El otro día leí un libro escrito en colombiano y flipé (flipé que, supongo, es un verbo español tirando a madrileño). Es lo que tiene el idioma, que se le imponen normas y límites, y se rebela: para sobrevivir, enriquecerse y multiplicarse. Es lo que tiene el colombiano, que es más alegre, más vivo y más bonito que el español.
De hecho, ayer mismo me enamoré (otra vez) de un verbo. Pereceaba el protagonista de la novela y yo pensé en la cantidad de gente que tengo alrededor pereceando. No en lo emocional, no; en lo profesional.(De pereza).
1. tr. coloq. Dilatar, retardar, diferir algo por flojedad, negligencia o pereza.
Perecean los que no dimiten, perecean los que no gobiernan, perecean los que no se manifiestan, perecean los que no hacen, perecean los que echan la culpa a los demás, perecean los que no crean, perecean los que gritan, perecean los que postergan, perecean los que no se mojan, perecean los que no se exigen...
Y dejan pasar el tiempo, que el tiempo siempre pasa. Y entonces llega uno, un clásico, un maestro de los chascarrillos, y te dice eso de "Esto es como lo de los dos montones de Franco: el de los problemas que se solucionan con el tiempo y el de los problemas que no se solucionan ni con tiempo". Y perecean más, y nos aburren peor, y nos cansan.Pereceamos todos a veces.
Como yo. Que la semana pasada no actualicé este blog, y... Y, en realidad, lo que me pasa es que voy a publicar una novela y tengo miedo. Pero como me dijeron el otro día, "todo concepto es ya exageración": ni pereceo tanto ni tengo tanto miedo.
Así que perecead lo justo, perecead con alguien, en una playa, en una cama, en un sofá, y luego leed y cambiad el mundo.
Leed a Keret, y a Sepúlveda, y a Lerner, y a cualquiera. Leed, que, como dice mi amiga Belén citando "Stoner", de John Williams, «La verdad, el bien, la belleza... están justo al doblar la esquina, en el pasillo de al lado, están en el próximo libro».







