07 mar 2013

Pereceando

Por: Paloma Bravo

 

Perezoso

 

El otro día leí un libro escrito en colombiano y flipé (flipé que, supongo, es un verbo español tirando a madrileño). Es lo que tiene el idioma, que se le imponen normas y límites, y se rebela: para sobrevivir, enriquecerse y multiplicarse. Es lo que tiene el colombiano, que es más alegre, más vivo y más bonito que el español.

De hecho, ayer mismo me enamoré (otra vez) de un verbo. Pereceaba el protagonista de la novela y yo pensé en la cantidad de gente que tengo alrededor pereceando. No en lo emocional, no; en lo profesional.

Perecear

(De pereza).

1. tr. coloq. Dilatar, retardar, diferir algo por flojedad, negligencia o pereza.

 

Perecean los que no dimiten, perecean los que no gobiernan, perecean los que no se manifiestan, perecean los que no hacen, perecean los que echan la culpa a los demás, perecean los que no crean, perecean los que gritan, perecean los que postergan, perecean los que no se mojan, perecean los que no se exigen...

Y dejan pasar el tiempo, que el tiempo siempre pasa. Y entonces llega uno, un clásico, un maestro de los chascarrillos, y te dice eso de "Esto es como lo de los dos montones de Franco: el de los problemas que se solucionan con el tiempo y el de los problemas que no se solucionan ni con tiempo". Y perecean más, y nos aburren peor, y nos cansan.

Pereceamos todos a veces.

Como yo. Que la semana pasada no actualicé este blog, y... Y, en realidad, lo que me pasa es que voy a publicar una novela y tengo miedo. Pero como me dijeron el otro día, "todo concepto es ya exageración": ni pereceo tanto ni tengo tanto miedo.

Así que perecead lo justo, perecead con alguien, en una playa, en una cama, en un sofá, y luego leed y cambiad el mundo.

Leed a Keret, y a Sepúlveda, y a Lerner, y a cualquiera. Leed, que, como dice mi amiga Belén citando "Stoner", de John Williams, «La verdad, el bien, la belleza... están justo al doblar la esquina, en el pasillo de al lado, están en el próximo libro».

 

 

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21 feb 2013

El lector

Por: Paloma Bravo

 

El-lector

(En la foto, la versión cinematográfica "El lector").

 

Mi amigo M. se ha convertido en el asesor personal de varias mujeres que conozco, probablemente de las mejores mujeres que le rodean profesionalmente hablando. Tiene la voz del locutor de radio que fue y del actor que debería haber sido, una voz capaz de hacerte vivir todas las vidas que te quedan y todas las que abandonaste.

Por eso, cuando entra S. en su despacho, pálida y enamorada, M. agarra un libro de Héctor Abad y recita:

 

"Tal vez aún no lo sepas, pero a alguno tú haces perder el sueño, el apetito. Él te ha visto una vez y sin embargo, es como si de siempre te estuviera buscando, y como si en un momento de deslumbramiento, al verte, al fin, te hubiera hallado. Como por efecto de una memoria ancestral te reconoce y es a ti, sólo a ti, a quien él buscaba. Tú tal vez no lo sabes, pero en algún rincón de la tierra, hay un hombre que te está buscando". 

 

Entonces S. se deja engañar, y llora, y le enseña una foto y M. le dice: "Sobre esta foto podrías firmar un contrato". Y S. llora más. 

Menos mal que llego yo, que soy bruta y no creo en el amor, y le arranco a M. el libro y leo el principio de esa misma página, dedicada a una mujer que... "¿Que eres fea? Perdóname si supongo, más bien, que eres ignorante...".

 

- O sea, que le llenas la cabeza de cursiladas y encima son para feas e ignorantes. Ya te vale, M....

- Rica, este texto es bestial.

 

Odio que M. me llame "rica" (odio eso y, en cambio, me gusta que me diga que he crecido porque, sí, he crecido), pero M. me va a hacer de canguro esta noche, un canguro atípico y divertido, y así podremos ir con S. y más mujeres, y más hombres, y menos lágrimas, a un concierto que promete.

S. ya no llora: acaba de leer otra página y el libro no le gusta; lo que le gusta es la voz de M. Es importante acotar tus ilusiones: España va mal, S. va bien: M. ha jurado no volver a leerle nada en voz alta y ella no se va a enamorar.

 

P.D.: la peli se basa en una novela: "El lector", de Bernhard Schlink. El libro que leía M. (y que todavía guarda en su despacho para seguir recitándonoslo a traición) es "Tratado de culinaria para mujeres tristes". Yo no soy una mujer triste: estoy escuchando a Extremoduro y leyendo a Carrére.

 

 

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14 feb 2013

Amor (y taumaturgia)

Por: Paloma Bravo

Amor-Haneke-Criticos-Los-Angeles--644x362


- Hay tres tipos de personas: los que no saben quién es Haneke ni les importa, los que sólo piensan en ver "Amor" y los que creen que no soportarán la película porque tendrán que comparar todas sus relaciones pasadas, presentes y futuras con una definitiva, radicalmente definitoria...

 

Este que habla no se ha asomado nunca al blog porque no estoy demasiado orgullosa de mi lado intelectual: es mi amigo el pedante, más amigo que pedante, más pedante que persona.

 

- ...les da miedo la decadencia, les da miedo el desgarro, les da miedo el amor, les da miedo la soledad, les da miedo, en realidad, mirarse en un espejo y verse sin contexto, verse a sí mismos, sin aditivos ni excusas, verse en lo que son y en lo que no han llegado a ser...

 

Mi amigo se puso tan cansaalmas, que acabamos por no ir al cine. La ficción es la mejor terapia hasta que algún intenso pide a gritos una buena ginebra.

El alcohol le ayudó a resumir: su tesis es que cincuenta años de amor es una eternidad en el peor sentido de la palabra. Yo le dije, por decir algo, que no hay dos eternidades iguales, o sea, no le dije nada. Pero después, con el pedante ya calmado y mucho más presentable, nos fuimos a cenar con más gente, para continuar la terapia de ginebrización y humanización.

Fue el pedante, hombre de letras que no renuncia a las ciencias, quien hizo el cálculo rápido: todos los comensales vivíamos con segundas, terceras, cuartas y quintas parejas; con hijos, cuñados y perros ajenos, sin tiempo ya para cincuenta años de nada.

¿Y...?

Y tan contentos (o sea, tan puteados por los rancios e ineficaces que nos gobiernan como los emparejados de larga duración). Porque, con o sin Haneke, los finales son también, y siempre, y menos mal, nuevos principios. 

Entonces mi amigo el pedante se relajó y me enseñó una palabra: "taumaturgia", la facultad de realizar prodigios.

No le pregunté cuál era el prodigio por si acaso me contestaba, que a mí me gusta estar callada y, también, para variar, que se callen un poco a mi alrededor. 

 

 

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07 feb 2013

El hombre tranquilo

Por: Paloma Bravo

EL HOMBRE TRANQUILO.01

 

"El hombre tranquilo" es una de mis pelis favoritas y es también el mote perfecto para uno de los amigos con los que me tomé una copa el otro día (bueno, ellos una copa y yo un poleo, que los médicos no me dejan beber porque saben que me sienta bien).

El hombre del que hablo no es John Wayne ni falta que le hace: vive sereno y feliz, con o sin pelirroja tormentosa, por una razón sencilla: no tiene whatsapp. Quiero decir que tiene un iPhone, trabaja, lee, disfruta, se informe ríe y está razonablemente integrado en la sociedad; sin embargo, no se ha descargado la aplicación de mensajería gratuita que nos ha amargado a todos la vida.

Éramos cuatro en la mesa, todos con el móvil cerca, controlando la intensidad de vibración, y él nos miraba, mordisqueando las bolitas de enebro del gintonic, con una curiosidad desapasionada mientras nosotros tres nos turnábamos para comprobar más o menos disimuladamente los mensajes que necesitábamos y no habían llegado, los mensajes que nos sobraban y no paraban de llegar.

Al hombre tranquilo, en cambio, sólo le faltaba un segundo gol de su equipo.

Empató su equipo, ganó él.

Nos ganó.

Ni entendía nuestras explicaciones ni le interesaban demasiado. "En el pecado lleváis la penitencia y que cada palo aguante su vela", hubiera dicho de ser político y adicto a los refranes y las frases huecas. Pero no, insisto, es un hombre tranquilo y sabio. No nos dijo nada, no nos recriminó, y tampoco quiso comprendernos: "ni lo necesito ni lo quiero. No me contéis lo de la hora de conexión, la pérdida de intimidad, los celos patológicos...".

Para él el post que más le gusta a D. ("¿En tu whatsapp o en el mío?") y este corto que retrata a todos los que sufrimos el exceso de mensajes tontos y la ausencia de los básicos: "Doble check".

Que la paz sea con vosotros y que el dios del whatsapp os sea favorable.

 

 

 

 

 

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31 ene 2013

Palermo

Por: Paloma Bravo

Freedom

 

Érase una vez un local escondido en el que pinchaban la música que importa y sólo dejaban entrar a la gente buena. Sin mirarles la marca de la ropa, el reparto de la carne sobre los huesos, ni el tamaño del coche (inversamente proporcional, casi siempre, al tamaño del corazón). Mirándoles a los ojos, eso sí. Dentro, música, futbolín, dardos. La conversación la llevan los clientes o, si no, la pone el camarero, que conoce bien a Iggy Pop y sabe pincharlo.

Allí es donde estamos esos días en los que el mundo se acaba, porque el mundo se acaba; allí es donde empezamos a construir uno nuevo. Allí, hasta las cinco de la mañana. Sed felices, bailad e inventaros una vida que sea verdad, que no tenga sus mentiras.

Y si no conocéis el Palermo, montaos uno en casa, o en la casa de un amigo, que todos tenéis amigos buenos.

 

 

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25 ene 2013

Hilos de urgencia

Por: Paloma Bravo

 

New-yorker

El otro día me desperté enferma mientras, por enésima vez, a una salvaje a la que quiero, le llegaba un burofax que, con otras palabras más técnicas y más huecas, venía a decir: "Nosotros no hemos gestionado una empresa pública, sólo hemos hecho política; o ni eso: hemos inflado, desvirtuado y pinchado una institución, nos hemos gastado el dinero de todos, y ahora, tú y todos tus compañeros, los buenos, los malos y los regulares, os vais a la puta calle, que es lo que hay".


Casi novecientas familias más con la cuerda deshilachada y la vida más tensa. Ni mejores ni peores que las de quienes no son periodistas; al revés, igual de buenas.

Y yo tan enferma, tanto, que acabé en urgencias y pensando en cosas que no valen dinero y que son importantes, pensando en que la vida no es nada si a nadie le importa que no estés.

(No es mi caso. Hay gente, no mucha, sí suficiente, que quieren tenerme en sus vidas, en sus casas, en sus risas y en sus penas).


Unas cuantas horas después, recuperada a base de suero y buena sanidad pública, en uno de esos boxes sin intimidad que médicos y enfermeros recorren contra la muerte, iba escuchando la verdad: a una hija angustiada ("papá, que te reías como loco y luego llorabas, y ahora no te acuerdas de nada; que nos tenemos que quedar, que yo no quiero estar sin ti..."); a un hombre que no quería perder a su mujer ("no me importa nada que te moleste la vía, nada; lo que me importa es que estés"); y a quien me cogía a mí de la mano y me tapaba con su abrigo y su calor: el calor del amor (suena cursi, es real).

Durante las ocho horas que pasé en urgencias nadie hablaba de crisis, paro ni corrupción; hablaban de vida. Y nos agarramos todos al hilo finito de la urgencia, al hilo irrompible de quienes nos acompañaban y nos sonreían preocupados, sujetándonos fuerte. Al final salimos todos y volvimos a la calle: al paro, la corrupción, la basura y, sobre todo, a toda esta ineptitud disfrazada de fatalismo y palabras huecas (#síhombre #nomeconsta #yaescampará #esloquehay).


A mí no me vale, esto no es lo que hay: lo que hay son unos poquitos que, como en esta portada de The New Yorker, orondos y tranquilos, creéis que podéis dejar que nos ahoguemos y que no sabemos nadar ni habitar islas nuevas. Yo creo que no, creo que en 2011 nos ganó el escepticismo, que en 2012 nos pudo el miedo y que en 2013 nos domina otra cosa: la capacidad de construir. Sin vosotros, para nosotros, para quienes nos necesitan aquí, ahora y mañana, para quienes nos quieren bien y a quienes queremos mejor, para esos que tenemos alrededor y por los que no podemos rendirnos, por los que no podemos morir.


Al día siguiente, ya en casa, vi en twitter a una mujer que deseaba a los responsables de tantos desmanes todo tipo de males. Yo no, sólo quiero que un día sepan quiénes son, que no son queribles, que no son dignos, que son unos miserables.

Y, mientras tanto, nosotros pelearemos hasta muertos porque nos quieren y queremos. 

P.D.: después de ver "Los miserables", un amigo me decía que lo malo de esas pelis (y de esa novela de Víctor Hugo) es que muchos salen enardecidos y satisfechos: creen que ya han hecho la revolución, igual que los que tuitean contra una injusticia y se limpian la conciencia, como si no hiciera falta bajar a la calle y cambiar el mundo. No lo sé, pero sí sé que conocemos nuestros derechos y no deberíamos dejar que nos los arrebaten con excusas y amenazas, con ese paternalismo que se ha puesto tan de moda. Incluyo aquí el llamamiento hollywoodense a las barricadas, aunque yo prefiero a The Clash, pero no voy a ponerme quisquillosa: toda revolución (de los buenos) es bienvenida.




P.D.: este post es para Cé porque es salvaje, y para Paula porque me regaña si no escribo. También, para quien me agarró la mano y no me dejó ir. Gracias (y felicidades).



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10 ene 2013

La lotería

Por: Paloma Bravo

Merecer

("¿Qué he hecho yo para merecer esto?")


Antes, durante y después de navidad, Koldo y yo soñamos con que nos toque la primitiva y poder hacer un corte de mangas en el curro. Como todos. Todos menos Manolo. Que nos lo ha prohibido a pesar de que le gustaba nuestro plan: si algún día teníamos dinero, compraríamos una parcela en un barrio de esos escondidos que aguantan en el centro, un oasis para hacernos una casita en la que compartir el jardín, la canguro y las copas. Los tres, con nuestros respectivos (parejas oficiales, amantes extraoficiales, hijos propios, hijos ajenos, algún perro).

Y ahora resulta que no. Que Manolo dice que no nos va a tocar ("85% de posibilidades de perder, tenéis") y que tampoco tiene sentido moral que juguemos porque no merecemos el premio.

- ¿Merecer, Manolo? No fastidies... ¿Se la merece Carlos Fabra?

- Manolo estudió en un cole de curas, no insistas.

- Que no es eso, es que Manolo está enamorado de su jefe, Kol, y no lo dejaría ni por pasta.

- ¿Os importaría dejar de hablar de mí, que estoy delante?

- (...)

- (...)

- Lo que digo es que no la merecemos porque somos muy afortunados. Tenemos trabajo, tenemos amor. Tenemos todo lo que necesitamos.

- Vale.

- ¿Has terminado?

- Sí.

- O sea, que tú no participas, ¿no?

- No, porque no nos va a tocar, ya os lo he dicho, no lo merecemos.

- ¿Juegas o no juegas?

- No.

- Vale. Koldo, una semana tú y otra yo. Lo que tenga bote y, si no hay nada, euromillones.

- Hecho.

- No jodáis...

- No te jodemos, que eres muy afortunado y nos das pena.

 

Desde que Koldo y yo empezamos a cruzarnos por whatsapp la foto de nuestro boleto de lotería, el gobierno ha subido el impuesto a nuestro sueño y Manolo se ha puesto nervioso. Aún no nos ha tocado, pero no creo que tenga nada que ver con el merecimiento, porque es que para las cosas de la moral, Koldo y yo somos muy científicos: no creemos en nada.

Y así, escépticos e ilusionados, sin que Manolo contribuya a nuestra perversa inversión semanal, Koldo y yo afrontamos la vuelta al cole con un único propósito: no mencionar la crisis, el miedo, la corrupción, la ineptitud, el exhibicionismo y la estupidez, a ver si así desaparecen.

Igual tenemos suerte.

 

@PalomaBravo

 



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11 dic 2012

Leer es poder (#regalalibros 2012)

Por: Paloma Bravo

James Dean

Leer es aprender, entender, descubrir. Leer es rechazar, cuestionar, cambiar. Leer es expresarse, decir, contar. Leer es mirar y es mirarse. Leer es ver. Leer es escuchar.

Leer, insisto, es poder.

De los libros que yo he leído en 2012, éstos son los que regalaría (por orden de lectura cronológica):

  • "Parranda larga", Nicanor Parra. Alfaguara. Poesía, compromiso y humor.
  • "Memorias de un hombre en pijama", Paco Roca. Astiberri. Paco Roca sabe mirar a las personas, ojalá supiéramos mirarlo todos a él.
  • "El hombre del traje gris", Sloan Wilson. Porque nos siguen pasando las mismas cosas.
  • "Betibú", Claudia Piñeiro. Alfaguara. A veces es un poco ñoño, pero habla de periodismo con un sentido del humor que solo tienen algunas mujeres: las listas.
  • "El adversario", Emmanuele Carrère. Una historia aterradora de mentiras contada con verdad.
  • "Mr. Wonderful", Daniel Clowes. Si os gusta el cómic, os gustará.
  • "Los suicidas del fin del mundo", Leila Guerriero. Tusquets. Creo que no se puede escribir mejor.
  • "Los besos no se gastan", Raquel Martos. Espasa. La muy cabrona (no la insulto, es amiga mía y es una cabrona) me hizo llorar.
  • "Volver", Toni Morrison. Una belleza.
  • "Yoga para los que pasan del yoga", Geoff Dyer. Mondadori. Honesto y con humor para vivir y escribir.
  • "¿Eres mi madre?", Alison Bechdel. Una obra de arte preciosista e introspectiva.
  • "Casa de verano con piscina", Herman Koch. Salamandra. Cínico y realista.
  • "Nada se opone a la noche", Delphine de Vigan. Anagrama. Ternura y violencia en una historia real.
  • "Hablar solos", Andrés Neuman. Alfaguara. Como si fuera poesía entre la vida y la muerte.
  • "Joseph Anton", Salman Rushdie. Mondadori. Excesivo y soberbio.
  • "Poemas encadenados", Pedro Casariego Córdoba. Brillante y estremecedor (ojo, que es poesía).
  • "NW", Zadie Smith. Realismo y mucha vida.
  • "Mr Gwyn", Alessandro Baricco. Anagrama. El principio es mágico.
  • "Los pájaros amarillos", Kevin Powers. Poesía en la guerra.
  • "98% sexo", Alberto Olmos. RHM Flash. Despegado, tierno y cabrón.

 

P.D.: gracias a Belén, a Emi, a Claudio, a Josema, a Óscar, a Nuria y a todos los que me habéis "echado de leer" este año. Gracias a K. por facilitarme la vida en Kindle. Gracias a todos esos editores que por fin descubrís que compensa regalarme libros. Gracias, sobre todo, a los que leéis: vosotros hacéis los libros.

P.D.2: aquí, el #regalalibros de hace un año, que los libros no caducan.

P.D.3: me pide un hombre de iniciales preocupantes que no olvide a Andrea, "la española que destronó a Cincuenta sombras de Grey", y no la olvido, que es amiga mía, pero... cada vez que la menciono me ataca un grupo de sumisas violentas que no soportan que alguien ponga luz (otra, distinta, discrepante) sobre sus sombras.

 

 

 

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04 dic 2012

Qué leen los demás

Por: Paloma Bravo

  MM

Hay una cuenta en twitter, @queleenlosdemas, que viaja en transporte público y observa a los lectores. No es la única y, de hecho, en Nueva York existe también un tumblr maravilloso que se atreve a fotografiar libros y dueños. A mí me gustan estas experiencias porque dan pistas reales: no los libros que se compran, sino los libros que se leen; los que se cargan en el bolso o la mochila, se bajan al metro, se abren renunciando al móvil, se suben al trabajo ante las miradas de incomprensión de los analfabestias, se vuelven a bajar.... Son libros viajados, son libros queridos y son libros leídos.

Para el metro, yo prefiero el kindle, que pesa poco y da menos pistas. Y, claro, parezco una más, enganchada al mundo reducido y falso de mi pantalla, cuando estoy y quiero estar en el universo de mi historia. Conecto el kindle y me pongo los auriculares (sin música, para aislarme aún más), y pese a todo oigo las conversaciones que me van regalando a gritos algunos compañeros de vagón. 

 

- Todos los tíos con los que me he acostado últimamente tienen perfil en twitter. Vivo con miedo de convertirme en Trending Topic.

- No será para tanto...

- Eso es porque no me has visto correrme ni chuparla.

- Pues hazte un hashtag.

 

Eran dos amigos (amigos en genérico, no digo si hombres o mujeres), que ya se habían olvidado de los treinta y seguían viviendo como adolescentes. Tristes, inseguros y exhibicionistas.

Frente a ellos, para compensar, había una señora que leía "El lobo estepario"... en la misma edición que yo devoré hace veinte años, porque estoy mayor y porque los demás, algunos, leen, aunque otros sólo quieran ser TT.

 

P.D.: este post es para un tipo que conozco, un hombre incapaz de vivir sin tuitear pero muy dispuesto a tuitear sin vivir.

 

@PalomaBravo
 

 

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27 nov 2012

Página en blanco

Por: Paloma Bravo

 

Hemingwaybebiendo

(Hemingway, claro)

 

Se lo había prometido a Carmen y pensaba cumplir, de verdad: el sábado lo iba a dedicar a escribir (he empezado una historia que me parece demasiado buena para mí y quiero descubrir quién gana, si ella acaba conmigo o yo con ella), pero no hubo manera.

Primero tuve clase de whatsapp (soy una víctima con experiencia y, claro, me paso el día personalizando las opciones y los bloqueos de amigos, hijastras, familia y otros animales). Una clase larga porque la hicimos por skype y al otro lado tenía primero a una madre analógica y después a una adolescente inatenta que consultaba cada paso con sus doce íntimas amigas (sois muy cansinas, chicas).

Tardamos, y me tuve que ir corriendo a cortarme el pelo. Cuando me crece parezco buena, y no me conviene, la verdad. Necesito que mi entorno se crea el mal genio que no tengo y me tengan un poco del miedo que yo les tengo a ellos.

Peluquería con chófer, claro: me recogió al salir el hombre que de vez en cuando me trae chais y que el sábado traía, convencido y casi convincente, una misión y un chantaje: que le diera el manuscrito de la novela que publicaré en primavera (cree que se habla de él) a cambio de conseguirme un trabajo decente.

No hubo acuerdo. Se fue sin manuscrito, yo me quedé sin curro y, eso sí, intercambiamos lotería; por si acaso (por si acaso la suerte nos trata mejor de lo que nos tratamos el uno al otro).

Era ya la hora de comer y decidí priorizar: chocolate y siesta, claro, para escribir más y mejor. Pero no. A esa hora Koldo se aburre, y se me tira al whatsapp, y no me deja ni dormir ni escribir. Primero me cuenta sus cagadas de la semana y luego intenta buscar las mías. Hasta que se cansa y muerde:

 

- ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela? ¿Salgo en la novela?

- No sé, tío, la terminé en verano; no me acuerdo.

- O sea, que no.

- Tranquilo, que así no te la tienes que leer.

- Bueno, pero el resumen ese del final sí me lo leo...

 

Así que le invité a un gintonic conmigo y con B. a la hora de la merienda, y nos tomamos otro a la hora de la cena, y... y esto es todo lo que pude escribir y es también todo lo que puedo contar, porque -una vez que estuvimos los tres juntos- la cosa se puso, como siempre, mucho más carnal y menos virtual. O sea, mucho mejor.

Podría haber escrito el domingo, es cierto, pero... Me fue imposible: andaba intentando, yo también, independizarme de Rajoy.


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Sobre la autora

Paloma Bravo
Soy madrastra, periodista y autora de “La novia de papá” (Plaza&Janés). Este blog no lo escribo yo, lo escribe Sol Beramendi, la protagonista de mi novela. O sea, que es ficción y, por lo tanto, absolutamente real.

Paloma Bravo

SOBRE EL BLOG

Según la RAE, madrastra es una “cosa que incomoda o daña”. ¡Y una mierda! “Tía buena (buena en todos los sentidos), lista e inmejorable” es lo que debería decir. ¿O no? El caso es que me ofrecieron crear una plataforma de “madrastras sin fronteras”, pero mis bestias me necesitan en casa, así que nos hemos quedado en un blog. Para hablar de vuestras familias y otros animales.

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