Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

Ladrones de fuego

El poeta José Hierro diez años después

Por: | 30 de abril de 2012

JOSÉ HIERRO   (1922-2002)

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     Este año se cumplirán diez años de la muerte del poeta José Hierro. Autor de 11 libros de poesía, más 7 antologías poéticas y 3 libros de ensayo. Premio Cervantes. Premio Príncipe de Asturias. Premio Nacional de las Letras Españolas. Académico de la Real Academia Española. En una ocasión nos cruzamos las siguientes palabras:

      ¿Al estar vacía de significado la verdad, el artista trata de dar sentido a la mentira? ¿Por eso el arte es una mentira que dice siempre la verdad..., especialmente cuando es bueno?

     El arte si no es bueno no es arte. El arte dice siempre la verdad; lo que pasa es que lo dice por unos procedimientos que pueden parecer, objetivamente considerados, embusteros. A todos nos ha ocurrido: llegar a un lugar y ver que la realidad, la disculpa, era tan increíble siendo verdad que hemos tenido que inventar una más complicada. El arte tiene que hacer eso: hacerse creer las verdades, porque a veces si lo dice de una manera directa no se lo creen.

    ¿Esto quiere decir que las cosas verdaderas no hay modo de contarlas?

     No, no. A ciertas cosas hay que ir por un camino lateral; porque en el arte no basta con decir verdades: hay que hacerlas persuasivas, que es una cosa distinta.

     Quien busca la felicidad, no la halla. Quien no la busca, la encuentra. Con el poema, la lucha (no es la palabra) es al revés. Por esa razón no es conveniente identificar felicidad con poesía. ¿Está de acuerdo? ¿No lo está?

    Machado decía, “se canta lo que se pierde”. Primera cuestión. Al parecer hay un estado de infelicidad que es el que obliga a escribir, por lo menos en un número muy corriente. Segunda: en cuanto a los resultados artísticos, toda realización, sea un cuadro, o sea partitura, o sea poema es felicidad al lograrlo; es infelicidad porque nunca se llega a los límites que uno se había trazado.

     Si el poeta pretende explicar el misterio de su poema fuera del poema mismo, ¿no sería mejor que se dedicara a la jurisprudencia o al patinaje?

    El poema se explica por sí mismo.

    ¿Es cierto que a quien tiene suerte hasta las gallinas le dan leche?

    Supongo que sí.

    ¿Si un alcalde no posee capacidad de autocrítica está ciudadanamente muerto?

    Toda gente que no tiene capacidad de autocrítica, sea alcalde o sea bedel del Instituto está muerto.

    ¿Sabe de un lugar de la tierra tan antiguo que hasta los dinosaurios viven todavía?

     Pues no lo sé. Vivo en un país donde sé que hay bastantes dinosaurios.

     No es injusto que un hombre desee que lo admiren. Lo injusto es que se lo merezca (dicen).

    No, no. Lo que hace falta es que un hombre sepa que merece que los demás le admiren. Después si lo admiran, pues muy bien para él, y si no le admiran, peor para los otros.

    ¿En que mares hay gaviotas de espuma y pera?

    En todos los sitios donde quiera verlo una persona con imaginación y con dos copas de vino.

     ¿Por qué en la juventud no sabemos nada, y en la vejez resulta estéril todo lo que sabemos?

    Todo el mundo lo sabe, pero sabe lo suyo; lo que pasa es que no lo puede comunicar a los demás. Decía alguien de los viejos (decía de sí mismo), que daban buenos consejos cuando no podían dar malos ejemplos.

    ¿Qué secreto oculto hace que la muerte de un enemigo nuestro resulte como si fuera una venganza?

    Para mí, por lo menos, no.

                                 [siguiente personaje José Lezama Lima: 7-5-2012]

Picasso. Guernica. Fascismo. Muerte

Por: | 26 de abril de 2012

PABLO RUIZ PICASSO (1881-1973)

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    Hoy se cumplen 75 años del bombardeo de Guernica. Hoy inicio el escrito con Picasso. En los primeros años de los sesenta me dirigí a él por carta (vivía el artista malagueño en Notre-Dame-de-Vie, Mougins, cerca de Cannes). Le pedía permiso para poner su nombre a una galería de arte contemporáneo que pensaba abrir en Bilbao. No recibí respuesta alguna. Respeté su silencio, por lo que la galería se llamó Grises (en alusión a los "grises" en pintura). Inauguré la galería el 7 de noviembre de 1964, con obras de Manolo Millares. Por allí pasaron artistas como Joan Miró, Dalí, Tàpies, Gordillo, Saura, Sempere, Zóbel, los cinéticos de París (Yvaral, Sobrino, Demarco, entre otros, y Julio Le Parc, como adalid de todos ellos), los artistas vascos Zumeta, Balerdi, Gonzalo Chillida, Bonifacio, Ortiz de Elguea, Mendiburu, Sistiaga, entre otros, más los Mompó, Lucio Muñoz, Gerardo Rueda, Equipo Crónica, Corberó, Guinovart, Fraile, Teixidor, Feito y así hasta el centenar. Seis años después tuve que cerrarla, "por incultura y retrogradez de la burguesía bilbaína" (así lo señalé en el impreso de obligado cumplimiento exigido por las autoridades franquistas de aquellos años). 
    Dada mi admiración por el pintor malagueño, he escrito cuanto he podido sobre su obra. En esta ocasión es ineludible centrarse en el Guernica y en ese 75 aniversario del bombardeo de la localidad vasca, sobre cuyo testimonio cruento nace la obra de ese nombre. 
    Hará unos seis años, el Gobierno vasco pretendió una cesión temporal del cuadro, solicitándoselo al Ministerio de Cultura. Y hace muy poco han vuelto a insistir en su petición, en esta ocasión por personas afines al Partido Nacionalista Vasco (quizá sean los mismos peticionarios compulsivos de la otra vez). Les da igual que se denieguen sus pretensiones con razonadores argumentos. De nada sirve decirles lo evidente: debido a las múltiples exhibiciones del cuadro llevadas a cabo por museos de medio mundo y por otros habitáculos no siempre bien acondicionados, las consabidas operaciones de enrollado y desenrollado acabaron por deteriorar la pieza, dejándola en un estado sumamente frangible.
    Para tensar la situación, se llegó a insinuar que la negativa obedecía a motivos estrictamente políticos. Como contrapunto, veían la necesidad de traer el cuadro a Euskadi, como prueba inequívoca de los mejores augurios para el logro de una paz duradera. 
    Todo este aluvión de invocaciones, argumentos, insinuaciones y pruebas inequívocas se han urdido sin tener en cuenta un hecho irrefutable: la fragilidad de la tela hace inviable moverla de donde está. Por encima de los intereses partidistas prevalece el interés de la obra en sí misma.
Pongamos sobre las pantallas un poco de historia. Veamos. El Guernica se gestó como reacción inmediata al infame-execrable bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937. El Gobierno de la II República le encargó a Picasso que pintara un cuadro alusivo a aquel monstruoso ataque. El artista lo llevó a cabo durante los meses de mayo y junio. Hizo hasta siete estados preparatorios. Acabada la obra, la colocaron en el pabellón español de la Exposición Universal de ese mismo año, 1937.
    Expuesta la obra al público, el cuadro tuvo numerosos detractores, en especial por parte de la plana mayor del Gobierno vasco en el exilio. A sus asesores culturales les gustaba muy poco el arte de Picasso y mucho menos su figura de hombre de izquierdas. Estos son hechos probados. La verdad es tozuda. La verdad ha llegado en este momento para poner a cada cual en su sitio. Ahora bien, si la repulsa hacia el Guernica concernía al Gobierno vasco, en las filas republicanas una minoría gubernamental encontraba aquella pintura “antisocial, ridícula y totalmente inadecuada para la sana mentalidad del proletariado”. Por desgracia, en todos los bandos cuecen habas.
    El cuadro conviene conservarlo y guardarlo poco menos que entre algodones, para que dure muchos años, de manera que las generaciones venideras de aquí, de allá y de aún más lejos, puedan contemplar ese enrabietado-adolorido símbolo contra el fascismo y el nazismo, la guerra y la destrucción, la barbarie y la sinrazón. Esa obra está por encima de unos y de otros. 
    Nadie lo dude, el Guernica es un amoroso réquiem enormemente sentido hacia las inocentes víctimas de una violencia fascista execrable. Para su realización, Picasso se autoabasteció de los aguafuertes que realizara en 1935, bajo el nombre de Minotauromaquia. Sobre coloraciones en blanco y negro –a la manera de un Goya a oscuras–, ofreció a la humanidad fulgentes imágenes de horror, muerte y destrucción de dimensiones épicas (3,51 x 7,82 metros). La obra se ha convertido a través del tiempo en patrimonio de la humanidad.

                                            [siguiente personaje José Hierro]

J.K.Galbraith. Los ricos tendrán alma cuando las ranas tengan pelo

Por: | 23 de abril de 2012

JOHN KENNETH GALBRAITH   (1908-2005)

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    El eminente economista estadounidense de origen canadiense, John Kenneth Galbraith, llegó a Bilbao para dar una conferencia sobre la economía en el momento actual, con motivo de celebrarse –como todos los 31 de octubre– el Día Mundial del Ahorro. Esto sucedía el 27 de octubre de 1994. Fuí a realizar un reportaje para el periódico en el que colaboraba.
     Con sus bien llevados 86 años, el hombre de Ontario vino acompañado de su esposa Catherine Atwate Galbraith, a la que llamaba cariñosamente Kitty. 
     La sede central de la entidad bancaria que le había invitado se encontraba abarrotada de público. Entre ellos muchos conspicuos de las finanzas y la politiquería locales. Todos querían ver de cerca al mito de la economía. Los más enterados se sabían de memoria el currículo del conferenciante. Allí estaba el graduado en agricultura por la Universidad de Toronto, quien en los años treinta se mudó a los Estados Unidos y obtuvo su doctorado en agricultura en la Universidad de California (Berkeley); defensor de los controles de precios; liberal neokeynesiano y contrario a la sociedad de consumo. Había sido profesor de economía en las universidades de California, Princeton, Cambridge, Bristol y Harvard.  Desempeñó cargos públicos desde la época de la Segunda Guerra Mundial, bajo el mandato de Franklin D. Roosevelt, y fue nombrado por John F. Kennedy, años después, embajador de Estados Unidos en la India.
     De la nómina de sus numerosos libros destacan El capitalismo americano, La sociedad opulenta, El crac del 29, El nuevo estado industrial, Naciones ricas, naciones pobres, Historia de la economía, Breve historia de la euforia financiera y La cultura de la satisfacción
     En el más asequible y popular de sus libros, La sociedad opulenta, se opone a la fe ciega de quienes todo lo cifran en las ventajas del crecimiento económico. Señala en el libro el peligro de instalarnos cómodamente, a través de la opulencia, siendo indiferentes hacia los excluidos de sus beneficios y su cultura. Ahora como entonces sigue habiendo fundados temores en que siga existiendo la posibilidad de desarrollar una doctrina que justifique la desatención.
    En aquella noche bilbaína, la disertación de Galbraith cautivó a los presentes. Muchos de ellos guardarán entre los pliegues de su memoria las palabras con las que daba fin a su intervención: “Hagamos que la eliminación de la pobreza en la sociedad opulenta ocupe un sitio importante –incluso principal– en la agenda social y política. Protejamos nuestra riqueza de aquellos que, en nombre de su defensa, dejarían el planeta sólo en sus cenizas”.
     Despedido con una atronadora salva de aplausos, dejó el estrado aquel a quien el mundo académico ha valorado por su agudeza y penetración de estilo, la valentía de sus diagnósticos, el dominio de las cuestiones y la exhibición de programas de acción práctica. Se fue con su inseparable Kitty.
     Once años después murió Galbraith. Es tiempo de recordar que mucho antes de su desaparición la miseria del mundo lleva demasiadas décadas dirigida por computadoras desde el Pentágono. Nada ha cambiado en la geoestrategia de las economías dominantes. Nuestra liberaloide sociedad opulenta es culpable de tener encapsulados por el hambre a millones de seres humanos. El rico, águila blasonada, nadando en oro y el pobre, pajarillo sin alas, ahogándose en la nada.

                                    [siguiente personaje Pablo Ruiz Picasso]

"Los violentos temen a los pacíficos" (Luis Sepúlveda)

Por: | 19 de abril de 2012

LUIS SEPÚLVEDA   (1949)

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     El chileno Luis Sepúlveda es autor de una decena de novelas. Gran viajero, fascinado por las diferencias culturales y étnicas, que son, a su juicio, el mayor tesoro de la especie humana. Especializado en temas ecológicos, trabajó en Greenpeace de 1982 hasta 1987, en una de sus embarcaciones. Su libro más difundido lleva por título Un viejo que leía novelas de amor. Guardo del chileno unas breves palabras de una carta que me escribió en enero de 1995 (“Disculpa por la demora en responder a tus cuestionarios, por cierto ingeniosos. Aquí van las respuestas, y por favor sigamos en contacto”), y el diálogo rápido, seco, como un partido de ping-pong, presentado a continuación:
    ¿Por qué a  aquellos que más detestamos procuramos hacerlos sospechosos?
     Si detestamos con razón no sólo son sospechosos, son culpables.
    Dinos algo más decidido como un espantapájaros saliendo del sembrado.
     El mismo espantapájaros luchando por la reforma agraria de Chiapas.
     Quien dice encontrarse a gusto en la Naturaleza, ¿será porque ésta no tiene opinión ni puede tenerla acerca de él?
     El que se siente a gusto  en la Naturaleza, plena o parcial, es porque se sirve de tal situación para pensar en otras cosas.
     Quienes usan superlativos netos y exageraciones del lenguaje, ¿son tal vez aquellos que tienen las ideas menos claras de las cosas?
     El superlativo es el refugio del que nunca se hará merecedor de uno.
     ¿Los violentos odian a los pacíficos, porque saben que, además de vivir en paz, algún día serán los que reinen?
     Los violentos temen a los pacíficos.
     ¿La locura es ese territorio que nos queda para poder alcanzar la libertad suprema?
     No. La libertad nos aleja de la locura. No confundamos a los seres libres con locos. 
     ¿Por qué no basta tener razón si la cara es de malicia?
     Porque la cara es el espejo cóncavo del alma plana.
     Al preguntarte me pongo mi máscara. ¿Tus respuestas llevarán tu máscara? ¿Son los lectores los únicos que no llevan máscara alguna?
     Los buenos lectores no aceptan ninguna máscara.
     ¿No te parecen pocas cinco vocales para tantas consonantes?
     Las vocales no son cinco, son todas las combinaciones posibles.
     ¿Al escribir una pregunta cualquiera sin apenas pensarlo, el que debe responder debe elaborar mucho la respuesta? Por el contrario, ¿cuando la pregunta está muy pensada quien responde lo tiene más fácil, de suerte que se relaja un poco?
    No toda pregunta merece una respuesta. Hay preguntas que son trampas. Hay otras que son afirmaciones que se desean escuchar reafirmadas. La mejor pregunta viene del que antes de hacerla se escuchó a sí mismo.
    Y si el error fuera la parte más inocente de la sabiduría, ¿qué?
    Sería formidable: es sabio el que corrige.
    ¿El arte es eso que se hará mundo, no lo que ya es?
    El arte es absolutamente inútil, inservible, mas imprescindible.

                                           [siguiente personaje John Kenneth Galbraith]

Tama Janowitz, musa de Andy Warhol

Por: | 16 de abril de 2012

TAMA JANOWITZ   (1957)

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    En la imagen aparecen la escritora Tama Janowitz y el artista Andy Warhol, ambos estadounidenses. La escritora formaba parte de la camarilla intelectual y artística en derredor del astro del pop-art Andy Warhol, quien, a su vez, se servía de esa rutilante cohorte como fuente de inspiración para llevar a cabo su obra multidisciplinar.
     La critica especializada llegó a considerar a Tama Janowitz, junto a Easton Ellis y Jay McInerley, como un corpúsculo de “escritores malcriados”, al tiempo de incluirles en lo que llamaron, paradójicamente, la década prodigiosa. Y fue con el libro Esclavos de Nueva York (1986), por lo que Tama Janowitz adquirió una fulgurante notoriedad, que el círculo de Warhol se encargó de jalear exponencialmente.
     Observadora insaciable del complejo ecosistema neoyorquino, tanto en las historias breves de Esclavos de Nueva York y Prefijo 212 (2001), como en los artículos que le publican en The New Yorker o Interwiew y en las novelas Un caníbal en Manhattan (1988), Una cierta edad (2000) y Ellos es nosotros (2008). Siempre con una idea insoportablemente fija: “A veces pienso en la ciudad como un enorme organismo, una especie de colmena viviente”, decía.
     Su manera de escribir le llevaba a utilizar las preocupaciones superficiales de los ciudadanos, para poder captar la esencia más profunda y perentoria de la sociedad en la que vivía o creía vivir. Lo elabora sin pudor, con un estilo directo y sin pretensiones. En ocasiones emplea jirones de su propia vida y los somete a una ácida disección. Las palabras suenan como bofetadas extemporáneas, trufadas por la mayor de las precisiones, con los añadidos de una lucidez irónica y un dolor efímero como resultado. Puede ejemplificarse por medio de un exiguo y, al tiempo, sentido pasaje de Esclavos de Nueva York: “Mis padres habían elegido: seguirían siendo pobres pero vivirían de la tierra, con un estilo de vida que no se viera afectado por el mundo comercial y falso que les rodeaba. Se daba por supuesto que todos trabajaríamos duramente. En otras palabras, no teníamos televisión”.
     Parece probable que el austero ideario de sus padres dejó huella en la escritora, al punto de llevarla a adentrarse en el restrictivo mundo de los seres desplazados de sus historias. En ese universo aparecen artistas sin fortuna, solteras amargadas, fracasados en busca de utópicos e improbables éxitos. Todos ellos rebosan inseguridad y protagonizan relaciones disfuncionales mayúsculas. 
    Desde otra materialidad visionaria, Andy Warhol denunciaba la deshumanización de la civilización dominante, al tiempo de elevarla a categoría de arte a través de los conceptos populares de la cultura urbana norteamericana, tales como pimpantes estrellas de cine, políticos de ideología varia, sopas y jabones y otras bebidas insulsas, proclamando sus ideas al respecto de forma impositiva: “Quiero que todo el mundo piense igual. Creo que todo el mundo tendría que ser una máquina”...
    Tras la muerte en Nueva York de Andy Warhol, el 22 de febrero de 1987, Tama Janowitz fue aclamada por un sinúmero de amigos como la musa predilecta del artista de Pittsburgh. Mas todos sabían, empezando por Tama, que la única musa, la verdadera musa de Warhol fue el propio Warhol. 
    Fechada en Nueva York (23 de mayo de 1990), Tama Janowitz me escribió una carta-tarjeta postal (a mano y en letras mayúsculas):  “QUERIDO JOSÉ LUIS, SIENTO NO HABER TENIDO TIEMPO PARA COMPLETAR TU CUESTIONARIO (ESTOY INTENTANDO ESCRIBIR)...", con el añadido de una leve alusión a mis libros, y poco más.  Desde entonces no tengo noticias de ella, salvo sus libros.

    En 1999 se presentó en el Guggenheim bilbaíno una notable muestra antológica de Andy Warhol, con 576 piezas de variado registro estético. Más adelante buscaré la ocasión de hablar del arte de Andy Warhol y de su figura como mito -paradeño de la gloria-, esa manera moderna de entrar en la beatitud laica.

                                                 siguiente personaje Luis Sepúlveda]

Ovidi Montllor: un corazón demasiado grande

Por: | 12 de abril de 2012

OVIDI MONTLLOR   (1942-1995)

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      “En mi pueblo de Alcoy hace mucho frío en invierno y nieva. Yo he sido hijo de familia humilde. Como no llegaba para el abriguito, iba con papeles de periódicos dentro de la ropa. Mi madre, antes de salir de casa para la escuela, me metía dos ajos pelados en la boca. Para coger calorías iba masticando aquello, y a cien por hora a buscar la primera fuente. Mi madre dice que he sido un niño con muchas enfermedades, y con el corazón demasiado grande para mi edad. Me pasaba muchos días sin salir de casa. Un tío, que estaba exiliado, había dejado toda su biblioteca en mi casa. Yo leía los libros de teatro y me pasaba muchas tardes delante del espejo, disfrazándome de cada personaje...”. 
     “Pasada la mili, volví a Alcoy. Hubo por entonces una crisis mercantil que barrió prácticamente la industria textil. No había trabajo. Decidí largarme a Barcelona, donde vivía mi tío, que había vuelto del exilio. Esto ocurría en 1963-1964. Trabajé de camarero en el hotel Ritz y luego en otros oficios. Entré en contacto con grupos de teatro independiente...”.
    “El marido de la portera donde yo vivía había muerto. Como era muy pobre, vendió varias cosas, entre ellas una guitarra del marido. Se la compré más que nada por ayudarla. Luego, como me pareció una imbecilidad tener la guitarra como elemento decorativo, fui a la cueva del Drac de Barcelona, que era el lugar donde se cocía el movimiento de la canción en catalán. Con un bloc y un bolígrafo punteaba los acordes que utilizaban los cantantes. Después, en mi casa, intentaba reproducirlos en la guitarra”. 
    “Empecé a escribir canciones, pero por broma. Un amigo me presentó a un crítico, Juan Segarra, hijo del célebre escritor José María de Segarra. Le dijo que yo tenía unas canciones muy bestias. Me oyó cantar y me empujó a esto. Nunca pensé que iría a cantar aquellas canciones en público, porque nunca me ha gustado mi voz. Pero me di cuenta que la canción era un medio de comunicación muy rápido y urgente; además lo podía confeccionar en mi casa”. 
    “No se vea en ello ninguna ínfula por mi parte; aunque lo cierto es que al actuar con Raimon y Pi de la Serra en el Palau de la Música de Barcelona, en 1968, fue un espaldarazo tremendo. A partir de ahí he seguido con la canción y el teatro”.
     “Con el cine me ha pasado algo parecido. Todo empezó cuando hice un papelito simpático de un tartamudo forofo del Barça. Poco después me llamó el director de cine José Luis Borau. Como a Lola Gaos no le satisfacía ninguno de los que le presentaron como protagonista, le dijeron que lo eligiera ella. Entonces, me llamaron, fui a Madrid y Lola me eligió a mí”.
     “Luego vinieron más películas y más actuaciones teatrales, como ésta que comparto en Bilbao con el actor José Luis López Vázquez.”.
    

     Este esbozo de su vida lo revelaba Ovidi Montllor, en un encuentro mantenido con él en los camerinos del Trueba (teatro-cine ya desaparecido). 
    Doce años más tarde, moría a la edad de 53 años, el cantautor-actor de Alcoy, a quien su madre le dijo que había sido un niño con muchas enfermedades y el corazón demasiado grande para su edad.

                                               [siguiente personaje Tama Janowitz]

Guionista y más del mejor Buñuel

Por: | 09 de abril de 2012

JULIO ALEJANDRO   (1906-1995)

      julioalejandro 3 Una vez el azar se llamó Julio Alejandro. Por azar le conocí. Fue en México, en la inauguración de una muestra plástica en la Galería Pecanins, del Distrito Federal de la capital azteca. 
     Como me fue imposible contactar con Luis Buñuel, tuve que conformarme con haber conocido a su guionista preferido, Julio Alejandro. Su filiación completa era Julio Alejandro de Castro Cardús, aragonés de Huesca, nacido en 1906. De vida intensa, aliada con el azar, alternativamente según las circunstancias. Primero como alférez de fragata en la Escuela Naval en tiempo de paz, después como marino republicano en la guerra civil y luego en la guerra del Pacífico durante su estancia en Manila...
     Dentro del mundo de las letras, Julio Alejandro se inició como poeta. Publicó su primer libro de poemas, La voz apasionada, en 1932, con prólogo de Antonio Machado. Para ganarse la vida se dedicó a la escena teatral. Obras suyas se estrenaron en España, Chile, México y Argentina, con títulos como El pozo, Virginia Fábregas, La familia Kashin, Shangai-San Francisco, La luna sin teléfono, Barriada, El termómetro marca 40, La casa sin música, entre otras...
     En cierta ocasión, firmó un contrato de seis meses para montar obras suyas en México y, también por azar, se quedó viviendo en ese país treinta y cinco años. 
     En tanto trabajaba en sus obras teatrales se inició en el mundo del cine, como creador de guiones. En este nuevo rol como guionista fue reclamado por muchos directores de cine. Ellos son Tito Davison, Indio Fernández, Tulio Demicheli, Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Luis Alcoriza y muchos más, incluido su compatriota Luis Buñuel. En total intervino como guionista de un centenar de películas.
     Cinco fueron los filmes de Buñuel en los que ejerció como guionista Julio Alejandro: Abismos de pasión (1953), Nazarín (1958), Viridiana (1961), Simón del desierto (1965) y Tristana (1970). En la película El ángel exterminador, de 1962, participó como director artístico.
    No sabría decir cuáles fueron las palabras de ida y vuelta que llegué a cruzar con Julio Alejandro. Sé que fueron envueltas por lo grato. Pero sí recuerdo, aunque vagamente, su figura. Discreto en el vestir, fino de modales, calmoso el habla, con sus manos tranquilas hechas para contactos suaves. A sus 64 años su rostro se mantenía reluciente como la luz eléctrica. Parecía tener una inequívoca vocación por pasar desapercibido por este mundo. Nadie hubiera sido capaz de ver en él al guionista de películas tan contundentes y recias como las de Buñuel (no hay obra maestra sin el consejo del diablo). 
    En 1983, Julio Alejandro dejó México para vivir hasta el resto de sus días en tierras alicantinas, concretamente en Javea. Allí murió, el 22 de septiembre de 1995. Desconocido para el gran público español, durante su estancia entre nosotros se ganó la admiración de varios profesionales del teatro, el cine y la literatura, entre ellos Víctor Erice, Adolfo Marsillach, Mary Carrillo, José Luis Borau, David Trueba, Ariadna Gil, Alex de la Iglesia, Manuel Vicent, Rafael Azcona, y otros más.
    Unas palabras suyas al final de su vida le definen: “Soy poeta por encima de todo, después escritor de teatro, después escritor de cine, después escritor de televisión y después nada...”.
    Pese a la imposibilidad de ponerme en contacto con Luis Buñuel, me queda el recuerdo bordado de palabras olvidadas de su guionista favorito.

                                                 [siguiente personaje Ovidi Montllor]

Ana Mariscal "una señora estupenda"

Por: | 05 de abril de 2012

ANA MARISCAL   (1923-1995)

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     “Mi querido amigo:
     Gracias, gracias una y otra vez por la crítica sobre la obra de Mihura, El caso de la señora estupenda.
     A mí no me basta que una crítica sea elogiosa. Me gusta que sea inteligente, razonada, buena, buena como crítica, que sepa ver lo que hay en el escenario cuando una obra se pone en pie. Y si todo lo que la obra tiene se ve, entonces soy feliz porque creo que todo lo que yo he puesto ha contribuido a que eso sea posible; porque esa es mi intención desde que elijo una obra hasta que se abre el telón. Y a ello dedico una entrega total llena de esfuerzo, de trabajo y de intuiciones... 
    ¡Ay! Ese abanico y ese viento en un día caluroso... Eso es lo divertido del trabajo en el sentido literal de la palabra. Quizá estas palabras me las esté dictando el propio Miguel Mihura. Yo sé que desde cualquier nubecilla se habría sonreído socarronamente y habría dicho en tono bajo y como para su coleto: ‘Hombre, un crítico que no dice tonterías. Si lo sé vivo un poco más’.
     Gracias, un abrazo”,

     Estas líneas llevan la firma de la actriz-directora de teatro y cine Ana Mariscal. 
    Las mandó al periódico donde yo ejercía por aquel entonces como crítico de teatro. Estaban escritas a mano, sobre un papel impreso con el nombre del hotel donde se hospedaba: Hotel Carlton de Bilbao. Aunque no figura la fecha, calculo que la escribiría a mediados de los años ochenta (época de mi breve paso por la crítica teatral). 
     Quiero imaginarme a Ana Mariscal el mismo día que salió la crítica sobre El caso de la señora estupenda, empapando el bizcocho en el café con leche y decidida a escribirle al crítico unas líneas de agradecimiento. Le diría que le gustó la crítica por haber sabido ver y entender la entrega, el esfuerzo y las intuiciones que puso ella en el empeño y por ahí... 
     Veintitantos años después le digo a Ana Mariscal que soy yo el agradecido, teniendo en cuenta la mucha saliva que tienen que tragar algunas personas antes de decidirse a escribir, aunque se trate de una simple carta. Es cosa sabida que quienes no escriben tienen la suerte de no comprometerse. A muchas de esas personas la intensidad del silencio no les produce angustia alguna. Pero no es el caso de la actriz-directora. 
    Y aún hay un motivo más de agradecimiento cuando pienso en el sinnúmero de colegas suyos incapaces de admitir una crítica que no sea una buena o muy buena. Creen que los parabienes elogiosos son actos de debida justicia. Para eso son ellos –piensan ensimismados–, quienes dan purpurina a las estrellas. Diré más: ven el mundo convertido en su propio ombligo (si fuera necesario con un sabor a lápiz de labios o a sobrio desodorante varonil). Da igual que sus trabajos sean probados bodrios u, opuestamente, reconocidas perlas de la escena. Su ensoberbecimiento les lleva a imaginar que vivir en el mundo de la dramaturgia les hace superiores y distintos a los demás mortales. Por desgracia, una gran parte de la púrpura farandulera nunca ha sabido distinguir la diferencia que media entre lo quimérico y la realidad. Han preferido instalarse en la advertencia formulada por el maestro de maestros en Macbeth: “para engañar al mundo, pareced como el mundo”. 
    Mas no engañan a nadie, excepción hecha de quienes no les importa dejarse engañar.  

                                           [siguiente personaje Julio Alejandro]  

Adelaida García Morales la de "El Sur"

Por: | 02 de abril de 2012

ADELAIDA GARCÍA MORALES   (1945)

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     Este es un diálogo rumbadamente sesudo, con pespuntes iconoclastas, mantenido con una persona muy formal y seria, de nombre Adelaida García Morales. Poeta y narradora, Licenciada en Filosofía y Letras. Ha trabajado como modelo, actriz de teatro y traductora. También ha ejercido como profesora de secundaria de lengua española. Su relato El Sur, sirvió como argumento para la película del mismo nombre, dirigida por su exmarido Víctor Erice. Entre la decena de novelas publicadas destacan El silencio de las sirenas, La lógica del vampiro, Las mujeres de Héctor, Nasmiya, El secreto de Elisa y Una historia perversa. Su libro de poesía lleva por título Mujeres solas.
    Dialogamos: 
    Si la alegría y la tristeza no se pueden contar, ¿solo se vuelve contable el hacer reír y el hacer llorar?  ¿En eso consiste la esencia de la literatura?
    La emoción es atributo de las palabras y ha sido siempre atributo de la literatura.
    ¿Ha escrito alguna vez con la esperanza de corromper los tiempos venideros?
    Cuando escribo sólo pienso en contar cuentos.
    ¿Sabía que los pájaros cuando dejan las ramas de los árboles reales vuelan en busca de árboles invisibles e imaginarios?
    No me extraña. Pues con frecuencia aquello que pertenece a un territorio imaginario se presenta con más intensidad que lo real.
    ¿Conoce a alguien tan aburrido como un príncipe probando pelotas de golf?
    Un presentador de concursos televisivos. 
    Dígame algo tan feliz como un cántaro lleno de agua.
    Los copos de nieve.
    Le hago una pregunta que nunca haría a Emilky Dickinson, Virginia Woolf o Marguerite Yourcenar, por ejemplo: ¿tiene hijos?
    Tengo dos hijos varones. 
    ¿El escritor, la escritora, son invencibles ante la página en blanco y derrotados ante los demás?
    A veces también son derrotados ante la página en blanco.
    La gente pasa el tiempo leyendo lo que escriben los otros. ¿No dan ganas de decirles, escribe tu página, vive tu vida sin interferencias?
    Leer y escribir tienen algo en común. De las dos formas se penetra en el espacio de la ficción.
    ¿La patria es una pata de palo con termitas?
    Es una ficción mental.
    ¿Las mujeres son más femeninas que los hombres?
    No lo sé. 
    ¿Hoy tememos decir la verdad por temor a ser creídos?
    Más bien existe la obsesión por ser creídos.
    ¿A quién de estos hombres le gustaría haber podido dar un beso: Cristóbal Colón, Mozart, Leonardo da Vinci, Lewis Carroll, Andersen, Cervantes...? ¿Y a qué mujer o mujeres?        
    A Mozart. A Edith Wharton.
    ¿La risa es la boca feliz de la civilización?
    Puede que la risa fuese anterior a la civilización.

                                                   [siguiente personaje Ana Mariscal]

                                                                

El País

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