ERNEST HEMINGWAY (1899-1961)
Allí se encontraba el famoso escritor Ernest Hemingway en la plaza de toros de Bayona (Francia), durante la feria de agosto de 1959. En esa corrida intervenían los toreros Luis Miguel Dominguín, Jaime Ostos y Luis Segura. El americano estaba en una barrera, con varios acompañantes, y yo en callejón (tan próximo a él como para escuchar sus palabras).
Según me enteré más tarde, la revista estadounidense Life le había pedido a Hemingway un artículo de diez mil palabras para que contara el efecto que le produjo regresar a España después de muchos años de ausencia. El escritor envió un manuscrito con ciento veinte mil palabras. Año y meses después de su muerte, ese manuscrito acabó por salir en forma de libro –previa reducción de setenta mil palabras–, bajo el título El verano peligroso. El libro trata de la rivalidad entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez durante la temporada de 1959.
En la cuadrilla de Luis Segura iba el banderillero Paco Morán, Chico de Vista Alegre. Éramos amigos de cuando jugábamos a ser torerillos, junto a otros chicos, sobre la arena roja de Vista Alegre. Entré en la plaza de Bayona en el automóvil de los toreros. De ahí la oportunidad de estar en el callejón y ver de cerca al estadounidense.
En otro lugar del coso bayonés se hallaba la actriz norteamericana Lauren Bacall. Miraba atentamente con prismáticos los movimientos del diestro Luis Miguel Dominguín. El torero madrileño se había ganado la atracción de las damas a raíz de su relación sentimental con la bellísima estrella de cine Ava Gardner. Por aquellas fechas de la feria de agosto en Bayona, Lauren Bacall ya había enviudado de Humphrey Bogart, muerto dos años antes. La fascinante viuda se “comía” virtualmente al torero con la mirada (el ojo ve más de lo que el corazón conoce).
La historia alrededor de la pasión de aquellos prismáticos tuvo una deriva sangrienta. Ocurrió seis días después en la feria de Bilbao (21 de agosto). Alternaban Dominguín y Ordóñez, junto a Jaime Ostos. El hombrón de Illinois y la estrella de cine estuvieron presentes en la corrida de Vista Alegre. Yo los vi. Durante la lidia, tras tropezar con un caballo de la pica en el tercio de varas, Dominguín fue corneado gravemente. Era inconcebible que un profesional como él –calificado como un torero dominador de todas las suertes–, fuera cogido de aquella manera tan absurda. Al parecer, aquella tarde su cabeza estuvo más pendiente de los sortilegios de la Paramount que de los peligros del toro.
Sin embargo, el escritor americano perdió una ocasión envidiable de relacionar lo erótico con lo tanático. Ni siquiera lo mencionó en su libro (poseo la edición en español de 1985). Se limitó a dar como triunfador a su idolatrado torero, Antonio Ordóñez. Curiosamente, esa idolatría le llevó a recordar en el libro una cogida del torero de Ronda acaecida unos años antes. Describía arrobado la unción con la que limpiaba la herida de asta de toro inferida en el glúteo y cómo le hacía periódicamente las curas, por orden del doctor Tamames, sintiéndose por ello un ser privilegiado, sin importarle dónde estaba la herida o, tal vez, porque se hallaba en lugar tan íntimo, justo por eso él era un tipo privilegiado.
Aunque el escritor conservó intacto su vigoroso dominio del arte de la narración, le falló a última hora el sentido de la observación, tan arraigado a su carrera literaria. Esa falla observadora que denoto aquí fue juzgada en sus buenos tiempos por el propio Hemingway, como una implacable premonición: “Si un escritor deja de observar, está liquidado”.
En el crujidero de los dos años siguientes a aquel verano, el escritor decidió dispararse en la boca los dos cañones de una carabina Richardson.
* En la imagen Ernest Hemingway con Antonio Ordóñez
** [Razones de fuerza mayor me han impedido croniquear este año los sanfermines. Quedan en el recuerdo aquellos amigos y amigas a los que no podré ver. Cito, sin orden de prelación, a los de la peña alemana de Borussia (con Günter Bonas a la cabeza) / Wolfgang Felske y su luminosa hija Ninja / mis solícitos vecinos de localidad Begoña y Martín, María Jesús y Teodoro (y al colega de crítica Carlos Illán) / la enrazada ganadera de Prieto de la Cal (Marquesa de Seoane) / los del Club Taurino de Pamplona, Jaime Esparza, Luis Tolosa y otros, con Cecilio Vierge como acucioso enlace / los expertos en taurofilia Emilio de Hita, Jesús Zúñiga, Emilio García San Miguel, Ignacio Usechi / Imre Weitzner, anchuroso Presidente del Club Taurino of New York, y su inseparable Nympha / el recio caporal de la tertulia del Hotel Sancho Ramírez, Pedro Mari Azofra, y sus fieles ayudantes Matías y Andrés, además de los asiduos escuchantes, amigos todos, entre ellos el bermejo valenciá y Julio Espadas (novillero bilbaíno de los años sesenta, afincado en Pamplona) / la directora del hotel, la angélica Angélica Calvo, y su marido Javier, y el hijo de ambos, el torerista-y-futbolero Alex / Pepe Rioja y sus gafas-pop / José Miguel García Gobeo, hasta hace unos meses presidente de la sociedad gastronómica benéfica Napardi / las animosas Maite Esporrín y María Pilar Ferrero, parlamentaria y concejala, respectivamente / Jesús Ruiz (escolapio celebrante de la misa taurina anual para los componentes de la Peña La Madera) / esa misma peña, buenos amigos del inolvidable Joaquín Vidal y, a su través, amigos míos, Joaquín Arroyo, Alfredo y José Luis Eslava, Fermín Zalba (sin olvidarnos del desaparecido Masito López Istúriz), Joaquín Tirapu, y otros más, con Luciano Muro y su docto acordeón, de teclas sonrientes, al frente de todos, y más y más y más hasta llegar al mar]
[siguiente personaje Lola Flores: 16-7-2012]