Llevo algunos días metido en un extraño desasosiego. Me ocurre desde que era un adolescente; de pronto cae sobre mi como una nube de melancolía, y ya viajo en ella como si fuera eterna, y como si fuera parte ya de mi naturaleza, para siempre. El ánimo dura, no dura para siempre, pero mientras dura parece que es para siempre. Cuando tengo ese estado de ánimo el silencio es mi amigo. El sábado me compré un pequeño compendio de pensamientos de Aristóteles, editado por Acantilado, y ahí leí su espléndido ensayo sobre la melancolía; quién que no quiera de la vida algo mejor no es melancólico.
