Laboratorio de Felicidad

Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

Cómo impulsar la creatividad en un equipo

Por: | 28 de noviembre de 2013

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Hay equipos que son creativos y otros donde cualquier idea brilla por su ausencia. ¿Motivo? En otra ocasión hemos hablado que no hay ser humano recién nacido que no nazca creativo, sin embargo, hay entornos que favorecen más la generación de ideas que otros. Tiene que ver con el tipo de jefe que tengamos o con el ambiente que se respire en el equipo. Hay lugares donde se desarrollan conversaciones generativas, es decir, diálogos que son el embrión para lanzar un sinfín de propuestas; y otros donde la creatividad queda desterrada para los fines de semana o las aficiones. Sin embargo, si hay algo codiciado por una organización (empresa, asociación o equipo de fútbol) es la innovación y esta no se puede conseguir sin dosis elevadas de creatividad de cada una de las personas y del grupo en su conjunto.

Proponer nuevas ideas es un hábito. Es recomendable cada día atreverse a hacer algo distinto: ir al trabajo por un sitio diferente, cambiar nuestras rutina o leer cosas que no tengan que ver con lo que habitualmente hacemos. Nacemos con esa capacidad, pero también podemos desarrollarla y en el siguiente video se recogen 29 formas para lograrlo: 

Si además de nuestro trabajo individual estamos en equipos que nos ayudan a proponer nuevas ideas, el resultado será muchísimo mejor. Ya sabemos que la creatividad no nace del vacío. Surge de la interacción con determinadas personas, cuando accedemos a nueva información o cuando asociamos conceptos que parecían profundamente divorciados. Por eso, no es de extrañar que en los últimos años se haya desarrollado un nuevo concepto, creatividad colaborativa, que lista las claves necesarias para que un equipo dé lo mejor de sí mismo. Veamos algunas de las propuestas sugeridas:

1. Fomenta la interacción.

Trabajar con otras personas fomenta nuestra creatividad. Si además, tenemos retos, muchísimo mejor. La creatividad requiere despertar conexiones neuronales y eso solo se logra cuando nos encontramos ante un reto. ¿Y qué mejor manera que a través de nuestros compañeros de trabajo? Por eso, si quieres dar lo mejor de ti asegúrate que quienes te rodean te ayuden a ello.

2. Crea un ambiente familiar y seguro.

La familiaridad entre los miembros de un equipo genera grandes beneficios y mejora la eficiencia. Sería el equivalente a un equipo que juega un partido en casa. Se trata de crear vínculos seguros. Las llamadas entre ellos, los cafés, los descansos juntos, las comidas, los encuentros formales e informales, las redes sociales… Todo sirve para crear cohesión y comunicación constante. Los mejores equipos se comunican incluso más fuera de las vías de comunicación formales que en las reuniones de equipo. Recordamos que el miedo es la gran parálisis para la creatividad. Si pensamos que una idea puede hacer que descienda la espada de Damocles sobre nuestra cabeza, será muy difícil que digamos nada.

3. ¿Tu equipo es virtual? No hay problema.

No hay excusas porque el equipo sea virtual, se pueden alcanzar mejores resultados que incluso con algún equipo presencial. Eso sí, mantén el contacto a través del e-mail, las llamadas,  las videoconferencias y las redes sociales.

4. ¿Cuentas con introvertidos? Simplemente concédeles algo más de tiempo.

El equilibrio entre extrovertidos e introvertidos forja mejores equipos. Está comprobado que los extrovertidos se muestran más en las primeras fases de formación de un equipo, sin embargo, la aportación de los introvertidos aumenta con el paso del tiempo llegando incluso a superar a las personas más abiertas. Ten esto en cuenta y sé paciente con ellos al principio o contigo mismo, si tienes ese carácter.

5. No temas a las personas analíticas, su papel en el equipo es fundamental.

Los mejores equipos cuentan con al menos un miembro orientado al pensamiento analítico. Aunque pueda parecer que estas personas tiran por tierra las ideas de los demás, lo único que están haciendo es atarlas a la tierra. Lo que sí es recomendable es tratar que esa persona se muestre abierta en las primeras fases de creación y que reserve sus dotes analíticas para fases más avanzadas. Hay un momento para todo.

6. Más diversidad, más creatividad.

Los mejores equipos son diversos, incluyen tanto a hombres como a mujeres y a personas con diferentes procedencias, etnias, formas de pensar y áreas de expertise. Si tienes la oportunidad, fomenta la diversidad. Ya sabe que no siempre es fácil porque solemos sentirnos más cómodos con personas que son parecidos a nosotros. Pero ya lo hemos dicho: la creatividad nace de la búsqueda del desafío. Si todo es demasiado homogéneo, será difícil.

7. Emociones positivas.

La creatividad no surge en ambientes melancólicos o de miedo. Requiere de emociones más sexys, como la ilusión, el juego o el atrevimiento para ver las cosas de un modo diferente. Por eso, el equipo ha de ser un lugar donde todo lo anterior ocurra. El sentido del humor es un gran ingrediente, el reconocimiento del jefe y, por supuesto, darse pequeños permisos como equipo. Un día me contó un directivo de un empresa con una cultura muy tradicional una de sus reuniones más creativas. Fue con una firma de abogados para tratar un tema realmente aburrido. Aquel día le sorprendieron con un comienzo distinto: llevaron a sus oficinas refrescos e incluso, gominolas y en un tono mucho más desenfadado del habitual, surgieron muchas propuestas diferentes al problema con el que llevaban tiempo para intentar dar con la solución. Por supuesto que para ser creativos hace falta más cosas que gominolas. Ya lo sabemos. Pero en el fondo, es un ejemplo de cómo cuando sorprendemos de modo amable, podemos conseguir resultados diferentes. 

Fórmula:

Los equipos son creativos sin se combinan formas de pensar diferentes, emociones positivas y entornos familiares y seguros. 

Si quieres profundizar sobre el tema… 

Inteligencia creativa, escrito por Franc Ponti y Lucía Langa, publicado por Editorial Amat.  

Creativity and the Role of the Leader, escrito por Teresa M. Amabile y Mukti Khaire y publicado en 2008 en la Harvard Business Review.  

9 Facts Every Creative Needs to Know About Collaborative Teams, escrito por Christian Jarret y publciado en Insights on Making Ideas Happpen.

Create Better, Collaborate Better, escrito por Dan Burrier y publicado en 2011 en el HBR Blog Network de la Harvard Business Review.

Decálogo para crear una red de contactos eficaz

Por: | 24 de noviembre de 2013

Wally

Imagen: Finding Wally, Martin Handford

 

Una buena red de contactos es una de las mejores herramientas para encontrar trabajo. De hecho, se calcula que solo del 20 al 25 por cierto de los puestos salen al mercado mientras que el resto se cubren con conocidos, amigos o recomendaciones. Por ello, la capacidad para generar contactos y saber mantenerlos es una habilidad fundamental para quien está buscando empleo (y añadiríamos posibilidades de promoción, pareja, clientes…). Y es tan relevante que algún año, en la jornada de inauguración del Master de Harvard, se ha dicho a los nuevos estudiantes que algo que siempre agradecerán será la red de contactos que allí construyan. Puede que alguien piense que la habilidad para conocer personas depende solo del nivel de extroversión. Pero no es cierto. Se trata de una ventaja de partida, pero si falta, no resulta un limitante, en absoluto. De hecho, una de las personas con más carisma y habilidades sociales ha sido John F. Kennedy. De pequeño, era un niño tímido y enfermizo, pero a fuerza de convicción (y de insistencia del padre) llegó a convertirse en lo que todos conocemos. Así pues, una vez más, no hay excusas.

Construir una red de contactos es el resultado de una fórmula muy sencilla: Interés + dedicación + capacidad para aprender. Y todo lo anterior se puede adquirir. Veamos a continuación diez claves para ello.

  1. Tiempo y esfuerzo: Ya lo hemos dicho. Una buena red de contactos necesita dedicación y cariño, no se hace de la noche a la mañana. Hacer networking (típico anglicismo que se diría en el mundo de la empresa) requiere paciencia e intención. Es decir, proponerse conocer personas y mostrar un interés genuino por el otro, no desde un punto de vista puramente utilitarista.
  2. Asistir a eventos diferentes como una actitud curiosa: Hemos de acudir a sitios donde se pueda conocer personas diferentes. Si vamos a una conferencia, por ejemplo, podemos tener la tendencia de quedarnos a hablar con el que hemos venido. Y lógicamente, es una pésima idea. Lo mejor es conversar de un modo amable con desconocidos, aprovechando cualquier oportunidad o sencillamente hablar con el está sentado a tu lado. Puede que haya alguien que no le guste, pero la mayoría de las personas suelen estar abiertas a una pequeña conversación inicial… y nunca se sabe quién puede estar a tu lado. Si estás en una empresa, apúntate a actividades con otros departamentos para hacer deporte o cambia de grupo con el que vas a comer, por ejemplo. Y si estás buscando trabajo, asiste a foros, haz preguntas, intégrate en posibles organizaciones… en definitiva, amplía el número de personas que puedan conocer tu valía.
  3. Ganas tú, gano yo: El beneficio mutuo es la máxima para cualquier red de contactos. Si alguien se acerca y solo quiere obtener algo de ti será muy difícil que lo incluyas en tu red. Por supuesto, no todos los contactos están al mismo nivel de posibilidad de intercambio, pero al menos no ha de resultar especialmente desequilibrado.
  4. Generosidad: Una de las recomendaciones es poner en contacto conocidos porque creas que pueden tener un interés común. Hay personas que actúan con su red como si fuera un tesoro sagrado que ocultan bajo siete llaves. Y es un error importante. Si quieres que se incremente tu red, compártela entre los amigos. No hace falta ser Gollum con el tesoro a cuestas.
  5. En las redes “el tamaño importa”: Si queremos tener presencia en redes sociales debemos admitir al mayor número de personas posibles. Lógicamente, el nivel de información al que podrán acceder cada uno de ellos va a depender de la transparencia que tengamos. Si estamos hablando de Facebook, se pueden hacer grupos o dos perfiles; si es LinkedIn, es recomendable aceptar a todas las personas, que no empresas necesariamente. Quién sabe si el día de mañana pueden ser interesantes o puedas serlo tú para ellos.
  6. Cuidar las formas: El punto anterior tiene un problema. Cuanto mayor sea nuestra red, más tiempo necesitamos para gestionarla adecuadamente. Este, por cierto, es un error en el que podemos incurrir y lo digo por propia experiencia. Despistarnos en agradecer un email o incluso contestarlo puede molestar al otro. Por ello, en la medida que podamos, intentemos responder a todos y si no lo hemos hecho, al menos disculparnos.
  7. Sin saturar, por favor: A nuestra red de contactos no la podemos saturar con información e información. Todavía no me explico por qué hay personas que bombardean los buzones de correo con datos que para muchos no resultan de interés. La sensibilidad del tiempo de los demás es una habilidad especialmente importante a tener en cuenta.
  8. A mí, los mejores: en una buena de red de contactos hemos de incluir a los mejores en las áreas que nos interesen. Si creemos que hay alguien que puede sernos de interés, debemos acceder a él o a ella. La tecnología ha reducido la ley de los seis grados propuesta por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en 1930, según la cual cualquier persona del planeta dista de otra solo seis conocidos. Parece que el mundo de las redes sociales lo ha reducido a cinco o incluso a cuatro. En el mundo físico, buscar a los mejores significa identificar el mejor medio para llegar a él o a ella a través de compañeros comunes o aficiones compartidas… De hecho, en algunas empresas he conocido personas que se han aficionado a algún deporte por el hecho de compartir tiempo con otros que les resultaban de interés.
  9. Aprovechar ocasiones: Si sabes que alguien ha recibido un reconocimiento, envíale un mensaje de felicitación, al igual que con su santo o cumpleaños. También si está atravesando un momento difícil. Una habilidad importante consiste en saber cuidar a las personas que nos rodean, tenerlos presentes, conocer sus gustos, sus aficiones… y poner cariño.
  10. Contar con medios: Por supuesto, si vas a conocer personas has de tener tarjetas para intercambiarlas o al menos, enviar un email en ese momento desde el móvil. Las ocasiones se presentan pocas veces y no se han desaprovechar. Y, por supuesto, no demorarse más de una semana en volver a entrar en contacto con quien acabas de conocer. La memoria también es muy frágil.

 

Fórmula

Una buena red de contactos es una de las mejores herramientas para encontrar trabajo y es el resultado de interés + dedicación + capacidad de aprendizaje.

 

Receta

  1. Toma tu agenda y piensa cuántas actividades has hecho en las últimas semanas para conocer personas diferentes. Si no cultivas este trabajo, será difícil que obtengas resultados en un futuro.
  2. Reflexiona sobre el uso de las redes sociales: ¿Les dedicas tiempo para incrementar tu nivel de contactos? ¿Qué más podrías hacer?
  3. Sé generoso y curioso hacia el otro. Una red se cultiva desde el cariño y el beneficio mutuo. No ha de tener un enfoque exclusivamente utilitarista, porque a la larga va contra uno mismo. 

 

Los puntos anteriores están basados en una charla de María José Pérez Cejuela, amiga y compañera de Be-Up y una de las personas con mayor capacidad social que he conocido nunca.

¿Estás comprometido con tu trabajo?

Por: | 18 de noviembre de 2013

Work

Solo el 30% de los trabajadores están comprometidos en la empresa, según el último estudio de Gallup realizado a escala internacional. La cifra es poco motivadora, la verdad. Si partimos del supuesto de que casi una tercera parte de nuestro tiempo lo pasamos en el trabajo, no deja de ser un tema sobre el que deberíamos preocuparnos si queremos sentirnos mejor con nosotros mismos. Veamos qué es el compromiso, qué tipos existen y qué podemos hacer para mejorar esta sensación.

¿Te gusta bailar? Aunque tu respuesta no sea afirmativa, seguro que sabrás que un buen baile -tango, sevillana o merengue- es algo de dos. Pues el compromiso es igual: una cosa de dos, del profesional y de la empresa. Un profesional por sí solo no se compromete (como tampoco uno baila un tango solo). Tendrá mayor o menor capacidad de comprometerse (o de bailar) dependiendo de lo que haga la organización. De hecho, la palabra compromiso proviene del término latino compromissum, lo que significa un acuerdo entre dos partes… cosa que en muchas organizaciones se “olvida”.

El resultado de la relación entre la capacidad de comprometernos y las actuaciones de la empresa, como la de cualquier otra pareja (y no necesariamente de baile), puede ser de tres tipos: crecimiento, separación o “infidelidad” (es decir, continuar en la compañía pero pensando en otra). Como es de suponer, solo cuando de esta relación obtienen beneficio tanto el profesional como la empresa es cuando se genera el compromiso. Y si nosotros estamos yendo a trabajar deseando que vuelva el viernes para recuperar “nuestra vida”, nuestra relación es de absoluta infidelidad, pero ya no solo con la organización en la que estamos, sino aún más importante, con nosotros mismos. Ya lo hemos dicho: pasamos demasiado tiempo en el trabajo para sentir que ahí malgastamos nuestro tiempo.

¿Y qué es lo que nos compromete? Depende de cada persona pero en general podríamos hablar que nos comprometemos con tres aspectos:

  • Con nuestro trabajo: si me gusta ser ingeniero, profesora, secretario….
  • Con mi equipo, mis compañeros o mi jefe o jefa, es decir, con las personas con las que trabajo… aspecto muy importante en la cultura latina, por cierto.
  • Con la organización y lo que representa.

Pues bien, en ese baile en pareja cada uno de nosotros proporcionamos al juego del compromiso aquello que nos motiva, que será una combinación de los tres temas anteriores (en el fondo, es igual que en el mundo de la pareja. Cada uno de nosotros aporta aquello en lo que cree y espera que el otro hago lo propio).  Pero no nos olvidemos de algo. Debido a la crisis, cada vez más se ha perdido el compromiso hacia las organizaciones y resulta más importante el relacionado con el trabajo y el equipo. ¿Y qué han de hacer las empresas para que los trabajadores estemos más comprometidos? La respuesta es muy sencilla pero muy difícil de llevar a cabo. Si la empresa quiere compromiso, tendrá que invertir en el salario económico y el emocional. En la crisis actual, los salarios han descendido en términos generales, por ello, la vía más común es el emocional, es decir, conseguir que nuestro trabajo sea un lugar apasionante donde el jefe y el ambiente de trabajo juegan un papel decisivo, pero sobre este tema hablaremos en otros artículos. 

Volvemos a nosotros, los profesionales. Aunque todos nos comprometemos ni lo hacemos del mismo modo ni con la misma intensidad. Hay personas que están a la espera de que ocurra algo magnánimo para despertar su compromiso, mientras que hay otros que intentan dar lo mejor de ellos mismos en cualquier cosa que hacen. Estos últimos son los que registran mejores niveles de satisfacción personal y de felicidad. Por supuesto que lo que hagan nuestros jefes y nuestras empresas nos van a influir enormemente, pero somos nosotros, solo nosotros, los que decidimos si queremos comprometernos con ese informe que hacemos, con los compañeros que tenemos o con el examen al que vamos a presentarnos. Y no olvidemos que siempre habrá argumentos para quejarse.

Hace años recuerdo un banco en el que trabajé con bastantes directores de oficina  en talleres sobre cómo reforzar el compromiso. Era la época de bonanza económica. Todos alcanzaban sus objetivos y cobraban muy por encima de la media. Sin embargo, el taller estaba siempre sembrado de quejas y más quejas. Después de los dos primeros cursos, opté por una pregunta muy sencilla que formulaba al principio: ¿Qué te obliga a quedarte aquí? Y esa es la respuesta sobre la que hay que centrarse. Nadie ni nada nos obliga a quedarnos en un trabajo. Si lo hacemos, es porque algo nos aporta aunque solo sea pagar la hipoteca o nuestros gastos. Al menos, esa es la mirada amable con la que tenemos que revisar nuestro compromiso.

Comprometernos con lo que hacemos no es por el beneficio de las empresas, sino por nosotros mismos. Podemos vivir nuestro trabajo de puntillas o realmente, pisando con fuerza en cada una de las cosas que hacemos. Y no importa a lo que nos dediquemos. He conocido camareros, celadores, militares, directivos, profesores, estudiantes… que son ejemplo de profesionalidad y compromiso. Quizá las organizaciones no siempre están a la altura, pero ellos y ellas no dejan de comprometerse. El compromiso es una decisión personal y si en el trabajo no conseguimos el compromiso que deseamos, será momento de replantearnos un cambio. Si no podemos por las circunstancias, pongamos un enfoque amable a lo que nos aporta, aunque a veces solo sea un sueldo y en situaciones como las actuales, ya es mucho. E insisto, no es por la empresa, es por nosotros mismos.

 

Fórmula:

El compromiso es una decisión personal y debemos tomar las decisiones necesarias para poder sentirnos comprometidos con lo que hacemos.

 

Recetas:

  1. Puntúa de uno a diez cuál es tu nivel de compromiso actual y reflexiona sobre aquel trabajo en el que estabas más comprometido: ¿qué hacías o qué ocurría diferente?
  2. Si no estás comprometido, ¿qué te impide cambiar de trabajo? Si tienes alternativa de cambio, ¿qué te impide hacerlo? ¿A qué estás dispuesto o dispuesta a sacrificar por ello?
  3. Si no tienes alternativa de cambio y te sientes poco comprometido, ¿qué te aporta de positivo? ¿Qué podrías hacer para tener una mirada más amable?

  

Basado en el libro: Jericó, Pilar (2011): La nueva gestión del talento, Prentice Hall.

¿Qué hay detrás de la ciencia del compartir… (en las redes)?

Por: | 08 de noviembre de 2013

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¿Sabías que el momento de mayor actividad en las redes es el miércoles a las 9:30 de la mañana, que compartimos más contenido positivo que negativo y que las emociones que más actividad generan en la red son aquellas que más activación física producen en nuestros organismos? ¿Sabías que compartimos contenido en línea para relacionarnos?

Todos estos hallazgos vienen a conformar lo que se ha venido a llamar The Science of Sharing, la ciencia que estudia nuestros comportamientos en las redes: aquello que compartimos o que nos lleva a participar activamente en el mundo online. ¿Qué podemos aprender de esta nueva ciencia?

  • Compartimos más las historias positivas que negativas.

El doctor Jonah Berger, profesor de la Wharton School y autor del libro Contagious: Why Things Catch On, ha examinado miles de piezas de contenido en línea midiendo si fueron más o menos compartidas y qué tipo de emociones evocaban. Su primer hallazgo fue que por lo general, se comparten más elementos positivos que negativos. De ahí que nos sintamos movidos a echar un vistazo a aquello que se publica… ¡Porque tiene contenido positivo!

  • Compartimos más la información que nos activa.

El profesor Berger continuó investigando el mecanismo emocional que subyace a las publicaciones en la red y descubrió que había contenido negativo que también era altamente compartido, se trataba del contenido que más activación generaba. Berger detectó que además de la valencia de la emoción (positiva o negativa), aquella información que generaba mayor activación tenía más probabilidades de ser compartida. Tomando como ejemplo las emociones negativas, aquellas que inspiran furia o ansiedad (emociones activadoras) tienen más posibilidades de ser compartidas que aquellas que, como la tristeza, tienden a desactivarnos. Esto explicaría por qué compartimos en la red más noticias relacionadas con desastres climáticos o disputas políticas (que tienen a generar furia o ansiedad), que con pérdidas de personas queridas.

Para comprobar esta idea, el doctor Berger llevó a cabo un estudio en el que dividió a los participantes en dos grupos. Los integrantes del primer grupo se mantuvieron sentados durante un minuto, mientras que los integrantes del segundo grupo corrieron durante sesenta segundos antes ponerles frente al contenido. Los resultados mostraron que el simple hecho de correr previamente a la presentación de un contenido, aumentaba las probabilidades de compartirlo. ¿El motivo? El arousal o nivel de activación. Cuando realizamos ejercicio, nos montamos en un avión con turbulencias o vemos una película de miedo, las emociones que sentimos nos activan, aumenta la presión sanguínea y el ritmo cardíaco y tanto nuestra mente como nuestros sentidos se mantienen alerta. Esta activación física nos animaría a compartir más contenido en la red… Tiene sentido ¿no es así?

  • Compartimos más por la mañana temprano, coincidiendo con un aumento de los mensajes positivos.

Un estudio realizado en la Cornell University y que estudió 509 millones de tweets realizados por la mañana, demostró que había un número significativamente mayor de tweets positivos, lo que sugiere la existencia de una correlación entre el hecho de compartir y la felicidad. Habrá que seguir investigando por esta línea…

  • Al final… compartir es una manera de relacionarse.

Un estudio realizado recientemente por New York Times y Customer Insight Group en el que participaron 2.500 personas cuya actividad en la red era media o alta concluye que compartimos para:

Acercar contenido de valor y entretenimiento a los demás.

Definirnos ante otras personas.

Aumentar y fortalecer nuestras relaciones.

Autodesarrollarnos.

Posicionarnos sobre determinadas causas.

Este estudio sostiene que el hecho de compartir no es nuevo, que siempre lo hemos hecho, lo que ha cambiado ha sido el patrón: ahora compartimos más contenidos, que proceden de más fuentes, a más personas, más a menudo y más rápido.

La otra cara de la moneda es la saturación que produce tanta información difundiéndose a través de tantas redes. No damos abasto con Facebook, Twitter, Google+, YouTube, Linkedin, Xing… Cierta sensación de impotencia y cansancio nos puede inundar antes de encender el ordenador o el Smartphone,  si es que somos capaces de apagarlo por las noches. Poner sentido común a nuestra actividad en las redes hoy es crucial.

Fórmula:

Compartir es la naturaleza del ser humano, tanto contenidos en redes como una buena comida con personas queridas, pero hagámoslo con sentido.

Recetas:

  1. Divulga solo esos contenidos que te parecen vitales para tu red de contactos personales.
  2. Antes de enviar algo reflexiona qué emociones les va a provocar y si es lo que quieres.
  3. Pregúntales si el contenido que les envías les gusta recibirlos; asume sus sentires.

Referencias:

The Science of Sharing (and Oversharing),entrevista realizada por Sarah Green al doctor Jonah Berger  y publicada en 2013 en la Harvard Business Review.

The Psychology of Sharing: Why Do People Share Online?,  estudio realizado por The New York Times y Customer Insight Group.

 

Pon un mentor en tu vida

Por: | 03 de noviembre de 2013

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Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar

Bernard Russel, Premio Nobel de Literatura en 1950.

Y una de las claves más recomendables para tomar dichas decisiones es contar con la ayuda de un mentor.

Piensa por un momento, ¿qué persona te ha inspirado en tu vida y te ha aconsejado adecuadamente? Cuando hago esta pregunta en talleres de formación, la mayor parte de las personas recuerdan a sus padres, en ocasiones la pareja, un jefe o un antiguo profesor. De un modo u otro, todos hemos vivido la experiencia de ser aconsejados y de apreciar dichas recomendaciones. Pero tener un mentor va más allá. Significa llegar a un acuerdo, quizá no verbalizado, basado en la confianza con alguien que se preocupa por tu desarrollo personal y profesional, sin que él o ella sea necesariamente un familiar o un amigo. En España no tenemos tanta tradición como en Estados Unidos pero cuando uno lo vive, los resultados son realmente excelentes por ambas partes.

Si queremos saber qué significar ser mentor, el primer paso es acudir a la mitología griega y a uno de sus personajes más viajeros por excelencia, Ulises, rey de Ítaca. Cuando éste partió a luchar a la guerra de Troya – viaje que duró “tan sólo” veinte años -, encomendó la educación de su hijo Telémaco a su buen amigo Mentor, quien no es otro que la diosa Atenea (lo que significa que más inteligente, imposible). Gracias a este personaje, se creó el término para referirse a la persona que actúa como consejero o guía, quien comparte su experiencia y sus conocimientos a través de encuentros con la persona que mentoriza.

¿Qué ventajas aporta tener un mentor? Muchas. A veces en nuestra mente creamos alternativas, posibilidades que se pueden alejar de la realidad. Tener la oportunidad de compartir nuestras aspiraciones y preocupaciones con alguien que tiene experiencia, nos ayuda a aterrizar nuestros miedos, a dar forma a nuestros sueños y a definir planes de acción para lograrlos. No han de ser reuniones formales con un guión. Son conversaciones distendidas con alguien que admiras y que te inspira. Por supuesto que estos procesos pueden ser formales o informales. En mi caso personal, tuve la suerte de contar con mentores a lo largo de mi vida. Recuerdo cuando estaba en bachillerato que los padres de un amiga mía los consideré como mentores para las decisiones que por aquel entonces tenía que tomar (de hecho, gracias a ellos a los 16 años comencé a adentrarme en talleres de desarrollo personal). Posteriormente, pasaron otras personas pero quizá una de las que más me ha impactado en mi vida fue Pedro Luis Uriarte, a quien admiro por su excelencia en el liderazgo. Cuando estaba escribiendo el libro de NoMiedo en 2005, tuve oportunidad de entrevistarle. Había sido el Consejero Delegado del BBVA y estaba en un momento de transición. Después de aquella primera entrevista se prestó de manera muy generosa a leer el manuscrito y a mantener conversaciones sobre lo que yo estaba trabajando. Nos reunimos en varias ocasiones y recuerdo que sus consejos y su experiencia fueron muy inspiradores. Desde entonces hasta la fecha, nos encontramos de vez en cuando y le sigo pidiendo consejos sobre algunas decisiones que me preocupan.

En el caso anterior, Pedro Luis se ofreció pero por lo que he observado, cuando alguien se muestra receptivo a la escucha y se intenta rodear de personas que tienen más experiencia, en algún momento surge la posibilidad de que se puedan convertir en mentores. Como he comentado, no es necesario a veces explicitarlo, y quien decide que alguien sea mentor es también el propio mentorizado para este tipo de encuentros informales.

Además de lo anterior, existen procesos más formales que llevan a cabo las empresas denominados “mentoring”, palabra más popularizada que mentoría en castellano (y lo siento por la Real Academia de la Lengua, pero me temo que el inglés acaba bautizando ciertas cosas en las organizaciones). En este caso, se asignan un mentor con un mentorizado y se estipulan una serie de encuentros. Algunas empresas han medido su impacto, como fue el caso de Banesto cuando valoró que la mejora de la gestión de la morosidad de los directores de oficina que tenían un mentor era de tres veces superior a la media. No está mal.

Pues bien, si no estamos en ninguna empresa que nos incluya en un programa de mentoring, podemos tener un mentor en nuestra vida. Por supuesto, requiere que alguien tenga la generosidad de brindarse a ello, pero el primer paso es abrirse a que ello suceda sabiéndonos rodear de personas con experiencia y mostrando interés, inquietud y humildad.

 

Fórmula

Un mentor es una persona que nos inspira y aconseja. Podemos contar con un mentor si previamente nos abrimos a la posibilidad.

 

Recetas

  1. Identifica de tu entorno quién podría ser un mentor para ti, qué persona te inspira y te da buenos consejos aunque luego, lógicamente, tú decidas qué es lo más conveniente.
  2. Proponle encuentros posibles, lleva temas que te preocupen y muestra una actitud humilde. Sin esto último, el mentor podría cansarse en la primera reunión.
  3. Y por supuesto, sé también tú mentor de alguna otra persona. En la medida que puedes compartir tu experiencia y aprendizaje, toma tiempo para ayudar a otros.

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