La soledad no nos sienta tan mal

Por: | 21 de julio de 2015

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¿Qué tal nos llevamos con la soledad? Muchas personas no tienen una relación demasiado cordial, que digamos. Parece que para muchos estar solo en un estigma social del que hay que huir y hay otros, los que menos, que prefieren estar solos que mal acompañados. Sin embargo, la soledad convive con nosotros de un modo otro. Si hablamos del mundo de la pareja, hay una mayor soledad “oficial” (porque se puede compartir la cama y estar a más de mil kilómetros de la otra persona): Nos casamos más tarde y nos separamos con más frecuencia. En el caso de los amigos, podemos tener cientos de ellos en Facebook pero luego, cuando llega el fin de semana, quizá no tengamos a nadie con quien compartir una cerveza. Así pues, la soledad está en nuestras vidas y conforme están demostrando los estudios, no es tan mala como la pintan… Es más, la soledad puede ser incluso muy positiva.

Según el sociólogo Eric Klinenberg, la soledad nos ayuda a disfrutar de relaciones de mayor calidad. Tiene su lógica. Las emociones funcionan por contraste. Somos capaces de valorar lo que tenemos si somos conscientes de lo que supone su pérdida. Es más, incluso el hecho de estar solos en un terreno de nuestra vida nos da energía para reducirlo en otro, como han demostrado varios estudios publicados en American Sociological Review. Las personas que viven solas consiguen tener una red social de amistades igual, o más extensa que las de las personas que viven acompañadas. Pero hay más ventajas.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha comprobado que los adolescentes que no pueden aguantar la soledad, no son capaces en el futuro de desarrollar un talento creativo. ¿Por qué? Porque la soledad es una fuente maravillosa de innovación y de entrenamiento de nuestro autoliderazgo, según este estudio. A este respecto, la autora Susan Cain recordó en su ya famosa charla ‘El poder de los introvertidos’ que grandes talentos como Darwin, Roosevelt o Gandhi fueron también grandes solitarios. También lo fue Steve Wozniak, cofundador del gigante Apple. Y es que, de forma muchas veces equivocada “tenemos la creencia de que toda creatividad proviene de un lugar sociable, pero la soledad es el ingrediente fundamental de la creatividad. No siempre el que más habla o el que mejor sabe comunicar en público es el que mejor ideas tiene”.

Esto ocurre en el ámbito empresarial porque cuando entramos en dinámicas de trabajo grupales, como se hace de forma habitual en casi todas las organizaciones, tendemos a seguir de forma inconsciente las premisas de los demás para no desentonar y desmontar los puzles marcados. Es en soledad cuando somos críticos y generamos mejores ideas. Por ello, si buscas una solución que se te resiste, compagina conversaciones o análisis con momentos de estar contigo mismo o contigo misma. Ahí está la fuente de cuestionar lo establecido.

Y otro punto importante, si no sabemos gestionar nuestra soledad podemos acabar en los brazos de alguien (o de un grupo de amigos) que en el fondo no nos da más que eso: Remedio para no sentirnos solos. Por ello, cuanto más entrenemos las ventajas de estar con nosotros mismos, más valientes y coherentes seremos con lo que hagamos y quizá podamos decir “no” a determinadas compañías.

En definitiva, si te sientes solo, si tu carácter no es arrollador, o si simplemente no te ha ido del todo bien hasta el momento en el amor o con las amistades, no pienses que todo está perdido, ni mucho menos, porque tu vida puede ser maravillosa en soledad, quizá seas incluso más selectivo y puedas aportar, a tu manera, un valor extraordinario.

No nos cerremos al amor ni a la convivencia. No, no es cuestión de cerrar tus ventanas al mundo, pero aprendamos a convivir con nosotros mismos cuando nos toca porque podemos sacar experiencias e ideas extraordinarias, además de aumentar nuestros niveles de empatía porque, como dijo  Tomas De Quincey:

“La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan”.

 

 

El amor está en el aire… y en las matemáticas

Por: | 14 de julio de 2015

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El amor actúa como una goma de borrar. Las diferencias de carácter o de afición que vemos con la persona que nos gusta desaparecen y solo contemplamos que nos complementan. Sin embargo, el tiempo pasa y de repente, la famosa “complementariedad” se vuelve un fastidio. Poco a poco, se va minando hasta que un buen día, pensamos que somos demasiado diferentes para continuar juntos. Y surge el primer paso para la separación. Según los últimos datos publicados por el INE, en España,  la duración media de los matrimonios es de 15,5 años. Las uniones disueltas por divorcio tuvieron una duración media de 15,2 años mientras que la de los matrimonios separados fue de 20,8 años. Tres de cada diez divorcios se produjeron después de 20 años de matrimonio y dos de cada diez en uniones que duraron entre cinco y 10 años. En total, en 2013, se produjeron 100.437 sentencias de nulidades, separaciones y divorcios. Una barbaridad, y eso que no contabiliza las relaciones amorosas que se rompen sin papeles de por medio.

Sí, lo sé, el amor mezclado con datos es hasta de mal gusto, porque el amor depende de muchos factores ajenos al algoritmo y la estadística pero, ¿nos pueden servir de algo las matemáticas en el amor?  La doctora de la Universidad de Londres Hannah Fry afirma que sí. Porque como todo en la vida, el amor ofrece patrones de comportamiento que pueden ayudar a prever nuestro futuro amoroso, y las matemáticas miden precisamente eso, patrones de conducta.

Fry, en su ponencia ‘Las matemáticas del amor’, cita un estudio realmente curioso realizado por el psicólogo John Gottman, quien analizó varios años a decenas de parejas casadas a quien pidió que en sus sesiones discutieran los temas más conflictivos de su relación. De esta manera Gottman pudo confeccionar a través del tipo de diálogo y discurso de cada pareja un sistema tan perfeccionado que fue capaz de predecir, junto al matemático James Murray, en un 90% los divorcios que se producirían entre las parejas que trató.

A partir de ahí, de la observación y las matemáticas, confeccionó un modelo de trabajo bajo un concepto que denominó ‘Umbral de la Negatividad’. Este modelo hace referencia a todo aquello que nos molesta y que acaba provocando discusiones con nuestra pareja. Siguiendo la lógica se podría concluir que aquellos que tienen un umbral más alto de tolerancia, un umbral más alto de negatividad, tendrían más oportunidades de mantenerse en pareja que los que rápidamente protestan ante algo que les perturba.

Pero no es así. Lo curioso es que se trata de todo lo contrario. Las personas con un umbral bajo de negatividad son las que en pareja consiguen mantener las relaciones muchos más años. Son más duraderas aquellas relaciones que no dejan pasar las pequeñas cosas molestas desde el inicio, sino que con honestidad y rapidez discuten todo lo que les va sentando mal y van modulando de esta manera una forma de vida en común más satisfactoria. Mientras, los que acumulan reproches por no discutir, terminan las relaciones en un porcentaje mucho más alto. Quizá porque cuando explotan aparece el acumulado, comienzan a vaciar las maletas llenas de reproches y la negatividad se vuelve inaceptable, sin posibilidad de vuelta atrás.

Llegados a este punto sin retorno comienza de nuevo el ciclo de búsqueda de amor, porque el amor duele, pero siempre acaba regresando. Así, siguiendo con las matemáticas aplicadas a Cupido, Fry aporta un consejo sacado del análisis estadístico de la App de citas OkCupid, creada, por cierto, por matemáticos. Esta conclusión es no menos curiosa ya que mide los niveles de popularidad de las personas que cuelgan sus fotos ahí. Entre selfies en el wáter, posturas imposibles en la playa o poses más forzadas que el matrimonio de George Clooney, sorprende que en esta aplicación de citas los perfiles de personas más guapas o atractivas tienen un nivel de popularidad menor, pues la persona que quiere interactuar con ellas se echa para atrás al pensar que tendrá miles de candidatos o candidatas. Son aquéllos perfiles de gente más normal o menos agraciada los que tienen un éxito mayor. Extraño, pero matemático. 

Así, Fry aconseja hacer lo contrario de lo que todos hacemos en las fotografías, que es tapar nuestros defectos. Es decir, los matemáticos aconsejan que si quieres ser más popular y eres calvo, no te pongas una gorra, o si te sobran unos kilos no cortes la foto a la mitad. Pues las matemáticas no engañan aquí tampoco. A quien no le gustes no le gustarás igualmente, y a quien le gustes, te amará con tus defectos publicitados sin complejos desde el principio.

Pero tranquilos, hay esperanza también en el amor eterno matemático. Está comprobado que las personas mayores que enviudan después de pasar toda la vida con su pareja, tienen un porcentaje mucho mayor que el resto de morir al poco tiempo. Es triste pero hermoso a la vez. Contigo a la eternidad.Como conclusión, y siguiendo con las matemáticas en el amor, quizá para vivir muchos años junto a tu amado o amada, lo mejor sea sumar en pareja, nunca restar,  para así no dividiros y crecer exponencialmente hasta que el resultado de la ecuación amorosa sea igual a infinito

Los hábitos o por qué los Beatles alcanzaron la excelencia

Por: | 07 de julio de 2015

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En 1960 los Beatles era un grupo de rock como tantos otros. Tocaban en Liverpool, su ciudad natal, pero tuvieron una oportunidad que les cambió su vida: fueron invitados a tocar en Indra, un strip-club de Hamburgo. La única peculiaridad que tenía dicho club era que cada función debía durar ocho horas, lo que significa que tenían que estar continuamente tocando y explorando nuevas formas de hacer sonar sus instrumentos. Durante el año y medio que fueron a Hamburgo actuaron 270 noches, lo que equivale a más de mil doscientas horas de concierto, cifra que no alcanza la mayoría de los grupos musicales en toda su carrera. De ese modo, cuando saltaron a la fama en 1964 llevaban una larga trayectoria sobre sus espaldas, como recoge Malcolm Gladwell. Esta es otra de las claves del talento: la tenacidad y la práctica que convierte lo difícil en un hábito y nos ayuda a conseguir la maestría en algo. Así lo demuestra también la neurociencia.

Uno de los niveles más significativos del aprendizaje es la creación de hábitos. Gracias a ellos, conseguimos que nuestro cerebro ahorre energía y de ese modo, somos capaces de realizar, al mismo tiempo, diferentes tareas (el ser humano  no puede manejar más de cuatro conceptos/tareas a la vez y si una de las tareas es nueva, solo se puede compaginar con tres inconscientes o ya conocidas). Si no, pensemos cuando aprendimos a conducir. Los primeros días nuestra concentración solo está puesta en el cambio de marchas o en las reglas en las que nos han insistido en la autoescuela. Después de un tiempo, ni somos conscientes de cuándo cambiamos la marcha y lo que es más interesante, mientras conducimos, podemos ir pensando además en otras cosas. Todo ello se logra a través de una nueva agrupación neuronal. Cuando se analiza la formación de un hábito en nuestro cerebro, se comprueba que es una agrupación de neuronas que necesita de varios elementos. Por un parte, una intención, un deseo, que en realidad es fruto de una necesidad, como hemos dicho antes. Cuando todo ello ocurre, nuestras neuronas se aproximan gracias a la dilatación de las células de Schwann que recubren el axón. Sin embargo, lo que permite que dicha agrupación tenga consistencia es la repetición en el tiempo. Cada vez que repetimos una acción, como conducir, nuestras neuronas van desprendiendo vainas de mielina que ayudan a que dicha agrupación se afiance con fuerza. Pues bien, en la actualidad se sigue estudiando el número de veces que necesitamos repetir una acción para convertirla en hábito. Se habla de veintiún días para hábitos sencillos como la práctica de algunos deportes, por ejemplo. Sin embargo, para hábitos más complejos como cambiar una actitud o desarrollar algunas habilidades, se necesita más tiempo, en torno a 24 semanas mínimo.

Si regresamos al ejemplo de los Beatles, para llegar a alcanzar un nivel elevado de maestría es necesario repetición y repetición. Gardner habló de la regla de los diez años y Gladwell de las 10.000 horas. La repetición va tendiendo las autopistas en nuestro cerebro para que se produzcan las conexiones neuronales y la creación de hábitos. Sin embargo, para que la repetición tenga éxito se necesita una fuerza de voluntad que habita debajo de cualquier cambio de hábito. La fuerza de voluntad es un músculo que se entrena, que nos permite seguir adelante a pesar de las frustraciones y que contribuye a la plasticidad de nuestro cerebro.

En definitiva, si deseamos mejorar nuestro talento, tenemos por tanto que ser persistentes y disponer de la fuerza de voluntad para continuar, como le ocurrió a los Beatles y a todas las personas con resultados extraordinarios.

Cuál es la materia de nuestros sueños

Por: | 30 de junio de 2015

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Decía Shakespeare que “estamos hechos de la materia de nuestros sueños” y quizá tenga razón. Con nuestros sueños construimos futuros y vamos dibujando nuestras decisiones para poder alcanzarlos. Los sueños son nuestra brújula, pero esta no sirve por sí sola para realizar una travesía. Hacen falta recursos, aunque sea de tiempo, arriesgar, cruzar acantilados que unen lo real con lo deseado y, a veces, la ayuda de otras personas. Y además de todo lo anterior, requieren de una gasolina especial: nuestra pasión y nuestra fuerza para despertar ese ser nuestro invencible, que no “hay quien lo pare”, como dice Mario Alonso Puig, escritor y conferenciante. Esa misma pasión que ayudó a Steve Jobs a levantarse de las múltiples caídas, como reconoció poco tiempo antes de morir.

Cuanto más nos enamore nuestro sueño, más capacidad tendremos de seducirnos y de arriesgarnos en ese acantilado que a veces puede parecer un foso con cocodrilos en forma de miedos. Por ello, necesitamos sueños que nos cautiven, que nos despierten por dentro. Sin olvidar que ayudar a otros es también un bonito sueño, que nos hace especialmente felices, como se demostró en la Universidad de Israel. Uno de los colectivos que generalmente reciben ayuda son los discapacitados mentales. En dicha universidad se desarrolló un proyecto distinto: se pidió que fueran ellos quienes ayudaran a otras personas. Pasadas varias semanas, se comprobó que sus índices de satisfacción personal habían incrementado considerablemente. No cabe duda que ayudar a otros nos da alas para sentirnos más plenos, por eso, nuestra felicidad no solo se ha de basar en conseguir nuestros sueños sino en ayudar a otros a que también los alcancen. Pues bien, con esta filosofía, tenemos una aplicación para móviles, ‘Feeldreams’, - www.feeldreams.org -, gratuita y sin ánimo de lucro, que nos permite hacer una radiografía de la materia de nuestros sueños y, por qué no, de ayudar a otros. Y el padre de la criatura es, cómo no, un soñador.

Jesús Vega ha sido capaz de atravesar múltiples “acantilados” en su propia vida personal. Fue director de Recursos Humanos en Inditex y dejó todo para dar la vuelta al mundo con una mochila. Años después, se ha lanzado a crear una aplicación, que tal como la define su creador, “sirve para prestar atención a las pocas cosas que son importantes en la vida: que se cumplan nuestros sueños”.

‘Feeldreams’ lleva poco tiempo en el mercado pero ya recibe los sueños de más de cuatro mil personas de diferentes partes del planeta. Lo bonito de esta app es que está basada en la colaboración. Cada usuario puede incluir su sueño, y son los demás usuarios los que le ayudarán a conseguirlo. Cuanto más ayuda proporcione cada usuario a otras personas, aumentará proporcionalmente su ‘karma’, y sus deseos se harán más visibles a los demás.

Esta iniciativa nos ofrece datos muy curiosos que nos ayudan a conocer con qué soñamos, ya que divide en categorías nuestros sueños. ¿Y con qué lo hacemos? La formación y el empleo ganan la puntuación con un 24 por ciento. Muchos mensajes se dirigen a conseguir un trabajo mejor o a estudiar fuera del país de origen. El siguiente grupo ganador son los viajes, con un 11 por ciento; seguido de dejar una huella social y mejorar nuestro ocio, con un 10 por ciento. Termina el ranking el amor (9%); la aventura (8%); el arte y cultura (8%); los deportes (6%) y el resto, otros. Por tanto, no es de extrañar que en una situación de crisis o de salida de la misma, las personas que no tengan trabajo lo anhelen, muy por encima de cualquier otro sueño. Así pues, parece que la materia de nuestros sueños tiene un punto de partida importante: en la medida que podamos cubrir necesidades básicas, seremos capaces de dejar nuestra imaginación volar con más fuerza.

“El futuro pertenece a quien cree en la belleza de sus sueños”

Anna Eleanor Roosevelt

En definitiva, todas las personas tenemos la capacidad de soñar, es algo que rejuvenece nuestra alma. En la medida que nos ilusionemos con nuestros sueños, podremos encontrar la fuerza para tomar decisiones; y en la medida que ayudemos a otros, podremos sentirnos mucho más satisfechos con nosotros mismos. Ojala todos nos atrevamos a verbalizar nuestros sueños y a tener el coraje de atravesar los acantilados que nos separan de ellos.

Fuente imagen: iSockphoto

Vuelve a besar a ese espejo que te refleja

Por: | 22 de junio de 2015

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La presión es absoluta, casi asfixiante. Hasta hace poco era un problema prácticamente reservado a las mujeres, pero hoy afecta a los hombres en la misma medida. Aunque parezca sorprendente, estoy hablando de belleza. O mejor dicho, del ideal de belleza como objetivo prioritario, esa meta inalcanzable que nos ha convertido en esclavos absolutos, en inconformistas natos y casi en depresivos en potencia.

Si abrimos un poco los ojos, si analizamos con más detenimiento todos los elementos que nos rodean, podremos entender por qué hemos llegado hasta aquí, ya que rápidamente caeremos en la cuenta que desde que nos levantamos hasta que nos metemos en la cama, nos inundan, nos bombardean con ideales de belleza, de atractivo irresistible, de sexo sin límites, de sensualidad abrumadora, de erotismo sin medida, de delgadez extrema… Siempre en busca de la perfección del cuerpo… Y no, la perfección no existe, o por lo menos no es eso, así que cambiemos de objetivo y dejemos de buscarla en escaparates.

Los alimentos integrales los protagonizan modelos maravillosas, (que lo último que necesitan es adelgazar), los anuncios de perfumes son el paraíso de la belleza, de las poses imposibles y de las frases absurdas (habitualmente en francés); los aparatos mágicos adelgazantes son mostrados al público por hombres que parecen necesitar un descanso del gimnasio más que perder peso; los coches, los helados, los smartphones de última generación, los centros comerciales, las clínicas dentales con sonrisas perfectas... Todos los sectores, o casi todos, utilizan a personas bellas o muy bellas para tratar de vender sus productos.

Lejos del mundo de la publicidad ocurre lo mismo. Si paramos un segundo en un kiosko, podremos reconocer en las portadas de casi todas las publicaciones el uso abusivo de Photoshop para estilizar o hacer más bellos o atractivos a las, o los, modelos que ya de por sí lo son. Y las pocas revistas que no lo hacen no atienden a razones de ética precisamente, deciden no retocar porque su éxito radica en reírse de los pequeños ‘defectos’ de los famosos, incluyendo viñetas despectivas o flechas que señalan celulitis, estrías o barrigas. Ya no nos extraña porque estamos acostumbrándonos, o nos han programado poco a poco para ello, a reírnos de los pequeños defectos, a hacer mofa del menos agraciado, cuando la belleza física es tan traicionera que siempre, sin excepción, acabará abandonándonos a todos.

Toda esta locura que nos rodea se ve reflejada en los alarmantes datos que aporta la psicóloga especializada en el estudio de la salud, Phillipa Diedrichs: Más de 10.000 personas acuden cada mes al buscador Google para teclear lo siguiente: ¿soy feo?; seis de cada diez niñas no hacen cosas relevantes para su desarrollo porque se sienten feas; el 31% de los alumnos no se atreve a participar en clase por miedo a que critiquen su aspecto, mientras que el 17% de las mujeres deciden no ir a una entrevista de trabajo si ese día no se sienten cómodas con su apariencia. Este tipo de datos sí son feos.

Como recuerda Meaghan Ramsey, directora de la firma de cosméticos Dove, (una de las pocas compañías que decidieron realizar campañas en defensa de las proporciones reales de la mujer), casi todos durante la infancia damos besos al espejo cuando nos vemos reflejados, pero hay algo que cambia con los años, y ese mismo espejo comienza a convertirse en enemigo.  

En ese periodo de transición entre gustarnos y no tanto, la tarea de los padres es esencial a la hora de construir en los niños una autoestima vigorosa, donde evitar  los comentarios despectivos hacia el físico o no exaltar ídolos de calendario se convierte en esencial.

Pero esta reflexión no es contradictoria con el hecho de cuidar la imagen como un aspecto muy importante de nuestra vida y nuestra salud, pero sin que se sitúe en lo alto del podio de las prioridades vitales, ya que solo nos puede traer problemas.

Cuba quizá no sea un modelo a seguir como país en algunos aspectos, pero en este sentido sí lo es. En un territorio donde no existe la publicidad como la entendemos en Europa, la gente ha aprendido a gustarse y a quererse tal como son desde muy pequeños. La gran mayoría crece sintiendo orgullo por el cuerpo en el que le ha tocado vivir y esa virtud les proporciona una gran seguridad en sí mismos. Y es ahí cuando esa cualidad se convierte en seducción, se convierte en poder.

Precisamente sobre este aspecto, la polifacética Chen Lizra (bailarina, conferenciante, emprendedora…) pone el foco en la importancia de la seducción, por encima del culto a la belleza. Para Lizra la seducción se puede convertir en “una herramienta vital, porque todos tenemos el poder de seducir, solo hay que sacarlo. El concepto de seducir, siempre asociado de forma negativa a la sexualidad, debe cambiarse al lado positivo, que lo tiene. Es como el dinero, puede ser bueno o malo, dependiendo de cómo lo uses, pero la seducción asociada a la lealtad e integridad, y al cuándo y cómo adecuado, es un arma valiosísima”.

Chen Lizra pone en valor la seducción porque, afirma, es una mezcla de confianza y autoestima a la hora de conseguir lo que queremos, condimentada con control del lenguaje corporal e incitación. Este último punto es, además de en el plano personal, realmente importante en algunas profesiones relacionadas con la publicidad o el marketing, ya que saber seducir al cliente o al consumidor es un arte que diferencia a una empresa de otra en su camino al éxito.

El cantante Rosendo afirmó hace un tiempo que no se cambiaría por nadie a pesar de su etiqueta de poco agraciado porque “mi fealdad es muy mía, estoy orgulloso de ser feo”. Seamos como somos, intentemos mejorar, estar sanos y busquemos la belleza con cabeza, pero antes de nada, seduzcámonos a nosotros mismos porque así podremos seducir al mundo sin mirarnos en el espejo que nos impongan. Porque la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.

Fuente imagen: belleza-espaciomenteysalud

 

Laboratorio de Felicidad

Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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