
(Arriba, la gran ballena blanca. Porque el título del post es una frase de "Bartleby, el escribiente", una obra básica de Melville a quien todos conocemos más y mejor por "Moby Dick").
Sé que estoy muy pesada con el tema. Ya he colado otras dos entradas del blog con el cuento (primera y segunda), y creo que a estas alturas me toca ser sincera y rematar, que el tema cansa y el gurú me presiona: ¿voy o no voy a escribir este verano un consultorio de sexo?.
La verdad es que, como Bartleby, "preferiría no hacerlo".
Teniendo el no de todo mi entorno (novio, padres, hijastras, amigos...), teniendo mi propio no, me faltaba una última consulta: mi editor.
Mi editor es un tipo discreto, tranquilo y maravilloso. Un hombre que nunca se altera y piensa mucho las respuestas. Sin embargo, en este caso ha sido rápido y contundente: "que no, que no y que no, que te encasilla, Sol, que tú tienes más talento que todo eso, que tú eres una buena escritora aunque te las des de frívola, que puedes llegar a ser grande, que... Mira, no me hagas citar ejemplos... Y eso por no hablar de que me tienes que entregar un libro en otoño..."
Cierto. Le tengo que entregar un libro en otoño. Un libro que no es sobre sexo, por cierto.
El recuento de votos es radical: frente al gurú y algunos lectores sádicos, en mi casa y en mi mundo todo son "noes". Quiero decir que gana el "no" por goleada y, aún así, no me siento capaz de negarle nada al gurú (nada es nada, y quizá me sirva como atenuante el "terror reverencial" que creo que estudié en su momento y que ya no encuentro en una revisión superficial del Código Penal).
Es en este momento cuando me toca recurrir a la táctica de mi amigo M2 (conocido en este blog por su "buena educación"). Cuando a M2 le hacen una oferta laboral que no le convence (y esto pasaba más hace años, claro, en los buenos tiempos), empieza a exigir condiciones improbables, imposibles y/o directamente extravagantes. "Por ejemplo, que me dejen llevar al perro al trabajo o que me garanticen un cambio de ordenador cada seis meses, que la ventana de mi despacho tenga luz exterior y sin vistas de asfalto... Pijadas de todo tipo. Si me lo firman, es que está de Dios que acepte, Sol, y yo me resigno como un niño bueno...", y sonríe a su manera, que no es la del gurú pero también es perversa.
Bien entrenada por M2, empiezo con mis exigencias, gurú:
1. Quiero un espacio diario en la portada. Aún en perjuicio de esos maravillosos blogs de los redactores de EL PAÍS que me han arrinconado. Pero no digo para el consultorio de sexo, digo para el blog de "La novia" o cualquier otro blog que tenga a bien escribir sin tus sabias presiones.
2. Quiero que me garantices una columna semanal en el periódico (soy una romántica y me gusta el papel, qué le vamos a hacer).
3. Quiero que consigas que libre uno o dos días por semana para poder hacerte el consultorio en horario laboral, y no de madrugada como este pobre blog. Y que me lo mantegas después del verano, claro, ya sin consultorio y sólo porque sí.
4. Quiero que me pagues y/o me invites a unas vacaciones en Menorca (tres días en la playa por cada quince de consultorio puede ser una buena proporción).
5. Quiero que me pongas una bici de empresa.
6. Quiero que me dejes ponerme un seudónimo y que finjamos que el consultorio de sexo lo escribe otra (alguien, a ser posible, que me caiga mal o, mejor, nos caiga mal a los dos).
7. Quiero que me quieras de verdad.
8. Quiero que me instales un ordenador desde el que trabajar con dignidad.
9. Quiero que me obligues a hacer más viajes de trabajo (o que lo parezcan) con la excusa de buscar documentación.
10. Quiero que me ayudes a vivir sin jefes, sin gurús y sin tonterías.
11. Quiero que me garantices una hora diaria de yoga.
12. Quiero que me sigas queriendo.
Pon tu nombre (y el de tu notario, que no me fío de ti ni un poquito) al pie de este post impreso, y empezamos.
Y, como os podéis imaginar, el gurú ni quiere ni puede firmarme este listado delirante. De la misma manera que yo ni quiero ni puedo hacer un consultorio de sexo. Pero habría tenido su punto. A los que estábais a favor, os diría que os olvidéis de teorías y consultas y os dediquéis a la práctica. A los que estábais en contra, exactamente lo mismo. Y al gurú... la próxima conversación en privado.