Cuál es la materia de nuestros sueños

Por: | 30 de junio de 2015

Sueños

Decía Shakespeare que “estamos hechos de la materia de nuestros sueños” y quizá tenga razón. Con nuestros sueños construimos futuros y vamos dibujando nuestras decisiones para poder alcanzarlos. Los sueños son nuestra brújula, pero esta no sirve por sí sola para realizar una travesía. Hacen falta recursos, aunque sea de tiempo, arriesgar, cruzar acantilados que unen lo real con lo deseado y, a veces, la ayuda de otras personas. Y además de todo lo anterior, requieren de una gasolina especial: nuestra pasión y nuestra fuerza para despertar ese ser nuestro invencible, que no “hay quien lo pare”, como dice Mario Alonso Puig, escritor y conferenciante. Esa misma pasión que ayudó a Steve Jobs a levantarse de las múltiples caídas, como reconoció poco tiempo antes de morir.

Cuanto más nos enamore nuestro sueño, más capacidad tendremos de seducirnos y de arriesgarnos en ese acantilado que a veces puede parecer un foso con cocodrilos en forma de miedos. Por ello, necesitamos sueños que nos cautiven, que nos despierten por dentro. Sin olvidar que ayudar a otros es también un bonito sueño, que nos hace especialmente felices, como se demostró en la Universidad de Israel. Uno de los colectivos que generalmente reciben ayuda son los discapacitados mentales. En dicha universidad se desarrolló un proyecto distinto: se pidió que fueran ellos quienes ayudaran a otras personas. Pasadas varias semanas, se comprobó que sus índices de satisfacción personal habían incrementado considerablemente. No cabe duda que ayudar a otros nos da alas para sentirnos más plenos, por eso, nuestra felicidad no solo se ha de basar en conseguir nuestros sueños sino en ayudar a otros a que también los alcancen. Pues bien, con esta filosofía, tenemos una aplicación para móviles, ‘Feeldreams’, - www.feeldreams.org -, gratuita y sin ánimo de lucro, que nos permite hacer una radiografía de la materia de nuestros sueños y, por qué no, de ayudar a otros. Y el padre de la criatura es, cómo no, un soñador.

Jesús Vega ha sido capaz de atravesar múltiples “acantilados” en su propia vida personal. Fue director de Recursos Humanos en Inditex y dejó todo para dar la vuelta al mundo con una mochila. Años después, se ha lanzado a crear una aplicación, que tal como la define su creador, “sirve para prestar atención a las pocas cosas que son importantes en la vida: que se cumplan nuestros sueños”.

‘Feeldreams’ lleva poco tiempo en el mercado pero ya recibe los sueños de más de cuatro mil personas de diferentes partes del planeta. Lo bonito de esta app es que está basada en la colaboración. Cada usuario puede incluir su sueño, y son los demás usuarios los que le ayudarán a conseguirlo. Cuanto más ayuda proporcione cada usuario a otras personas, aumentará proporcionalmente su ‘karma’, y sus deseos se harán más visibles a los demás.

Esta iniciativa nos ofrece datos muy curiosos que nos ayudan a conocer con qué soñamos, ya que divide en categorías nuestros sueños. ¿Y con qué lo hacemos? La formación y el empleo ganan la puntuación con un 24 por ciento. Muchos mensajes se dirigen a conseguir un trabajo mejor o a estudiar fuera del país de origen. El siguiente grupo ganador son los viajes, con un 11 por ciento; seguido de dejar una huella social y mejorar nuestro ocio, con un 10 por ciento. Termina el ranking el amor (9%); la aventura (8%); el arte y cultura (8%); los deportes (6%) y el resto, otros. Por tanto, no es de extrañar que en una situación de crisis o de salida de la misma, las personas que no tengan trabajo lo anhelen, muy por encima de cualquier otro sueño. Así pues, parece que la materia de nuestros sueños tiene un punto de partida importante: en la medida que podamos cubrir necesidades básicas, seremos capaces de dejar nuestra imaginación volar con más fuerza.

“El futuro pertenece a quien cree en la belleza de sus sueños”

Anna Eleanor Roosevelt

En definitiva, todas las personas tenemos la capacidad de soñar, es algo que rejuvenece nuestra alma. En la medida que nos ilusionemos con nuestros sueños, podremos encontrar la fuerza para tomar decisiones; y en la medida que ayudemos a otros, podremos sentirnos mucho más satisfechos con nosotros mismos. Ojala todos nos atrevamos a verbalizar nuestros sueños y a tener el coraje de atravesar los acantilados que nos separan de ellos.

Fuente imagen: iSockphoto

Vuelve a besar a ese espejo que te refleja

Por: | 22 de junio de 2015

Belleza-espaciomenteysalud.

La presión es absoluta, casi asfixiante. Hasta hace poco era un problema prácticamente reservado a las mujeres, pero hoy afecta a los hombres en la misma medida. Aunque parezca sorprendente, estoy hablando de belleza. O mejor dicho, del ideal de belleza como objetivo prioritario, esa meta inalcanzable que nos ha convertido en esclavos absolutos, en inconformistas natos y casi en depresivos en potencia.

Si abrimos un poco los ojos, si analizamos con más detenimiento todos los elementos que nos rodean, podremos entender por qué hemos llegado hasta aquí, ya que rápidamente caeremos en la cuenta que desde que nos levantamos hasta que nos metemos en la cama, nos inundan, nos bombardean con ideales de belleza, de atractivo irresistible, de sexo sin límites, de sensualidad abrumadora, de erotismo sin medida, de delgadez extrema… Siempre en busca de la perfección del cuerpo… Y no, la perfección no existe, o por lo menos no es eso, así que cambiemos de objetivo y dejemos de buscarla en escaparates.

Los alimentos integrales los protagonizan modelos maravillosas, (que lo último que necesitan es adelgazar), los anuncios de perfumes son el paraíso de la belleza, de las poses imposibles y de las frases absurdas (habitualmente en francés); los aparatos mágicos adelgazantes son mostrados al público por hombres que parecen necesitar un descanso del gimnasio más que perder peso; los coches, los helados, los smartphones de última generación, los centros comerciales, las clínicas dentales con sonrisas perfectas... Todos los sectores, o casi todos, utilizan a personas bellas o muy bellas para tratar de vender sus productos.

Lejos del mundo de la publicidad ocurre lo mismo. Si paramos un segundo en un kiosko, podremos reconocer en las portadas de casi todas las publicaciones el uso abusivo de Photoshop para estilizar o hacer más bellos o atractivos a las, o los, modelos que ya de por sí lo son. Y las pocas revistas que no lo hacen no atienden a razones de ética precisamente, deciden no retocar porque su éxito radica en reírse de los pequeños ‘defectos’ de los famosos, incluyendo viñetas despectivas o flechas que señalan celulitis, estrías o barrigas. Ya no nos extraña porque estamos acostumbrándonos, o nos han programado poco a poco para ello, a reírnos de los pequeños defectos, a hacer mofa del menos agraciado, cuando la belleza física es tan traicionera que siempre, sin excepción, acabará abandonándonos a todos.

Toda esta locura que nos rodea se ve reflejada en los alarmantes datos que aporta la psicóloga especializada en el estudio de la salud, Phillipa Diedrichs: Más de 10.000 personas acuden cada mes al buscador Google para teclear lo siguiente: ¿soy feo?; seis de cada diez niñas no hacen cosas relevantes para su desarrollo porque se sienten feas; el 31% de los alumnos no se atreve a participar en clase por miedo a que critiquen su aspecto, mientras que el 17% de las mujeres deciden no ir a una entrevista de trabajo si ese día no se sienten cómodas con su apariencia. Este tipo de datos sí son feos.

Como recuerda Meaghan Ramsey, directora de la firma de cosméticos Dove, (una de las pocas compañías que decidieron realizar campañas en defensa de las proporciones reales de la mujer), casi todos durante la infancia damos besos al espejo cuando nos vemos reflejados, pero hay algo que cambia con los años, y ese mismo espejo comienza a convertirse en enemigo.  

En ese periodo de transición entre gustarnos y no tanto, la tarea de los padres es esencial a la hora de construir en los niños una autoestima vigorosa, donde evitar  los comentarios despectivos hacia el físico o no exaltar ídolos de calendario se convierte en esencial.

Pero esta reflexión no es contradictoria con el hecho de cuidar la imagen como un aspecto muy importante de nuestra vida y nuestra salud, pero sin que se sitúe en lo alto del podio de las prioridades vitales, ya que solo nos puede traer problemas.

Cuba quizá no sea un modelo a seguir como país en algunos aspectos, pero en este sentido sí lo es. En un territorio donde no existe la publicidad como la entendemos en Europa, la gente ha aprendido a gustarse y a quererse tal como son desde muy pequeños. La gran mayoría crece sintiendo orgullo por el cuerpo en el que le ha tocado vivir y esa virtud les proporciona una gran seguridad en sí mismos. Y es ahí cuando esa cualidad se convierte en seducción, se convierte en poder.

Precisamente sobre este aspecto, la polifacética Chen Lizra (bailarina, conferenciante, emprendedora…) pone el foco en la importancia de la seducción, por encima del culto a la belleza. Para Lizra la seducción se puede convertir en “una herramienta vital, porque todos tenemos el poder de seducir, solo hay que sacarlo. El concepto de seducir, siempre asociado de forma negativa a la sexualidad, debe cambiarse al lado positivo, que lo tiene. Es como el dinero, puede ser bueno o malo, dependiendo de cómo lo uses, pero la seducción asociada a la lealtad e integridad, y al cuándo y cómo adecuado, es un arma valiosísima”.

Chen Lizra pone en valor la seducción porque, afirma, es una mezcla de confianza y autoestima a la hora de conseguir lo que queremos, condimentada con control del lenguaje corporal e incitación. Este último punto es, además de en el plano personal, realmente importante en algunas profesiones relacionadas con la publicidad o el marketing, ya que saber seducir al cliente o al consumidor es un arte que diferencia a una empresa de otra en su camino al éxito.

El cantante Rosendo afirmó hace un tiempo que no se cambiaría por nadie a pesar de su etiqueta de poco agraciado porque “mi fealdad es muy mía, estoy orgulloso de ser feo”. Seamos como somos, intentemos mejorar, estar sanos y busquemos la belleza con cabeza, pero antes de nada, seduzcámonos a nosotros mismos porque así podremos seducir al mundo sin mirarnos en el espejo que nos impongan. Porque la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.

Fuente imagen: belleza-espaciomenteysalud

 

Concedámonos el permiso de ser humanos

Por: | 15 de junio de 2015

Permisoserhumano

A menudo pensamos que nuestro camino hacia la plenitud ha de labrarse en torno a la eliminación de elementos negativos. Creemos que en el momento que toquemos con las manos la felicidad, automáticamente nos liberaremos de sensaciones sombrías como el dolor, la tristeza, la pena… Y precisamente puede que sea esa la razón por la que no la alcanzamos, porque jugamos con una teoría de base errónea. Quizá es esa tesis equivocada la que nos hace frustrarnos, la que nos hace pensar que no lo conseguiremos, la que nos aleja de ese nirvana que habitualmente imaginamos cuando nos recreamos en el concepto de felicidad.

El experto en psicología positiva Tal Ben-Shahar, que lleva años abordando este aspecto con enorme determinación, asegura que solo hay dos tipos de personas capaces de anular los malos sentimientos, esos malos momentos que la vida nos trae de vez en cuando: los psicópatas y los muertos. Desde luego que visto así nadie querría situarse en ninguna de esas dos categorías. Todas nuestras emociones fluyen por la misma tubería emocional. No existe un conducto para lo bello y otro para lo feo, no hay cañería de alegría y otra paralela de pena. Todas las emociones se manifiestan por el mismo lugar, lo que produce que en el momento que bloqueamos las malas, sin querer hacemos lo mismo con las buenas. Este hecho se entiende perfectamente cuando vemos a un bebé llorar de forma desconsolada y, acto seguido, reír a carcajadas. O bien cuando aceptamos que un padre puede llegar a sentir algo de envidia por el plano prioritario que ha adoptado su hijo en su vida en pareja, al mismo tiempo que siente un amor descontrolado hacia él o ella. Es compatible, y lo es porque es humano.

Por eso Ben-Shahar nos invita en este camino a la felicidad precisamente a algo tan simple como eso, como otorgarnos el permiso para ser humanos. A concedernos el permiso a sufrir y disfrutar como formas compatibles de felicidad. Porque sería un hecho insólito, antinatural, raro, no sufrir por alguna de las desgracias que en nuestra vida a veces nos ocurren. Porque sufrir en un momento determinado, llorar o sentir rabia es tan humano como la felicidad. No hay nada malo en sentir envidia, celos, rabia… pero sí puede haber algo malo en nuestro comportamiento posterior en relación a estos sentimientos.

“Tratar de impedir que salgan las emociones negativas no hace sino intensificarlas y evitar que salgan las positivas. Hay que ser plenamente humanos”

Y sino, hagamos esta sencilla prueba: Si os pido que bajo ningún concepto penséis en un cisne rosa, ¿qué ocurre? Pues que como yo, seguramente de forma inmediata pensaréis en un cisne rosa. Solo cuando no tratamos de negar, cuando aceptamos que existen sensaciones o emociones negativas, éstas se debilitan y podemos vivir mejor, mucho más felices otorgando el valor que tienen los malos sentimientos en su justa medida. Porque como afirma la psicóloga Susana Méndez en su libro La bondad de los buenos sentimientos, “en la sociedad de la protección estamos íntimamente desprotegidos, pues hemos quitado de la paleta de colores emocionales sentimientos y emociones necesarios. Eliminamos los oscuros y nos queda un abanico especialmente colorido, casi chillón. El optimismo, la felicidad o el sentido del humor son tan necesarios como la frustración, la angustia, el dolor, la agresividad, la vergüenza o la culpa, pero estos últimos han sido suprimidos por considerarse negativos, olvidando que también tienen su razón de ser y su utilidad”.

Esta aceptación de base acaba convirtiéndose en el pilar más importante para una vida plena. Porque todos sentimos miedo, por ejemplo, pero si incluso así lo superamos y seguimos adelante, deja de ser miedo paralizante para convertirse en valentía, en coraje. Pero no basta con aceptar con resignación. El hecho de aceptar las limitaciones no debería convertirse en otro límite que nos imponemos, es decir, conocer nuestras debilidades, nuestros puntos negros ha de tomarse como un impulso para superarlos, en ningún caso un amarre a ellos.

La actriz Natalie Portman acudió hace unos años a su universidad, la de Harvard, para aconsejar a los futuros licenciados sobre su futuro laboral. ¿Qué les dijo? Pues exactamente esto, que utilizaran sus debilidades, sus limitaciones, en su beneficio.

“Cuando decidí rodar Cisne Negro (por la que recibió el Oscar), con todos los miedos que me generaba ese papel por no saber ballet, se transformó en una de las experiencias más gratificantes, porque pasé por alto mis limitaciones y valió la pena. Si me hubiera quedado anclada en ellas, no hubiera hecho esa película… o no hubiera dirigido mi propio filme que se presentó en Cannes” Portman de esta manera hacía buena la mítica frase de  Albert Einstein: “una vez que aceptemos nuestras limitaciones, iremos más allá de ellas”.

Porque las limitaciones están ahí, al igual que están  nuestros defectos, nuestras sombras… pero están ahí para que las aceptemos, para que las conozcamos y las dominemos, para que sepamos vivir junto a ellas. Solo así dejaremos salir por ese conducto compartido mucha más felicidad. Porque “por supuesto que no hay fórmula para el éxito excepto, tal vez, la aceptación incondicional de la vida y lo que trae” (Arthur Rubinstein). 

Fuente imagen: erase1vezqseera

Abre tu mente, ‘apadrina’ a un extraño

Por: | 08 de junio de 2015

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¡Cuántos genios ha dejado escapar la humanidad por los prejuicios! Las sociedades han ido avanzando a lo largo de la historia gracias a cambios producidos por personas brillantes, únicas en su tiempo, privilegiadas, iluminadas, incomprendidas… y casi siempre reconocidas mucho después. Pero el avance podría haber seguido un ritmo más alto de haber dejado brillar a todas esas personas a las que se condenó al olvido por ser mujeres, homosexuales o simplemente consideradas extrañas, no normales.

Alan Turing, padre de la inteligencia artificial y hombre clave para descifrar los códigos nazis durante la II Guerra Mundial, fue condenado en Gran Bretaña por “indecencia grave”. ¿Cuál fue su delito? Ser homosexual. Su tormento le llevó a quitarse la vida… y el mundo se perdió un científico brillantísimo. La condena tuvo lugar en 1952 y solo hace dos años, en 2013, el Parlamento intentó reparar socialmente su figura ‘perdonándole’ su pecado. Es solo un ejemplo, al igual que el gran Oscar Wilde, condenado a dos años de trabajos forzados por ser homosexual. Al igual que ellos dos ha habido cientos de miles de personas consideradas raras o extrañas en su tiempo que no han podido desarrollar su talento por las barreras que se les han impuesto. Hoy, aunque en menor medida, seguimos cayendo en ese gran error.

Si nos fijamos, muchas veces excluimos de nuestra vida casi de manera inconsciente a todo aquel que nos parece diferente a nosotros, o que no conecta con nuestras ideas, origen o estatus social. El prestigioso comunicador Mike Wagner lleva años estudiando los beneficios de acercarnos a esos extraños que nos rodean. Para Wagner, al conocer al diferente “en el peor de los casos podríamos hacer un amigo”.

Porque en el mejor de los casos, además de conectar en amistad, esa unión se puede transformar en avance social o empresarial. Según Wagner, “el cerebro humano consume, como máximo 40 watios, menos que una bombilla, y cuando mejor reacciona es cuando entra en contacto con lo desconocido”. A este respecto, el economista y neurólogo Gregory Berns define nuestra cabeza como “un trozo de carne vago que ha de ser disparado para que preste atención”. Y ese disparo lo produce el contacto con el extraño, con el supuestamente raro.

Lo predecible, lo monótono no nos hace reaccionar, nos dificulta el proceso de creación y es por eso por lo que muchas empresas se han dado cuenta de ello y han comenzado a realizar trabajos de grupo, brainstormings, juntando a personas que no están acostumbradas a trabajar codo con codo y que son bien diferentes. Los resultados son excelentes en cuanto a generación de nuevas ideas y creatividad.

Este mismo hecho ha provocado que muchas compañías hayan suavizado los códigos de vestimenta o los horarios, con el único objetivo de atraer al mayor número de personas brillantes, sin importar si su forma de vida es convencional o no.

El chino Yo Yo-Ma, considerado uno de los mejores violonchelistas del mundo, afirmó en una ocasión que “las cosas buenas ocurren cuando conoces extraños”. Y no le falta razón. Solo en el mundo de la música, el cine o en la cocina, hay cientos de ejemplos de mezclas brillantes, de uniones aparentemente lejanas. Cuántas creaciones fantásticas han salido de unir estilos a priori imposibles de conectar, o de aunar juventud y experiencia, o de mezclar sabores sorprendentes que parecían enemigos. En la vida y en las empresas ocurre exactamente lo mismo. La mezcla hace la fuerza, solo suma, no resta y estimula exponencialmente la creación. Pero para ello, hay que atreverse.

Nos gusta quedarnos más en lo conocido, no explorar otros caminos y así, poco a poco, vamos adormeciendo nuestro cerebro. Por ello, una de las mejores opciones es despertar la curiosidad innata en los bebés y en nosotros, para atrevernos a ver más allá de las apariencias. Solo así daremos espacio a la diversidad (de verdad) y será un reto para nuestro talento.

Fuente imagen: mashable 

El trabajo de tu vida

Por: | 26 de mayo de 2015

 

Trabajo

¿Y si levantarse para ir a la oficina fuera algo apasionante? ¿Y si el dinero que percibimos fuera secundario? ¿Y si trabajar nos sirviera para ser más felices? Creedme, aunque parezca un tópico, para algunas personas esto es una realidad, porque no se levantan para ir a trabajar, sino que se levantan para ir a disfrutar. Dicho esto, os lanzo otra pregunta: ¿Por qué no nos movemos para estar junto a esos privilegiados? Desde luego que no es misión sencilla, pero se puede lograr.

El último informe Gallup sobre satisfacción laboral revelaba un dato bastante alarmante: Solo uno de cada ocho trabajadores en todo el mundo está contento con su trabajo. Y no es una encuesta realizada a la ligera, ya que se trata de resultados recogidos en 142 países y a 25 millones de trabajadores a lo largo del planeta. Los hay peores, pero España no sale muy bien parada. Hasta un 62 por ciento de los encuestados se muestran desconectados del trabajo que desempeñan, mientras que un 20 por ciento afirman sentirse muy desconectados. Solo un 18 por ciento está satisfecho. A nivel mundial el dato alcanza el 87 por ciento de personas “desconectadas emocionalmente de sus puestos de trabajo y con menos posibilidades de ser productivas”. En tu caso, ¿dónde te sitúas? Si estás en el primer grupo, sinceramente te felicito. Realmente no es fácil y es un motivo de alegría. En el caso de alinearte con los descontentos, todavía hay solución, no desesperes.

El primer paso es bien sencillo: Sentarse con uno mismo y hacer un ejercicio de análisis. Actuar por impulsos y mandarlo todo al garete no es la solución, primero hay que buscar dónde se esconde nuestra felicidad y, una vez encontrada, abandona pero con red. Ningún trapecista medio cuerdo está dispuesto a caer al vacío.

Ese tiempo de introspección es básico. Busca tu momento, se trata de pensar qué queremos hacer con una porción importante de nuestra vida, al fin y al cabo el trabajo es ese lugar donde pasamos la mayor parte de la semana, no es un tema menor. El trabajo es fuente de vida y satisfacción personal, o debiera ser así, en el momento que su desempeño provoca frustración, debemos pensar qué estamos enfocando mal. No se trata de buscar la felicidad en no hacer nada, o ser como el cómico Jerome Kaplka cuando dijo que “me gusta y me fascina el trabajo. Podría estar sentado horas y horas mirando a otros cómo lo hacen”. La cuestión es buscar nuestra felicidad en alguna tarea, y solo se encuentra en aquello que nos apasiona. Busquemos.

Scott Dinsmore’s es uno de ese grupo de elegidos que vive con pasión su trabajo, que no es otro que, precisamente, ayudar a los demás a encontrar su pasión. Porque todos la tenemos aunque a veces se refugie entre problemas, crisis, lamentos o vidas complicadas. En ese difícil camino, Dinsmore’s plantea tres pasos indispensables para localizar aquello que amamos, aquello que más nos gusta, o que mejor se nos da hacer. Pero antes nos invita a hacernos esta pregunta: ¿Por qué trabajas en lo que trabajas?

Una vez que tenemos una respuesta más o menos clara, nos marca tres pasos a seguir:

1. Conviértete en un experto de ti mismo. Si no sabes lo que quieres, nunca vas a encontrarlo. Debemos saber qué actividad nos gusta tanto que haríamos incluso sin que nos pagaran. Para ello podemos mirar atrás en nuestra vida y analizar en qué somos buenos. Normalmente se nos da bien esa tarea con la que más disfrutamos. Porque para Dinsmore’s la definición del éxito es una conjugación de fortalezas únicas, valores y experiencias. Hacemos las cosas que se supone que tenemos que hacer, que nos dicen que tenemos que hacer, pero debemos saber qué cosas nos hacen estar vivos.


2. Haz lo imposible. Olvida esa palabra porque todo es imposible hasta que alguien lo hace. Pero para conseguirlo, debemos atrevernos. Da vértigo, pero si quieres comprobarlo empieza por pequeñas metas. Comienza por medir tus límites y hacer realidad pequeños logros que pensabas imposibles. Adelgaza, finaliza esa carrera de 10 kilómetros, escribe ese libro que te gustaría, deja de fumar… Lo que te guste, lo que llevas tiempo pensando y no acabas por llevar a cabo. Son pequeños pasos, pero los bebés comienzan a andar así.


3. Rodéate de gente apasionada. Está demostrado que en equipo se puede conseguir mucho más. La energía se transmite, al igual que la negatividad. Busca energía y no toxicidad como empujón.

Búscate a ti mismo, da el paso y rodéate de corazones para encontrar tu ocupación, o como dice el autor Louis Barajas en su libro ‘Agotado, agobiado y mal pagado’ tu ocu-pasión. No  hace falta pasar a la historia con nuestro desempeño diario. No pretendamos ser Michael Jordan o Steve Jobs, simplemente hagamos algo que nos importe. Da igual si es pronto o es tarde, si eres joven o viejo, no pongas más excusas porque vivimos una vez. Si no estás feliz da el paso porque al final lo que importa no son los años de la vida, sino la vida de los años.

Laboratorio de Felicidad

Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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