El coordinador federal de IU y candidato a presidente del Gobierno, Cayo Lara, ha estado en paro una vez en su vida. Fue en 1999, cuando perdió la alcaldía de su pueblo, Argamasilla de Alba (Ciudad Real), después de 12 años en el cargo. Antes de eso había trabajado como agricultor y como líder sindical agrario. Luego, tres legislaturas de alcalde. Pero en 1999 perdió las elecciones y se quedó “sin nada”. Tenía 47 años. En paro (sin derecho a subsidio) estuvo exactamente cinco meses, lo que tardó en ser elegido coordinador provincial de IU y empezar a cobrar de la organización, donde ha seguido desde entonces (de coordinador provincial a regional, y federal desde 2008). Y en esos meses de paro se sintió “humillado”. Por eso, dice, él entiende por lo que están pasando los cinco millones de desempleados españoles. O lo intenta, porque “nadie sabe lo que es eso salvo el que lo sufre”. Lo ha contado hoy, en un autobús camino de Cádiz, al grupo de periodistas que le sigue en campaña.
Cayo Lara cobra en este momento unos 2.400 euros netos al mes como coordinador federal. Si es elegido diputado, conservará uno de los dos sueldos y donará el otro a IU, como hicieron sus antecesores. Dice que se siente un privilegiado. Ha renunciado a viajar en primera clase y a parar en las salas VIP de los aeropuertos. Su esposa está en paro, su hija también (preparando oposiciones) y su hijo tiene un contrato de seis horas semanales dando clases de contabilidad, después de que le rescindieran un contrato temporal de 380 euros al mes.
En esta campaña, él quiere convencer a los trabajadores, parados o no, de que solo IU defiende sus derechos. Asegura que, al terminar los mítines, se le acercan militantes del PSOE para contarle que van a votar a IU. Y también miembros del 15-M para lo mismo. Casualmente los dos colectivos –socialistas desencantados e indignados del 15-M- a los que Lara apela abiertamente en cada mitin de esta campaña. A los primeros, en especial, va a pedirles el voto "a pecho descubierto".
Sus expectativas crecen por días. Al principio de la campaña él habría firmado ocho diputados para IU; ahora ya no los firma. Quiere más. Espera más. En IU aspiran a crecer, por lo menos, un 50% respecto a 2008 (cuando obtuvieron un millón de votos). Eso supondría captar a 500.000 votantes nuevos.
Es, probablemente, la campaña más feliz para un candidato de IU en los últimos tiempos, después de años al borde del abismo. Aunque las urnas aún tienen que hablar.