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La Doctora Shora

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Un espacio en donde la medicina se asoma en sus múltiples formas: Para asombrarnos con sus maravillas, para concienciarnos con sus limitaciones, para aprender con sus descubrimientos y para cuidarnos con sus conocimientos. Porque si la salud es lo más importante, conocer las herramientas con las que podemos mantenerla es indispensable.

Cuando los médicos temieron al ferrocarril...

Por: | 13 de septiembre de 2011

TrenSi tuviéramos que elegir el sistema de transporte más seguro y cómodo, además de barato, el tren sería uno de nuestros principales candidatos. Cada día miles de personas en España se montan en estos vehículos acoplados a raíles metálicos sin más preocupación aparte de si llegarán puntuales a sus citas o tendrán espacio en el vagón para meter sus abultadas maletas. Y, así, el viaje transcurre sin traumas y con tranquilidad junto con el leve traqueteo del tren.

Casi resulta imposible creer, dada la aceptación actual de la sociedad a los trenes, que la aparición del ferrocarril levantó muchas ampollas. El miedo y la ignorancia a lo desconocido, a lo nuevo, hizo que muchas personas temieran a esta enorme máquina metálica y estuvieran especialmente deseosas de prohibirla. En general, las preocupaciones se basaban en tres pilares: Peligros ambientales (las únicas razones medianamente justificadas), sociales y médicos.

Los mitos en torno al ferrocarril, que hoy podrían parecernos caricaturescos y absurdos, se propagaron con fuerza entre las sociedades industriales del siglo XIX que adoptaron el ferrocarril como medio de transporte. De hecho, conforme más se extendía el uso del ferrocarril más miedos aparecían en torno a la población.

Entre las muchas cosas que se dijeron de él encontramos afirmaciones como que era algo antinatural, que corrompía la moral de las comunidades tradicionales y que el humo que expulsaba el ferrocarril asolaría los campos de maíz y mataría a los pájaros.

El primer pensamiento que podría venirnos a la mente ante tales muestras de ignorancia por parte de la población general del siglo XIX es que los sectores más cultos e ilustrados no compartían esta visión… ¿O quizás sí?

Desafortunadamente, los médicos no se quedaron, ni mucho menos, atrás en esa histeria colectiva en contra del ferrocarril. El fenómeno no se limitaba a que tan sólo unos cuantos médicos opinaran sobre la existencia de gravísimos riesgos para la salud por el hecho de montar en este medio de transporte, es que múltiples revistas médicas y academias de medicina de la época publicaron artículos sobre los peligros del ferrocarril. Unos peligros que, como veremos a continuación, se limitaban a existir exclusivamente en la imaginación de muchos galenos.

Estas son algunas de las afirmaciones que expusieron los médicos del siglo XIX alertando de los riesgos para la salud que ofrecía el ferrocarril:

-La gente podría morir asfixiada si viajaba a velocidades superiores a 32 kilómetros por hora.

-El ser humano no estaba físicamente preparado para soportar las velocidades del ferrocarril, pues sufría un trauma físico por la aceleración y deceleración causado por este medio de transporte.

-Importantes médicos como Freud, Oppenheim y Charcot describieron que algún aspecto del ferrocarril (la velocidad, el riesgo de accidente, la vibración, etc...) dañaba la salud mental al observar a personas que desarrollan fobia o ansiedad a este transporte.

-En 1835, la Academia de Medicina de Lyon se pronunció categóricamente sobre el ferrocarril:

"El paso excesivamente rápido de un clima a otro producirá un efecto mortal sobre las vías respiratorias. El movimiento de trepidación suscitará enfermedades nerviosas, mientras que la rápida sucesión de imágenes provocará inflamaciones de retina. El polvo y el humo ocasionarán bronquitis. Además, el temor a los peligros mantendrá a los viajeros del ferrocarril en una ansiedad perpetua que será el origen de enfermedades cerebrales. Para una mujer embarazada , el viaje puede comportarle un aborto prematuro."

-En 1862 la revista Lancet publicó una serie de artículos con el título “La influencia del viaje en ferrocarril en la salud pública”. Afirmaban que las vibraciones del ferrocarril, junto con una amplia variedad de factores, causaban un agotamiento físico y mental del pasajero.

Fue la demostración de la seguridad del ferrocarril a lo largo de las décadas la que fue apagando, poco a poco, las críticas injustificadas y el miedo a su uso. Hasta llegar a la actualidad y poder reírnos sobre lo que se decía en aquel entonces.

Ah, si por casualidades de la vida, ustedes piensan que la histeria colectiva que ocurrió con la aparición del ferrocarril es un hecho aislado, están muy equivocados. Sucedió lo mismo con la aplicación de la electricidad en las casas, de la bombilla y, ahora, con los móviles. Somos una especie de costumbres, al fin y al cabo, aunque se repitan cada siglo. Y no hay mayor costumbre humana que soltar chorradas sobre aquello que se desconoce.

Para saber más:

La influencia del viaje en ferrocarril en la Salud Pública en The Lancet

Harrington, Ralph. ‘The neuroses of the railway’. History Today, 44:7 (1994), 15-21. ISSN 0018-2753.

Hay 25 Comentarios

Ramón, he mejorado porque noto que lo que no me funcionaba me funciona como debe ser, y para esto en concreto no necesito médicos ni máquinas especiales; hasta las abuelas sin estudios sabían si iban bien o mal.

Pepe, dime eso mismo con otro tratamiento que probé y no me hizo ningún efecto. Dime eso mismo el primer día que empecé con la homeopatía y me encontré mal, de tal forma que todos se pensaron que estaba embarazada. ¿Hace eso el agua azucarada? Pues ale.

Ramón: Las dudas siempre son razonables. Lo que no es razonable es alarmar a la gente con peligros que no se saben si existen o no.


Hayra: Como comenta Pepe, puede ser efecto placebo o remisión espontánea de la enfermedad. ¿Cómo sabes que has mejorado por la homeopatía y no por otro factor? Ya te digo yo, no puedes saberlo.

@Hayra, tres sílabas para ti: PLA-CE-BO

@ M, no menosprecies tanto las técnicas que mencionas. Yo me estoy tratando ahora mismo un tema que tengo con homeopatía, ¿y sabes qué? funciona. Lo hago porque el único tratamiento que propone la medicina oficial para lo mío me puede empeorar otro tema que tengo, y sinceramente no quise arriesgar. Y entonces, ¿qué hago? ¿aguantarme, o buscar otra alternativa? pues eso fue lo que hice, y no me arrepiento, pues como te digo: la homeopatía me funciona. Ah, y no fui a un curandero, sino a un médico especialista titulado.

Parkaki. Lo que un médico considere oportuno es irrelevante. La medicina que se ejerce hoy en día se llama "Medicina basada en la evidencia", o sea que el médico no emprende un curso diagnóstico, o un tratamiento simplemente porque le "parece" que va a ser efectivo. Un médico solo puede hacer lo que está probado con estudios científicos de calidad que es eficaz, o al menos superior otro tratamiento o curso diagnóstico.
La herboristería está muy bien para, tal vez, calmarte la ansiedad que te pueda causar un diagnóstico de cáncer de mama, pero la herboristeria no te lo va a curar. La curación será a través de cirugía, rediación, y tal vez quimioterápia. Si no hacen eso estan siendo negligentes.

Había muchas incognitas sobre los ferrocarriles en esa época y las dudas eran en muchos casos razonables. Una de las cuestiones era saber que efecto podria tener en el organismo humano viajar a lo que entonces se consideraba gran velocidad. El ferrocarril multiplicó la velocidad a la que los seres hmanos se podian desplazar, que hasta entonces se limitaba a lo que se podia ir andando o a caballo.

Ramón: Sí, desde luego antes los trenes no eran tan seguros. Pero muchos de los miedos que se tenían era por el normal funcionamiento del ferrocarril (como los comentados en el artículo) y no por sus accidentes.

Carlos: Curioso, no lo sabía. Aunque tiene su lógica, por aquella época era difícil que tuvieran latigazos cervicales por otra causa.


Miguel Suárez: Desde luego. No es mi intención con este artículo decir que todo fruto de la innovación sea seguro. Simplemente es importante investigar antes de lanzarse a decir desvaríos sobre su peligrosidad o su inocuidad. También tenemos lo que ocurrió con el tabaco (y que también deja en mal lugar a los médicos).


Samovarich: Es importante recordar la historia para no cometer los mismos errores.


Trurl:

"¿cómo interpretamos el silencio de los médicos ante la irresponsable inundación de nuestro medio ambiente con productos químicos mínimamente testados y que una y otra vez acaban por demostrarse dañinos? (tras acumular una abrumadora evidencia durante varias décadas y dejar incontables víctimas) ¿Desidia? ¿Complicidad?"

Yo más bien diría ignorancia (ten en cuenta que ellos también están expuestos). Sólo los médicos implicados en salud pública tienen un conocimiento más sólido sobre la influencia de los nuevos contaminantes ambientales en la salud (y suelen ser los primeros en detectarlo). Además de que suelen tener un efecto muy difuso que suele ser difícil de reconocer epidemiológicamente.

Tanto el ridículo como el llorar se habría evitado con estudios científicos rigurosos antes de abrir la boca o tomar decisiones. Todo tiene su origen en la ignorancia.


cdi marbella: Muchas gracias.

Parkaki: No es una generalización muy acorde con la realidad (que puede ser cierta en algún caso concreto, pero ni de lejos en todos).

"y dejando entrar aquello que consideraban oportuno y efectivo"

Esto lo puede hacer cualquiera. Lo que realmente tiene mérito es formarse, investigar y actualizarse para saber qué métodos son realmente efectivos para tratar una enfermedad y saber cuáles no lo son para desecharlos (por mucho que te gustasen). Los médicos creyentes, que seleccionan lo que estiman oportuno por sus preferencias personales, no lo están haciendo en favor del paciente, lo están haciendo a favor de sí mismos.

Los médicos tenian motivos para estar preocupados. Los trenes entonces no eran precisamente el AVE, y eran peligrosos. Frecuentemente habia descarrilamientos, incendios, los pasajeros tenian que respirar ollín.

Yo vivo en Alemania y donde más médicos convencionales encuentras es en los pueblos y ciudades pequeñas. Sin embargo, en lugares más modernos (pongamos Berlín), ya son pocos los que van a un médico así. Exigimos médicos abiertos y que sean capaces de combinar distintas técnicas y procedimientos (sí, sí, también técnicas orientales o tratamientos de herboristería, etc.). Y no hablo de curanderos, como apunta un fanático por ahí, hablo de especialistas médicos (licenciados en Medicina con su posterior MIR) que han movido el culo formándose por el mundo adelante y dejando entrar aquello que consideraban oportuno y efectivo.

jota:

Me hace gracia que hables del coche, algo totalmente inocuo para la salud y la sociedad, como ha quedado más que demostrado :-)

No creo que se trate de reprochar el no saber las consecuencias, sino el no *querer* saber las consecuencias o, más grave aún, no querer que se sepan.

No se si te refieres a los médicos que descalifican tecnicas seudocientificas y dañinas como la homeopatia, la acupuntura, el reiki y un largo etc. Me temo que los ignorantes son los que promueven procedimientos mágicos de efectividad nula cuyas propiedades curativas son imposibles de probar en estudios ciéntificos controlados. Lo único que ha hecho progeresar a la humanidad y la ha curado de verdad es el método científico.
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Me temo que los ignorantes son los proponentes de esas patrañas, a los que desde luego no se les puede llamar "ignorantes sin estudios": se pasan la vida estudiando imbecilidades sin valor alguno.
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Lo importante de los estudios no es hacerlos, es seleccionar bien a que se dedican.

Lo que de verdad se temía es que los campesinos pobres se fueran de las tierras y no hubiera nadie que las cultivase, con las perdidas que eso supondría para los propietarios.

Lo mas ridiculo probablemente fue la ley que obligaba a los conductores de coches a llevar delante a un tipo corriendo con una bandera roja, para advertir de lo que venía. En Inglaterra!

No creo que los médicos sufran particularmente de este síndrome, es algo tan generalizado como irritante. Tanto como reprochar a alguien no saber las consecuencias que algo va a tener a largo plazo justo cuando se empieza a usar. Lo digo por el comentario sobre el amianto...

Los médicos ignorantes (valga la redundancia) no son patrimonio del XIX. El XXI está llenito. Ignorantes que descalifican lo que no conocen, lo que se llama ignorantes con estudios, la peor especie...

El silencio de los médicos es muy fácil de interpretar: IGNORANCIA. Los médicos en la actualidad son técnicos de la salud. Aplican determinadas técnicas ante la presencia de un determinado síntoma (muchas veces ni siquiera abarcan la enfermedad sino el síntoma. Triste, decadente y estremecedor, pero cierto). Puede que de vez en cuando alguno destaque, sí, pero eso es todo.

Una vez mas, es un placer leer tus articulos y recomendarlos.
Un saludo

Vaya, un Déjà vu.

Vale, las reacciones ante la introducción de ciertas tecnologías o productos muy visibles suelen ser histéricas y alarmistas, sobre todo porque siempre hay algún periodista dispuesto a darle un altavoz a un necio si con eso vende periódicos. Pero ¿cómo interpretamos el silencio de los médicos ante la irresponsable inundación de nuestro medio ambiente con productos químicos mínimamente testados y que una y otra vez acaban por demostrarse dañinos? (tras acumular una abrumadora evidencia durante varias décadas y dejar incontables víctimas) ¿Desidia? ¿Complicidad?

Creo que si examinamos los dos últimos siglos de historia médica tenemos más motivos para llorar por lo que no se evitó que para reír por el ridículo que se hizo a veces.

¡Qué fácil es criticar la historia con el beneficio del tiempo pasado!
No hay nada peor para el paciente o enfermo, de miedo, de pánico, de lo que sea, aunque sea patológico, que un médico que no le comprenda o aunque le comprenda, que no sea compasivo.
Un inquieto saludo,
Samovarich

¡Seré tonto! Al principio hasta creí que la labor médica era curar todas esas ampollas que levantó la aparición del ferrocarril (ya sabes, aguja, hilo y desinfectante), pero al final me di cuenta de que hicieron lo que hacen a menudo: darle a la lengua sin ton ni son.

De acuerdo con el artículo, pero que no se use este argumento para considerar que toda innovación es inocua. No pasó nada con el ferrocarril ni con las bombillas, pero en cambio podríamos hablar de las miles de muertes provocadas por la silicosis o por el amianto sin retrodecer a épocas pretéritas.

Me ha gustado mucho tu artículo. Siempre se sueltan chorradas sobre lo que se desconoce justificandolas con argumentos de todo tipo.

Hay por ahí historias de pueblos que cuando se trazaron las líneas pidieron que fuera lejos de ellos, "porque podía espantar a los bueyes"

¿Sabías que inicialmente el latigazo cervical se llamaba síndrome del viajero de tren, porque se daba en accidentes ferroviarios?

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Sobre la autora

Esther Samper

"Shora" (Esther Samper) es médica y divulgadora científica especializada en temas de salud. Su principal objetivo: acercar la medicina a todos los públicos y en todas sus formas (avances médicos, consejos de salud, tratamientos, prevención...).

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