JOSÉ TOMÁS (1975)
La espectacular noticia rozaba la tragedia. Se temía por la vida del José Tomás, tras la cogida del 24 de abril de 2010 en la plaza de toros mexicana de Aguascalientes. El toro Navegante, quinto de la tarde, le había partido la femoral. De su ingle izquierda manaban chorros de sangre que iban regando la arena del coso. Llegó a la enfermería de la plaza en estado de shock. La sangre perdida se medía por litros. Los médicos de la enfermería de la plaza batallaron durante más de 40 minutos para estabilizarle. El torero fue intervenido durante tres horas y media, tiempo en el que se transfundieron ocho litros de sangre, donados por decenas de voluntarios (ricos y pobres, mariachis y maletillas, famosos y desconocidos). Después de la intervención quirúrgica, llevaron al diestro a la unidad de cuidados intensivos. Por suerte, pudieron salvarle la vida.
Mientras discurría ese tiempo de noticias, retrocedí unos años atrás, hasta el 31 de julio de 1997. Aquel día entrevisté a José Tomás unas horas antes de su actuación en la plaza de toros de Azpeitia (Guipúzcoa). El contenido de la entrevista fue publicado en el periódico en el que colaboraba, justo el mismo día que debutaba el torero en la Semana Grande de Bilbao (22 de agosto de 1997). En la entradilla de la entrevista anuncié un hecho, al tiempo de aventurar un pronóstico: “Hoy debuta en Bilbao José Tomás, el torero llamado a erigirse en el número uno del escalafón. Por dondequiera que va acaba imponiéndose a todos. José Tomás se pone en el sitio que nadie se pone. Es el sitio exacto, no donde el torero se alivia, sino allá donde hay más riesgo. Posee una izquierda prodigiosa. Hace dos días cumplió 22 años. Atentos a su muñeca de azúcar”.
Las respuestas de José Tomás en aquella lejana entrevista compendiaban la autobiografía de un sueño. [Siendo muy joven salió de su casa por primera vez en su vida. Le mandaron a un lugar de otro continente (México) para torear tres novilladas y consiguió torear 28. Eso le hizo madurar muy rápido. En la capital azteca tomó la alternativa. Su meta siempre fue llegar a ser figura del toreo. No lo hacía público, pero él en su interior se veía con condiciones para ser el número uno. Sabía que poniéndose en el sitio del toro, ahí donde te puede coger, y presentándole bien la muleta y llevándolo toreado, el triunfo llega seguro].
Al preguntarle qué se siente cuando se está toreando de verdad, su respuesta fue sencilla, diáfana, determinante: “Es la sensación más grande. Cuando tú cuajas un toro bien, y la gente está entregada, para mí es la sensación más grande y bonita que tengo en mi vida. No se puede describir. Hay que sentirlo. Te sale todo como lo pensaste. Estás satisfecho de tu obra. Te sientes superior a todos”.
Con el paso de los años, torear sigue siendo para José Tomás el medio más ahondado de hacerse distinto. Si para otros torear es un oficio, una profesión, para él torear es su daimon (su destino). Desea que le admiren y quieran, como la manera más completa-dulce-recia-tierna de vivir. Para ello se pone en un sitio donde no se pone nadie, al punto de emocionarse él mismo mientras torea. Su emoción roza lo contagioso, para llegar instantánea y fulgurantemente a los tendidos...
El hombre de quien nos referimos vive en soledad y deja que le hablen en metáforas. Tal vez sueñe, como los erales lorquianos, con verónicas de alhelí. Y hasta crea narcisistamente que en un natural suyo cabe toda la tauromaquia. En cuanto al hecho mismo de jugarse la vida en los ruedos, lo tiene decidido: si tiene que morir, morirá por y para lo bello. Esta clase de artistas luchan más por lo que aman, que por lo que son. Solo la sombra de la muerte no es común a todos.
* La imagen corresponde a una tarjeta de felicitación navideña (1997) que me envió el torero. A la izquierda de la foto escribió a mano: "Con mis mejores deseos" (y su firma). El diestro ponía su punto de distinción respecto a sus compañeros de profesión. Quince años después, o sea en el ahora mismo, ese punto de distinción lo ha extremado José Tomás poniéndose o empeñándose leer a Hegel. Alguien debería decirle que para llegar a Hegel, antes parece más apropiado y pertinente frecuentar otra clase de lecturas, como por ejemplo Ensayos (Montaigne), Aforismos (Lichtenberg), Pensamientos (Joubert), Palabras efímeras (Léautaud), Elogio de la sombra (Tanizaki), Libro del desasosiego (Pessoa), Claros del bosque (María Zambrano), La provincia del hombre (Canetti) y muchas-muchas más.
[siguiente personaje Antonio Chenel Antoñete: 13-8-2012]