“La felicidad no es un lugar, es un camino”

Por: | 22 de noviembre de 2014

CintilloHEROES

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Comenzamos con nuestra serie de héroes cotidianos, personas que han compartido su experiencia vital y qué han hecho para reencontrarse con ellos mismos o superar obstáculos. La sección la inaugura Eduardo. Su historia nos hace comprender cuál es el precio de la intensidad o del olvido de sí mismo llevado a una adicción. Gracias a un acontecimiento importante, abre lo ojos y comienza su camino de superación. Sin duda, es un gran ejemplo de cómo las dificultades pueden despertarnos y cómo es importante pedir ayuda para afrontar nuestros desiertos y aprender a reinventarnos.

 

“Me anestesiaba bebiendo y trabajando… nada raro en el mundo de la gran corporación donde un alto porcentaje de ejecutivos son alcohólicos funcionales”. Es la experiencia de Eduardo Espinosa, ex directivo de multinacional, que llegó a ser vicepresidente de la filial mexicana de una de las grandes tecnológicas, gracias a sus excelentes resultados. Sin embargo, su gran reto no fue lograr más beneficios, sino cambiar la creencia en la felicidad de las cosas materiales por la felicidad asentada en la tranquilidad, el amor a sí mismo y a los demás.

Antes de asomarse al abismo, Eduardo se sentía un dios del Olimpo: viajes en Business Class, hoteles de lujo por toda América y, ocasionalmente, por Europa y Asia, en un trabajo que él vivía como un desafío tecnológico, generación permanente de estrategias comerciales y entretener a clientes en largas comidas o cenas. Tenía el empleo de sus sueños en la mejor empresa del mundo. Se sentía envidiable y si le preguntaban cómo se sentía, su respuesta no tenía fisuras: feliz. “Creí que el éxito profesional era lo único que contaba.  En el mundo corporativo te premian por lo que nos hace fracasar en la vida. Fui creando una imagen ficticia de mí… no sé cuándo me perdí y dejé de ser yo”.

Hasta que un día su esposa le enfrentó con la otra realidad: divorcio. A Eduardo le costó comprender que su mujer no quisiera seguir con él, ¡si no le faltaba de nada! Lo tenía todo… excepto a él. Cuando se dio cuenta cómo había provocado una segunda separación y perder a su familia, llegó a pensar en el suicidio. Había arruinado todo lo que había prometido cuidar, -rememora.

“En esos días, una psicóloga con más ética que ambición económica me dijo que ella no podía con mi caso. Que mis problemas de estructura de personalidad eran tan serios que mi única esperanza era vivir una “experiencia” a la cual me invitaba a asistir.  Yo pensé que era una torpe y que era inconcebible que se atreviera a decir “no puedo””. A pesar de sus resistencias, Eduardo asistió y vivió una experiencia originalmente concebida para adictos dentro del programa de Alcohólicos Anónimos (AA), que le permitió revisar y sanar a fondo su historia personal. Comenzó su verdadero camino hacia la felicidad.

Regresó a su casa, pidió perdón y una nueva oportunidad pero desde la certeza de que podría sobrevivir a cualquier decisión de su esposa, que aunque le doliera se recuperaría. Su mujer accedió y hoy Eduardo reconoce que vive lo que nunca hubiera creído posible en una relación de pareja “en la que se pone el corazón por delante”.

Desde entonces, 2009, los cambios han sido muchos. Trabaja en una empresa mucho más pequeña, “integrada por personas de buen corazón y con una forma de vida basada en la ética”. Cinco años después, sigue asistiendo a un grupo de AA para seguir trabajando sus temas de vida. “Ahora creo empezar a ser un hombre que sabe amar y se deja amar”.

Eduardo, ¿qué te dió la voz de alarma?

Me empecé a dar cuenta que mi relación con mis padres era casi nula, tenía pocos amigos de verdad y la alerta más seria fue cuando mi esposa ya no quería vivir conmigo.

¿Da vértigo dejar el éxito?

Hay cosas que se extrañan pero es muy placentero simplificar la vida al hacerla menos glamurosa.

¿Qué aprendiste en los programas AA?

En AA he aprendido a ser más humano, a compartir el dolor de otros y a dar más que a recibir. He aprendido, sobre todo, que soy uno más y que eso está bien… que hay un plan superior que es perfecto y que soy parte de él. Me defino como alcohólico, adicto a relaciones destructivas y adicto al trabajo. En AA esas enfermedades son de por vida. No hay algo tal como un ex alcohólico o ex adicto al trabajo… es un programa de paradojas que han ayudado más que cualquier otra forma de ayuda (al menos, a adictos).

¿Qué te ha enseñado la vida?

Que la felicidad es la única meta a perseguir; que la respuesta a todo es el amor y el perdón; y que dando es como recibimos.

¿En qué se diferencia tu felicidad de hoy de la de tus años de éxito?

Antes mi felicidad era obtener cosas materiales y lograr reconocimiento. Hoy mi felicidad se basa en la paz interior, en el amor a mí y a los demás, en conocer quién soy de verdad y aceptarme así. Dice el Paso 12 del programa de AA: La verdadera ambición no es lo que creíamos que era. La verdadera ambición es el profundo deseo de vivir útilmente y de andar humildemente bajo la gracia de Dios.

¿Qué has descubierto con este cambio?

Qué la vida es mucho más simple y placentera.

¿Qué es para ti lo realmente importante?

Lo realmente importante en la vida no se compra con dinero. Es poder disfrutar estar solo conmigo mismo. Es poder disfrutar esos ratos de compañía con mis seres queridos.

¿Qué dirías a otra persona de éxito pero con una vida vacía?

Que despierten y no sigan comprando el engaño de creer que somos aquello que las corporaciones piden. Que recuperen la inocencia del niño que fuimos y que hacía las cosas que realmente amaba. Que vivan creyendo que se puede vivir en equilibrio y que al final, lo que nos llevamos en el corazón es lo más valioso (no lo que se puede guardar en una cuenta de banco o colgar en una pared).

¿En qué consiste tu felicidad?

Hoy mi felicidad es tener equilibrio entre mi vida familiar, laboral y espiritual. Es hacer las cosas que disfruto y estar con las personas que amo.

¿Qué haces para alargar tu bienestar?

Continúo trabajando en grupos de autoapoyo con base en los principios de AA, compartiendo mi experiencia de vida y acompañando a otros en su proceso de despertar.  Al hacer esto, me puedo seguir conociendo y aprendiendo a amarme yo mismo. Mi bienestar se alarga por si solo pues aplicando la filosofía de AA, yo solo me ocupo del día de hoy.

¿Se puede ser feliz pase lo que pase en la vida?

Sí. El ser en equilibrio es independiente de las circunstancias. La estabilidad emocional se pone a prueba cuando las cosas no van bien, pero es posible transitar por lo más difícil y mantener el equilibrio. Esto no quiere decir que la tristeza y la ira nunca existirán, pero puedo ser feliz aun cuando las circunstancias me lleven a estos estados emocionales.  La gente sigue muriendo y traicionando, pero mi equilibrio emocional no depende de eso.

¿La felicidad se hace?

Sí lo creo. Se ha dicho mucho que la felicidad no es un lugar sino un camino. Uno puede diseñar la felicidad y yo creo que puedo decidir ser feliz ahora mismo. Aceptando mis circunstancias y quien soy, soñando realidades deseadas y poniéndome en acción para lograrlas. La felicidad no es algo que pueda verse en futuro, la felicidad siempre es en presente.

¿Sabes ser feliz?

¡Estoy aprendiendo! Y cada día me sale mejor…

¿Dirías que eres feliz?

¡Sí! Hoy soy feliz de muchas formas… al ser un motivo de las sonrisas de mi hija y de la paz de mi esposa. Al permitir que mi niño salga a jugar cuando bailo con mi hija… 

 

Imagen: Licencia Creative Commons O.F.E.

El arte de simplificar la vida

Por: | 14 de noviembre de 2014

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El hombre más rico del mundo no es feliz. Así lo confesaba Jack Ma, el fundador de la empresa china Alibaba, la compañía más sexy en los mercados financieros, en una entrevista concedida en la CNN. Los motivos son varios: la presión que ha vivido en los últimos meses con su salida en bolsa, la carga de las expectativas sobre él, el deseo de no decepcionar a otros; lo más importante, la dificultad para poder ser él mismo. Más allá de que el dinero no nos haga felices pasado un umbral, y de lo que hemos hablado en otra ocasión, algo que nos secuestra por dentro es la complejidad en agenda. Y no hace falta ser Ma, Gates o cualquier magnate, para comprobar en nuestras propias carnes que la serenidad interior va muy de la mano de la felicidad y aquella no se alcanza sino simplificamos un poco nuestra vida.

Se ha vendido una imagen de éxito que no corresponde con la serenidad interior. Parece que debemos estar muy ocupados para sentirnos importantes o para que otros piensen que trabajamos mucho. Y es una trampa. Pretender dar esa imagen nos impide disfrutar de los pequeños momentos con nuestras familias o simplemente, paseando por una calle; y lo que es peor, nos obliga a forzarnos a algo que no somos necesariamente. Ya sabemos: traicionarse a uno mismo es una pésima apuesta para ser feliz.

Otro motivo por el que nos embarcamos en tener una vida compleja está relacionado con la búsqueda de la intensidad. Hay personas que adoran hacer un sinfín de cosas, que no pueden estar paradas y que necesitan una máxima actividad para sentirse vivas. Este es el comportamiento más habitual que reconocen directivos y mandos medios cuando les pregunto en los talleres de liderazgo sobre su principal dificultad. Y la intensidad es una respuesta de negación, es decir, de tapar problemas. Cuando una persona corre y corre, está huyendo de conectar consigo mismo. La búsqueda de la intensidad te obliga a no tener tiempo para ser tú mismo y eso, a la larga, te lleva a la infelicidad, como dijo Jack Ma, en esta entrevista.

Por ello, si queremos ser más felices tendremos que simplificar nuestra vida para disponer de tiempo para nosotros mismos y para saborear los momentos. Veamos algunas ideas para ello:

  • Identificar nuestras dificultades. No podremos simplificar nuestra agenda si previamente no reconocemos cuáles son nuestras barreras. Si seguimos necesitando dar una imagen de persona híperocupada o si la intensidad nos seduce, es difícil desprendernos de la complejidad. Por ello, si eres de las personas que tienes una agenda al límite y no encuentras momentos para saborear los momentos (y no importa que seas estudiante, ama de casa o empresario), párate a pensar un momento y pregúntate: ¿de qué estoy huyendo? Por lo que he observado muchas veces, a veces la respuesta a esa pregunta es una pareja, un trabajo o un tipo de vida, de la que no sabemos cómo salir y preferimos olvidarnos de ello a través de la acción.

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”

John Lennon.

  • Centrarnos en la esencia de las cosas y en las más importantes. La simplicidad pasa por aceptar desprenderse de lo superfluo a todos los niveles, desde un email, a un artículo, a una explicación de por qué hemos hecho algo o, incluso, a la hora de montar una empresa. Es decir, simplicidad es sinónimo de decir no. Es imposible mantener una vida sencilla si arrastramos miles de compromisos.
  • Olvidarse de la perfección. A veces nos llenamos de detalles para alcanzar la perfección y en esa búsqueda damos la espalda a lo sencillo, a lo que el otro puede comprender. No hace falta un sinfín de datos para demostrar que sabemos mucho, como ocurre en muchas organizaciones que se llenan de páginas y páginas de justificaciones para decir algo que se podría resumir en una sola. De hecho, la inteligencia más elevada se demuestra en la capacidad de hacer sencillo lo complejo para que pueda ser comprendido por todos y si no, recordemos del colegio las fórmulas de la teoría de la gravedad o de la termodinámica. Son enunciados sencillos que recogen años de estudio.

“La verdad siempre se halla en la simplicidad y no en la multiplicidad y confusión de las cosas”

Isaac Newton

  • Crear colchones de tiempo en nuestra agenda. Si seguimos estrujando el tiempo como si se tratara de un limón para llegar a mil y un sitios, nos iremos olvidando de nosotros mismos. En nuestro día a día, debemos encontrar los colchones de tiempo para los pequeños momentos que nos hacen sentirnos plenos. Y eso solo depende de nosotros mismos.

Imagen: Licencia Creative Commons, Katie Brady

 

No hacer nada desarrolla nuestro cerebro

Por: | 07 de noviembre de 2014

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¿Qué estaba haciendo Newton cuando descubrió la teoría de la gravedad? Según su biógrafo, el científico estaba descansando debajo de un árbol y la caída de una manzana le inspiró. Einstein tuvo un sueño de adolescente en el que se veía descendiendo en un trineo a la velocidad de la luz. Aquella imagen fue la clave para formular años después su teoría de la relatividad. Parece que los grandes avances científicos llegan cuando los investigadores introducen mucha información al cerebro y se toman espacios de relajación. En dichos espacios, aparecen los “momentos ajá”, cuando se nos ocurre aquello que llevamos tiempo dándole vueltas y no sabíamos cómo abordarlo. La explicación la tenemos en nuestra mente. Cuando no hace nada, también trabaja. Y lo que es más importante, si queremos ser creativos tenemos que aprender a “hacer nada”, como explica maravillosamente Marta Romo en su libro “Entrena tu cerebro”.

No necesitamos ser genios para tener “momentos ajá”. Cualquiera de los mortales podemos tener ideas creativas o encontrar la solución a nuestros problemas complejos. Tenemos más recursos inconscientes que conscientes, según David Rock, pionero en el mundo de neuroliderazgo. De hecho, solo hace falta echar un vistazo a los números. Nuestro cerebro representa un 2 por ciento de nuestra masa corporal y, sin embargo, consume un 20 por ciento del oxígeno. Cuando nuestro cerebro está realizando una tarea, “solo” dedica un 5 por ciento de la energía. ¿Y qué hace el 95 por ciento restante? Todavía sigue siendo un misterio, sin embargo, parece que continúa haciendo cosas en “modo ralentí” y vamos acumulando una serie de recursos inconscientes. Ahora bien, para acceder a nuestra “biblioteca de soluciones o de ideas” necesitamos una actitud especial, como explica la Spanish Resting State Network. Tenemos dos circuitos en nuestro cerebro: uno encargado de la atención y otro de la introspección. El acceso a nuestra biblioteca personal nos surge en el circuito de la introspección, el cual se activa cuando tenemos la mirada perdida, estamos ensimismados o estamos descansando. Es entonces cuando conectamos nuestro presente con nuestro pasado. Y lo más importante, el circuito mental de la atención y el de la introspección son incompatibles. Es decir, si estamos en la acción es difícil que surjan buenas ideas. Por eso, no es de extrañar que se nos ocurra esa solución a nuestros problemas cuando nos despertamos, vamos conduciendo o estamos relajados. Ni tampoco es de extrañar que los genios tengan fama de despistados. De hecho, Niel Bohr, quien enunció el modelo atómico, jugaba como portero en un equipo de Copenhague, pero se enfrascaba tanto en sus pensamientos que incluso, fue capaz de verse sorprendido por un gol en un partido mientras anotaba cálculos matemáticos en el poste de la portería.

El problema que tenemos de “hacer nada” es que nos sentimos culpables. La sociedad nos ha vendido la idea de que ser mejores es actuar y actuar y, desgraciadamente, muchas personas caen en el síndrome del hámster, en el que se corre y se corre en una rueda y no se llega a ninguna parte. Por ello, si queremos salirnos de lo habitual, desarrollar nuestra creatividad o, simplemente, encontrar una solución diferente a nuestros problemas, necesitamos no hacer nada. Veamos qué consejos nos ofrece Marta en su libro:

  1. Busca diez minutos al día de inactividad. No significa ver la tele, sino estar tumbados en el sofá, relajados en un parque y dejar que la mente vague sola.
  2. Apaga el móvil durante varias horas cada día o al menos, el fin de semana. Un problema para más de uno. La hiperconectividad de los dispositivos actuales no ayuda necesariamente a nuestro cerebro. Si queremos ser más productivos, necesitaremos tomarnos un descanso hasta del mundo.
  3. Elige tú tus tareas y que las tareas no te elijan a ti. Como siempre, la productividad es esencial. Si algo es importante, ha de estar en tu agenda.
  4. Permite el no hacer a los demás, ya sean colaboradores, hijos y pareja, incluida.
  5. Realiza alguna actividad placentera y manual al día, que te entretenga y no implique un esfuerzo intelectual elevado.

Imagen del libro "Entrena tu cerebro" de Marta Romo, Jose Castillo

El dinero no estimula la creatividad

Por: | 01 de noviembre de 2014

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Suponte que eres pintor y trabajas en dos cuadros: uno por encargo y otro sin ningún tipo de retribución, simplemente porque quieres. ¿Cuál tendría mejor calidad pictórica? Esta pregunta se la formuló Teresa Amabile, profesora de la Universidad de Harvard y una gran experta en creatividad. Junto con dos colegas, seleccionaron obras de 23 pintores profesionales: algunas habían sido por encargo, otras por voluntad propia. Posteriormente, fueron a críticos de arte y a directores de museos y galerías para que valoraran dichas obras. Y, sorprendentemente, aquellas que habían sido por encargo fueron consideradas mucho menos creativas que las que se habían pintado por voluntad propia. ¿Por qué? Las personas tenemos dos tipos de motivación: motivación extrínseca (dinero, prestigio, reconocimiento) y motivación intrínseca (aprendizaje, reto, diversión). Cuando se pretende que la creatividad se alcance por factores externos, esta no es plena. Y el motivo es sencillo: lo que nos hace dar lo mejor de nosotros mismos proviene de la pasión y, por tanto, de la motivación intrínseca. Así lo explica Daniel Pink, en uno de los libros más interesantes sobre el comportamiento humano de los últimos años, “La sorprendente verdad sobre qué nos motiva”. Veamos otro estudio.

En la escuela del Art Institute of Chicago en la década de los sesenta clasificaron a los alumnos de último curso conforme a si les movía su motivación extrínseca o intrínseca. Veinte años más tarde, analizaron sus carreras profesionales y aquellos pintores y escultores motivados por dinero o prestigio tuvieron menos éxito, que aquellos motivados intrínsecamente, lo que no deja de resultar paradójico: en el mundo de la creatividad el hecho de que no te motive el dinero te puede ayudar a alcanzarlo pasado el tiempo

“El problema de convertir una gratificación externa en el único destino importante es que hay gente que elegirá el camino más corto para alcanzarla, aunque eso signifique el camino menos noble”

Daniel Pink, escritor

Y no solo nos lleva al camino más corto, sino que si solo nos motivamos por dinero, cuando desaparece la tarea deja de interesarnos. Así lo demostró Deci, un gran psicólogo e impulsor del estudio de la motivación intrínseca. Dividió a un grupo de estudiantes en dos equipos: A y B. Ambos equipos tenían que montar unas piezas con una cierta dificultad. En medio de la sesión, Deci se ausentaba con un pretexto, les daba un descanso y analizaba durante esos ocho minutos si los grupos seguían entrenando para mejorar o por si el contrario, se entretenían con otras cosas. Las pruebas las hicieron en tres ocasiones. El grupo A no recibió ninguna recompensa en ninguna de las tres sesiones. El grupo B no recibió tampoco ninguna compensación económica en la primera ocasión. Sin embargo, en la segunda sesión les motivaron con el equivalente a seis dólares por persona si eran capaces de realizar la prueba. En dicha ocasión, cuando el psicólogo se ausentó, en el tiempo de descanso el grupo B se esmeró en practicar para ganar el dinero. Sin embargo, lo apasionante ocurrió en la tercera sesión. El grupo A seguía sin tener ninguna recompensa económica; sin embargo, el grupo B que había sido anteriormente retribuido, se le dijo que ya no había más dinero y que, por lo tanto, tendrían que hacer la prueba por “amor al arte”. ¿Y qué ocurrió durante el descanso? Pues que el grupo A le dedicó incluso más tiempo (podrían estar aficionándose al juego), pero el grupo B dejó de entrenar como lo había hecho la segunda vez e incluso ¡menos que la primera, cuando se habían encontrado por primera vez con el juego! Sorprendente el resultado, ¿verdad?

“Cuando se emplea el dinero como recompensa externa a alguna actividad, el sujeto pierde interés intrínseco por la actividad”

Edward Deci, Universidad de Rochester

La magia de la motivación intrínseca no siempre se ha tenido en cuenta en la educación o en el mundo de la empresa. Hemos pretendido que las personas desarrollen su talento a través de reconocimientos externos (ranking en las escuelas, incentivos económicos en las empresas), pero la ciencia está demostrado que de cara a la creatividad y a aquello que sale de los estándares, resulta mucho más eficaz fomentar la pasión a través de los retos o los espacios de trabajo motivantes. 

Imagen: Chris Potter, creative commons

La hormona del amor y sus curiosidades

Por: | 26 de octubre de 2014

Oxitocina

En 1953 se secuenció la hormona por la que nos sentimos en las nubes cuando estamos enamorados o que las mujeres generamos en cantidades industriales cuando damos a luz. Esta hormona es la oxitocina, responsable de las conexiones humanas, del optimismo, de la confianza, de la generosidad, del placer… Y de un largo etcétera de bondades. Y es también la responsable de ciertas curiosidades cotidianas, que nos pasan en el día a día. Veamos algunas de ellas.

Por qué una caricia sutil ayuda a sacar a bailar a un(a) extraño(a)

La oxitocina nos hace sentirnos bien. Nuestro cerebro la genera pero nosotros conscientemente también somos capaces de producirla como demuestra la ciencia. Cuando recibimos un abrazo o simplemente, cuando estrechamos la mano de alguien que nos agrada, generamos pequeñas dosis de nuestra hormona protagonista. De ahí que en general, si deseas sacar a bailar a alguien, existan más probabilidades de que acepte si le tocas ligeramente el codo, según el doctor Albert Figueras (obviamente, el contexto ha de ayudar un poco y la forma en que se haga, también).

Por qué los hombres se quedan dormidos después del orgasmo

La oxitocina se relaciona también con el deseo sexual. Todavía queda mucho por avanzar en estos estudios, pero parece que nuestra hormona protagonista está correlacionada con el deseo de mirar al otro, de estar con la pareja e, incluso, de la erección. El orgasmo genera además altas dosis de oxitocina, pero lo que es curioso es que la respuesta de hombres y mujeres difiere, como seguro que más de uno habrá “sufrido”. El neurocientífico francés, Serge Stolerú, escaneó el cerebro de hombres antes, durante y después del acto sexual. Su conclusión fue reveladora: cuando llegamos al orgasmo, comienza una secreción masiva de oxitocina y serotonina, que en el caso de los hombres les sumerge en un profundo sueño a diferencia de sus compañeras, que no se ven tan sucumbidas por Morfeo… al menos, según las estadísticas. Conforme a un estudio a nivel europeo realizado por The Vitality Show a 10.000 hombres, el 80 por ciento reconocieron que se quedaban dormidos tras el orgasmo e incluso, un 48 por ciento admitieron haberlo hecho alguna vez durante el acto… En fin, ya tenemos la explicación científica. 

Por qué de enamorados somos más generosos

Nos vamos a otra investigación. En este caso nos centramos en una en la que se pidió a un grupo de voluntarios que negociaran dinero con un extraño. A unos de ellos, se les suministró dosis de oxitocina, mientras que al otro se les dio un placebo. Los investigadores observaron cómo era la negociación que hicieron ambos grupos y aquellos que tomaron oxitocina fueron un 80 por ciento más generosos que a los que simplemente se les proporcionó un placebo. Por ello, no es de extrañar que cuando uno está enamorado sea más desprendido en sus actos. Nuestra hormona nos ayuda a ser más empáticos con el resto… incluyendo cuestiones monetarias.

Por qué los masajes reducen el estrés

Cuando uno se sumerge en el incómodo mundo del estrés, aumenta su presión sanguínea y el nivel de cortisol en sangre, lo que nos hace más proclives a las enfermedades, como hemos hablado en alguna ocasión. La oxitocina es un buen antídoto, porque es capaz de reducir los niveles anteriores. Por eso, los masajes, que despiertan dicha hormona, son un buen remedio. Pero aún hay más con respecto a sus dulces efectos en nuestro cuerpo. Para los que sufren de problemas digestivos, el doctor Michael Gershon tiene una buena noticia. Según el presidente del departamento de Anatomía de la Universidad de Columbia y después de un estudio publicado en 2010, la oxitocina ayuda también a calmar la inflamación gastrointestinal y reduce en gran medida el riesgo de sensibilidad a los alimentos.

Por qué algunas mujeres pueden sufrir depresión post-parto

Nuestra hormona protagonista es la responsable de que el cuerpo de la mujer se prepare para el parto y para la lactancia, y de generar además emociones agradables durante la maternidad. Las mujeres con mayores dosis de oxitocina resultan más proclives a sonreír y a jugar alegremente con sus bebés, según James F. Leckman, de la Universidad de Yale en New Haven. Sin embargo, las mujeres con bajas dosis tienen más riesgos de contraer depresión después de dar a luz.

La oxitocina actúa en los lazos parentales y no solo en las madres, sino también en los padres. De hecho, según otra investigación, los hombres que recibieron una bocanada de aerosol de oxitocina fueron más propensos a animar a sus hijos para que exploraran cosas nuevas mientras jugaban y a ser menos hostiles, comparados con los padres que recibieron una bocanada de placebo.

En resumen, la oxitocina nos ayuda a generar confianza, es saludable y nos introduce en emociones positivas, ¿por qué no generarla nosotros? Para ello, una buena propuesta que nos sugiere el doctor Albert Figueras consiste en darnos pequeños placeres como masajes, abrazos, una buena conversación o un poco de chocolate. Con todo ello, no resolveremos nuestros problemas, pero al menos y gracias a la oxitocina, la vida la veremos un poquito más fácil. 

Imagen: Jose Castillo y Matteo Martinello

Laboratorio de Felicidad

Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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