En periodismo no vale todo, como tampoco vale todo en la vida. Hay unas rayas que no se deben traspasar, y cada día se traspasan más. Cada día se traspasa más el derecho a la vida privada, cada día se abusa más de la expresión libertad de expresión, y generalmente son periodistas desaprensivos los que se aprovechan de la aparente sacralidad de esos términos para publicar, en cualquier soporte, prensa, radio, televisión o internet, aquello que se les ocurre sobre cualquiera. A esos periodistas, por cierto, no les gustaría que de ellos se diga lo que ellos dicen de otro. Pero es que para ellos vale la libertad de expresión; los demás no tienen ese derecho, ni el derecho a defenderse.
