Cómo reconciliarnos con nuestros personajes

Por: | 30 de enero de 2015

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Todos tenemos un sinfín de personajes dentro de nosotros. A veces somos simpáticos y agradables y otras no hay quien nos aguante. En ocasiones parece que nos vamos a comer el mundo; y en otras, queremos que el mundo nos olvide un rato y encerrarnos como ermitaños. Y si nos preguntáramos, ¿quiénes somos nosotros? No creo que siempre tengamos una respuesta clara. El motivo es fácil: nos identificamos con el personaje que nos hemos ido creando (el más exitoso, el sufridor, la divertida, la que dice a todo que sí…) y no nos damos cuenta de que somos algo más. En la medida que conozcamos nuestros personajes, podremos dejar de identificarnos con ellos y podremos gestionarlos para sentirnos mejor, como explicó Luis Bueno, un experto terapeuta y amigo, en una conferencia que impartió esta semana en elcomo en Madrid.

Nacemos sin personajes pero con el paso del tiempo, vamos construyéndolos, porque creemos que de ese modo vamos a agradar a otros o vamos a protegernos. Así van surgiendo, de un modo inconsciente. Para ser queridos por nuestros padres, nos hacemos “don perfecto”, nos produce alergia el fracaso o, simplemente, intentamos congelar nuestras emociones. Y de este modo “conseguimos estar en paz con los hombres pero en guerra con las entrañas”, como resume Luis Bueno. Pero no olvidemos algo importante: Nuestros personajes forman parte de nosotros, pero nosotros somos mucho más que nuestros personajes.

Este proceso tiene un sentido. Nace para responder a las expectativas de los demás. Sin embargo, nos perdemos muchas cosas. Movernos con un único personaje es como estar sobre un carril de un único sentido. Desde ahí, no vemos el paisaje que nos rodea y el mundo de posibilidades que existe más allá de ellos. Los personajes nos hace miopes. Por ejemplo, buscamos aparentar ser los más listos y esto nos impide descansar en el maravilloso espacio del no saber.

Otro problema con nuestros personajes son los conflictos. Muchos de ellos son contradictorios (me gustaría que mis compañeros me vieran como muy buena chica y, al mismo tiempo, qué pocas ganas tengo de hacer lo que me piden) y esto nos lleva a una tensión interna incómoda. Y, por último y más importante, el problema de identificarnos con un personaje es que confundimos el hacer con el ser. Pensamos que somos de un modo y nos olvidamos de que somos más grandes que ese cascarrabias, el exitoso o una mujer elegante.

Así pues, un paso para sentirnos mejor con nosotros mismos es reconciliarnos con nuestros personajes. Y Luis Bueno nos da algunas claves para ello:

  1. Da las gracias a tus personajes. Nacieron por algo, recuerda, para que nos quisieran o para protegernos (todo ello, fundamental para nuestra supervivencia). Aunque esos mecanismos posiblemente se hayan quedado un poco obsoletos, tuvieron un sentido. Por ello, sé amable contigo mismo, no te machaques porque seas de un modo u otro.
  2. Acoge a tus personajes pero "no firmes pactos de lealtad con ellos".  Aceptaque eres de una manera, pero elige cuándo quieres serlo. Si por ejemplo, te sale el “pronto”, déjalo para “más tarde”. 
  3. Juega con tus personajes. Elige tú a los personajes antes de que ellos te elijan a ti. Te aburre tu trabajo pero te fascina ir en bici o esquiar. ¿Qué ocurriría si llevaras al ciclista o al esquiador al mundo de la empresa? Juega contigo mismo. Dentro de nosotros tenemos un universo de posibilidades, no lo olvides.
  4. Date permiso para ser de otro modo. No estás atrapado. Explora qué hay detrás de la apariencia de lo que muestras. Ten curiosidad por esa persona que de repente es capaz de dejar de controlar, de quejarse o de estar eternamente sonriente. Dentro de nosotros habita alguien maravilloso, que no siempre conocemos. Identifica en qué momentos puedes ser de otro modo y te sientes bien con ello.

 Imagen: Brad Zimmerman

Cómo afrontar la crisis del liderazgo según Davos

Por: | 24 de enero de 2015

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Estamos en plena crisis del liderazgo, al menos es la opinión del 86 por ciento de los expertos del World Economic Forum, más conocido como el Foro Davos. Con este dato comenzábamos el primer Foro Davos que se ha celebrado en Madrid, organizado por Global Shapers y APD, y en el que tuve la suerte de moderar la mesa de Liderazgo. En mi opinión, el liderazgo y la felicidad están relacionados. Cuando se percibe que un país, una empresa o una familia no tienen una visión clara de cómo afrontar el futuro o de cómo superar las dificultades, se cae en un incómodo desconcierto o incluso, desesperanza, que llega a minar nuestra felicidad.

Los líderes mueven muros, hacen que cada uno de nosotros creamos en nosotros mismos. Sin embargo, parece que el liderazgo como se ha entendido hasta la fecha (o como se ha ejercido) está en crisis. Ya no nos valen los modelos tradicionales orientados a resultados. La sociedad está demandando otros estilos de influir en las personas. No hace falta más que echar un vistazo a los datos para comprobarlo. Solo el 12% de los españoles confían en los empresarios, según la encuesta Win-Gallup. Ya no hablo de banqueros o políticos, que sacan un 0,2 sobre 10. Pero estos datos no son solo en España. Los expertos del Foro Davos suspenden a todas las organizaciones (religiosas, empresariales, políticas…) en el nivel de confianza que generan en la sociedad. Las únicas que aprueban son las de sin ánimo de lucro y por muy poco… Así pues, parece que necesitamos otros modelos. Y sobre ello es sobre lo que se reflexionó en el I Foro Davos en Madrid. 

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Una matización previa: El contexto habrá cambiado, pero no lo fundamental. Liderar es aunar voluntades, tocar corazones y reducir el miedo a través de la ilusión y la confianza, como dijeron Paco Román, presidente de Vodafone y Mario Alonso Puig, escritor y conferenciante. Y esto es independiente de si estamos hablando de un país, una familia o una junta de vecinos. La transformación requiere regresar a un liderazgo más humanista, que se apoye en los valores, en la ética y en la confianza, como apuntó Rodrigo Martín, presidente de Randstad. Y los valores no es algo que se cuelgue en un poster, sino que se ha de vivir en cada instante. Los valores van de emociones, dijo Asun Soriano, directora general de Inforpress. Y no olvidemos que a muchas empresas se les llena la boca diciendo que el talento es lo más importante y, sin embargo, pueden mantener jefes en sus líneas que alcancen objetivos pero que machaquen a sus equipos. Así es difícil ser coherente. O que digamos que necesitamos diversidad y que nos molesten tanto las personas que son diferentes a nosotros. El nuevo modelo de liderazgo ha de ser inclusivo, como sugirió Krista Walochik, presidenta de Talengo, y no solo de género, sino de culturas o de modos de pensar. Y no olvidemos que gracias a la tecnología, que conecta millones de personas y donde la información vuela a la velocidad de la luz, existe más transparencia que nunca. El líder no puede jugársela y ser incoherente. Y esto afecta tanto a los grandes líderes, como a todos aquellos que de un modo u otro influyen en las personas.

Y por último, otro tema que se abordó fue la autonomía. Si les estamos diciendo a los colaboradores todo el tiempo lo que tienen que hacer sin facilitar que ellos mismos arriesguen o, incluso, se equivoquen, ¿cómo querremos ilusionarlos? Las organizaciones han de saber simplificar sus procesos, para que se respire libertad y no burocracia. Los líderes han de aportar soluciones sencillas y no introducir más complejidad, sugirió Rosa García, presidenta de Siemens.

En definitiva, el liderazgo necesita transformarse. La sociedad lo está demandando a gritos, como se desprende de las encuestas, y por lo que se comentó en el Foro Davos en Madrid, el cambio ha de apoyarse en el regreso a los valores, a la diversidad, a sistemas de comunicación claros, a estructuras sencillas… y todo ello, sin olvidar los resultados, por supuesto. Porque sin resultados sostenibles no existe liderazgo, sino fuegos artificiales.

Pero el cambio no es solo responsabilidad de los líderes sino también de los colaboradores.  No podemos pedir libertad y luego escurrir el bulto. Necesitamos también asumir la responsabilidad, no esperar continuamente a que nos estén diciendo lo que tenemos que hacer. El liderazgo no es una cuestión de unos cuantos elegidos. Liderar lo podemos hacer cada uno de nosotros, en nuestra vida, en nuestro entorno. Y todas las reflexiones anteriores nos sirven para aplicarlas en nosotros mismos, independientemente de nuestra edad o de nuestro trabajo.

Imágenes: Licencia Creative Commons, G CACAKIAN y José Castillo

 

El 55 por ciento de los españoles se sienten felices

Por: | 18 de enero de 2015

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Algo más de la mitad de los españoles decimos que somos felices o muy felices, según la encuesta mundial que realiza Win-Gallup todos los años a más de 65.000 personas en 65 países. Son buenas noticias si lo comparamos con el año pasado. Nuestro nivel de felicidad ha aumentado un poquito más (3 puntos), así como nuestro nivel de optimismo frente al futuro, el cual ha pasado del 25 por ciento del año pasado al 32 por ciento. Es decir, nos mostramos más optimistas con respecto al 2015 y pensamos que va a haber menos dificultades económicas. También estamos lejos de Irak, el país donde solo el 31 por ciento de sus habitantes se declaran felices o de Grecia, donde está el mayor número de infelices en Europa con un 24 por ciento.

Ahora bien, a pesar de que es un buen dato desde este punto de vista no podemos obviar que estamos lejos de Fiji y de Colombia, quienes el 93 y 90 por ciento de sus ciudadanos se sienten felices. Y lo que es más impactante, el continente más feliz es África (83 por ciento de sus habitantes se declaran felices), seguido de Asia (77 por ciento) y en furgón de cola, Oceanía, los países del Magreb y Europa Occidental. 

El informe me ha encantado leerlo, lo confieso. Es el resultado de preguntar a unas mil personas por país sobre su nivel de felicidad. Todos sabemos que la respuesta es subjetiva, que depende incluso del momento del día o de la temporada que estés atravesando. Pero más allá de ello, existe una conclusión interesante sobre la que reflexionar, como recoge Juan Morenilla en su artículo sobre el informe Gallup. Si África se siente más feliz que el resto de países con más posibilidades, en algo nos estamos equivocando con el progreso económico. En mi opinión, Europa está triste porque el recuerdo de la bonanza económica todavía planea sobre nuestras cabezas, además del desempleo y otras situaciones que estamos sufriendo en estos años de crisis. No vemos tampoco el futuro con el mismo optimismo que en África o Asia y seguramente se deba a que el margen de recorrido de estos continentes sea muchísimo más grande que el del Europa.

La insatisfacción brota cuando vivimos en la comparación con nuestros vecinos o, incluso, con nuestro pasado. Así sucede en las empresas: un empleado estará descontento cuando sepa que su compañero haciendo lo mismo cobra más. La sensación de equidad es intrínseca al ser humano, pero lo que nosotros podemos hacer es cambiar nuestro foco de comparación: en vez de mirar al vecino, mirar hacia dentro. La comparación con el pasado es un camino de infelicidad profunda. “El pasado pasado está”, dice el dicho popular; y en el caso de nuestra felicidad, deberíamos vivirlo a rajatabla. Pero para ello, necesitamos otros modelos, otras referencias. Necesitamos una educación sobre la felicidad, más allá de la que se nos enseña sobre el progreso económico (que está muy bien, no lo discuto, pero que jamás deberían sustituirse).

En definitiva, todos sabemos que la felicidad es un camino, y este se construye con nuestras decisiones, incluyendo con quién o con qué nos comparamos. Y la buena noticia es que este año nos sentimos más optimistas y felices.

Más datos sobre la felicidad en España según el informe:

  • El 55 por ciento de los españoles se sienten muy felices o felices (10 y 45, respectivamente); 34 por ciento ni feliz ni infeliz; y 8 por ciento infeliz o muy infeliz. Un 2 por ciento no saben o no responden.
  • Las mujeres se sienten más felices que los hombres (60 frente al 49 por ciento).
  • Los mayores de 65 años y los de 45 a 54 años, los más felices (63 y 62 por ciento).
  • Los desempleados o trabajadores a tiempo parcial, los más infelices (40 y 45 por ciento, frente al 63 de las amas de casa o el 60 por ciento de trabajadores a tiempo completo o jubilados).
  • Los de menores ingresos, los más infelices (43 por ciento)
  • Los españoles con menor educación son los más infelices (22 por ciento frente al 62 por ciento de los que han completado una educación superior).

Imagen: Jose Castillo

Recuperar la ilusión

Por: | 07 de enero de 2015

Ilusion

En la Noche de Reyes cuando acostamos a los niños, el de seis años estaba intranquilo porque no había incluido en su carta un regalo que quería. Su padre le dijo que no se preocupara, que cerrara los ojos, que pensara intensamente en lo que deseaba y que los Reyes, que también eran magos, sabrían leer su mente. Cuando el niño así lo hizo, nos sorprendió una lágrima que comenzó a discurrir por su mejilla. Era una expresión de ilusión, de pensar que un sueño podría conseguirlo con solo pensarlo. Es posible que las Navidades emocionen de un modo especial cuando tienes niños pequeños porque te conectan con una parte de tu propia infancia y con la ilusión que teníamos cuando esperábamos los regalos o cuando soñábamos con la magia. Pero más allá de esas fechas, es también posible que la ilusión sea una de las emociones que los adultos más necesitemos recuperar en nuestra vida.

En enero nos llenamos de objetivos, muchos de ellos parecidos años tras año: que si ir al gimnasio, que si buscar un nuevo trabajo o un nuevo proyecto, que si aprender esa afición que se nos resiste… Pero no sé cuántos de nosotros incluimos en nuestra lista de buenos propósitos recuperar la ilusión con la que nos enfrentamos a las cosas.

A veces parece que estar ilusionado no tiene buena prensa. De hecho, hasta la propia palabra tiene una acepción negativa, como recoge la Real Academia de la Lengua, que la define como “un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad”... El concepto iluso proviene de ahí. Sin embargo, la RAE también aporta una segunda acepción, como esperanza que nos resulta especialmente atractiva. Dicha esperanza está íntimamente relacionada con la felicidad.

La materia de la ilusión es puramente emocional. Se escapa de explicaciones racionales o justificaciones de ningún tipo. Simplemente se está y esa sensación es de fuerza, una fuerza que es capaz de darnos argumentos más que sobrados para explorar aquello que nos ilusiona. La ilusión por sí sola no construye proyectos o relaciones o nuevas empresas o nos lleva a realizar ese viaje con el que soñamos, pero sí que es el motor para movernos a conseguirlo. Y es posible que lo que realmente nos envejezca, más allá de lo que diga nuestro DNI, sea la pérdida de la ilusión de lo que hacemos, lo que tenemos o lo que somos. Por ello, es una buena idea incluir la ilusión como una de las intenciones para alcanzar o mantener a lo largo de este año que comienza. ¿Y cómo recuperarla si sentimos que la hemos perdido en algún momento?

Como hemos dicho, es puramente emocional, por lo que tenemos que responder a una pregunta muy sencilla: ¿Qué es lo que realmente queremos, qué es lo que nos hace vibrar por dentro? Esa respuesta ha de ser pura, más allá de lo que podamos alcanzar con nuestros recursos o alejados de nuestros miedos. No hay que responder pensando a priori: “Total, si no lo voy a lograr…”. Respóndete a ti mismo con sinceridad. Luego, ya vendrán las estrategias para conseguirlo.

La ilusión está íntimamente muy relacionada con la capacidad de sorprendernos. Recuerda por qué son tan emocionantes los Reyes Magos, porque llevan magia. Y dicha magia la podemos incorporar cada uno de nosotros en nuestra vida si somos capaces de asombrarnos con los ojos de un niño de todo cuanto somos y tenemos. La sensación de rutina, aburrimiento o hastío porque ya lo sabemos, es la antítesis a la ilusión y, por supuesto, a la felicidad. Tampoco se ha de centrar en los grandísimos proyectos, sino en cada uno de los pequeños pasos que logremos.

Y por último, la ilusión es una actitud que reside en todos nosotros. Nacemos con ella, por lo que simplemente, hemos de aprender a recuperarla. Los niños son unos buenos maestros en este camino y recuperar nuestras sensaciones amables de nuestra infancia o nuestra adolescencia, cuando nos dejábamos sorprender por todo cuanto nos sucedía, es un buen camino para aprender a ser felices ya de mayores. 

Imagen: Licencia Creative Commons, Sergio Alcántara

Los post que más han gustado en 2014

Por: | 22 de diciembre de 2014

TOP5

Va terminando el año y no podía despedirme del 2014 sin agradecer todo el apoyo de las personas que leéis el “Laboratorio de la Felicidad”. Sois vosotros los que hacéis que las reflexiones e investigaciones en torno a felicidad puedan ayudar a más personas cada día y le otorgue un sentido a este trabajo. Gracias de veras.

Como cierre de este año y de los 55 artículos que hemos publicado a lo largo del 2014, a continuación recojo los cinco que más os han gustado, según los “me gusta” de Facebook.

Solo me resta desear unas Felices Fiestas y un mejor 2015. A la vuelta regresaremos con más reflexiones.

1. La felicidad comienza a los 50, con 15.439 Likes

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A más edad, más felicidad. Tal afirmación se sustenta en recientes investigaciones que acaban con el mito de que la vejez es sinónimo de decadencia. No obstante, es cierto, tal y como asegura Laura Carstensen, del Centro de Longevidad de Stanford, que la vejez conlleva la aparición de algunas dificultades: descenso de estatus, menos ingresos económicos, enfermedades… Pero no todo son pérdidas, también hay ganancias: disfrutamos de los aprendizajes de la experiencia y del conocimiento adquirido, al tiempo que mejoramos en los aspectos emocionales. Seguir leyendo…

 2. El arte de simplificar la vida, con 12.346 Likes

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El hombre más rico del mundo no es feliz. Así lo confesaba Jack Ma, el fundador de la empresa china Alibaba, la compañía más sexy en los mercados financieros, en una entrevista concedida en la CNN. Los motivos son varios: la presión que ha vivido en los últimos meses con su salida en bolsa, la carga de las expectativas sobre él, el deseo de no decepcionar a otros; lo más importante, la dificultad para poder ser él mismo. Más allá de que el dinero no nos haga felices pasado un umbral, y de lo que hemos hablado en otra ocasión, algo que nos secuestra por dentro es la complejidad en agenda. Y no hace falta ser Ma, Gates o cualquier magnate, para comprobar en nuestras propias carnes que la serenidad interior va muy de la mano de la felicidad y aquella no se alcanza sino simplificamos un poco nuestra vida. Seguir leyendo…

3. Lo que hacen los mejores jefes según Google, con 10.701 Likes

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Si una empresa de este planeta sabe estrujar los datos para extraer conclusiones esa es Google. Y si esta empresa se toma en serio estudiar qué dicen sus datos internos para saber cómo son sus mejores jefes, tenemos como resultado un perfil detallado del mejor líder. Pues bien, eso fue lo que hizo hace unos años esta compañía clásica de ingenieros y se llevaron alguna grata sorpresa. Seguir leyendo… 

4. No hacer nada desarrolla nuestro cerero, con 9. 178 Likes

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¿Qué estaba haciendo Newton cuando descubrió la teoría de la gravedad? Según su biógrafo, el científico estaba descansando debajo de un árbol y la caída de una manzana le inspiró. Einstein tuvo un sueño de adolescente en el que se veía descendiendo en un trineo a la velocidad de la luz. Aquella imagen fue la clave para formular años después su teoría de la relatividad. Parece que los grandes avances científicos llegan cuando los investigadores introducen mucha información al cerebro y se toman espacios de relajación. En dichos espacios, aparecen los “momentos ajá”, cuando se nos ocurre aquello que llevamos tiempo dándole vueltas y no sabíamos cómo abordarlo. La explicación la tenemos en nuestra mente. Cuando no hace nada, también trabaja. Y lo que es más importante, si queremos ser creativos tenemos que aprender a “hacer nada”, como explica maravillosamente Marta Romo en su libro “Entrena tu cerebro”. Seguir leyendo..

5. Dónde está la cultura del esfuerzo, con 8.131 Likes 

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Un amigo mío me contó la siguiente anécdota: Iba en el coche con sus hijos, salió a echar gasolina y al regreso, el niño mayor de seis años comenzó a gritar enfadado porque no le había comprado unas patatas fritas. El padre arrancó el coche y el niño gritó aún más. Cuando se le pasó el berrinche, después de casi 30 minutos, le dijo al padre: “Tú siempre me has dicho que puedo conseguir todo aquello que me proponga. Yo quería unas patatas y tú no me las has dado”. Y aquí está el principal problema de la educación a las futuras generaciones: se confunde el esfuerzo con el capricho. La psicología positiva nos enseña que podemos soñar, que debemos luchar por los que anhelamos, pero todo ese camino no está exento de trabajo y de esfuerzo. El mero deseo no es suficiente. Las cosas debemos ganárnoslas. Y desgraciadamente, no parece que se esté enseñando a los niños a conseguir las cosas por el esfuerzo y no “porque yo lo valgo”. Seguir leyendo …

Laboratorio de Felicidad

Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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