Estoy rodeada de gentes casadas que quieren lo que no tienen, y ni comen ni dejan comer, ni follan ni dejan follar, y que, encima, últimamente esconden sus requiebros detrás de una pantalla en vez de llamar, quedar, tocar y probar. Pero no, desde sus smartPhones y sus iPads, ni pecan ni rematan, que igual es de lo que se trata, de que el emisor se envalentone, el receptor se aburra y el mensaje se quede en lo virtual y no en lo carnal.
Qué pereza.
Hace unos días, justo cuando estaba a punto de explotar y soltar tres gritos, Diana me recordó otro poema de Luis Alberto de Cuenca. Así que, agradecida, perezosa y prudente, delego el blog en un maestro y lo ilustro con una bandera pirata porque en este mundo de mentiras en el que algunos queréis seguir viviendo, lo transgresor es ser sincero. Por eso y porque a este poema le puso música el loco (aquí).
LA MALCASADA
Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que sólo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumprido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren.
P.D.: este post es para Cé. Por todo lo demás.







