
Lo que no le pase a mi prima Mica no le pasa a nadie. También es cierto que Mica atrae los conflictos, las piedras y los golpes: donde va, siempre hay tormenta.
A Mica se le ocurrió que sí, que podía hacerse la guay y llevarse a un par de niñas rubias a ver a Candela y a Itxi, las hijas de Manolo y Marta, montar a caballo en un sitio lejano, allá por las zonas pijas en las que sólo puedes ser punkie si es con ropa de marca.
Y Mica, que es una valiente llena de miedo, metió a las dos rubias de cuatro y cinco años en un coche prestado, y se fue al Pony Club de La Moraleja con toda la paciencia que le regalamos por Navidad ya un poquito desgastada.
Yo conozco ese ponyclub y he de admitir que es un microclima social: en medio de la opulencia, un sitio sencillo, con gente de todo tipo. Hay una terraza, la cerveza está rica y tienen los ganchitos venenosos que les gustan a las niñas. Y, además, se puede correr, que es lo que suele hacer Mica cuando no está en su elemento: correr con niñas en brazos y pasárselas a Manolo para sorberles toda la risa y la felicidad que llevan dentro.
Hasta que, claro, pasan un par de horas de carcajadas y juegos y Manolo y Marta se van a comer a su casa, muy disciplinados.
Entonces Mica se encuentra con las dos rubias ya cansadas y borrachas de ganchitos, testarudas como burras en ese sitio de caballos, empeñadas en hacerle carantoñas a un cerdo que duerme obstinadamente.
Y Mica no se puede ir todavía porque, en uno de sus líos, hay un tipo que vive cerca y la quiere ver. "Te llevo a los perros y así juegan con las niñas". Las niñas gritan que sí, que quieren perros, cerdos y caballos. "A tu familia y a todos tus animales, Mica", como si ya hubieran leído a Durrell.
O sea, que esperan al admirador de Mica, que lo llamo admirador por llamarle algo y porque él solía denominarse así, antes de ese domingo infausto. Y las niñas con el cerdo, y Mica sin paciencia, y un niño, o un cerdo, que ve a alguien fuera de su elemento, y coge una piedra del tamaño de una pelota de tenis y se la lanza a la cabeza.
"Poum".
Mica cae y ve las estrellas, como si fuera un personaje de tebeo, que lo es, y todo empieza a dar vueltas y a pasar muy rápido: el niño sale corriendo, sus padres también, las rubias se parten de risa y aparece un perfecto cabeza de familia: "Lo he visto todo. No puedes estar bien. ¿Qué hacemos? ¿Los persigo, los denuncio, te llevo...?".
Y Mica sigue en el suelo, "que no, que no, un millón de gracias; ahora viene un amigo".
Tururú.
Su admirador aparece en un cochazo, sin los perros, y deja de admirarla. Normal, no hay nada admirable en una punkie desplazada que se ha rebozado en arena y risas y ahora tiene los ojos llenos de lágrimas mientras intenta seguir vigilando a dos rubias que se quieren pelear y romper -ya definitivamente- con el cerdo.
Y, el tipo, que ya no la admira, se pone a mirar a los lados: "que nadie me vea aquí, con esta tía que me parecía cool y ya no me gusta, que no haya nadie conocido, que...".
- Que me voy, Micaela, que tengo una comida.
Y Mica, toda valiente, caída como una heroína, llora en silencio y le dice que sí, hala, disfruta, majete, y, como puede, mete a las niñas en el coche, y empieza a conducir sin ver, y las niñas cantan: "Mica, qué te pica, qué te pica, Mica, Mica", y Mica aguanta y se traga las lágrimas y devuelve las niñas y el coche, y, cuando por fin pisa la calle y huele el centro, según me cuenta, grita "¡Hostia puta!", muy alto, altísimo.
Y ya, así, relajada, se pone a sangrar.
Al hospital la llevamos Pablo y yo en misión de emergencia.
Y, claro, no le hacen un escáner, que total para qué, y Mica pierde la visión de un ojo, y no puede comer, y se va desdibujando hasta que... Hasta que el osteópata le coloca la sonrisa y Manolo y yo le prometemos que este domingo volvemos al Pony Club.
No vamos a tirar piedras, no. Sólo vamos a rajar las ruedas a los cerdos. Somos punkies y tenemos navajas de marca. ¿Que no? Pues sí, que también viene Koldo.
"Paz y buen rollo", cerdos.
P.D.: este post es para Cris y para Elena, que me hicieron llorar de risa en el lugar donde suelo llorar de rabia y de impotencia.
@PalomaBravo