Ladrones de fuego

Cristina Peri Rossi: sobre la belleza...

Por: | 21 de julio de 2014

CRISTINA PERI ROSSI (1941)

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     Entrecruzamiento de ideas en torno a la belleza y otros arrebatos con Cristina Peri Rossi, poeta, narradora, traductora y ensayista uruguaya (Montevideo, 1941).
    Si a los caballos les fuera posible imaginar a Dios, ¿lo imaginarían como jinete o como pasto?
    
 Si los caballos tuvieran imaginación, creerían que Dios es una bella mujer desnuda que jamás los cabalgó.
    ¿En el instinto cognoscitivo la belleza resurge como poder?
    
La belleza es un poder frente al cual la única actitud espontánea es la contemplación. De inmediato, surge la fascinación. La belleza no se puede poseer, por lo tanto nos angustia: siempre está afuera, en lo otro a nosotros mismos. Sin embargo, para reconocerla, es necesario haberla tenido dentro, como memoria antigua, evocación o sueño.
    ¿En qué momento el cultufilisteismo y la cultura vienen a dar en la misma cosa?
    
En el momento en que en lugar de ser un continuo aprendizaje, una reflexión constante, nos convencen de que es un objeto.
    ¿Exagerar es síntoma de barbarie?
    
Exagerar es una forma de seducir
    ¿Has visto alguna vez la desgracia pintada sobre los automóviles
   
Yo sí, y J.G. Ballard también.
    ¿Peor que los que venden su cuerpo son los que tratan de comprar las almas?
    
En sociedades que hacen del consumo la única forma de vida y la única instancia de felicidad, las almas suelen estar vendidas aún antes que los cuerpos.
    ¿Es un error mayúsculo creer que la belleza contiene dentro felicidad a mares?>
    La belleza produce muchas cosas: éxtasis y también angustia. Por supuesto que nos proporciona felicidad, pero como esto sólo puede ser percibida de manera discontinua y por contraste, hay que decir que la belleza no es posible de resistir todo el tiempo: es necesario la fealdad, la desgracia para volver a ella.
    Cuando terminamos una obra, ¿empiezan los remordimientos?
    
Para un artista, una obra terminada es una obra muerta. No hay remordimiento, sino ansiedad: hay que gestar la próxima. El remordimiento, en todo caso, no es por la obra en sí sino por sus consecuencias: Goethe se arrepintió de haber escrito el Werther porque muchos de sus lectores se suicidaban. Siglos después podemos admirar la belleza de ese libro sin suicidarnos.
    ¿Podía decirse que uno escribe de manera más bella cuando acierta en la elección de las metáforas e imágenes? Sin embargo, ¿no es verdad que un cuidado excesivo en las metáforas y en las imágenes deja al descubierto y amordazado el sentido de la profundidad que habita cuando el pensamiento vaga libre y sin adornos?
    
La belleza de una idea no se puede separar de su forma de expresión. O por lo menos debe aspirar a ello. Cuando Bécquer dice: “Poesía eres tú” está sintetizando en un solo verso una vasta teoría estética y filosófica, la identificación de la mujer en el arte, pero lo que importa no es sólo el pensamiento sino la perfección de su fórmula verbal.
    ¿El ahora quiere ser eterno?
    
Ciertos ahora sí, por supuesto.
    ¿Por qué aquellos que escriben con facilidad creen que poseen más talento del que realmente tienen?
    
¿Y quién puede medir el talento? Escribir con facilidad es una clase de talento: hay que ver qué es lo que se hace con esa facilidad.

[siguiente personaje Georges Braque]

 

Lucio Anneo Séneca

Por: | 14 de julio de 2014

LUCIO ANNEO SÉNECA (4 a. C.- 65 d. C.)

 

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            En muchas ocasiones hemos quedado prendados para siempre por escritores como Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Calderón (en lengua española) o por Montaigne, Racine, Rabelais, Voltaire (en lengua francesa) o por Shakespeare, Chaucer, Milton (en lengua inglesa) o por Bocaccio, Dante, Cavalcanti (en lengua italiana), sin olvidarnos de Goethe, Hölderlin, Schiller (en lengua alemana),  aduciendo que sus obras fueron escritas hace trescientos, cuatrocientos o quinientos años. Nos parece un tiempo enorme para tan caudaloso saber y sentir.
      Aun cuando cada uno de los mentados es una cima literaria, qué decir de las Cartas morales a Lucilio, del que es autor Lucio Anneo Séneca. Esos escritos fueron puestos al servicio de la Humanidad alrededor de dos mil años atrás.
     Séneca muestra en ese libro un compendio del mundo. Habla en él de todo. Nada  escapa a su atención. Apoyándose en sentencias y saberes del tiempo anterior al propio autor, trufado por fragmentos poéticos, llegan hasta nosotros ejemplificaciones de lo que debemos tener como guía para vivir en armonía con nosotros mismos. El filósofo estoico ofrece sus lecciones de moral como una manera, quizá la mejor, de atacar la corruptela frecuente instalada en el Imperio. Mas es consciente que sus lecciones pueden servir para cualquier tiempo y lugar. El siguiente fragmento lo explicita: “La verdad se ofrece a todos, aún no ha sido ocupada; mucha parte de ella se ha dejado a la posteridad”.
     La lectura de esta magnífica obra abre en nuestra mente muchos caminos y sugerencias. Abre incluso la puerta a una polémica respecto al concepto llamado barroco.  Modernamente, se habla del redescubrimiento del barroco ateniéndonos a una nueva mirada hacia el Siglo de Oro. También se menciona el estilo barroco implementado por escritores latinoamericanos, tales como Lezama Lima, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Astiruas, García Márquez, al frente, y se dice de ellos que poseen una cultura clásica procedente del barroco del Siglo de Oro...
     Pues bien, en el libro de Séneca el estilo de lo que después llamaremos barroco es una constante. Todo el libro está impregnado del barroquismo más feroz, por mucho que el propio autor señale que con su estilo sólo pretende escribir llana y espontáneamente como quien habla mientras camina. Séneca se “pierde” gozosamente, se disgrega, se abarroca. Entrecruza ideas, al punto de que en un momento dado habla de frugalidad y lujo, para derivar hacia otros pensamientos, lo que le obliga a sincerarse al expresar: “Veo que esta materia no se acabaría nunca si yo no soy quien la termine”.
      Se aconseja estar atentos al ritmo pausado de Séneca. Toda prisa en la lectura es un atentado contra la inteligencia. Observe el lector cómo Séneca toca todo lo por tocar, pese a que, en el resumen final, su obsesión se vuelque en el quitar miedo a las enfermedades y a la muerte.
        El hecho de que Séneca no llevara a término aquello que predicaba, no resta mérito alguno a sus escritos. No obstante, su final sí fue estoico, aunque su vida no lo fuera.

[siguiente personaje Cristina Peri Rossi: 21-7-2014]

Los besos en el mundo de Corín Tellado

Por: | 07 de julio de 2014

CORÍN TELLADO   (1926-2009)

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            En 1965 Corín Tellado quedó consignada como “el escritor más leído de todos los tiempos, incluyendo a Miguel de Cervantes”, según certificaba en palabras Guillermo Cabrera Infante, ganador en 1997 del Premio Cervantes de Literatura.
     Refiriéndose a la escritura de Corín Tellado el escritor cubano lo expresaba así: “La pornografía es un arte inocente, nada consciente, y Corín Tellado, ya en las clasificaciones, es una naïve, una primitiva por sofisticar. Sus lectores o tienen esa inocencia o fracasan en su lectura” (Libro de ensayos, de título O, publicado por Seix-Barral en 1975).
     Víctor García de la Concha –director de la Real Academia Española, de 1998 a 2010, y actual director del Instituto Cervantes-, al presentar a Mario Vargas Llosa, en un encuentro literario, dijo, entre otras consideraciones, que el escritor peruano lo mismo sabía apreciar las mieles de Góngora, como los caramelos de Corín Tellado.
    ¿Qué vieron Cabrera Infante y Vargas Llosa en la literatura de Corín Tellado? ¿Quizá la antítesis de quienes se empeñan en dar un sentido más puro a las palabras de la tribu? ¿Tal vez les conmovía que la escritora asturiana, por ser tan obsesivamente fiel a su estilo sentimentalista, fuera capaz de dejarse matar en su imaginario por un millón de besos?
    En los primeros días de verano de 1981, le envié a Corín Tellado –a su domicilio gijonés–, un ramo de preguntas. El tratamiento preguntador era semejante al enviado a otros escritores considerados de primera fila.
    Recibí las respuestas correspondientes y una carta anexa, todo ello fechado un 25 de junio de 1981. Estas son algunas de sus respuestas:
     Los besos son la plataforma de la comprensión más afectiva /
    Toda persona que expresa en letras lo que siente y piensa es digna de ser leída, porque quizás...¡quizás! diga algo que ignoras... /
    
La mente humana es un foco de abismos hartamente conocidos y demencialmente desconocidos. Sigue leyendo y verás cómo el más vulgar autor te dice algo que tú ignoras... / 
    
Besos son nuestras creencias. Nuestra credibilidad ante la vida... A veces besas, a veces pisas. Todo es positivo y fraudulento... / 
    ...
así todos los humanos tenemos una meta: Vivir, sobrevivir, razonar... Cada uno lo hace según su mentalidad, su cultura, sus creencias, sus convicciones...
    
En la carta decía:
    "A la gente de hoy, tan materializada, lista (pienso que más que nosotros para disfrutar la existencia de cada día), déjalos vivir. Tienen derecho a ello. Y nosotros a escribir cosas plácidas, que lo filosófico queda para los antiguos... Los letrados, los inquietos intelectuales... / 
    Yo soy una escritora sentimental y ahí, punto. Lo demás queda para mí... / 
    Un abrazo de tu amiga asturiana, macho, que somos vecinos y mis hijos llevan un apellido vasco como una casa / 
    Hasta siempre."
    Hasta siempre, querida amiga. Que el Príncipe de los Besos te guarde muchos años.
      Y el citado príncipe le guardó hasta el 11 de abril de 2009. Ni un día de más, ni un beso de menos.

[siguiente personaje Lucio Anneo Séneca: 14-7-2014]

Eduardo Arroyo tenía que pensarlo

Por: | 30 de junio de 2014

EDUARDO ARROYO   (1937)

 

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            El pintor Eduardo Arroyo nació en Madrid en 1937. En 1958 se trasladó a vivir a París. Personaje polifacético, ha ejercido de periodista (es Licenciado en Periodismo) y de escenógrafo. Ha publicado varios libros, entre ellos una historia novelada de boxeo, en torno al púgil panameño Al Brown, que lleva por título “Panamá” Al Brown. Por su actitud crítica frente a la época anterior a la democracia, y el hecho mismo de residir en París, se convirtió en un desconocido para sus compatriotas. Se dio a conocer internacionalmente a partir de una gran exposición suya en el Centro Pompidou de la capital francesa (1982).
    En abril de 1997 le envié a su estudio madrileño una entrevista por escrito. Junto a las respuestas, venía una carta (Madrid 18/4/1997) donde reconocía en un pasaje, digno del ostinato rigore de Leonardo, “las preguntas son más vivas que las respuestas”.

     ¿El artista artistea para individualizarse y salir así de la masa, esto es, de la barbarie?
    
Para atenuar su propia barbarie.
    ¿Acertaba Mallarmé cuando decía que los fragmentos son los testimonios nupciales de la idea?
    
 Sin ellos no hay boda.
     ¿A veces pintar viene a ser como el tocar, que todo puede convertirse en sexo a poco que se toque?
    
 No me he divertido nunca pintando.
    ¿Quién habla de victorias? Sobreponerse, eso es todo. ¿O no?
    
 Sí. Sobreponerse a las victorias.
     Es absurdo que la mayor ambición de los artistas que rondan los 25 años de edad sea entrar en los museos. ¿No es más propio de esa edad que sus pesquisas consistan en hacer desaparecer del globo todos los museos del mundo?
    
 Sobre todo los museos tal como están concebidos hoy.
     ¿Pintar es iniciar una obra sobre una idea básica –un punto de apoyo–, y a partir de ahí todo va creciendo en su derredor, que es como decir en su crecedor?
    
 Sí, es exactamente eso, pero a veces lo que va creciendo es la desolación.
    ¿Hacer arte consiste en explorar dominios que no se comprenden, que se nos escapan?
    
 Debería ser así.
    ¿Sería capaz de definir la vida, entre otras cosas, tal como la definía Cioran: “esa chulería de la materia”?
    
 Francamente, nunca he sabido definir la vida.
    ¿El arte es eso que se hará mundo, y no lo que ya lo es?
    
Eso sería ideal, pero no es así.
    Muchos tienen el delirio de grandeza de creerse locos egregios, y son solo chiflados...
    
Es mejor estar chiflado.
    ¿Querer sintetizar la realidad es una manera de acercarla al sueño, al arte, a la poesía?
    
Tendría que pensarlo.

                                  [siguiente personaje Corín Tellado: 7-7-2014]

Todo Brasil en Jorge Amado

Por: | 23 de junio de 2014

JORGE AMADO   (1912-2003)

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            Pese a no tener ningún fundamento en qué basarme, veo a Jorge Amado como un espíritu gemelo al de Joan Brossa. De todos los escritores que he entrevistado en mi vida, en ellos dos se dan las respuestas más afines, en especial por el tono empleado. Quizá se deba a que los dos nacieron en la década anterior a los años veinte del pasado siglo. Una misma generación posee en común afinidades o añudamientos múltiples, no importa que en este caso el brasileño cultivara la narrativa y el español la poesía.
     La escritura de Jorge Amado se perfila como una visión crítica de la sociedad de su tiempo y de las duras condiciones de vida de los trabajadores, salpicado de elementos poéticos y fantásticos. Sus obras más conocidas se titulan El país del carnaval (1931), Cacao (1933), Jubiabá (1935) y Capitanes de arena (1937), conformantes de la serie Las novelas de Bahía. Después de esa compulsiva fiebre expresiva literaria, dio a la imprenta escalonadamente Las tierras del Sin Fin (1943), Gabriela, clavo y canela (1958), Doña Flor y sus dos maridos (1966), entre otras.
     El 6 de diciembre de 1989 recibí una carta de Jorge Amado, con unas respuestas suyas a un manojo de preguntas que le envié. Convenientemente traducida, decía en su misiva: “Querido amigo, recibo su carta del 25 de noviembre y hago una excepción al reposo absoluto que me condenan los médicos en este momento, para responder, aunque brevemente, a las preguntas de la entrevista, preguntas provocadoras y poéticas...”.
     “Utilice las respuestas que ahí van si las encuentra válidas o curiosas...”.
     “Con un abrazo y los votos de un Año Nuevo de paz y alegría. Cordialmente...”.
     Efectivamente, todas sus respuestas las encontré válidas y no pocas de ellas bastante curiosas. Estas son algunas:
     ¿La mejor línea escrita es aquella que sólo merece ser leída por una rosa y su noche?
    
 Por una rosa y su noche, por una luna llena y su cuadrilla de gatas en celo.
     ¿No importa tanto mentir, cuando esa mentira es nuestra verdad absoluta?
    
No veo mal en mentir. La mentira mantiene incólume el concepto de la verdad, absoluta o relativa.
     ¿Cada uno se encarga de hacer a su modo lo mejor para sí mismo?
    
 Es lo peor para los demás: así es la condición humana.
       ¿El arte no está en la parte opuesta a las ideas generales, puesto que solamente describe lo que es individual, porque sólo desea lo único?
    
 El arte es un sortilegio; cada individuo imagina su milagro, único y exclusivo. En cuanto a las ideas generales, ¡ay, Dios del cielo!
    ¿Además de ser el estilo una variación del idioma, también es una modulación y una tensión de todo lenguaje hacia el exterior?
    
Cuando el estilo existe es todo eso y mucho más. ¿Mas no será el estilo una invención de la crítica literaria?
     ¿Conoció a aquel cenizo que se cayó de espaldas y se partió la nariz?
    
Y al levantarse comprobó que había perdido las nalgas y los meniscos.

    N.- Jorge Amado murió el 6 de agosto de 2001, en Salvador de Bahía

[siguiente personaje Eduardo Arroyo: 30-6-2014]

 

     

Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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