Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

Ladrones de fuego

Noam Chomsky: quizá el mejor hombre de U.S.A.

Por: | 25 de febrero de 2013

NOAM CHOMSKY (1928-     )

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     Cuando me habló de su encuentro en Boston con Noam Chomsky, le dije al poeta José Fernández de la Sota que había estado con el mejor hombre de Estados Unidos. A continuación le pedí que me dejara viajar en lo imaginario hasta aquel 4 de enero del año en curso. Confirmando como verdadero el dicho de que los buenos poetas siempre viajan con nosotros, me llevó hasta Boston y permitió que contara lo sucedido. Esta es la historia:
    Noam Chomsky citó a mi amigo a primera hora de una mañana con 13 grados bajo cero. El río Charles, que atraviesa la ciudad, estaba completamente helado. 
     Dos efigies presidían el despacho del profesor del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets). Una gran fotografía de Bertrand Russell y un cuadro representando a Monseñor Romero, amenazado por el Ángel Exterminador de los escuadrones de la muerte salvadoreños.
     La entrevista formaría parte de un largometraje documental, cuyo estreno se llevará a cabo en España esta próxima primavera. Los temas de la conversación fueron muchos y diversos. Lo mismo sobre la política exterior norteamericana, como del avieso control de los medios de comunicación, además del medio ambiente y hasta la posibilidad de una gran guerra que podía acabar con todo... 
     Antes de escuchar al profesor emérito de Lingüística, historiador, lógico científico cognoscitivo, activista político, advirtamos que no hay rama del saber humano que no haya conocido su influencia. Crítico con el capitalismo contemporáneo y la política exterior de los Estados Unidos, como lo es con los medios de comunicación actuales repartidos por el mundo (lo prueba con explícita contundencia, en un escrito titulado 10 Estrategias de Manipulación Mediática).
     Seguimos. Tras su apariencia de hombre frágil y apocado, el discurso de Noam Chomsky sobre la posibilidad de una gran guerra, o múltiples guerras,  se tornó firme y concluyente: “Si un observador objetivo, por ejemplo de Marte, viera lo que sucede en la Tierra, deduciría, con toda seguridad, que nuestra especie camina hacia el suicidio. En primer lugar, por la crisis medioambiental, que es muy seria. En segundo lugar, a juzgar por todos los indicios, seguiremos obstinadamente empeñados en fomentar las guerras...”.
     “Hay otros muchos problemas, como las desastrosas políticas económicas, donde perniciosa y dañinamente se trata de imponer la austeridad en tiempos de recesión...”. 
     “Mucho, mucho tienen que cambiar las situaciones perversas a las que nos llevan los poderes establecidos. No nos extrañe que un observador objetivo considere que esta especie está perdida, y que nos movemos directamente hacia el suicidio...”.

    Tras un silencio seco como herida en el costado, Chomsky tomó impulso para alumbrar con clarividente decencia: “Pero aún hay mucho que se puede hacer, pese a todo. Y debemos centrarnos en eso, sin importarnos si nuestros sentimientos subjetivos son optimistas o pesimistas, pues en cualquier caso y situación estamos impelidos a hacer lo mismo y lo único crucial: tratar de afrontar los problemas y abrir el camino hacia un mundo mejor”.

    *José Fernández de la Sota (Bilbao, 1960) ha ejercido la crítica literaria, el periodismo cultural y el columnismo en diferentes medios de comunicación. Ha publicado una veintena de libros (narrativa, poesía y ensayo). Ha obtenido los premios de poesía Antonio Machado y Ciudad de Córdoba, y los de narrativa Cortes de Cádiz y Camilo José Cela. Le han concedido en dos ocasiones (1997 y 2011) el Premio Euskadi de Poesía. En 2011 fue finalista  del Premio Nacional de Poesía. Durante tres temporadas codirigió en la televisión pública vasca el espacio Capital Cultura. En la actualidad se dedica a la realización de cine documental.

    *En la imagen Noam Chomsky con José Fernández de la Sota

                                    [siguiente personaje Salvador Pániker: 4-3-2013] 

Fernando Savater: la duda frente a la certeza

Por: | 18 de febrero de 2013

FERNANDO SAVATER   (1947-    )

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    Mi relación con Fernando Savater se cifra en tres encuentros personales, cinco cartas y cuatro entrevistas por escrito. El primer encuentro fue a raíz de su libro La infancia recuperada. Lo presentamos en Bilbao, en la librería Herriak, a finales de febrero de 1977. Al día siguiente me escribió, desde su casa de Madrid, una carta de agradecimiento. “Gracias a tu esfuerzo, generosidad y vida, lo que pudo ser solamente una fatigosa ‘tournée’ propagandística se convirtió en una experiencia compartida de creación y amistad...”.
     Con el paso del tiempo llegaron las entrevistas. Aunque el motivo principal consistía en fabricar divertidas preguntas que dieran juego para construir respuestas aún más divertidas y brillantes, en el fondo siempre derivaba en el pulso echado por un par de tipos para ver quién era más ingenioso. Después de una de esas entrevistas, Savater recordaba en una carta: “Me divirtió mucho la entrevista. ¡Qué graciosos somos, mecachis! Y qué altos, y qué rubios y qué nuestros...”. 
     A través de las entrevistas se descubría que la vida literaria puede ser un tema precioso y divertido como pocos. Los mil parpadeos del ojo ya lo saben. 
     La buena disposición de Savater para conmigo, se vio refrendada a propósito del libro de entrevistas con escritores, titulado ¿Alguna vez hablaron los caballos? Invité a que me acompañaran a presentarlo a tres de los escritores que figuraban en el libro. Uno de ellos no dio señales de vida (una forma de escaquearse bajo el perfil bajo de la avestruz). Otro estuvo de acuerdo al principio, para disculparse después aduciendo que le habían aconsejado no intervenir en un libro donde él participaba (excelente manera de preludiar la más absurda y desmañada de las negativas).
     Solo el escritor donostiarra supo expresarse desde la libertad desprejuiciada (dejémoslo en libertad, sin más): “Estoy encantado de participar en la presentación de tu libro; ya me dirás cuándo va a ser. ¡Avísame con tiempo, que estoy muy liado!”. 
     Si todas las respuestas de Savater se cimentaron sobre el gran palimpsesto de la diversión, cuando tuvo que contestar a una propuesta-compromiso respondió con la mayor de las seriedades. [A los asuntos serios siempre estuve atento, confesaba Cavafis]. 
    La buena disposición de Savater ha bastado por sí sola para borrar de mi cabeza a los otros dos volátiles plumíferos. A efectos de borradura me da igual sean esos dos como dos mil más. El pan se hace viejo de noche. 
    Al hablar de Savater resulta imperdonable no mencionar a uno de los escritores para él más queridos, desde su infancia hasta el ahora mismo, como es Robert Louis Stevenson. Con referencia al humor e ironía o al mapa de la risa, vaticinaba el escocés: “Para leer a Kant nos bastamos nosotros solos, pero una chanza hemos de compartirla con otra persona”. 
    La entretención más habitable posible fue la que regentó cada una de las cartas cruzadas, entrevistas y encuentros mantenidos con Fernando Savater. Por si fuera poco, con él aprendí a tomar la duda como un estado harto peliagudo, pero siempre preferible a la certeza, por ser ésta un estado de ánimo metafísico sumamente ridículo.

    N.- Por estos días se ha reeditado, en Anagrama, un libro suyo, titulado El Traspié. Se trata de una obrita dramática sobre Schopenhauer. La pieza fue estrenada en la TVE de Pilar Miró veinticinco años atrás.

                                    [siguiente personaje Noam Chomsky : 25-2-2013]

Miguel Ángel Asturias y los asesinos de su país

Por: | 11 de febrero de 2013

MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS   (1899-1974)

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     Quería haber entrevistado al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Fue tres años después de ser galardonado con el Premio Nobel y cuatro antes de su muerte, acaecida en Madrid en 1974. Le llamé por teléfono cuando era embajador de su país en Francia. Le dije que estaba en París y le solicité un encuentro para una entrevista literaria. Se encontraba dispuesto y encantado a hablar con alguien de la madre patria (fueron sus primeras palabras). Accedió y me dio una fecha para llevarla a cabo dentro de diez días, porque tenía otros compromisos ineludibles. Agradecí su buena disposición, al tiempo de indicarle que mi estancia en la capital francesa terminaba en dos días. 
     Mi interés por el escritor hispanoamericano venía principalmente por la lectura de su libro de relatos, Week-end en Guatemala (1956). Sus narraciones giran en torno al imperialismo económico y político de la United Fruit Company en Centroamérica, además de la invasión sufrida por Guatemala durante la presidencia de Arbenz, sustituido violentamente por Castillo Armas. La prosa del libro, vibrante, poética y combativa, responde al enunciado de la dedicatoria: “ A Guatemala, mi Patria, viva en la sangre de sus estudiantes-héroes, sus campesinos-mártires, sus trabajadores sacrificados y su pueblo en lucha”. Aquellas historias contadas por Miguel Ángel Asturias me dejaron un recuerdo imborrable. 
     Ya antes había escrito su novela más universal, El señor presidente. Terminada en París, en 1932, tuvo que esperar 14 años para verla publicada. De ella dijo la poeta Gabriela Mistral: “Yo no sé de dónde sale esta novela única, escrita con la facilidad del aliento y del andar de la sangre por el cuerpo”. El argumento de la obra ha servido de modelo directo o indirecto a escritores, como Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez y Augusto Roa Bastos, entre otros, empeñados en satirizar los rasgos absurdos-impositivos-ridículos de las dictaduras en Latinoamérica. 
      En otra de sus obras más conocidas, Hombres de maíz (1949), Miguel Ángel Asturias, muecín de la palabra, crea una suerte de laberinto mágico a imitación de la Biblia maya, el Popol-Vuh, donde las reiteraciones de frases surgen como rezos indios.
     Además de tan acreditados méritos como narrador debe significarse su especificidad poética. Ya lo advirtió anticipadamente Paul Valéry, en la presentación de los primeros libros del escritor guatemalteco traducidos al francés, al hablar de “historias-sueños-poemas”. 
    Son muchos años los suyos escribiendo ininterrumpidamente poesía, de 1918 a 1954, y desde el primer momento con un don especial para dotar de musicalidad a sus versos, al punto de convertirse en uno de sus mayores logros. Téngase en cuenta que en el poema, la musicalidad y el tono de las palabras pueden ser tan influyentes y determinantes, como pueda serlo el sentido (vale más amar primero la vida, antes de amar su sentido). 
     Si su poesía no ha sido estudiada como merece, es porque existe un prejuicio establecido al pensar que un creador no puede ser un buen poeta y un buen narrador al mismo tiempo. Es como si dijeran: “éste ya tiene bastante con ser una de la dos cosas”. La verdad es mucho más compleja que el cliché. Y la verdad de su poesía viene por la comentada musicalidad de sus versos, además de su condición de pastor de metáforas y orfebre del soneto. Valoro asimismo los migajones de ternura que impregnan todos sus escritos. [Me gusta su memorable sentencia: “la ternura es la rueca de la vida”].

    N.- Opuesto a esa rueca de la vida, dos noticias sobrecogedoras de ultima hora nos hablan de Guatemala. Una), la acusación de genocidio al dictador Efrain Ríos Montt por la muerte de 1.771 indígeneas de la etnia ixil, en el período de 1982-1983. Dos), el índice de desnutrición infantil en Guatemala es uno de los más altos del mundo, por culpa de cinco familias dueñas del 90 por ciento de la tierra guatemalteca. LA SANGRE INOCENTE Y LA CRUENTA INANICIÓN CLAMAN AL CIELO: ¡SI UNO Y OTROS CULPABLES NO SON UNOS A-S-E-S-I-N-O-S EN SERIE, QUE BAJE DIOS Y LO VEA!

                               [siguiente personaje Fernando Savater: 18-2-2013]

Retrato de un desconocido

Por: | 04 de febrero de 2013

IÑAKI URIARTE   (1946-    )

    Recorte

    Ese desconocido escritor se llama Iñaki Uriarte. Nació en Nueva York en 1946. Se crió en San Sebastián. Estudió en la Universidad de Deusto, durante los años 70. Vivió varios años en Barcelona y reside en Bilbao desde principio de los 80. Ha publicado dos libros en la editorial Pepitas de Calabaza. Diarios 1999-2003 (2010), Diarios 2004-2007 (2011). Le otorgaron el Premio Euskadi de Ensayo en castellano por el primero de los diarios. Libros escritos con acuciosa sencillez, sobria inteligencia, ironía y humor. Prosa fina, uniforme, transparente. Reivindica el derecho a no trabajar (elogio inequívoco de la pereza). 
    Escritor tardío en publicar, Iñaki Uriarte es un tipo que disfruta mirando al techo, sentado en el sofá, leyendo o sin hacer nada, fuma que te fuma, siempre atento a la advertencia de Paul Valéry: “La sensibilidad es todo, soporta todo, evalúa todo”. Pese a no moverse físicamente, no para de dar pasos dentro de sí mismo. Uriarte ha sido un precursor entre nosotros en tomar la soledad como la mejor universidad. 
    Una gran parte de su existencia se cifra en la lectura. Tiene preferencia por los aforistas y semejanzas, como Gracián, La Rochefoucauld, Pascal, Chamfort, Lichtenberg, Joubert, Nietzsche, Jules Renard, Valéry, Léautaud, Kafka, Karl Kraus, Pessoa, Canetti, entre otros, con Montaigne y Borges por encima de todos.
    Atento observador, cuanto discurre fuera o dentro de su propia vida, lo hace pasar por la escurridera del yo. Si consigue que un escrito le quede bien, verá en él tanta realidad o más como en la relación habida con su propia familia y amigos; no obstante, sus escritos le parezcan en algunos momentos puras tonterías. Quizá sea esa una de las razones por las que se hace querer. Por eso y porque no presume de nada ni aspira a nada. Sea por lo que sea, los lectores lo perciben próximo a ellos. 
    Aún cuando en apariencia pueda parecer una persona dura y displicente, descreída y altitonante, no lo crean. En el fondo, lleva en su interior un tigre de ternura, para decirlo a la manera de su admirado Borges. Tal es así, que escribe para que le quieran (moneda de uso entre los escritores, hasta en los más ásperos y desabridos).
    Es valiente al abordar temas considerados tabú en nuestra sociedad. Sin proponérselo, enseña a vivir. Sabe aplicar lo que ha leído como ayuda a su mundo personal, de tal suerte que ha encontrado la verdadera vida en los libros. Expresa por medio de las palabras todos los movimientos que su peculiar ociosidad le impide realizar. Sabe, o cree saber, que en el arte de juntar palabras hay un objeto que sólo se encuentra en el escrito mismo. Y por saber más, él –moviéndose siempre dentro del no saber–, sabe que a nadie se le obliga escribir. Se escribe porque está en la sangre de cada cual o porque no se vale para otra cosa.
    Con estos Diarios, Iñaki Uriarte se ha convertido de la noche a la mañana en una especie de Sherezade masculino o contador de historias mundanas y literarias. Los lectores tienen ante sí la aventura de dejarse subyugar por ese interminable juego de palabras (temblor y fulgor) que les propone el autor. 
    Termino con un vaticinio: cuando los escritos de la mayoría de los premiosnacionales y plumasmetálicas no sean más que literatura esclerosada (la posteridad les escatimará los favores que los contemporáneos les dispensaron), las páginas de estos Diarios seguirán tan pimpantes e incombustibles como Marie Brizard, esa ancianita azul de las botellas de anís. 

    *En la imagen Iñaki Uriarte (bufanda colorada) y JL Merino delante de una escultura de JR Anda. Nos fotografió, la escultora Mariemi Otaola

                            [siguiente personaje Miguel Ángel Asturias: 11-2-2013]

El País

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