Ladrones de fuego

Energía suprema en el arte de Zumeta:

Por: | 21 de abril de 2014

JOSÉ LUIS ZUMETA (1939)

    Gernika (1)

     El pintor guipuzcoano José Luis Zumeta cumplió el sábado pasado 75 años. Em 1968 expuso en Bilbao, en una galería de arte regentada por mí. En 1989 comisarié una muestra antològica de su obra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Sus obras se gestan en un pintar directo. Sale o no sale... Y así, el artista se convierte en el condigno medio para volver a entrar en contacto con las energías primarias, experimentando la intensidad de la vida física.
     Dotar de forma estética las acciones del ser vivo significa transformarla en un estado libre y activo. En el lienzo desnudo hay un ente que va a tener vida cuando el artista entra en movimiento. El artista cede la iniciativa a las formas y los colores, sin partir de temas preestablecidos. No tiene que expresar una realidad, porque la pintura es, en sí misma, una realidad. O sea, no es la visión de la realidad lo que pinta, sino la realidad de su visión.
     Arte pleno de energías, arte de acción. No existe sofisticación alguna en esos trazos más o menos violentos. Solo aparece un henchido orgullo de vida, al sentir dentro de sí una energía profunda aunque larval. Es lo único  que sabe y está seguro de ello, por lo cual entra  en el lienzo y van surgiendo las grafías desgarradas, trémulas unas veces, otras veces vibrantes, y siempre remecidas.
  En ese pintar, Zumeta nos recuerda que el arte para él consiste en conseguir trasladar a los cuadros sus más íntimas e inmediatas sensaciones pictóricas.
   No existe nada más concreto y rotundo como una mano con muchas ganas, cuyo trazado viene nimbado con el respaldo inestimable de Schopenhauer: “el tacto es visión que recorre el camino”.
    Son los miedos y audacias de todo acto creador. Aciertos y fallos. Sobre cada obra terminada volverá a iniciar otra obra, en la seguridad de volver a fallar, porque su quehacer consiste en pintar lo que no sabe. El desconocimiento le irá abriendo nuevos caminos. Cuanto más aprende, tanto más tiene que olvidar y, de ese modo, se abrirá su campo de acción. Desde el no saber pinta para encontrarse, o dicho literariamente, pinta para averiguarse.
    Transcribo unas palabras de José Luis Zumeta en relación con su propia expresividad plástica, al hablar del azar: “Creo que en el azar está todo. Lo que pasa es que no somos capaces de aceptarlo en su plenitud. Y no lo aceptamos, porque nos falta la libertad necesaria para hacerlo. Entonces, le das una forma para que te puedas familiarizar con lo conocido, ya que solo así eres capaz de convivir con ese azar”.
   Como la mayoría de artistas de la pintura de acción (en el sentido más amplio de la palabra), el pintor de Usurbil entra en su cueva psíquica, esa casa del ser que da vida a los materiales, y sale a la superficie como la piedra de David disparada con total vigor y celeridad. En ese momento, los colores saltan desbocados envueltos en un mar de innúmeras formas. 
    Termino con unas palabras del propio Zumeta: “Pintar es pura impotencia. Afloran los mínimos aciertos. Todo lo que hay debajo raya con la imposibilidad de lograr algo que te satisfaga... Pero sabes que si te paras, tu vida deja de existir".

    * En la imagen, obra de Zumeta en una versión libre del Guernica de Picasso (7,80 m x 3,50 m), fechada en 1999.

                        [siguiente personaje Ernesto Cardenal: 28-4-2014] 

           

           

Férvida Clara Sánchez

Por: | 14 de abril de 2014

CLARA SÁNCHEZ (1955)

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    Autora de una decena de novelas, la escritora Clara Sánchez ganó el último Premio Planeta (2013), con la novela  El cielo ha vuelto. Transcribo una conversación del todo y la nada (férvido espejo del ser) con Clara Sánchez, acaecida varios años atrás. 
    ¿Ser feliz significa poder percibirse a sí mismo sin temor alguno?
    
Sólo si eres capaz de percibirte en otro.
    ¿La ficción es más verdadera que la historia, justamente porque puede ir más allá de los hechos?
    
La historia recoge el pasado y la ficción todo lo que podría hacerse con ese pasado. La historia pretende moverse en la certeza y la ficción en la probabilidad, pero ambas pertenecen a un juego donde todos jugamos a ser verdaderos.
    ¿Todo lo que hemos ganado no podemos más que perderlo? ¿Intentar conservarlo es la más inútil de las tareas?
    
Nunca se pierde. Mientras se vive se gana incluso lo que se pierde. Se me puede decir que todo lo perdemos con la muerte, pero ya sabemos que la muerte no existe.
    Muchos escritores le miden a uno con una cucharita de café, en tanto ellos se miden con el gran cucharón del mimo. ¿Te has dado cuenta?
    
Y no sólo los escritores. Hay personas que se miman a sí mismas simplemente porque no saben querer a los demás. Y en realidad uno existe más cuando la existencia de los otros también es mayor.
    ¿La literatura es la manera más agradable de ignorar la vida?
    
No es la manera de ignorarla, sino de revivirla y no es siempre la forma más agradable.
    Tal vez al escribir nos rebelamos contra las convenciones sociales, puesto que esas convenciones nos limitan. Al escribir buscamos el yo ilimitado. ¿Afirmas esto? ¿Lo niegas?
    
Puedo decirte que cuando escribo descubro, seguramente porque busco sin darme cuenta. Y creo que no se encuentra nada que no esté dentro de uno.
    ¿Quién comía golondrinas para ensanchar sus senos?
    
No lo sé. Pero merece la pena escribir la palabra golondrina. No me hubieras hecho esta pregunta si las golondrinas no se llamaran así.
    ¿Conoces algo tan pernicioso como el poder, que se les sube a la cabeza a aquellos que ni siquiera lo tienen?
    
No conozco otro veneno peor. Está hecho para los que persiguen un imposible: añadir un palmo a su estatura.
    Tiene que ser terrible, si es cierto, que somos según el azar de lo que hemos leído, ¿no crees?
    
No es tan terrible, porque lo que somos es lo que hacemos con lo que hemos leído. Cada uno tiene su buena parte de responsabilidad en lo que llega a ser. Es más terrible que uno sea lo que los demás leen de él, que depende de lo que hayan leído en el mundo.
    ¿Por qué será que la seriedad es el último refugio de la gente superficial?
    
Respeto la seriedad de la tristeza, de la curiosidad y el deslumbramiento, incluso de la indiferencia, pero la seriedad estúpida es un arma intimidatoria pegada a la cara y la voz. Y sólo necesita un arma quien tiene miedo. Y tiene miedo quien no alcanza a comprender.
    Uno puede imaginarse los incontables brillantes y rubíes y esmeraldas del mundo, y hasta puede contar en su memoria cada uno de los pájaros valientes que pueblan el espacio, mas encontrará harto difícil adivinar cuál es la palabra que hace a un poema inolvidable...
    
Totalmente de acuerdo. Esa palabra es el resumen misterioso de lo que cabe en la imaginación porque cabe en el mundo. Afortunado quien dé con ella.

                              [siguiente personaje José Luis Zumeta: 21-4-2014]

 

La "politesse" de Michel Tournier

Por: | 07 de abril de 2014

MICHEL TOURNIER   (1924)

M. Tournier1 

     Convenientemente traducida al francés, la carta de Michel Tournier, fechada el uno de marzo de 1990, decía lo siguiente:
    “Querido José Luis Merino:
    Me siento feliz por el hecho de que usted haya pensado en mí para su investigación literaria.
    ¡Lástima! He leído y releído sus preguntas; las encuentro hermosas y sutiles, pero no sé qué responder. No despiertan en mí ningún eco. Perdóneme.
    Amistad, M. Tournier”
    El amistoso Tournier es miembro de la Academia Goncourt desde 1972. Nació en París, el 19 de diciembre de 1924. Autor de ensayos, relatos y novelas, combina la narrativa con la filosofía, recurriendo a crear y recrear mitos literarios tradicionales o de su propio cuño. Mientras algunos lo ven como una de las grandes figuras de la modernidad literaria francesa, otros lo consideran simplemente un escritor para niños y adolescentes. La consideración de estos últimos se debe a que, tras el éxito de su primera novela Viernes o los limbos del Pacífico (1967) –una nueva versión del mito Robinson Crusoe–, reescribió y publicó cuatro años después Viernes o la vida salvaje, con lo que su obra se convirtió en lectura obligatoria en los colegios franceses.
    La carta de Michel Tournier no es buen ejemplo para adolescentes. Lo prueba la siguiente historia imaginaria. Se han elegido siete jóvenes de liceos franceses de la zona entre Bayonne y Hendaye, pasando por Anglet y Saint Jean de Luz...
    Cada uno de esos jóvenes le lanza una pregunta relacionada con la carta arriba suscrita. He ahí algunas: 1ª) Señor Tournier, si las preguntas las encontraba usted hermosas y sutiles, ¿por qué no quiso contestarlas? 2ª) ¿Sospechaba, acaso, que no iba a estar a la altura de las preguntas? 3ª) ¿Por qué no le dijo la verdad, esto es, que las preguntas le darían mucho trabajo y muy pocos clientes-lectores, teniendo en cuenta lo que usted ha dicho siempre, que no escribe por diversión? 4ª) A nuestro compatriota, el escritor Paul Léautaud, no le gustaba la gran literatura, solo le interesaba la conversación escrita, ¿lo sabía, señor Tournier? 5ª) Mi padre dice que a los escritores solo quieren que les pregunten por sus obras, y dice que fuera de ahí no les interesa nada, ¿también es así en su caso? 6ª) Una vez leí algo así como que los escritores nunca deberían usar palabras sin corazón, ¿es verdad? 7ª) Si no lo toma a mal, le digo que su carta haría llorar a un ojo de cristal.
    Correspondería al amistoso Tournier contestar al razonado tropel de preguntas de los jóvenes galos, probablemente lectores entusiastas del libro Viernes o la vida salvaje.
    Mas como no sabemos sus respuestas, queda la moraleja. Y la moraleja explica que, con sus reflexiones, la muchachada colocó al escritor bajo sospecha de andar con falsos rodeos y no menos falsos tapujos.
    Sin embargo, no debe reprocharse a Tournier su negativa a contestar (el relámpago carece de sombra), en cambio debe reprobarse las subidas (“me siento feliz por el hecho de que usted haya pensado en mí para su investigación literaria”) y las bajadas (“no despiertan en mí ningún eco”) de su pensamiento en tan pocas líneas y en tan exiguo espacio. Cualquiera de los hermanos Lumière (Auguste y Louis) hubiera retratado al amistoso Tournier con una mochila de colegial manchada de donuts. 

                                [siguiente personaje Clara Sánchez: 14-4-2014]

José-Miguel Ullán se dejó la mejor

Por: | 31 de marzo de 2014

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN (1944-2009)

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     Entrevisté al poeta José-Miguel Ullán en su casa de las afueras de París (Chaville), a principios de los años setenta, para un proyectado libro de conversaciones con creadores españoles. Nada más recibir la transcripción de lo grabado, me escribió una carta, fechada el 26/7/1971, donde decía: “quisiera que de aquel encuentro sólo guardaras lo adivinable y borraras lo explícito”. Lo cumplí. Diez años después le propuse una entrevista por escrito. He ahí la entrevista. Lo lamenté en su momento, y lo lamento ahora. El contenido de la primera entrevista era muy superior al de la segunda. Mas nunca pensemos que es mala la verdad.
    ¿A la belleza de la exultante juventud, el hombre maduro pone el conocimiento del canon?
    
El canon suele llamarse también Pigalle o Casablanca. Lo restante se compone de sucedáneos o cuentos chinos, de Salamanca a Bilbao. Elegir otra orilla, negarse, al mismo tiempo, a la exultación y al canon es lo único que vale la pena: es decir, cuesta mucho y son pocos los operarios.
    ¿Los proyectos literarios son teclas vivas para el que los tiene, y alambre inservible para los demás?
    
Los demás son alambre inservible para cualquier proyecto literario. O, lo que es igual, el enrejado necesario.
    ¿Llamarías lúdica a aquella parte del poema que produce asombro y / o desmesura? ¿Y por qué no dulcedumbre?
    
El poema, con perdón, no tiene partes ni es productivo. Esa es su carencia más lúdica, asombrosa, desmesurada y dulce, aunque nunca lo entiendan así ni Carmen Conde ni Castilla del Pino.
    Si uno cree de verdad, ¿para qué le hace falta Dios?
    
A: Para, a la vista pajarera de las cosas, ponerlo en duda, aún a sabiendas de que la duda puede ser el más diabólico de sus inventos preunamunianos. B: Para pedirle un crédito a Xavier Zubiri. C: Para no caer en el realismo socialista. D: Para no creer de verdad.
    ¿Lo bello proviene de aquella vez en que lo bello se hizo auténtico?
    
Digno homenaje, el tuyo, al venezolano Andrés Bello en el bicentenario de su nacimiento. Y una manera galaico-vasca de reinventar aquello del huevo castellano y la gallina catalana. Ese maridaje entre hermosura y verdad, tan andaluz, me trae al recuerdo una canción de Raquel Meller: “Un soldado, en Tetuán, / se encaprichó con una mora / y a su amor correspondió / con inocencia encantadora...”. No te cuento el final, porque tú sólo me preguntas por el principio. Sin embargo, te añadiré que, por lo general, lo auténtico siempre es bello, aunque la excepción individual no acabe, ni mucho menos, con Fraga.
    ¿Groucho Marx y Marilyn Monroe han sido una necesidad del siglo XX creada por la mente?
    
El primero, ya ves, puede que fuese una creación de la mente. Pero la segunda fue una forma cuajada de ir directamente al grano.
    Cuando muerdes una manzana, ¿no te da impresión de que ha sido mordida antes?
    
Esa es una impresión digna de una manzana paranoica y celosa de Newton. Yo prefiero no hacerle el juego, que da reuma en el antebrazo y altera el pulso.

                            [siguiente personaje Michel Tournier: 7-4-2014]

Thomas Bernhard y las estrellas de Grinzing

Por: | 24 de marzo de 2014

THOMAS BERNHARD   (1931-1989)

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    Un amigo poeta, Manu Ertzilla, me contó un viaje que realizó a Viena, en el verano de 1989, para visitar la tumba de su admirado escritor Thomas Bernhard, quien había fallecido en la primavera de ese año. Me conmovió la historia. Mucho tiempo después escribí, a mi manera, sobre aquel viaje. Esta es la historia dos veces contada:
    Mi amigo visitaba Grinzing, antigua villa de viñedos, catalogado hoy como distrito XIX, al norte de Viena. En Grinzing se encuentra el cementerio de los vieneses.
   En la entrada del cementerio un cartelito en letra impresa, donde aparecían los nombres de quienes allí moraban para siempre, hacía la función de guía mortuoria. Un nombre destacaba entre todos, el del compositor Gustav Mahler. Otros muchos nombres se unían al del compositor, pero nada decía sobre Thomas Bernhard, salvo lo que alguien dejó pegado en uno de los márgenes, escrito a mano en un papelucho donde databa la calle y el número correspondiente a la tumba de Thomas Bernhard...
    El amigo mío se encaminó hacia el punto indicado. Una emoción íntima lo envolvía. Para su sorpresa, en el lugar señalado tan sólo existía una tumba sin nombre. Todas las demás tumbas llevaban cada una sus respectivos nombres.
    Deambuló por el cementerio un buen rato, recorriendo varias veces aquellas avenidas de la Nada. Volvió al lugar, alertado por quien escribió aquellas letras a mano. En ese momento vio a un hombre de mediana edad, sentado al borde de una tumba cercana a la supuesta tumba de Bernhard. Leía o rezaba, a la vez que levantaba los ojos cada cierto tiempo en dirección a la tumba que tenía enfrente. Esa tumba era la que no tenía nombre y que el papelucho aseguraba datar como la de Bernhard. No quiso interrumpir las plegarias o lo que fuera del desconocido, porque el diálogo entre los vivos y los muertos aspira a lo íntimo, que es como decir a lo sagrado. Se limitó a esperar.
    Cuando el hombre se levantó e inició unos pasos hacia la salida del cementerio, mi amigo le preguntó si sabía dónde se encontraba la tumba de Thomas Bernhard. Das ist (Ésta es), contestó lacónico el hombre, apuntando hacia la tumba a la que sus ojos miraban cuando leía o rezaba. Le dio las gracias, mientras sus miradas cruzadas más que mirar parecían evocar fugazmente a un mismo ser...
    En la tumba señalada había una cruz y junto a ella una cajita cerrada por dos hojas, que asemejaban las solapas de un libro. En la cajita se hallaban unos cuantos folios disparejos con escritos de trazos oscuros a mano. Eran palabras en papel como recuerdo admirativo de quienes amaban todavía a Bernhard...
    Mi amigo sintió dentro de sí un chasquido de infinita soledad (un tiempo sin tiempo). Llegó a llorar al saberse tan cerca y tan lejos del propio Thomas Bernhard. Tal vez rezó sin darse cuenta.
    Cuando se dirigía hacia la salida, reparó en la tumba de Gustav Mahler. No pudo dejar de recordar aquel juicio acerbo de Bernhard sobre Mahler, que lo tildaba de ser un músico practicante del más puro kitsch. Sonrió al pensar en lo paradójico de la situación: tan distante el escritor del músico en términos estéticos, en tanto la eternidad los quería cercanos. Al fin salió del cementerio.
    El atardecer empezaba a cubrir Grinzing. Mi amigo dirigió sus pasos hacia el centro de Viena. Luego, como un hombre entre muchos, se difuminó en la multitud. Más tarde la noche lo fue todo. Nada nos impide imaginar que en ese momento el alma o aquello de lo que estuvo hecho Thomas Bernhard, indiferente a todo y a todos, como en los mejores tiempos, sentiría un inconsolable hastío frente a la obligación de contar cada noche un indeterminado número de estrellas...

                                     [siguiente personaje José-Miguel Ullán: 31-3-2014]

Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

El País

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