El fenómeno del modding,
y de la customización tecnológica en general, tiene dos ramas: hacía delante, o
dejar hecho el cacharro como del siglo que viene; y hacia atrás, o convertir el
objeto en algo del siglo pasado. Esta última opción es por la que han optado
los chicos de Steampunk workshop,
una web dirigida por Jake Von Slatt que se dedican a dejar tecnología actual
con un aspecto de la época victoriana.
Uno de sus últimos ejemplos es este ordenador “all in
one” con pantalla de 24
pulgadas que haría las delicias de la mismísima reina de
Inglaterra. Customizado hasta el último detalle, lleno de cromados/dorados y
con un ratón en forma de aparato de morse, el proyecto ha merecido un stand en
la Maker Faire, la feria que la revista Make (la Biblia del DIY-hágaselo usted mismo)
organizará entre el 3 y 4 de mayo para mostrar
los proyectos más novedosos relacionados con la tecnología autodidacta.
Pero este ordenador no es lo único con lo que se atreve el
señor Jake Von Slatt y sus secuaces con casacas. Estas son otras de sus locuras:
Técnicamente no es un gadget,
pero creemos firmemente que esta innovación en el transporte humano merece
una entrada en La Cacharrería. Se trata de Vivo Barefoot, un zapato creado
por Galahad Clark, de los Clarks de toda
la vida, con los que parece que caminas descalzo (aunque te hayas gastado 100
euros en ellos). Los Vivo se sitúan al otro lado del espectro -en grosor de suela, emulación del pie desnudo y estética- de otra innovación
en el calzado: los MBT,
una especie de zapato ortopédico
basado en el balanceo en el andar de los masais.
Mira bien la foto. Parece un fake pero no lo es: se trata de
The
Uno, una moto con una sola rueda (en realidad dos en paralelo) que funciona
igual que el infausto Segway pero a velocidades muy superiores: acelera cuando el
conductor se deja caer hacia delante y frena hacia atrás. El inventor de tan
insólito vehículo es un tal Benjamin Poss Gulak, un chaval de 18 años
originario de Canadá que anda buscando financiación para fabricar en serie su
invento.
Cerremos la semana con tres acontecidos con sabor a manzana
ácida que nos han sorprendido estos días. Y es que a la hora de pensar cosas
peregrinas, el color blanco le pega muy bien (o muy mal) a las neuronas.
1- Impagable el Porta-Party, una
instalación del artista Nick Rodrigues
para aquellos a los que les gusta salir de fiesta pero que odian a la gente. Con
forma de urinario galáctico, se trata de una cabina individual con un dock para
conectar el iPod y escuchar la música en soledad. En el techo gira una bola de
discoteca y algunas lucecillas, para que no sea tan triste. “Es solamente un
lugar para desconectar o para hacer cosas escandalosas”,
aclara el artista todo ufano.
Pioneer Electronics ha lanzado a la venta su gama de
navegadores multimedia para el 2008. Esta línea, bautizada como "NavGate", se
compone de tres nuevos modelos, AVIC-F900BT, AVIC-F700BT y AVIC-F500BT. Este
último aparece como primicia mundial y viene bautizado, según el párroco de la
compañía, como “el primer navegador multimedia integrable y portable”, que es
algo así como un navegador híbrido que funciona dentro/fuera del coche y que
también puede hacer las veces de centro multimedia.
Su principal valor, además de guiarte más o menos bien como
cualquier otro navegador, radica en su conectividad Bluetooh (y USB), que le
hace reconocer cualquier aparato que se comunique con él por esta vía, desde un
mp3 a un teléfono.
Con pinta de cuñado de
Babar petrificado nos encontramos con “Dasubee”, un robot limpia-urinarios nacido en Kobe
(Japón) y que está llamado a convertirse en el R2-D2 que toda dama de la
higiene querría tener a su lado.
Este robot actúa como
túnel de lavado portátil para las tazas de pared y tarda unos 10 segundos en
dejar un urinario como los chorros del oro. Aunque el elefantito pesa 100 kg (igual que una moto-caca), se maneja con
soltura para acoplar a casi cualquier loza.
Pero no se crean que “Dasubee” llega, echa su chorro de
agua a presión y se va tan pancho. Nada de eso.
A mitad de camino entre una cápsula de bronceado y un ataúd nos
llega esta camilla de
automasaje, que sólo puede venir de un país tan cohibido en el contacto físico
como Japón. Se llama Auto Healther Reiz y lo comercializa Dainichi por el módico
precio de 8.500 euros, “pudiéndote dar un masaje al volver a casa, sin la
molestia de llamar al masajista”, según reza su publicidad. El sistema adapta
automática su velocidad y presión a la parte del cuerpo que está masajeando. Además,
incorpora un sistema de audio, una pantalla LCD y un sistema de calefacción,
para que el usuario no eche de menos las cálidas manos de un semejante.
Sentenciamos:A través de nuestro gadget-bola de cristal, vemos el
auto-masajeador en el rincón en el ángulo oscuro, junto al Adbominizer y a la
bici estática
Samsung anunció ayer el lanzamiento de su esperado teléfono
móvil Soul ("alma"), que ya fue presentado en Barcelona durante el Congreso
de Móviles de febrero y que pretende ser el modelo emblemático del
fabricante durante la primera mitad de
2008. A finales de este mes, el Soul estará
disponible en una primera fase en Francia, Alemania y Reino Unido, y en una
fecha aún por determinar en el resto de Europa, siempre a través de los
principales operadores de GSM locales.
Parece que refresca. Así que en vez de ponernos la rebequita
optaremos por calentarnos imaginando cómo será nuestro próximo verano a lomos
de una “Waterbird”, la bicicleta acuática llamada a sustituir al viejo pedaló en las playas y lagos de
nuestra geografía patria. Liviana, plegable y, encima, haces tipín mientras
cruzas los mares ¿Qué más se puede pedir?
"Pues parece un marco normal y corriente". "De normal nada: es de diseño y cuesta 300 mangos". Esta conversación a sotto voce pudo ser oída ayer durante la presentación en Madrid del marco digital de Parrot, diseñado por Andrée Putman, un nombre que tal vez no te diga nada pero que es nada menos que "la Coco Channel" del diseño actual, según Cristina Sanz, directora de marketing de Parrot en Europa. Además de convidarnos a un suculento cocktail en el Hotel Urban de Madrid (con desfile Real incluido), los organizadores regalaron a los presentes el producto en cuestión, de modo que hemos procedido a destriparlo. Metafóricamente, claro.