Ladrones de fuego

Arnold Wesker: enojo y compromiso

Por: | 03 de septiembre de 2012

ARNOLD WESKER    (1932)

Arnold wesker2

     “Recibo muchas preguntas de estudiantes escribiendo la tesis sobre mi obra. Invariablemente, me piden que conteste preguntas que ellos deberían contestar por sí mismos. Al menos, yo no puedo contestar”.
     “Si escribe al THEATRE QUARTERLY, 31 Shelton Street, London WC2H 9HT y pregunta por el ejemplar nº 28 de 1977, quizá lo encuentre de utilidad y también las hojas anexas”. “Buena suerte”, firmado: Arnold Wesker. 
     Esa fue la contestación del dramaturgo inglés Arnold Wesker, en referencia a una entrevista que le propuse. Al ver que mis preguntas llevaban todas ellas signos interrogativos, probablemente creyó que se trataba de alguien solicitando respuestas en torno a sus obras escénicas. Tampoco excluyo imaginar que al no encontrar en las preguntas alusión alguna hacia sus escritos, la ocasión le vino al pelo para quitarme de en medio con esa carta. 
     Empiezo a sospechar que estoy predestinado a no entenderme con escritores británicos, se llamen Doris Lessing, Julian Barnes o Arnold Wesker. 
     Realmente me interesaba tanto el autor teatral inglés que hubiera renunciado a hacerle preguntas más o menos “creativas”. Él es uno de los autores dramáticos del potentísimo teatro inglés de los años cincuenta y sesenta. Corresponde a la generación de los Nigel Dennis, N. F. Simpson, John Osborne, John Arden y Harold Pinter. (1).
     Nacido en 1932 (Londres), de padres judíos, proletarios y comunistas. Recibió una educación deficiente por falta de recursos. Tras la Segunda Guerra Mundial “cultivó” diversos oficios como pinche de cocina, pastelero, obrero de campo, carpintero, lampista y dependiente de librería. 
     Sus primeras obras dramáticas giran en torno a la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y la guerra fría. Durante un lustro escribió compulsivamente y sin dilación una obra al año. La cocina (1957), Sopa de pollo y cebada (1958), Raíces (1959), Hablo de Jerusalén (1960) y Patatas fritas a voluntad (1961). 
     Sus personajes no son marionetas ni meros portavoces de las ideas político-sociales del autor. Están trenzados por una creación artística que insufla vida a unos seres humanos de carne y hueso –no obstante sean producto de su imaginación–, que poseen unos ideales apegados a la realidad de la vida misma. Esos personajes se tornan creíbles porque les acosan dudas, inquietudes, se ven envueltos en fracasos y en la necesidad de salir de ellos con esfuerzo y coraje.
     He encontrado unas palabras del propio Arnold Wesker que van directamente al meollo de su teatro: “Mis personajes no son caricaturas, sino verdaderos, aunque ficticios, son seres humanos. Pese a que las imágenes que he trazado de ellos es áspera, no me ha dictado, ni muchísimo menos, la repugnancia. Yo estoy al lado de esas gentes; lo que pasa es que me siento enojado con ellas y, consecuentemente, conmigo mismo”. 
     Además de agradecerle la buena suerte que me deseaba en su carta, le devolví por escrito esos mismos deseos para él.

(1).- El Premio Nobel de Literatura concedido a Harold Pinter en 2006 supuso premiar a la generación del teatro inglés de los cincuenta y sesenta, como el Nobel otorgado al poeta Vicente Aleixandre en 1977 equivalía premiar a la generación española del 27 (García Lorca, Guillén, Alberti, Salinas, Altolaguirre, Dámaso Alonso, Cernuda, Bergamín...).

                                 [siguiente personaje Eduardo Chillida: 10-9-2012]

Hay 6 Comentarios

Me hubiese gustado mucho conocer esas preguntas que no llegaron a ser respondidas por Arnold Wesker. En el aire quedan los interrogantes, sin embargo, y como queda patente al leer este artículo, su frustrado entrevistador logra transmitirnos la inquietud de conocer a fondo sus obras.
Todos sabemos que, para que las sociedades evolucionen, son indispensables escritores de la talla y compromiso de este autor teatral que ha sido capaz de trasformar en obras teatrales sus vivencias personales transcurridas en una época muy difícil, sabiendo profundizar en las secuelas y consecuencias que conlleva para el ser humano, el sobrevivir en un mundo tan absurdo e injusto como el nuestro.
En fin, somos hijos del tiempo en que nos toca vivir, esa es una de las principales circunstancias que nos marca, nos aglutina, nos define y nos coloca en este escenario que estamos redecorando nuevamente sin fundamento alguno para las futuras generaciones. Si, al menos, fuésemos capaces de prescindir de algunas butacas de patio...

Como septiembre es el mes de poder aún añorarlo todo, antes de dejarnos arrastrar por los siguientes meses, en los que que el otoño y el invierno nos harán olvidar los anhelos hasta otra primavera, me reafirmo, al leer al nuevo convidado y ladrón, Wesker, en mi anterior comentario (al respecto de Navalón, pero válido también aquí): ¿por qué lo bueno siempre se acaba?, ¿por qué lo único esencial del ser es pasar?
Esa sensación de zozobra (por lo que tiene de tiempo que se escapa, de pérdida sin contrapeso) que me produjo saber que José Luis Merino no realizará más críticas taurinas se ha visto reforzada al pensar en esos personajes que trenza Wesker: envueltos en fracasos, pero siempre con esfuerzo y coraje.
Pérdida, fracaso y una luz, el coraje (parafraseando a Confucio, aunque sea imposible, valioso en el intento).
Nos queda en esta mañana aún soleada, este nuevo artículo, esta nueva invitación a revisar las obras del dramaturgo y encontrar allí la vida real, y la esperanza de la siguiente entrega del blog.
Nota (al margen de lo trascendente): Me gusta especialmente el aroma a relato que rezuma el artículo, refiriéndose, por ejemplo, a otros textos ya aparecidos ("empiezo a sospechar que estoy predestinado a no entenderme con escritores británicos, etc.") y cómo nos traslada al afan del escritor ilusionado por proponer el juego de sus entrevistas a personajes apasionantes del mundo literario y de pensamiento, esperando siempre encontrar al digno oponente, y recogiendo a veces logros, a veces decepciones. ¡Como la vida misma!

Se esta librando un batalla y necesitamos todas las voces. Los escritores, como los militantes, no pueden ser meros comparsas. Todo cambio político comienza por uno mismo. Gracias por presentarnos a los que están de nuestro lado.

Buena suerte necesitamos ahora los nuevos judíos, proletarios y comunistas de Europa, que somos todos los ciudadanos condenados a ver cómo desmantelan el "estado del bienestar" y nos llevan a la pobreza y el esclavismo. Buena suerte, educación, cultura, y blogs como éste.

Sorprende que su página web se abra con una cita que dice “Arnold Wesker- el único forastero del Teatro Británico…”. Supongo que lo de “forastero” viene porque no se trata del autor clásico al que la Gran Bretaña nos tiene acostumbrados.
Wesker no procedente de una familia pudiente, ni siguió una educación exquisitamente elitista, ni tiene una forma comercial ni complaciente de enfocar el arte. Este “cocinero teatral”, conocido por dar paso en la isla al “kitchen sink drama”- entiende la literatura y las artes escénicas como una oportunidad para proyectar la voz a las clases trabajadoras. Es curioso que este patrón del “realismo socialista” tenga título de “Sir”…

http://nelygarcia.wordpress.com. Creo que las dificultades económicas de su juventud, le sirvieron para introducirse en los personajes, que compartieron vivencias con él, y fue describiendo aquello que le molestaba o, le atraía. Todo creador se sirve de lo cotidiano, aunque lo transforme o, lo enfoque, en líneas diferentes.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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