que no se olviden las reivindicaciones de sus paisanos y de su territorio, sobre una patria que ellos consideran usurpada. El esfuerzo de Haidar ha sido apoyado por muchísima gente, en las redes sociales, en persona, allí, en el aeropuerto de Lanzarote... Los que la han apoyado han sufrido también, aparte de la intemperie y otras calamidades, la incomprensión e incluso el descrédito; en eso han sido acompañados, en cierta manera, por funcionarios españoles que también han sido desacreditados por aquellos que, reiteradamente, los consideraban incapaces de hallar una solución diplomática o política al asunto. Ahora que la solución ya está, imagino que éstos, los agoreros que veían en el negro futuro del programa la posibilidad de una nueva crisis que sumar a las crisis del Gobierno, expresarán de algún modo su alivio porque al fin Aminetu haya logrado las garantías suficientes como para volver, sin humillación, orgullosa de la valía de su esfuerzo, a su lugar en El Aaiún. Pienso ahora en mucha gente que le apoyó, e imagino también el alivio que sienten al haber cumplido con lo que su conciencia les fue dictando a estos esforzados amigos que Haidar tuvo a su alrededor.

17 diciembre, 2009 - 17:43 - Juan Cruz

La mar de mares

Estuve ayer tarde en Bilbao gracias a la iniciativa de mi amigo Tomás Ondarra, pintor, redactor jefe de Infografía de EL PAÍS. Ondarra acaba de abrir en Fundación Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK) una exposición de su obra pictórica dedicada al mar. La muestra se llama La mar de mares, y fue el entorno en el que él habló acerca de las particularidades de la infografía en la prensa de hoy; a mi me tocó hablar del presente y del futuro del periodismo, este oficio nuestro que a mi me sigue apasionando como cuando era un crío y empecé a publicar en el Aire Libre de Tenerife. Pero hablemos de Ondarra. Su exposición es una excursión espiritual por lo que queda en la retina, o en el alma, tras la contemplación del mar. Ahí está el mar sonando, desde una ventana, desde el fondo, desde la balaustrada, desde la desembocadura de los ríos; el mar tangible e intangible, el mar rojo y el mar violeta, el mar de cristal, y el mar azul. El mar no es nunca el mismo mar, y Tomás, que es un hombre de una sensibilidad extrema, de una gran delicadeza para reflejar lo que sabe o lo que piensa, lo ha pintado en movimiento, el movimiento de su propia alma. Leí en su catálogo: "Busca en el agua todas las certezas porque todo en ti es mar". Conozco pocas metáforas más grandes y misteriosas de la vida como la metáfora incesante del mar. Después de ver la exposición me senté a escuchar a Tomás hablando de la infografía. Partió de varios mapas, hasta que llegó al mapa de su infancia, las calles por las que caminaba con su hermana, hasta que ambos se bifurcaban en busca de escuelas distintas. Ese mar de calles que dibujaba en la pantalla del salón de actos del BBK me llevó a mi mismo a una época igual, cuando, de niño, me imaginaba los territorios que aún no conocía, o cuando memorizaba, mirando al techo del cuarto donde vivía, viajes que ya había hecho, conversaciones que había escuchado, imágenes que ni siquiera estaban en la vida y que venían alentadas por el viento inexplicable que domina la infancia. Y, al lado, la radio abriéndome al mundo. Fui a escuchar hablar de infografía y terminé escuchando la voz de este poeta que hace cada día que sea más fácil interpretar la realidad con sus mapas y sus dibujos en el periódico de papel y en el periódico de Internet. Ahora sé, también, que la esencia de su aplomo se la da el mar, un compañero sobresaltado que jamás es igual, como la risa o como el viento que lo mueve.

16 diciembre, 2009 - 14:00 - Juan Cruz

En honor de Ian Gibson

Ian Gibson es un investigador honesto y profundo; cuando Federico García Lorca era una nebulosa perdida en el escenario gris de la dictadura, él reconstruyó el asesinato del poeta y fue un faro mundial para el conocimiento de aquella tragedia que simbolizó la terrible metáfora de la sinrazón de la guerra civil. Ahora dice que la controversia sobre dónde está enterrado Lorca le tiene trastornado e insomne. Creo que no debe sentir sobre sí la presión de esta controversia; nadie que use su juicio para analizar noblemente lo que ocurre puede culpar a Gibson de ninguna manipulación, ni histórica ni política. Trabajó siempre a favor del conocimiento histórico, y hoy lo sigue haciendo. Sus libros son un modelo de persistencia en la investigación; fue modelo de ello no sólo la reconstrucción de aquellos últimos días de Lorca sino su trabajo concienzudo, exasperante en su exactitud casi, sobre Antonio Machado., Y ahora trabaja en Buñuel. Los españoles que le conocemos le debemos mucha gratitud, y él debe sentirla. Al menos, yo quiero usted estas líneas para decírselo. Gracias, Ian, y cuando quieras puedes dejar en casa los libros que te pesen para seguir viajando por este país que has hecho tuyo.

15 diciembre, 2009 - 12:58 - Juan Cruz

Una luz valenciana

Decía ayer la actriz Magüi Mira, en la presentación del libro La ciudad y la vida, de Carmen Alborch, que durante años pensó en Valencia como el lugar al que algún día tendría que conducir sus pasos; le estimulaba la luz, la sensaci´´on de que allí se escondía un paraíso natural al que debía ir algún día; pensaba que Valencia era como una mujer de pelos ensortijados, tendida al sol del Mediterráneo, sonriente y feliz, dispuesta siempre a participar en la búsqueda de alguna sorpresa. Un lugar con una energía muy especial. Como tenía al lado a Carmen Alborch, la autora del libro, de inmediato identifiqué esa imagen que había traído Magüi a la propia presencia de la que fue directora del IVAM y ministra de Cultura. Además, Alborch, fue la última candidata socialista a la alcaldía de Valencia. Su carrera política ha sido incesante, como su actividad civil, y últimamente ha publicado algunos libros en los que pone de manifiesto su preocupación por el presente y el futuro de la mujer en la sociedad contemporánea. Este nuevo libro suyo (publicado por RBA) tiene como raíz esa experiencia política, pero sobre su pertenencia a esa luz de la que hablaba Magüi Mira, el Mediterráneo, Valencia, la enorme vitalidad de esa zona del mundo. Hubo un periodo, que ella protagonizó, cuando Valencia se situó en el centro mismo de las vanguardias europeas, a partir de la creación del IVAM, un proyecto que iluminó de entusiasmo el final de la década de los ochenta en la ciudad en la que ella nació. Junto con Vicente Todolí, uno de los baluartes de aquel proyecto, Alborch convirtió el IVAM en un suceso extraordinario. Le puso la energía que luego derramó, también, en épocas políticamente muy duras, en el Ministerio de Cultura, y reinició esa manera de actuar en la vida civil cuando se opuso a Rita Barberá en las últimas elecciones municipales. Finalmente, no fue elegida; con su partida de Valencia y con la llegada al poder del Partido Popular, el IVAM fue languideciendo tal como había sido concebido, como un instrumento de captación de las vanguardias mundiales. Ahora Carmen Alborch se refiere a esa época no sólo para hablar de Valencia, sino para expresar su experiencia como ciudadana que un día dejó la docencia para entregarse al servicio público. Su trayectoria ha estado signada siempre por esa energía valenciana de la que hablaba Magüi Mira. Anoche decía de ella Leire Pajín, la vicesecretaria general de los socialistas, que era una mujer admirable; yo iba pensando en aquella trayectoria y en estas palabras, y no pude decir, porque no me tocaba, que esa valía tendrían que ponerla en valor, Carmen tendría que tener hoy una mayor relevancia en la gestión de la cultura española. La avala aquello que hizo al frente del IVAM, la imaginación con que abordó el Ministerio de Cultura en época de penuria política y económica, y la avala esa energía de la que todo el mundo hablaba anoche al presentar La ciudad y la vida en la Residencia de Estudiantes.

14 diciembre, 2009 - 12:57 - Juan Cruz

Berlusconi

La agresión a Silvio Berlusconi, el primer ministro italiano, es una prueba más de los riesgos que la exposición pública entraña para los que ejercen el poder o para aquellos que tienen resonancia en la vida pública. Independientemente de eso, es evidente que esta agresión, teniendo en cuenta el clima que ha ido creciendo en la política italiana, donde todo se mezcla en torno al máximo ejecutivo del Gobierno, puede tener todo tipo de lecturas, que ya se están haciendo en Italia y en el mundo. La inmediatez con la que llegó a todas las televisiones y a todos los ordenadores del universo la cara ensangrentada de Berlusconi convierte esa imagen en un icono desgraciado de nuestro tiempo: la política asociada a la violencia, una metáfora que se queda ahí, pegada en la retina, antes o después de que vengan otras consideraciones acerca de la identidad o las circunstancias del agresor. La política es un elemento insustituible de la vida pública, es la que garantiza o no el bienestar de los ciudadanos, la que programa, para bien o para mal, el desarrollo de las sociedades, y los que han sido elegidos democráticamente habitan en el santuario del poder público. Luego ocurrirá lo que muchas veces ocurre, que los políticos se comportan bien o mal, y ya son los electores los que finalmente los preservan o los quitan. Como la mayoría de la gente, estoy contra la agresión, contra el insulto, contra toda forma de sustitutición del diálogo y de la razón. Kofi Anan le decía ayer a John Carlin en ELPAIS-Domingo que una de las tradicciones africanas, desde Tánger a Ciudad del Cabo, es dialogar hasta el final; él dice que veía a sus mayores, en su pueblo natal, hablando sin descanso, muy serios: estaban tratando de ponerse de acuerdo. Por eso estoy, estamos: por escuchar hasta el final, por no agredir, por esperar a entender las razones del otro. Y si en medio se produce una agresión, a quien fuera, yo estaré en contra, no sólo por una ambición de armonía, sino porque eso está en la esencia democrática, que requiere respeto por los hechos y por las palabras ajenas, aunque no nos gusten nada.

13 diciembre, 2009 - 11:53 - Juan Cruz

La gaviota que escucha a Manuel Rivas

Manuel Rivas leyó ayer su discurso de ingreso en la Real Academia Gallega y mientras lo hizo, en el Paraninfo de la Universidad de A Coruña, que fue una antigua fábrica de armas, vimos que le escuchaba una gaviota. Atenta, aupada en una de las farolas del paseo marítimo coruñés, la gaviota era parte de un paisaje bellísimo: detrás de donde habló Rivas, el mar, los barcos de recreo, los contenedores, una mañana muy feliz de Galicia, sol, aire limpio. El escritor llegó al sitio con un tojo que le había traído su hermano Paco del monte, hizo su discurso, una excursión emocionante por la historia literaria de su pueblo, asustado a veces por el drama de la historia, y firme siempre su reivindicación de la salud y la libertad como modos de vivir en la tierra. Su asunto era A boca da literatura. Memoria, ecoloxía, lingua, y su propósito era narrar la raíz de su propia literatura a partir de la vida y la literatura de los que le han precedido. Rivas convierte la memoria de los que le precedieron en la memoria propia, y de ello, de esa experiencia que tiene raíces ancestrales, en la antigüedad de su pueblo, de su país y de su familia, ha hecho una gran literatura emocional, que se agarra a los riscos de Galicia tanto como se agarra al alma con la que vive. El académico que le respondió, Xosé Luis Axeitos, dijo que Los libros arden mal es el libro en el que Rivas vuelca lo mejor de sí, la novela que lo representa como poeta, como escritor, como gallego y como ser humano, uno de los más nobles tipos que yo he conocido en mi ya larga vida de acompañante de escritores. Y es cierto, esa novela, que tiene más de setecientas páginas, indaga sobre el momento en que se interrumpe la libertad en Coruña, comienza la guerra civil y se inicia la persecución de los hombres y de su más preciado alimento, las ideas, la palabra, la cultura. Rivas quiso hacer este acto de ayer en la cárcel coruñesa, que tanto tiene que ver con ese símbolo y que durante un tiempo fue también paisaje del escritor. Finalmente la Academia no pudo disponer de esas instalaciones penitenciarias y convirtió el hermoso paisaje del Paraninfo en el lugar donde el autor de La lengua de las mariposas congregó a sus antepasados literarios y familiares, y donde se juntaron sus amigos, sus lectores y lectoras, sus familiares más cercanos, y los académicos que le dieron la bienvenida al más joven de los miembros de esta docta institución. La excursión que hizo Rivas por la historia personal y literaria que le vincula hondamente con su pueblo levantó de sus sillas a los concurrentes. Esta mañana le escribía Anton Reixa a Manolo en su columna de Xornal, el periódico gallego: "Eu, Manolo, tiven unha visión epifánica da sombra curvadamente orgullosa de Lois Pereiro polo corredor daquel andar madrileño do Paseo de Extremadura e do brillo nos ollos e a dozura da tua irmá María na Porta Faxeiras mostrándome un dos teus primeiros artigos no Ideal Gallego". Muchos tenemos esa imagen de María, y de sus padres, y de Isabel y de sus hijos, de los numerosos hermanos de Isabel Mariño, la esposa de Manuel, y muchos tenemos esa imagen fresca, comprometida, humilde y generosa, fuerte, que a lo largo de los años, y ya tiene más de medio siglo, han convertido a Rivas en un escritor inspirado que inspira. Cuando acabó el acto, un joven vino a saludarme, y yo apunté en una esquina del libro que reproduce el discurso lo que el muchacho me dijo mirándome a los ojos: "Este es un momento histórico". Lo comenté con José Luis Cuerda, el director de la versión en cine de La lengua de las mariposas, cuyo guión es también de Rafael Azcona. Y Cuerda me dijo: "Pues tiene razón ese chico, tuve esa misma sensación mientras estaba en el Paraninfo, que este es un momento histórico". Le comenté a Rivas aquella anécdota de la gaviota sentada, tan atenta a su discurso. Y cómo él había hablado en su discurso de lo importante que es escuchar me dijo: "A lo mejor estaba escuchando el mar".

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