Ladrones de fuego

Lucio Anneo Séneca

Por: | 14 de julio de 2014

LUCIO ANNEO SÉNECA (4 a. C.- 65 d. C.)

 

Seneca3 

            En muchas ocasiones hemos quedado prendados para siempre por escritores como Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Calderón (en lengua española) o por Montaigne, Racine, Rabelais, Voltaire (en lengua francesa) o por Shakespeare, Chaucer, Milton (en lengua inglesa) o por Bocaccio, Dante, Cavalcanti (en lengua italiana), sin olvidarnos de Goethe, Hölderlin, Schiller (en lengua alemana),  aduciendo que sus obras fueron escritas hace trescientos, cuatrocientos o quinientos años. Nos parece un tiempo enorme para tan caudaloso saber y sentir.
      Aun cuando cada uno de los mentados es una cima literaria, qué decir de las Cartas morales a Lucilio, del que es autor Lucio Anneo Séneca. Esos escritos fueron puestos al servicio de la Humanidad alrededor de dos mil años atrás.
     Séneca muestra en ese libro un compendio del mundo. Habla en él de todo. Nada  escapa a su atención. Apoyándose en sentencias y saberes del tiempo anterior al propio autor, trufado por fragmentos poéticos, llegan hasta nosotros ejemplificaciones de lo que debemos tener como guía para vivir en armonía con nosotros mismos. El filósofo estoico ofrece sus lecciones de moral como una manera, quizá la mejor, de atacar la corruptela frecuente instalada en el Imperio. Mas es consciente que sus lecciones pueden servir para cualquier tiempo y lugar. El siguiente fragmento lo explicita: “La verdad se ofrece a todos, aún no ha sido ocupada; mucha parte de ella se ha dejado a la posteridad”.
     La lectura de esta magnífica obra abre en nuestra mente muchos caminos y sugerencias. Abre incluso la puerta a una polémica respecto al concepto llamado barroco.  Modernamente, se habla del redescubrimiento del barroco ateniéndonos a una nueva mirada hacia el Siglo de Oro. También se menciona el estilo barroco implementado por escritores latinoamericanos, tales como Lezama Lima, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Astiruas, García Márquez, al frente, y se dice de ellos que poseen una cultura clásica procedente del barroco del Siglo de Oro...
     Pues bien, en el libro de Séneca el estilo de lo que después llamaremos barroco es una constante. Todo el libro está impregnado del barroquismo más feroz, por mucho que el propio autor señale que con su estilo sólo pretende escribir llana y espontáneamente como quien habla mientras camina. Séneca se “pierde” gozosamente, se disgrega, se abarroca. Entrecruza ideas, al punto de que en un momento dado habla de frugalidad y lujo, para derivar hacia otros pensamientos, lo que le obliga a sincerarse al expresar: “Veo que esta materia no se acabaría nunca si yo no soy quien la termine”.
      Se aconseja estar atentos al ritmo pausado de Séneca. Toda prisa en la lectura es un atentado contra la inteligencia. Observe el lector cómo Séneca toca todo lo por tocar, pese a que, en el resumen final, su obsesión se vuelque en el quitar miedo a las enfermedades y a la muerte.
        El hecho de que Séneca no llevara a término aquello que predicaba, no resta mérito alguno a sus escritos. No obstante, su final sí fue estoico, aunque su vida no lo fuera.

[siguiente personaje Cristina Peri Rossi: 21-7-2014]

Hay 7 Comentarios

Muchas gracias por la recomendación.
Es cierto que se percibe un resplandor cultural estoico, especialmente cuando se evidencia, como en el siglo de Oro, la caída de un imperio pero el triunfo de las palabras.
Otras conquistas también lo consiguieron.
No se yo si esta tiene remedio. Porque se acaba el oro negro sin que venzan de ninguna forma las palabras, y no se acaba con la esclavitud.
Me parece muy acertada la recomendación teniendo en cuenta la relación entre "aquello que se hace" y "aquello que lo hace".
El tema que más me interesa, pese al de la armonía (algo se salvará), es el de la miseria y la brevedad de la vida.
Así que creo que hay que agradecerlo también a los que antes que nosotros pudieron y bebieron:

"El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando;
y con paso callado
el cielo, vueltas dando,
las horas de vivir le va hurtando"
(Luis de León)

"Empieza, pues, hombre, con este conocimiento [...]: que naciste para morir y que vives muriendo" (F. de Quevedo)

Resulta esclarecedor comprobar cómo el artículo de esta semana, en torno a Séneca, ha removido el corazón de los lectores, que tumultuoso, evoca a otros también preclaros como Montaigne, Ovidio o Plutarco.
Porque, cualquier otra lectura aparte, bebemos del caudal de los clásicos, ávidos de luz, equiparándonos a los dioses, inasequibles a la desesperanza, el dolor o la rendición. A la nómina expuesta, añadiría en mi particular "bote salvavidas" ante la adversidad de la vida y la ceguera que provoca, a Marco Aurelio y Horacio.
Cuando vivir cuesta, ellos alivian el yugo.
Mi gratitud vuela en brazos de la paráfrasis del poema de Fernando Pessoa, firmado como Ricardo Reis: "A la patria, mi amor, prefiero clásicos,/y antes su consuelo amo/que gloria y que virtud."

Coincido con Santiago en eso de llevar un Séneca dentro de nuestro ser mas íntimo. Tanto me motivó este post sobre Séneca, que acabo de escribir un cuento donde he logrado unir a ambos.Cordiales saludos.

Estoy de acuerdo con el comentario de Beatríz. Creo que Montaigne bebió de las fuentes de Séneca, Plutarco y Ovidio.
No obstante, como bien dijo Montaigne: "la palabra pertenece en su mitad a quien la escribe y la otra mitad a quien la escucha"
Es posible que cada uno de nosotros llevemos dentro un Séneca desde una óptica moral.
Un saludo
Santi

Nos ha sucedido con Séneca que nunca tuvimos la oportunidad de conocer alguna de sus obras.Pero sí hemos leído y seguimos leyendo a Montaigne, el cual está impregnado de la obra de Séneca. Luego nuestro pensamiento no deja de estar ligado al pensamiento de los estoicos, y como ellos naturalmente somos panteístas. Una vez mas ha dado Ud. en la tecla exacta.

Gracias José Luis,
Creo que es un enorme acierto presentarnos a un personaje tan actual.
Vivimos unos tiempos con extraordinaria celeridad. El tiempo se nos escapa entre las manos. La vida pasa corriendo. Tenemos pocos momentos para reflexionar. Otros ya piensan por nosotros.
Estos problemas ya fueron planteados por el filósofo L. A. Séneca. Entre sus muchas obras escribió un pequeño tratado moral sobre “la brevedad de la vida”. Se hace preguntas de gran calado:¿por qué dura tan poco la vida?, ¿Porqué los ricos y famosos se quitan la libertad encadenándose a sus fortunas y dejando su verdadero ser atrás?¿cuántos años dices que tienes?, ¿no será acaso que la vida nos parece demasiado corta por qué nunca la dedicamos a lo que queremos o a nosotros mismos?....
Séneca también es conocido por sus aforismos. Traslado alguno de ellos
.....................
• No hay cosa más fuerte que el verdadero amor
• La adversidad es ocasión de virtud
• La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento no el conocimiento mismo
• No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea
• Hay ciertas cosas que para hacerlas bien no basta haberlas aprendido
• El sabio en su retiro es útil a la comunidad
...........................
Un abrazo y gracias por el magnífico escrito.
Santi

Lo más esclarecedor y triste, es que en épocas antiguas existían las mismas inquietudes y los mismos pesos por levantar: corrupción, desigualdad social, etcétera y los mismos anhelos por superarlos, observando las doctrinas de los filósofos plasmadas en sus textos, que como ahora muchos no las practicaban.
Queda latente el eterno comienzo de todo, "o quizás" los que logran salir de la rueda, se elevan hacia otra dimensión imposible de comunicar con nuestra percepción precaria.
Toda lectura deleita y enriquece y las antiguas nos sirven de referencia.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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