Ya casi hemos terminado de desmontar el 2010 para reciclarlo y convertirlo en 2011, y todos los sectores han hecho sus listas: los 10 tuits del año, las 10 pelis, los 10 anuncios, las 10 cagadas (no computa la mala gestión de la Ley Sinde, por no acaparar)...
Todos los años igual.
Diciembre es como el mes de la marmota; algún año, nos saldrá todo bien: los planes del puente, las cenas de curro y los regalos de amigo invisible, los cumpleaños de los sagitario, las celebraciones familiares, las cartas de Reyes, las uvas...
Sólo así podremos dejar de repetirnos.
Yo estoy intentando salvar los muebles de este año de crisis por el lado personal y he creado mi propio Top Ten cronológico. Es privado, pero si no lo cuento no podéis criticarlo:
1. Enero: mis primeros Reyes con Eva y con Tere. Que me gritaran, por una vez, de pura felicidad. Que se sientieran aún más queridas en casa de mis padres (una parada más para recoger regalos en una ruta que ya era larga). Suena ñoño, pero a nadie le sobra otro par de abuelos.
2. Febrero: la primera partida de Uno que gané a estos ludópatas y competitivos Aguirre. El Uno es un juego poco sofisticado y en el que siempre me dan una paliza. Obviamente, no he vuelto a jugar desde ese día (10.2.2010, una fecha mágica que, por supuesto, es múltiplo de tres).
3. Marzo: el fin de semana que pasé en Roma con mi amigo Domingo. Porque me escapaba de todo, y de todos, porque volvía a Roma, porque estaba con Domingo, porque comimos alcachofas a la judía... Domingo, ¿repetimos? ¿Una vez al mes es mucho?
4. Abril: semana santa de vacaciones. Solos. Pablo y yo. En una isla secreta. Sin contratiempos. Ni cambios de planes de su ex, ni enfermedades infantiles, ni neuras de mi jefe. Va-ca-cio-nes de las de verdad, de las de no hacer nada.
5. Mayo: la noche, creo que de jueves, que con un gin tonic de los buenos y poniendo mi mejor voz, convencí a Pablo de que no querer casarme no era no quererlo a él. Nunca más se habló del tema (digo en mi casa, claro, no en casa de su madre que siempre se las arregla para soltar una pullita).
6. Junio: que Eva me invitara a su función de fin de curso y exigiera para mí un asiento en 1ª fila. No me lo contó ella, pero sí su tutora. "No sé qué le das a esa niña, pero es bueno para ella". Y su madre (estaba delante, malpensados, yo siempre doy la cara) remató porque no puede estar callada: "Lo es".
7. Julio: que antes de irme de vacaciones, mi jefe tuviera el detalle de escucharme antes de tomar una decisión. Siempre hay una primera vez y, aunque ha quedado ahí y no se ha vuelto a repetir, yo tenía razón, él se dio cuenta y eso que ganamos todos, empezando por la empresa.
8. Agosto: casi todo. Igual que de septiembre casi nada (bueno, sí, me gusta el color de las hojas en otoño).
9. Noviembre: el regalo adelantado de Pablo. Londres y "El arte de volar", de Altarriba.
10. Diciembre: el blog y saber que a mi padre le gustaba. Claro que esto lo pongo para quedar como una buena hija y porque es lo que me había hecho creer mi madre. Hasta que el día 25 (nos dio tiempo a todo, sí) mi padre tuvo a bien desengañarme en uno de esos ataques de sinceridad que sólo pueden ocurrir cuando estamos juntos.
"Pues no me gusta, Sol. No me gusta nada. Que hables de sentimientos, de tu vida, de la mía. Que cuentes estas cosas. Tú eres demasiado inteligente y deberías escribir sobre temas más serios, que buena falta le hace a El País".
Vale, cambio mi décimo hallazgo del 2010: en diciembre descubrí que no me dolieron las críticas de mi padre porque he aprendido a poner distancia y a tomarme todo con filosofía.
¡Feliz 2011! ¡Sed buenos!







