(La imagen es de aquí).
El sábado, mi mecenas interruptus (ver post del jueves), me invitó al partido. Que a una atlética le cambien un año sabático en Los Ángeles por un derbi en el Bernabéu sólo admite dos finales: o un infierno o el momento de mi vida, dependiendo, claro, de mi equipo. Pero el Atlético de Madrid tiene varios genes comunes con el PSOE: ni gana ni pierde, simplemente se suicida.
Yo -curtida en el sufrimiento- aguanté con dignidad los tres goles del segundo tiempo, pero me derrumbé cuando el fondo sur desplegó una pancarta certera y cruel: "Se busca rival digno para derbi decente". Antes de que me viniera abajo y me pusiera a llorar, Domingo me levantó del asiento y me hizo volar hasta el Kabuki, para alimentarme de sushi y de ginebra, para emborracharme y hacerme feliz.
Y lo consiguió, claro.
Lo malo fue despertar en casa el domingo: Pablo estaba cabreado porque yo había ido al fútbol sin él, y yo estaba resacosa y deprimida por cuatro razones objetivas, cuantitativas, matemáticas... Leímos en el periódico la que se nos viene encima, yo trabajé un poco, Pablo sonrió ligeramente con los tres goles de la Real Sociedad (bueno, bastante, que el gol de Íñigo lo merecía), nos ignoramos un mucho y...
Y entonces llegó Clara, respondiendo a una invitación a comer que Pablo y yo habíamos olvidado deliberadamente.
- No vuelvas a invitar a nadie cuando yo me vaya a enfadar contigo- me amenazó mi novio, futurólogo, antes de abrir la puerta.
Clara es mi amiga y compañera, la que ha salido en este blog porque quería que la quisieran con ganas y porque tenía un amplio banquillo. Clara se ha dejado el pelo cortito y vino con sus ojos inmensos llenos de ilusión.
"Sol, he tenido un sueño increíble. Estaba en lo alto de una escalera empinadísima, y me atreví a explicarle a un desconocido que tengo un vértigo feroz y a pedirle que me ayudara, y lo hizo. Pero, además, me miró y me vio, me vio de verdad, ¿sabes?, yo estaba muerta de frío y él lo vio y me obligó a ponerme una chaqueta, y como yo seguía tiritando como un pollito, me abrazó y no me soltó..."
"...Estoy feliz, Sol, estoy feliz".
- ¿Pero sabes quién es o lo que hace? ¿Lo conoces o lo reconoces?
- No, pero ya sé que es eso lo que quiero.
- ¿Y en el sueño había pistas de dónde encontrarlo?
- Creo que tenía un bar.
Y ahí, justo, cortando el rollo, es donde saltó Pablo: "O igual tiene una frutería, como el equipo de Sol, con Cerezo, Manzano y los 22 melones".
Mi furiosa mirada atlética lo mandó de un golpe a la cocina, a hacernos una sopa de arroz calentita y reconfortante. Y Clara y yo pusimos los pies sobre la mesa, nos recostamos en el sofá, cerramos los ojos y pensamos: ella en lo que quiere y yo en lo que tengo, en este domingo de resaca.
P.D.: desde el desayuno del jueves a la cena del domingo, he pasado el fin de semana rodeada de gente excepcional. Gracias.







