Laboratorio de Felicidad

Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

Cómo disfrutar de unas vacaciones muy felices

Por: | 25 de julio de 2016

Vacaciones pixabay

Ya ha llegado el gran día: ¡¡Estás de vacaciones!! Haces las maleta y te vas a ese lugar maravilloso que tanto deseabas. Sin embargo, pasa el tiempo y puede que no lo estés disfrutando como esperabas. O porque te cuesta desconectar del estrés del trabajo, o porque piensas que podrías tener un mejor plan o porque estás con la familia y las cosas no son tan idílicas como pensabas. De hecho, se calcula que más de la tercera parte de los divorcios en España se producen a la vuelta de las vacaciones. Y no solo ocurre en nuestro país, sino que incluso la Universidad de Stanford ofrece consejos para sobrevivir con éxito a unas vacaciones familiares

Así que no te preocupes si te machacas por no ser tannnn feliz como las imágenes que aparecen en Instagram de los famosos. A todos nos ocurre y ya sabemos: las vacaciones son maravillosas, nos las merecemos, las necesitamos y podemos disfrutarlas mejor si somos capaces de quedarnos con la parte amable. Para ello, veamos tres ideas de este laboratorio que han sido las más valoradas en la primera parte del año y que podemos aplicar a estos anhelados días.

  1. Para cambiar tu mundo, cambia tu conversación

 Las conversaciones con otras personas o con nosotros mismos nos definen.  Como veíamos en este artículo, nuestros pensamientos, emociones y palabras configuran nuestro mundo de realidades. Por eso, si estás pensando todo el tiempo: “menudo rollo”, conseguirás tener razón y ver que todo cuanto te rodea es realmente aburrido. Así que si quieres tener unas vacaciones más amables, di no a conversaciones agotadoras y ábrete a otras mucho más agradables.

  1. Cómo utilizar las circunstancias adversas a tu favor

Llegas a un hotel y no es lo que tú te esperabas. Desastre. Te enfadas y lo comparas además con los de al lado, que tienen una habitación con mejores vistas, por ejemplo. ¿Qué hay que hacer? Es el momento de utilizar las circunstancias adversas a nuestro favor, como se explica en el artículo. Ante un contratiempo, necesitamos reciclar las emociones negativas e identificar qué aprendizajes podemos extraer. Y cualquier ocasión es buena, aunque sea durante los días estivales.

  1. ¿Y si realmente pudieras? La fuerza de tu determinación

Y por último, la felicidad es más que una decisión, es una determinación. La mayor parte de las veces somos nosotros mismos nuestros principales boicoteadores, incluso, en auténticos paraísos. Así que en estas vacaciones ten la determinación de regalarte unos días bonitos estés donde estés; y eso pasa por desearlo sinceramente y por tener la convicción para ello, como se explica en el artículo.

Por último, ya solo me queda desearte una felicísimas vacaciones con conversaciones amables, con capacidad de reciclar los contratiempos y con la firme determinación de disfrutar cada instante.

Nos vemos a la vuelta del verano con más artículos y más sorpresas.

Gracias por estar ahí.

Fuente imagen: Pixabay

Cuando prefieres el teléfono móvil a un amigo

Por: | 18 de julio de 2016

Con movil pixabay03
Estás conversando con un amigo. Estáis los dos solos y le estás contando algo importante para ti: un problema, algo que te ha impactado… y de repente, suena su móvil. Te sonríe y te dice: “perdona, es fulanito. Le digo que no puedo atenderle”. ¿Cómo te quedas tú en ese momento? Supongo que no muy bien, aunque él cuelgue en treinta segundos. Motivo: la tecnología ha boicoteado ese momento de intimidad, que para ti era importante. Seguro que lo has vivido en ambos lados. Es solo un ejemplo, pero es más habitual de lo que nos imaginamos. Si revisamos datos, según un estudio publicado en la revista Psychology Today, el 70 por ciento de las mujeres recién casadas aseguran que sus parejas suelen interrumpir sus conversaciones cara a cara con llamadas o mensajes de texto… Algo que, lógicamente, fastidia un poco.

La tecnología nos hace más libres como seres humanos y como sociedad, pero también corremos algún riesgo en nuestras relaciones personales si no sabemos utilizarla bien. Cuando estamos con alguien nos enfrentamos a un dilema: el interés de lo que nos cuenta o el aparente mundo de las infinitas posibilidades que nos ofrece un Smartphone. A través de la pantalla, tenemos las noticias, las redes sociales, los juegos y tantas y tantas cosas (ahora Pokemons dando saltos por las ciudades), que pueden resultar mucho más emocionantes que cualquier debate… Sin embargo, cuando escogemos las posibilidades tecnológicas por encima de todo, caemos en una trampa. Por un lado, nuestras conversaciones son más superficiales y menos profundas. No tenemos tanto tiempo. Digo cuatro cosas, quedo bien y enseguida curioseo a ver qué sucede en Facebook. Esta actitud, por cierto, es más habitual en la gente joven y ya se están desarrollando terapias para combatirla. La segunda consecuencia, según el psicólogo Kenneth Gergen es que caemos en el “síndrome de la presencia ausente”, es decir, tu cuerpo está en medio de una conversación, pero tu mente se ha quedado vagando en el último email recibido o ese comentario de twitter. Quizá tú no seas consciente, pero el otro, me temo, se da está dando cuenta. De hecho, incluso se ha estudiado qué nos pasa cuando “estamos sin estar”: la entonación pasa a ser metálica, se reduce el contacto visual y te cuesta un infierno seguir la conservación. En otras palabras, cuando caemos en dicho síndrome, parecemos una maceta. Y lo que es peor, lo acariciamos aún cuando no hagamos uso del móvil pero lo tengamos cerca de nosotros tentándonos.

Shalini Misra y su equipo estudiaron las conversaciones de las parejas en una cafetería y descubrieron que cuando el smartphone estaba encima de mesa, aunque fuera sin utilizarse, la empatía y la profundidad de las conversaciones se reducía. A esto lo llamaron el “efecto iphone”, aunque suponemos que no hace falta que sea de la marca Apple para sufrirlo.

En definitiva, los smartphones nos abren un mundo maravilloso de posibilidades sociales (dificultan los golpes de estado o las injusticias) y personales (confieso que a mí se me haría también difícil desprenderme del mío), pero también corremos el riesgo de caer en la superficialidad de nuestras conversaciones. Por ello, como sugerencia para el verano, dejemos el móvil un tiempo fuera de nuestra vista. Tampoco va a pasar nada si no estamos conectados todo el tiempo o si paseamos sin él.

Vivir el momento presente significa también abrirse a las infinitas posibilidades que tenemos frente a nosotros: observar los comportamientos de quien nos habla, registrar nuestras emociones, hacer sentir importante al otro mientras se expresa o, simplemente, ver una puesta de sol sin necesidad de hacer una foto para compartirla en Instagram. Porque como dijo un chico en Facebook, apenado: “tengo cien amigos, hoy es viernes y, sin embargo, no tengo a nadie con quien tomar una cerveza”. La tecnología no sustituye la fuerza de la presencia, los bailes con amigos o el sabor de los besos, por mucho que los fotografiemos. Ese se almacena en otro lugar de nosotros mismos. Hagamos esto también con nuestras conversaciones y con el placer de la intimidad compartida.

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Cómo reescribir tu vida

Por: | 12 de julio de 2016

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“Nunca es tarde para tener una infancia feliz”, dijo Milton Erickson, uno de los mejores psicólogos del siglo pasado (o al menos, es a él a quien se le atribuye esta cita). Y se ha demostrado que es cierto. Todos tenemos la capacidad de reescribir nuestro pasado. Reescribir nuestra vida no significa cambiar los hechos, sino la interpretación de los mismos. Todo cuanto nos ocurre lo sometemos a unos patrones previos inconscientes que catalogan lo que vivimos. Veamos un ejemplo: recuerdo una vez con quince años que nos invitaron a todos los compañeros de mi clase a asistir de público a un programa de televisión. Una vez en el plató, a un grupo de ellos se les pidió que dejaran libre la primera fila. En ese momento una compañera comenzó a llorar amargamente porque pensaba que se lo habían pedido porque ella era fea. Ese era su patrón: sentirse el patito feo de los grupos. Y es curioso, por mucho que la enfocaran después las cámaras y por mucho que el resto intentáramos animarla, su memoria obvió ese hecho y solo se quedó con el recuerdo amargo. Esa es la potencia de un patrón. Los patrones no reflejan nuestra personalidad, sino que la crean para hacernos sentir el patito feo, el más torpe, la más lista o el más comprometido con las causas perdidas. Cada cual tiene el suyo y, por supuesto, los hay más amables que otros. No es lo mismo sentirse una persona con suerte que el más desastre del mundo.

Pues bien, reescribir nuestra vida significa ampliar los patrones con los que contemplamos lo que nos sucede. Aquí está la magia. Cuando cambiamos nuestros patrones, transformamos nuestro pasado y comenzamos a vivir un futuro un poco más liberador. Y la buena noticia es que podemos conseguirlo. Vamos a ver tres claves para cambiar nuestro patrón o para reencuadrar lo que nos sucede, como diría Robert Dilts:

  1. Ampliar el punto de vista: volviendo al ejemplo anterior, mi antigua compañera de clase incurrió en un problema clásico. Tuvo una visión miope de la realidad. En vez de darse cuenta de que a una fila entera le habían pedido moverse, ella lo vivió como una ofensa personal. Ampliar el punto de vista significa ganar perspectiva, comprender que todos podemos ser torpes y que a cualquiera le puede suceder lo que te está pasando a ti. De algún modo, significa dejar de sentirnos tan absolutamente especiales, para comprender que sencillamente somos humanos y que cada cual tiene lo suyo. Por ello, ante algo que te suceda, pregúntate: ¿me pasa solo a mí?, ¿qué le está ocurriendo a la persona que me está haciendo algo que me molesta? Ya se sabe, dejar de sentirnos el “obligo del mundo” para ser parte del mundo.
  2. Cambiar el marco problema por oportunidad: un ejemplo clásico es la manera de interpretar un fracaso. Aquí podemos caer en el típico automachaque o bien vivir la experiencia pasada desde una actitud de explorar o aprender. Recordemos: si pensamos que somos torpes, evitaremos arriesgar para no fracasar y esa parálisis es en sí misma un fracaso. Por ello, ante un error, quédate con los mensajes que responden a estas preguntas: ¿qué he aprendido?, ¿me he dado permiso para experimentar?, ¿qué aspectos positivos te permite darte permiso?
  3. Amplía la perspectiva temporal: la miopía del primer punto también está relacionada con el tiempo. Vivimos la realidad como fotos sueltas, cuando es una película. Lo que te ocurre en un momento dado te sirve para ganar fuerza, habilidades, aprendizaje… para las siguientes experiencias que te aguardan. Por eso, ante un error o algo doloroso, ampliar la perspectiva significa preguntarte: ¿para qué me sirvió?, ¿en qué me ayudó? Gracias a ello, ¿cómo influyó en lo que me pasó después?

Y todo ello sin olvidar algo importante: revisar nuestros patrones y nuestras conversaciones interiores es también una forma de cuidarnos. La realidad no es algo fijo, sino que depende de la manera en la que queramos contemplarla. Y esto, una vez más, es una decisión personal.

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Ante los problemas, busca tu spa personal

Por: | 04 de julio de 2016

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“¡Paren el mundo que me quiero bajar!” gritaba Mafalda. Y hay veces que muchos de nosotros querríamos que así ocurriera: que los problemas frenaran, que nos dejaran de dar la lata el jefe, la pareja, la familia o el banco. Hay tantos y tantos frentes por los que los problemas pueden adentrarse, que es casi imposible estar en un estado de armonía donde todo sea perfecto. Así que hagámonos a la idea: hemos de aprender a convivir con los problemas, nos guste o no. Es más, los conflictos forman parte de los avances, a veces aparecen como oportunidades vestidas de faena, pero que nos ayudan a progresar.

Pero dicho esto, aunque racionalmente sepamos que es así, nos cuesta mucho exclamar: ¡qué bien, un nuevo problema! La racionalidad va muchas veces por un lado y las emociones, por otro. Nos enfadamos cuando abrimos un email que vaticina una dificultad. Y hay veces que incluso nos vemos asfixiados por tantos frentes. En estas situaciones, podemos acudir a varias alternativas, pero veamos un truco que, si bien no te soluciona el problema, te ayuda a tomar más fuerzas para contemplarlo de un modo más saludable: crear un spa personal. ¿En qué consiste?

Un spa personal es un espacio físico o emocional que nos da fuerzas. Todos necesitamos uno. Y no consiste solo en ponerse la televisión para anestesiarse y que Juego de Tronos o lo que sea nos lleve a un mundo de muchísimos más problemas que el nuestro para sentirnos aliviados. No. Un spa personal es algo que nos conecta con nuestra serenidad interior, nos impulsa energía y los hay de diferentes tipos. Veamos algunos:

  1. Amistades SPA. La amistad genera endorfinas, un neurotransmisor que nos ayuda a que la vida sea más fácil. De hecho, como ha demostrado Katerina Johnson en la Universidad de Oxford, las endorfinas pueden ser mejor que la morfina para evitar el dolor y estas las generamos cuando estamos con amigos con los que nos sentimos bien. Esto último es importante. Aquí, en las amistades SPA no podemos incluir amigos por compromiso o tóxicos, sino aquellos con los que nos divertimos, conversamos o nos reímos de nosotros mismos. O como dice Ecequiel Barricart un amigo llorador, con aquel que eres capaz de desnudarte interiormente sin pensar que te va a juzgar. ¿Quiénes son tus amigos SPA?
  2. Aficiones SPA. El deporte es una de las aficiones que más energía nos produce y con el que generamos un sinfín de neurotransmisores y hormonas, como la adrenalina, endorfina y serotonina. Pero no hace falta matarse corriendo, podemos escoger aquel que nos haga sentirnos bien o incluso, si no eres de los que te atrae mover el cuerpo, existen otras aficiones SPA además del deporte que vacían la mente como son los trabajos manuales. Curiosamente, cuando cosemos, construimos maquetas, cocinamos o plantamos macetas, nuestra mente se focaliza en la acción y no en las preocupaciones. Pero aún hay más. El movimiento de las manos requiere una activación de circuitos neuronales de tal intensidad que incluso somos más permeables al aprendizaje. Por eso, no es de extrañar que después de realizar trabajos manuales, puedan haber surgido nuevas ideas o enfoques para resolver ese problema que te preocupa.
  3. Espacios SPA. En este apartado la naturaleza es la reina, ya que nos conecta con sentimientos oceánicos, como diría Maslow, que nos hacen sentirnos pequeños y grandes al mismo tiempo. Escaparnos al mar, a la montaña o a un parque que nos desconecte de nuestra rutina es un buen hábito para recuperar la energía. También hay lugares especiales, como determinados templos o espacios que te conectan con emociones agradables de tu pasado, por ejemplo. Pero si no tienes esa posibilidad, crea tu propio espacio SPA en casa. Un “sitio sagrado”, que respeten el resto, con tu música, una luz especial, quizá una lectura amable, pero algo que sea tuyo, solo tuyo, y que distraiga a tu mente de las preocupaciones.

En definitiva, los problemas nos ayudan a crecer, pero mientras encontramos la solución, necesitamos recuperar energía y conseguir nuevos enfoques para contemplarlos. Y estos son los SPA personales: amigos, aficiones o espacios que nos ayudan a conectar con nosotros mismos y a sentirnos bien. ¿Cuáles son los tuyos?

El País

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