Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

Ladrones de fuego

George Steiner enseña a leer...

Por: | 24 de febrero de 2014

GEORGE STEINER (1929)

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            El libro de George Steiner, Gramáticas de la creación, es un libro de ensayos escrito por uno de los pocos sabios que quedan en el mundo. Libro profundo y denso como pocos, y enriquecedoramente hermoso como ninguno.
     Mientras su autor traza su discurso en torno a los hondos entresijos del mundo de la creación estética, en el arte, como en la música y, muy preferentemente, en la literatura, lo que destaca por encima de todo es la suma de referencias que le sirven para apuntalar sus ideas.
      Tanto los autores antiguos que estudia, como los relativamente más modernos –todos ellos de acreditada solvencia– son analizados con inteligencia y precisión extremas.
     En ciertos momentos parece emular a Walter Benjamin, cuando éste proyectó escribir un libro enteramente fabricado con las frases de otros.
    Dentro de esta vasta red exhibiente, tejida con la selectiva e incisiva herramienta de ideas y nombres que se vierten en el libro, prevalece el análisis preferencial que hace de dos poetas del mundo contemporáneo, a los que tiene en altísima consideración. Ellos son Paul Celan y René Char. Con el primero, además de admiración por su poética, le une el hecho de que ambos sean judíos.
     Leer a Steiner equivale a trasladarse a los más apasionantes espacios del pensamiento humano.
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      He invitado a cuatro amigos para hablar sobre el profesor George Steiner. Estos son sus testimonios: 
    * George Steiner fue un destacadísimo profesor de la Universidad de Cambrige. Solía decir que fue muy afortunado porque le enseñaron a usar los músculos de aquí arriba  (los de la cabeza). Para él, el cerebro está tan bien organizado que si uno lo ejercita, se producen cosas maravillosas. Añade: existirá un tiempo en el que se abrirán puertas hacia dentro. “Si eres un buen profesor, ése es tu trabajo: abrir las puertas hacia dentro. Fui muy feliz haciendo ese trabajo”. [Santiago Fernández]
     * tu gozo en un pozo. La vida tiene una propensión irrefrenable a cumplir el apotegma. Imagino a Javier Marías leyendo la entrevista a George Steiner en El País Semanal de ayer. En la primera página Steiner dice que Marías “es uno de los grandes escritores europeos de hoy”. Dos páginas más adelante sentencia: “Los grandes maestros europeos escriben de manera breve”. 
      Claro que Steiner es uno de esos grandes sabios a los que casi nunca se puede hacer caso. En la misma entrevista le preguntan su opinión sobre ETA. “No sé –responde-. Ese idioma tan misterioso es muy raro, muy poderoso. Quizás por eso a alguna de esa gente le resulta tan imposible aceptar el mundo exterior.” La tontería del verano. [Del diario de 2008, de Iñaki Uriarte] [Texto inédito]
     * Leí a George Steiner hace bastantes años. Se me emborronan los títulos de sus libros. Sí recuerdo su indeleble defensa de la lengua como Universos portadores de conocimiento; y lo enriquecedor del poliglotismo en este sentido. Él habla, en coherencia con su razonamiento, un gran número de idiomas. También tengo presente su amor por los libros y la cultura; además de la formación y el estudio, como buen judío, porque al principio, ya se sabe, fue el Verbo. [Juan Manuel Uría]
    * Leer "como si"  (un apunte). Debemos leer como si el texto tuviera un significado siempre irreductible e inagotable a cualquier forma de exégesis, paráfrasis o comentarios que puedan hacerse. Solo los malos poemas, dice Steiner, pueden interpretarse y comprenderse por completo. Ese ser significativo lo llama "presencia real", un misterio que mora en toda auténtica forma musical, artística o literaria. [Alberto Herrero]

[siguiente personaje Marguerite Yourcenar: 3-3-2014] 

 

Las narices de Antonio López

Por: | 17 de febrero de 2014

ANTONIO LÓPEZ   (1936)

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     En la primavera de 2008, el pintor Antonio López señalaba en una entrevista lo siguiente: “Estoy hasta las narices de Picasso”. Y no dio razón alguna sobre tal hastío. ¿Le parecería exagerada la fama adquirida? ¿No creía que fuera uno de los artistas más influyentes del siglo XX? ¿Consideraba un dislate la altísima cotización de sus obras en el mercado del arte mundial? En resumidas cuentas: ¿qué le hacía estar hasta las narices de Picasso?
    Ese “estar hasta las narices”, se puede comprender de haberlo pronunciado aquellos pintores cubistas cuando se vieron abrumadoramente eclipsados y, a veces, ninguneados por Picasso en los tiempos del cubismo.
    No creo que la altísima estima, y veneración subsiguiente, de Antonio López por la obra de Velázquez le otorgue derecho para reprobar despectivamente a Picasso de esa manera. Por si no lo sabe el pintor manchego, a Picasso se le dobló la admiración por Velázquez desde edad muy temprana.
    Frente al ritmo lento-preciso-acompasado vivido por las inconfundibles manos de Velázquez a la hora de pintar, muy del gusto de Antonio López, se espejea la gestación rápida, fulgurante, plena de brío plástico, surgida de los ágiles dedos de Picasso.
    Vienen al punto unas palabras de Baudelaire alusivas a Goya: “el pintor de Fuendetodos une a la alegría, a la jovialidad, a la sátira española de los buenos tiempos de Cervantes, un espíritu mucho más moderno, o, al menos, mucho más buscado en los tiempos modernos: el amor por lo inasible, el sentimiento de los contrastes violentos, de los espantos de la naturaleza y de las fisonomías humanas”.
    ¿No se infiere de estas palabras un eco aplicable al arte de Picasso, elaborado muchos años después?
    Como quiera que los caminos del arte son muchos y variados, más acertado estaría Antonio López reconociendo cómo la fuerza convulsiva de Picasso, su vida personal trepidante y las mutaciones radicales, han pasado como meteoros por encima de sus narices .. y las de todos nosotros...
    Por otro lado, un año antes del “hastío picassiano” de Antonio López, el artista donostiarra Bonifacio (1933-2011), declaró públicamente, a la manera de un salivazo prostibulario, “Picasso nos ha j... a todos”.
    Ya ven, dos artistas contemporáneos han puesto en sus bocas diferentes argumentos para nombrar a Picasso. Sin duda, en el arte como en la vida, no es lo mismo ser rey que andar pidiendo de puerta en puerta. Además, decir con semejante ligereza que se está hasta las narices de Picasso, sería como estar hasta las narices del sol, del color azul o de la línea del horizonte.
    Narices, fisonomías, ritmos lentos y demás disyuntivas a un lado, vale más centrarse en la definición de Antonio López sobre la importancia del dibujo en el arte. Respondía a una de las preguntas que le formulé, a propósito de una muestra comisariada por mí y celebrada en Bilbao (2005), titulada El dibujo en el arte / El arte del dibujo, con obras de Picasso, Matisse, Klee, Léger, Giacometti, y muchos más, incluido el propio Antonio López. Esto decía el pintor de Tomelloso: “El dibujo es el lenguaje más directo. También el más sofisticado y con más capacidad de transformación del mundo objetivo, ya que enlaza con los impulsos más hondos y enigmáticos”.
    Bien está la definición sobre el dibujo. Falta una definición razonable sobre qué le hace estar hasta las narices de Picasso.  

                [siguiente personaje George Steiner: 24-2-2014]

    

   
    

Vila-Matas y Robert Walser

Por: | 10 de febrero de 2014

ENRIQUE VILA-MATAS    (1948)

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      Dejé de pensar en el escritor barcelonés Enrique Vila-Matas, tras su negativa a acceder a la entrevista por escrito que le propuse a través de un correo electrónico. Su agente literario contestó por él, aduciendo que el escritor se hallaba ocupado en la promoción de su última novela.
      Fue unos meses después cuando volvió a aparecer el nombre de Vila-Matas. Ocurrió en el estudio del pintor guipuzcoano, José Luis Zumeta, quien me habló con gran entusiasmo de los libros del catalán. Los había leído todos. Mi amigo se empeñó en que leyera alguno de esos libros. Puso en mis manos tres de ellos, Bartleby y compañía, El mal de Montano y Doctor Pasavento, instándome a que no dejara de leerlos.
      Le hice caso, aunque sin demasiado entusiasmo. No obstante, nada más iniciar la lectura de Bartleby cambié de actitud. Empecé a identificarme con la pasión escrituraria de Vila-Matas. Cuando acabé de leer los tres libros la identificación fue en aumento. Los dos éramos ladrones de frases ajenas. También él tenía la enfermedad del letraherido (la escritura es una patología que se imprime). Admirábamos a los mismos autores, considerados por nosotros como ejemplarmente auténticos, de Virgilio a nuestros días. Allí estaban los nombres de primera fila –esquinas por donde era obligado pasar– de la narrativa, poesía, junto a diaristas y creadores de aforismos. La nómina rebasaba con creces, uno a uno, el centenar de autores.
     A esto se añadía la mención en esos libros de una veintena de escritores a quienes llegué a entrevistar a lo largo de los años. Aludo a José Saramago, Ernst Jünger, Juan Rulfo, Antonio Tabucchi, Jaime Gil de Biedma, Blas de Otero, Juan Benet, Carlos Barral, Leopoldo María Panero, entre otros, por no hablar de Julio Cortázar y Augusto Monterroso, con quienes mantuve relaciones epistolares.
     Del gran número de autores preferidos de Vila-Matas, uno de ellos destaca por encima de todos. Se llama Robert Walser, escritor suizo en lengua alemana (autor admirado por Frank Kafka y Robert Musil). Lo cita constantemente en sus tres libros, en especial en Doctor Pasavento (debió titularlo “Viaje a Herisau” o cosa parecida). A pesar de conocerlo de manera exhaustiva hay algo que le faltaba por saber. El haber descubierto cuáles fueron las razones del porqué de las asiduas e imparables caminatas diarias de Walser por los alrededores del manicomio de Herisau, en Appenzell, donde llevaba recluido un gran puñado de años.
    Postulo que en esos compulsivos paseos no trataba tanto de gozar del paisaje, como de ser en cada paso otro, y otro y otro Robert Walser (soy el espacio donde estoy). Buscaba con ello el cambio constante. Su pobre mente no le daba para ser él mismo. Sabía que fuera del andar su mente estaba allí para enloquecer. Y por saber más, sabía que la precariedad de su mente únicamente podía compensarlo con la fortaleza de su cuerpo (vive mucho, quien anda mucho).
     Le digo a Vila-Matas que el escritor suizo no solo apreciaba el paisaje por el paisaje (la amistad de los bosques), era en la soledad de los andares vivificadores cuando escuchaba las voces del viento, el rumor de las hojas de los árboles, el paso de las nubes, el transcurrir de los días. Todo eso le iba hablando y, al tiempo, lo iba felizmente desenloqueciendo.
     En la tarde del 25 de diciembre de 1956, vestido con ropa de abrigo, Robert Walser salió de Herisau a dar su paseo. Será el último. Dos niños lo encuentran sin vida, tendido en la nieve. Desde ese momento, Robert Walser desenloqueció del todo, para entrar de lleno en la leyenda de los grandes creadores literarios.

       * En la imagen: Enrique Vila-Matas (izquierda) y Robert Walser

                [siguiente personaje Antonio López: 17-2-2014]

      

"Un hombre bueno es difícil de encontrar"

Por: | 03 de febrero de 2014

JOSÉ EMILIO PACHECO   (1939-2014)

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      El poeta mexicano José Emilio Pacheco murió hace siete días. Su muerte ha supuesto una gran pérdida para los suyos y para el mundo de las letras hispanoamericanas. A Pacheco le concedieron el Premio Cervantes en 2009.
      Ningún país de lengua española ha dado en el siglo XX, más lo que va del siglo XXI, tantos y tan excelentes poetas como México. Tecleo unos cuantos nombres de esos muralistas del verbo: Ramón López Velarde, Juan José Tablada, Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Gilberto Owen, Salvador Novo, Jorge Cuesta, Julio Torri, Octavio Paz, sigo con Gabriel Zaid, Eduardo Lizalde, Víctor Sandoval, Marco Antonio Montes de Oca, Homero Aridjis, José Carlos Becerra, Jaime Augusto Shelley, Alí Chumacero, Efraín Huerta; para continuar con Thelma Nava, Juan Buñuelos, Óscar Oliva, Francisco Cervantes, Gloria Gervitz, Hugo Gutiérrez Vega, Víctor Manuel Mendiola, Vicente Quirate, Carlos Montemayor, Francisco Hernández, Guillermo Fernández, Rafael Vega, y otros más.
    Entre ellos se encuentra José Emilio Pacheco, a quien  entrevisté en su domicilio del Distrito Federal de la capital azteca, a finales de 1970. 
    Tras mi vuelta a casa le envié la transcripción de lo conversado. Nos cruzamos entusiastas cartas, en tanto él reescribía-reordenaba el texto de sus respuestas confiadas a mi magnetófono (escribir es corregir las imprecisiones y deslices del habla). A través de ese intercambio epistolar llegué a descubrir destellos de su encomiable bonhomía. Se entenderá mejor si lo digo con las siete palabras morales de la escritora estadounidense Flannery O'Connor: "un hombre bueno es difícil de encontrar". Como poeta, y de los buenos, ya lo había descubierto con antelación.
    Su poesía se encuadra dentro de un estilo conversacional-coloquial, siempre antirretórico y antisolemne. Poeta de la vida cotidiana, sus temas principales son el paso del tiempo y la verdad temible de cada cosa, trazado todo ello mediante metáforas y el juego de analogías. En 1981 publicó un fascinante relato de doce capítulos, titulado Las batallas del desierto. Ha ejercido como traductor de obras de T. S. Eliot, Samuel Beckett, Tennesse Williams, Marcel Schwob y Oscar Wilde.
     En el contenido de las respuestas de José Emilio Pacheco hay mucho de Ulises y algo de Simbad. Lo prueban estos breves e ilativos chispazos de la entrevista: “La tarea del artista es la mitad de la aventura. La otra aventura es la del lector. Ser un buen lector es tan difícil o más que ser un buen escritor” / “Para justificar la existencia de un texto basta que sea importante para alguien, como tantos textos han sido para nosotros” / “Todas las lenguas son fruto del mestizaje y mi único purismo sería no importar palabras cuando existe una buena expresión en español; de otra manera hay que apropiarse de ellas” / “Más importante que seguir escribiendo libros es hacer que se lean los que ya están hechos” / “Leemos demasiado y demasiado mal. Cada día hay ejércitos de libros nuevos, revistas nuevas. Queremos leerlo todo y no leemos nada” / “Mientras los artistas y escritores de hoy se preocupan por preocupar, su público potencial no quiere ser preocupado, quiere encontrar en el arte y la literatura no un reflejo del mundo, sino un estímulo para cambiarlo, un flotador, algo que lo separe momentáneamente de las presiones, de las tensiones, de los sufrimientos de vivir en el mundo” / “El hecho de escribir buenos poemas no justifica que nadie permanezca al margen de los problemas de su tiempo y, paralelamente, el hecho de que te preocupes por los problemas de tu tiempo no justifica que escribas malos poemas”.
    Cinco han sido los escritores mexicanos a los que concedieron el Premio Cervantes, dicho sea de paso, con todo merecimiento. Octavio Paz, en 1981, Carlos Fuentes, en 1987, Sergio Pitol, en 2005, el ya citado José Emilio Pacheco (2009) y el último, hasta este momento, Elena Poniatowska (2013).  
    Al tiempo de recordar a los cinco galardonados, viene a la memoria Juan Rulfo, uno de los mejores escritores –si no el mejor– de la literatura mexicana ("y aún de la literatura", añadiría Borges), a quien la estulticia de los jurados de turno escamoteó-privó  la concesión del Premio Cervantes, otorgándole en compensación el Príncipe de Asturias en 1983. 
     Los ojos, ah, los ojos, los cierro y veo a Pacheco avanzando entre nubes verdes y blancas, para ir a depositar su Cervantes en las manos de  Juan Rulfo. Lo que le negaron en vida, la muerte se lo restituye. Las palabras del poeta van dictando el fluir del tiempo en vuelo...

                                [siguiente personaje Enrique Vila-Matas: 10-2-2014]

El País

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