Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

Ladrones de fuego

García-Prada: músico y matemático

Por: | 02 de junio de 2014

ÓSCAR  GARCÍA-PRADA (1960)

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     Antes de presentar las respuestas a mis preguntas hechas al contratenor Óscar García-Prada, se inserta su perfil biográfico. Este es: nacido en Burgos, realizó estudios de música en el Conservatorio de Música de Valladolid. A la vez completa las  Licenciaturas de Física y Matemáticas en las Universidades de Valladolid y Barcelona. Se traslada en 1986 a EEUU, a la Universidad de Rice en Houston. Allí comienza estudios de canto y obtiene un Master en Matemáticas. Con posterioridad realiza estudios en la Universidad de Oxford, donde se doctora en  Matemáticas en 1991. Tras estancias en Paris y en Berkeley, regresa  a España en 1995. Formado inicialmente como tenor, empezó a cantar  en el registro de contratenor a mediados de los 90.  Memora a  los profesores  David Mason, Nicholas Clapton, Eduardo Ríos y Evelyn Tubb. Es integrante del grupo inglés Musicke in the Ayre creado por el  laudista  Din Ghani en 2011, con el  que ha dado recitales en España, Francia e Inglaterra. En  paralelo con su actividad musical, desarrolla una actividad profesional como  Profesor de Investigación  del CSIC, en el Instituto de Ciencias Matemáticas de Madrid.
                                                                        ***
      Y estas son sus respuestas: para mí, cantar es un  camino privilegiado para poder expresar mis emociones, establecer un canal con mi corazón, con mi alma y con la de los demás, y conectar con algo superior. Es una meditación profunda y una fuente de gozo. La música proporciona  una experiencia vital y artística que nos pone en contacto con lo más profundo del ser humano. Cierto es el decir de Schubert, que no hay música alegre, pero no es menos cierto que la música permite también dar expresión a la alegría más profunda, al éxtasis, además de a la tristeza y al dolor más grandes.
    Seguramente sea la música el arte donde es más fuerte el contraste entre la estructura formal –el lenguaje musical se expresa con reglas matemáticas bien precisas– y la magia creativa. La música nos conecta con la tierra y el cielo, con lo mundano y lo divino.
    El laúd tiene un lugar especial en mis interpretaciones por ser el repertorio de canciones de Dowland, Mudarra, y otros, al que he dedicado más tiempo. En las piezas más cercanas al Barroco, prefiero la tiorba, o combinaciones de tiorba, guitarra barroca y viola da gamba. 
     La combinación de la voz de contratenor con otra voz de registro alto, como la de soprano, mezzo u otro contratenor, puede resultar especialmente  emocionante.  
    El primer contratenor que escuché de manera consciente en una grabación por primera vez se llama  Alfred Deller. Fue una experiencia fascinante. Luego descubrí que a Deller se debe el resurgimiento del registro de contratenor en los tiempos modernos. Debe mencionarse también a los James Bowman, Paul Esswood, Michael Chance, David Daniels, Andreas Scholl, o más recientemente a Philippe Jaroussky, Iestyn Davies; y en España, a Carlos Mena. 
    Es fundamental desarrollar la técnica del falsetto, en el que las cuerdas vocales operan de un modo distinto, y hay que combinar en muchas ocasiones el falsetto con la voz de pecho o voz natural, sobre todo en las notas más bajas. 
    Conviene dar la importancia debida al texto para comunicar las distintas emociones al público. Cantar bien implica actuar bien. La respiración nos conecta a la vida. El aire, al pasar por las cuerdas vocales, permite manifestar la vibración de nuestra alma.
    Leibniz definía la música como un ejercicio inconsciente en la matemática. Con esto señala que el uso de las matemáticas por la mayor parte de los músicos es, en gran medida, inconsciente. En la música hay mucha matemática, y en la matemática hay mucha música. Ambas son arte y ciencia. Como advertía Bertrand Russell: “el matemático, como el músico, es creador libre de un mundo de belleza ordenada”.

    * En la fotografía: Óscar García-Prada (contratenor) y Din Ghani (laudista) en concierto


[siguiente personaje Henry Moore: 9-6-2014] 
 

Yoko Ono y su teatrillo de poquedades

Por: | 26 de mayo de 2014

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Yoko Ono (1933)      

    El Museo Guggenheim de Bilbao ha programado la muestra de Yoko Ono, como lo hubieran hecho unos grandes almacenes para una promoción especial de gafas oscuras. Es una exposición desprovista de originalidad alguna. Todo está muy visto, todo viene de otros (una manera más o menos pueril de recalcar lo notorio), bajo la hilarante apariencia de intentar descubrir territorios desconocidos del arte contemporáneo... que figuran en todas las guías turísticas. O sea, la apariencia de la apariencia. Sobre este teatrillo de poquedades exhibidas, destaca el escaparatismo de la puesta en escena, lo mismo para el producto musical como para el iconográfico. En este punto no me resisto a dejar de lado la perspicaz descripción de Karl Kraus:  “El escaparatista puede instalarse en la posteridad, si el lírico le hace un poema”. No vayan a pensar que el papel lírico corresponde a la dirección de los grandes almacenes. 
     Pese al poco entusiasmo producido por la suma de poquedades, he querido aprovechar el paso de Yoko Ono por mi ciudad. A través del propio Guggenheim le hice llegar unas cuantas preguntas, invitándole a pensar y jugar por escrito en este blog de El País. Como anexo databa algunos nombres de los personajes aparecidos y por aparecer en ladrones de fuego. Nombres que ella conocería sobradamente. Por los primeros: Ernest Hemingway, Frank Gehry, James Baldwin, Tama Janowitz, J. K. Galbraith, William Saroyan. Por los segundos: Andy Warhol, Robert Rauschenberg, Susan Sontag, Carson McCullers, Harold Bloom, Sylvia Plath.  Estas son las preguntas:

    * ¿Sólo los ojos son capaces todavía de emitir un grito?
    * ¿La sombra del árbol fue la primera casa del hombre?
    * ¿Cómo se llena el vacío que dejan las  perfomances? (la realidad después de la fantasía).
    * ¿Con la negación progresiva de la negación se logra la formación humana?
    * ¿Soñar es, en sí, el más puro de los sueños?
    * ¿El deseo está a muchos kilómetros del verdadero amor?
    * ¿Puede ser feliz una bicicleta con dos cabezas?
    * ¿Al árbol le duelen los tobillos cuando crece?
    * ¿Existe alguna combinación mágica que pueda llegar a descifrarnos?
    * ¿El gran arte es suave como la inocencia, obsesivo como el juego e imprevisible como la duda?
    * ¿Todo puede convertirse en sexo a poco que se toque?

    Nota.- Las respuestas no han llegado. No ha habido suerte para este blog. Al parecer, la suerte le ha favorecido  a  Yoko  Ono, si tenemos en cuenta la advertencia de Goethe: "Los que no escriben tienen suerte, porque no se comprometen".

    * Foto Erika Barahona Ede  ©FMGB Guggenheim Bilbao, 2014

                    [siguiente personaje Óscar García-Prada: 2-6-2014]

 

 

Rokha-Neruda-Vallejo según Teitelboim

Por: | 19 de mayo de 2014

VOLODIA TEITELBOIM  (1916-2008)

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     Descubrí tardíamente al poeta chileno Pablo de Rokha (Carlos Díaz Loyola, 1894-1968). Supe que era desconocido fuera de su país. La sociedad bienpensante lo convirtió en un desvalido muñeco de trapo. Y él les respondió suicidándose. Cuentan que mantuvo una dura polémica con Pablo Neruda. Con dos gallos en un corral, uno al final viste de luto.
     Cierto día arribó a Bilbao, para dar una conferencia sobre Pablo Neruda, el escritor y ensayista Volodia Teitelboim, colaborador del presidente Salvador Allende, autor de una treintena de libros y biógrafo, entre otros poetas, de Neruda, con el que compartió amistad y militancia política. Fui a entrevistarlo. Me presenté como admirador incondicional de Pablo de Rokha. Empecé por hablarle de mi tardío descubrimiento de Rokha, para preguntarle cómo era posible que, tras varios lustros desde su muerte, fuera todavía un desconocido, en comparación con la celebérrima fama de Pablo Neruda. “Siendo tan buen poeta como Neruda, ¿qué le faltaba para ser como Neruda?”.
    “Pablo de Rokha –contestó Teitelboim–, fue un contestatario y radical absoluto. Entró proclamando la miseria total de los mundos. Y el mundo le dijo que no, que no era tan miserable, y que no aceptaba esos retos. Esto produjo en torno a Rokha el más profundo de los vacíos. Entonces dedicó su tiempo a publicarse los libros que escribía, vendiéndolos donde podía para alimentar a su familia”. Tras una pausa, el entrevistado describió a Pablo de Rokha como un poeta grande, macizo, como de cordillera, estruendoso y heterogéneo, muy caudaloso y abundante.
      Remarqué como injusta la exagerada dimensión de Neruda en detrimento de Rokha y de otros grandes poetas chilenos. Según Teitelboim era injusta, no por la fama de Neruda, que la merece, sino por la no fama de los otros, que también la merecen.
    Antes de aludir a ciertos deslices de Neruda en lo político, señalé mi admiración por su poemario Residencia en la tierra. Me parecía un monumento a la fertilidad imaginativa, un impulso liberador del lenguaje, una obra maestra de la poesía. A continuación recordé los pormenores enfadosos que suscitaron las loas de Pablo Neruda a Stalin. Teitelboim señaló que los pecados de Neruda eran de orden político; no fueron nunca pecados personales. Fueron pecados de una época, equivocaciones de un tiempo que pasó. “Fueron pecados de millones y millones de personas, que creyeron que Stalin era un hombre digno, que estuvo a la altura de su misión y su tarea. Neruda creyó en eso, y cantó a su gloria. Pero cuando supo que había traicionado todos sus ideales, escribió contra Stalin de la forma más severa. En el fondo se castigaba a sí mismo”. Errores políticos de parecido cuño, cometidos también por Pablo de Rokha, apunté yo, como pueden constatarse en la lectura de muchos poemas suyos.
     De Pablo de Rokha pasé a César Vallejo, y no sé por qué lo hice. Le pregunté por su valoración de Vallejo respecto de Neruda. Teitelboim lo expresó del siguiente modo: “Neruda es un gran poeta espacial, también se mete para adentro. Pero el más profundo y más desgarrado es César Vallejo. Fue un poeta de vida trágica, de vida difícil, de vida hambrienta”.
     Antes de despedirnos fue obligado recordar a otros grandes poetas chilenos: Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Gonzalo Millá, Verónica Zondek, Alexis Figueroa, Tomás Harris, Elvira Hernández, Raúl Zurita, Cecilia Vicuña, Juan Luis Martínez, Elikura Chihuailaf, entre otros... Y en el aire de nuestro encuentro quedó el eco visionario de Hölderlin: "Lo que perdura lo ha de hacer el poeta".

                            [siguiente personaje Yoko Ono: 26-5-2014]

Franz Kafka se ve tirado en el suelo

Por: | 12 de mayo de 2014

FRANZ KAFKA   (1883-1924)

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      Estas palabras de Franz Kafka son suyas. Y mía la impostura de haberme asignado el papel de preguntador: 

      ¿Cómo definiría su escritura?
    
Mis historias son una especie de cerrar los ojos. Yo me he visto siempre como un escritor tirado en el suelo, y que busca por allí algo con qué escribir. El modo de escapar de la existencia humana es a través de la fantasía.
     ¿Quiere decirse que su obra es un constante sueño?
    
El sueño deja al descubierto la realidad, tras la cual permanece la imaginación. Esto es lo terrible de la vida, lo conmovedor del arte.
     ¿De qué modo valoraba aquello que escribía?
    
Jamás lo valoraba, porque de ese modo haría inalcanzable lo que quiero escribir.
     ¿Podríamos decir que usted se pasó la vida en un permanente intento escritural?
    
Eso es. En el fondo, mi vida consistía en intentos de escribir, por lo general malogrados.
     ¡¿Cómo puede decir eso un hombre que figura entre los mejores escritores del siglo XX?!
    
No me preocupo por los juicios de los demás. Sólo sé que soy el hombre más delgado que conozco. Si mis escritos no valen nada, es seguro que yo mismo no valgo nada en absoluto.
    ¿Por qué eligió aquella manera tan solitaria de escribir? ¿Qué fuerzas extrañas tiraban de usted durante la noche y le impulsaban a escribir como si fuera un fantasma inhumano?
     
Para poder escribir tenía necesidad de aislamiento; pero no como un ermitaño, cosa que no sería suficiente, sino como un muerto.
     Explíquenos eso...
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ntinuamente busco comunicar algo no comunicable, explicar algo inexplicable, hablar de algo que tengo en los huesos y que sólo puede ser vivido en esos huesos.
    ¿Eso nos lleva a pensar que usted fue el hombre menos feliz del universo?
    
¿Hay alguien que sepa por sí mismo cuál es su verdadera situación?
     Lo que sí parece indicar, pese a sus sufrimientos, que usted no sentía deseos de escapar de aquella compulsión interior que lo roía...
    
Sólo diré que un empantanado interior corre por sobre nosotros, y por allí pasan unas palabras que se nos escapan. Y jamás las conseguiremos llevar al papel. Esas palabras sólo están en el pensamiento. Cuando en alguna ocasión conseguimos aproximarnos a esas palabras lo hacemos por casualidad, porque hemos tropezado con ellas sin darnos cuenta e incluso hemos sido arrastrados por ellas.
     ¿Encontró en determinadas ocasiones algunos momentos de felicidad?
    
Sólo es posible alegrarse del mundo justamente cuando se huye de él.
     ¿Es que lo bueno y lo malo son lo mismo para usted?
    
Lo bueno es en cierto sentido desesperante.
     ¿Tal vez existe alguna escala de valores por la que alguien puede subir a la cúspide mediante el hecho estético?
    
No sé qué dirán otros. Sé que escribo diferente de lo que hablo, hablo diferente de lo que pienso, pienso diferente de lo que debería pensar, y así sucesivamente hasta la más profunda oscuridad.
     ¿Qué nos queda por decir? ¿Qué por hacer?
    
Dejar caer sobre el pecho la cabeza llena de asco y de odio.
     Pero... ¿cómo no creer o siquiera pensar en alguna posibilidad esperanzada?
    
En teoría hay una posibilidad de felicidad.
     ¿Cuál es?
    
No merece la pena reseñarla.
    Se lo ruego.
    
Está bien. Creer en lo indestructible que hay en uno y no empeñarse por conseguirlo.

                                [siguiente personaje Volodia Teitelboim: 19-5-2014]

 

 

 

Borges envidiaba el coraje de Jünger

Por: | 05 de mayo de 2014

ERNST JÜNGER   (1895-1998)   

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     Se sabe que Jorge Luis Borges viajó hasta el retiro del escritor alemán Ernst Jünger, en Wilflingen, para testimoniarle su admiración y poder estrechar su mano. 
    Mas sepan que esa admiración no proviene única y principalmente por el hecho estético, ya que en tanto escritores, los dos comparten, con parecida intensidad, la cerebración de la palabra y poseen una aspiración mutua, como es alcanzar el máximo conocimiento oceánico del saber literario. Esa admiración se debe al valor guerrero de Jünger, considerado como uno de los grandes héroes de la Primera Guerra Mundial, y acreditado, con pruebas documentales, como un valiente entre los valientes. 
    En los libros de Borges encontraremos pasajes de su literatura donde antepone el valor por encima de todo lo demás. El escritor argentino admiraba a los malevos de sus cuentos por el valor desmedido mostrado –imagen viva de lo viril, “con pechos dilatados de hombría”–, al punto de ser la única clase baja consentida por él. En su caso, sólo puede admirarlos desde la ficción. Por el contrario, a Ernst Jünger lo admira a través de lo real. Si como literato nada tiene que envidiarle, es el valor personal de Jünger lo que le rebasa. Para decirlo de una vez: lo que en él es ficción, en Jünger es estricta y valentísima realidad. Por eso proyecta ese viaje suyo para poder estrechar la mano del alemán.     
     A partir de esta línea dejo a un lado el valor real y el valor de ficción de uno y otro escritor (equivalente a la duda cervantina entre lo real y lo ideal), para contar cómo me relacioné con Ernst Jünger sin tener que ir a su retiro a buscarlo.
    En el otoño de 1989 Ernst Jünger viajó a Bilbao. La Universidad del País Vasco le había concedido el título de Doctor Honoris Causa. Con sus 94 años pleno de lucidez, el escritor alemán respondió a la investidura con un discurso brillante y profundo. Recordó al auditorio la emoción de sus días de niño cuando su padre le leía El Quijote, del impar Miguel de Cervantes. 
    Después de la investidura un grupo reducido de amigos mantuvimos una conversación literaria con él en el hotel en el que se encontraba alojado. Al día siguiente apareció un artículo mío en el periódico donde colaboraba, en torno a la obra de Jünger.
     Pasados unos días desde su marcha, le escribí a Wilflingen, proponiéndole una entrevista. Le envié las preguntas, traducidas con suma acuciosidad por un amigo mío. 
     Respondió casi de inmediato (4 de noviembre de 1989). Apuntaba en su carta la imposibilidad de contestar a todas las preguntas, porque se encontraba “extraordinariamente lleno de trabajo”. En uno de los pasajes mostraba un signo de bullente modestia: “Quizá le puedan ser útiles estas respuestas; en caso contrario, confíelas a su papelera”. Antes de despedirse, aludió al día de su investidura: “He visto que todavía se saben celebrar fiestas en Bilbao; y guardo un buen recuerdo de los días que he vivido allí”. 
     Vuelvo a Borges y al valor de Jünger, a través de unas palabras de éste último cuando refiere –en edad madura–, un pasaje sobre su experiencia en la Primera Guerra Mundial: “la guerra nos arrebató como una borrachera; nos parecía un lance viril, un alegre concurso de tiro celebrado sobre floridas praderas en que la sangre era el rocío”.
    Es esa misma mano de sangre arrebatada la que Borges quiso estrechar con enfervorizada admiración.

                                [siguiente personaje Franz Kafka: 12-5-2014]

El silencio de Ernesto Cardenal

Por: | 30 de abril de 2014

ERNESTO CARDENAL   (1925)

 

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    A raíz del triunfo de la revolución sandinista, desde muchos lugares del mundo brotaron hermosas-hondas-espontáneas voluntades de ayuda hacia el pueblo nicaragüense. Un joven amigo mío, profesor de bachillerato, enrolado en cristianos de base o algo parecido, me dijo que se iba a Nicaragua. Unos días después vino a despedirse. Como era mi época obsesiva de querer entrevistar a escritores, le pasé una entrevista para el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, nombrado por aquellos años (1983) Ministro de Cultura del gobierno sandinista. “Por si tienes la ocasión de verle”, apunté. “Lo intentaré”, fue su respuesta. 
     Un año y medio más tarde, mi amigo volvió de Nicaragua. Vino a visitarme a la librería donde yo trabajaba. Hablaba maravillas de la aventura vivida. Se sintió útil como nunca hasta entonces lo había sido de cara alos demás. Aquellas tierras y sus gentes dejaron en él una profunda huella. “El mundo entero debería conocer el esfuerzo del pueblo nicaragüense por intentar llegar a ser dueño de su destino”, decía con pleno convencimiento.
     Luego se refirió a Ernesto Cardenal. Pudo estar con él. Le entregó en mi nombre las preguntas. El poeta las leyó delante de él. Al acabar dijo no entender nada. No iba a contestarlas, porque carecían de interés alguno para él.
     Ese fue mi único contacto indirecto con Ernesto Cardenal. 
     Mi descubrimiento como poeta venía de lejos. Desde aquel libro suyo de poemas titulado Salmos, de 1964. Obra relacionada con el poeta Patrice de la Tour du Pin (1911-1975), quien en 1938 escribió un libro titulado Salmos (siguiendo el ejemplo de los salmos bíblicos). Aunque las incomunicables experiencias de un alma en busca de Dios no son en Cardenal tan compulsivas como en el francés, sí hay ciertas concomitancias en la mezcla de conceptos metafísicos con las realidades cotidianas, e incluso en la utilización de un lenguaje desprovisto de intelectualismos. 
     En la década de los sesenta, Ernesto Cardenal publicó tres de sus mejores libros (según mi leer): Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), El estrecho dudoso (1966) y Homenaje a los indios americanos (1969). Poemas largos, de construcción prosística, donde se alternan las crónicas coloniales, su crítica hacia la voraz sociedad capitalista y sus mitos espurios, al lado de textos prehispánicos. Poeta exuberante, sensual, muy politizado, empeñado en dar una visión del hombre en relación con el mundo, trazadas sobre la pervivencia marital entre lo esencial y lo trivial, sin tener que avergonzarse de nada, bajo la extraña sugerencia de Baudelaire: “nada más bello como el lugar común”. 
     Durante su permanencia entre los campesinos del archipiélago de Solentiname, Cardenal vivió ese tiempo con la inocencia del Edén, pensando que el mundo podía convertirse en un delicioso e interminable día de verano (mas no trataba de captar tanto la belleza como la verdad de la vida). De ahí surgió su libro El Evangelio de Solentiname (1975). 
    Ernesto Cardenal se suma a los excelentes poetas que ha dado Nicaragua en la época contemporánea como Salomón de la Selva, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejías Sánchez, entre otros. Todos ellos son descendientes del poeta de poetas Rubén Darío.
    Comprendí que Ernesto Cardenal rehusara perder su precioso tiempo conmigo. No me sentí castigado por ello, como hiciera el poeta con los mercaderes de la 20th Century-Fox, en su carnalísima e implacable Oración por Marilyn Monroe.

                            [sigueinte personaje Ernst Jünger: 5-5-2014]

Energía suprema en el arte de Zumeta:

Por: | 21 de abril de 2014

JOSÉ LUIS ZUMETA (1939)

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     El pintor guipuzcoano José Luis Zumeta cumplió el sábado pasado 75 años. Em 1968 expuso en Bilbao, en una galería de arte regentada por mí. En 1989 comisarié una muestra antològica de su obra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Sus obras se gestan en un pintar directo. Sale o no sale... Y así, el artista se convierte en el condigno medio para volver a entrar en contacto con las energías primarias, experimentando la intensidad de la vida física.
     Dotar de forma estética las acciones del ser vivo significa transformarla en un estado libre y activo. En el lienzo desnudo hay un ente que va a tener vida cuando el artista entra en movimiento. El artista cede la iniciativa a las formas y los colores, sin partir de temas preestablecidos. No tiene que expresar una realidad, porque la pintura es, en sí misma, una realidad. O sea, no es la visión de la realidad lo que pinta, sino la realidad de su visión.
     Arte pleno de energías, arte de acción. No existe sofisticación alguna en esos trazos más o menos violentos. Solo aparece un henchido orgullo de vida, al sentir dentro de sí una energía profunda aunque larval. Es lo único  que sabe y está seguro de ello, por lo cual entra  en el lienzo y van surgiendo las grafías desgarradas, trémulas unas veces, otras veces vibrantes, y siempre remecidas.
  En ese pintar, Zumeta nos recuerda que el arte para él consiste en conseguir trasladar a los cuadros sus más íntimas e inmediatas sensaciones pictóricas.
   No existe nada más concreto y rotundo como una mano con muchas ganas, cuyo trazado viene nimbado con el respaldo inestimable de Schopenhauer: “el tacto es visión que recorre el camino”.
    Son los miedos y audacias de todo acto creador. Aciertos y fallos. Sobre cada obra terminada volverá a iniciar otra obra, en la seguridad de volver a fallar, porque su quehacer consiste en pintar lo que no sabe. El desconocimiento le irá abriendo nuevos caminos. Cuanto más aprende, tanto más tiene que olvidar y, de ese modo, se abrirá su campo de acción. Desde el no saber pinta para encontrarse, o dicho literariamente, pinta para averiguarse.
    Transcribo unas palabras de José Luis Zumeta en relación con su propia expresividad plástica, al hablar del azar: “Creo que en el azar está todo. Lo que pasa es que no somos capaces de aceptarlo en su plenitud. Y no lo aceptamos, porque nos falta la libertad necesaria para hacerlo. Entonces, le das una forma para que te puedas familiarizar con lo conocido, ya que solo así eres capaz de convivir con ese azar”.
   Como la mayoría de artistas de la pintura de acción (en el sentido más amplio de la palabra), el pintor de Usurbil entra en su cueva psíquica, esa casa del ser que da vida a los materiales, y sale a la superficie como la piedra de David disparada con total vigor y celeridad. En ese momento, los colores saltan desbocados envueltos en un mar de innúmeras formas. 
    Termino con unas palabras del propio Zumeta: “Pintar es pura impotencia. Afloran los mínimos aciertos. Todo lo que hay debajo raya con la imposibilidad de lograr algo que te satisfaga... Pero sabes que si te paras, tu vida deja de existir".

    * En la imagen, obra de Zumeta en una versión libre del Guernica de Picasso (7,80 m x 3,50 m), fechada en 1999.

                        [siguiente personaje Ernesto Cardenal: 30-4-2014] 

           

           

Férvida Clara Sánchez

Por: | 14 de abril de 2014

CLARA SÁNCHEZ (1955)

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    Autora de una decena de novelas, la escritora Clara Sánchez ganó el último Premio Planeta (2013), con la novela  El cielo ha vuelto. Transcribo una conversación del todo y la nada (férvido espejo del ser) con Clara Sánchez, acaecida varios años atrás. 
    ¿Ser feliz significa poder percibirse a sí mismo sin temor alguno?
    
Sólo si eres capaz de percibirte en otro.
    ¿La ficción es más verdadera que la historia, justamente porque puede ir más allá de los hechos?
    
La historia recoge el pasado y la ficción todo lo que podría hacerse con ese pasado. La historia pretende moverse en la certeza y la ficción en la probabilidad, pero ambas pertenecen a un juego donde todos jugamos a ser verdaderos.
    ¿Todo lo que hemos ganado no podemos más que perderlo? ¿Intentar conservarlo es la más inútil de las tareas?
    
Nunca se pierde. Mientras se vive se gana incluso lo que se pierde. Se me puede decir que todo lo perdemos con la muerte, pero ya sabemos que la muerte no existe.
    Muchos escritores le miden a uno con una cucharita de café, en tanto ellos se miden con el gran cucharón del mimo. ¿Te has dado cuenta?
    
Y no sólo los escritores. Hay personas que se miman a sí mismas simplemente porque no saben querer a los demás. Y en realidad uno existe más cuando la existencia de los otros también es mayor.
    ¿La literatura es la manera más agradable de ignorar la vida?
    
No es la manera de ignorarla, sino de revivirla y no es siempre la forma más agradable.
    Tal vez al escribir nos rebelamos contra las convenciones sociales, puesto que esas convenciones nos limitan. Al escribir buscamos el yo ilimitado. ¿Afirmas esto? ¿Lo niegas?
    
Puedo decirte que cuando escribo descubro, seguramente porque busco sin darme cuenta. Y creo que no se encuentra nada que no esté dentro de uno.
    ¿Quién comía golondrinas para ensanchar sus senos?
    
No lo sé. Pero merece la pena escribir la palabra golondrina. No me hubieras hecho esta pregunta si las golondrinas no se llamaran así.
    ¿Conoces algo tan pernicioso como el poder, que se les sube a la cabeza a aquellos que ni siquiera lo tienen?
    
No conozco otro veneno peor. Está hecho para los que persiguen un imposible: añadir un palmo a su estatura.
    Tiene que ser terrible, si es cierto, que somos según el azar de lo que hemos leído, ¿no crees?
    
No es tan terrible, porque lo que somos es lo que hacemos con lo que hemos leído. Cada uno tiene su buena parte de responsabilidad en lo que llega a ser. Es más terrible que uno sea lo que los demás leen de él, que depende de lo que hayan leído en el mundo.
    ¿Por qué será que la seriedad es el último refugio de la gente superficial?
    
Respeto la seriedad de la tristeza, de la curiosidad y el deslumbramiento, incluso de la indiferencia, pero la seriedad estúpida es un arma intimidatoria pegada a la cara y la voz. Y sólo necesita un arma quien tiene miedo. Y tiene miedo quien no alcanza a comprender.
    Uno puede imaginarse los incontables brillantes y rubíes y esmeraldas del mundo, y hasta puede contar en su memoria cada uno de los pájaros valientes que pueblan el espacio, mas encontrará harto difícil adivinar cuál es la palabra que hace a un poema inolvidable...
    
Totalmente de acuerdo. Esa palabra es el resumen misterioso de lo que cabe en la imaginación porque cabe en el mundo. Afortunado quien dé con ella.

                              [siguiente personaje José Luis Zumeta: 21-4-2014]

 

La "politesse" de Michel Tournier

Por: | 07 de abril de 2014

MICHEL TOURNIER   (1924)

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     Convenientemente traducida al francés, la carta de Michel Tournier, fechada el uno de marzo de 1990, decía lo siguiente:
    “Querido José Luis Merino:
    Me siento feliz por el hecho de que usted haya pensado en mí para su investigación literaria.
    ¡Lástima! He leído y releído sus preguntas; las encuentro hermosas y sutiles, pero no sé qué responder. No despiertan en mí ningún eco. Perdóneme.
    Amistad, M. Tournier”
    El amistoso Tournier es miembro de la Academia Goncourt desde 1972. Nació en París, el 19 de diciembre de 1924. Autor de ensayos, relatos y novelas, combina la narrativa con la filosofía, recurriendo a crear y recrear mitos literarios tradicionales o de su propio cuño. Mientras algunos lo ven como una de las grandes figuras de la modernidad literaria francesa, otros lo consideran simplemente un escritor para niños y adolescentes. La consideración de estos últimos se debe a que, tras el éxito de su primera novela Viernes o los limbos del Pacífico (1967) –una nueva versión del mito Robinson Crusoe–, reescribió y publicó cuatro años después Viernes o la vida salvaje, con lo que su obra se convirtió en lectura obligatoria en los colegios franceses.
    La carta de Michel Tournier no es buen ejemplo para adolescentes. Lo prueba la siguiente historia imaginaria. Se han elegido siete jóvenes de liceos franceses de la zona entre Bayonne y Hendaye, pasando por Anglet y Saint Jean de Luz...
    Cada uno de esos jóvenes le lanza una pregunta relacionada con la carta arriba suscrita. He ahí algunas: 1ª) Señor Tournier, si las preguntas las encontraba usted hermosas y sutiles, ¿por qué no quiso contestarlas? 2ª) ¿Sospechaba, acaso, que no iba a estar a la altura de las preguntas? 3ª) ¿Por qué no le dijo la verdad, esto es, que las preguntas le darían mucho trabajo y muy pocos clientes-lectores, teniendo en cuenta lo que usted ha dicho siempre, que no escribe por diversión? 4ª) A nuestro compatriota, el escritor Paul Léautaud, no le gustaba la gran literatura, solo le interesaba la conversación escrita, ¿lo sabía, señor Tournier? 5ª) Mi padre dice que a los escritores solo quieren que les pregunten por sus obras, y dice que fuera de ahí no les interesa nada, ¿también es así en su caso? 6ª) Una vez leí algo así como que los escritores nunca deberían usar palabras sin corazón, ¿es verdad? 7ª) Si no lo toma a mal, le digo que su carta haría llorar a un ojo de cristal.
    Correspondería al amistoso Tournier contestar al razonado tropel de preguntas de los jóvenes galos, probablemente lectores entusiastas del libro Viernes o la vida salvaje.
    Mas como no sabemos sus respuestas, queda la moraleja. Y la moraleja explica que, con sus reflexiones, la muchachada colocó al escritor bajo sospecha de andar con falsos rodeos y no menos falsos tapujos.
    Sin embargo, no debe reprocharse a Tournier su negativa a contestar (el relámpago carece de sombra), en cambio debe reprobarse las subidas (“me siento feliz por el hecho de que usted haya pensado en mí para su investigación literaria”) y las bajadas (“no despiertan en mí ningún eco”) de su pensamiento en tan pocas líneas y en tan exiguo espacio. Cualquiera de los hermanos Lumière (Auguste y Louis) hubiera retratado al amistoso Tournier con una mochila de colegial manchada de donuts. 

                                [siguiente personaje Clara Sánchez: 14-4-2014]

José-Miguel Ullán se dejó la mejor

Por: | 31 de marzo de 2014

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN (1944-2009)

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     Entrevisté al poeta José-Miguel Ullán en su casa de las afueras de París (Chaville), a principios de los años setenta, para un proyectado libro de conversaciones con creadores españoles. Nada más recibir la transcripción de lo grabado, me escribió una carta, fechada el 26/7/1971, donde decía: “quisiera que de aquel encuentro sólo guardaras lo adivinable y borraras lo explícito”. Lo cumplí. Diez años después le propuse una entrevista por escrito. He ahí la entrevista. Lo lamenté en su momento, y lo lamento ahora. El contenido de la primera entrevista era muy superior al de la segunda. Mas nunca pensemos que es mala la verdad.
    ¿A la belleza de la exultante juventud, el hombre maduro pone el conocimiento del canon?
    
El canon suele llamarse también Pigalle o Casablanca. Lo restante se compone de sucedáneos o cuentos chinos, de Salamanca a Bilbao. Elegir otra orilla, negarse, al mismo tiempo, a la exultación y al canon es lo único que vale la pena: es decir, cuesta mucho y son pocos los operarios.
    ¿Los proyectos literarios son teclas vivas para el que los tiene, y alambre inservible para los demás?
    
Los demás son alambre inservible para cualquier proyecto literario. O, lo que es igual, el enrejado necesario.
    ¿Llamarías lúdica a aquella parte del poema que produce asombro y / o desmesura? ¿Y por qué no dulcedumbre?
    
El poema, con perdón, no tiene partes ni es productivo. Esa es su carencia más lúdica, asombrosa, desmesurada y dulce, aunque nunca lo entiendan así ni Carmen Conde ni Castilla del Pino.
    Si uno cree de verdad, ¿para qué le hace falta Dios?
    
A: Para, a la vista pajarera de las cosas, ponerlo en duda, aún a sabiendas de que la duda puede ser el más diabólico de sus inventos preunamunianos. B: Para pedirle un crédito a Xavier Zubiri. C: Para no caer en el realismo socialista. D: Para no creer de verdad.
    ¿Lo bello proviene de aquella vez en que lo bello se hizo auténtico?
    
Digno homenaje, el tuyo, al venezolano Andrés Bello en el bicentenario de su nacimiento. Y una manera galaico-vasca de reinventar aquello del huevo castellano y la gallina catalana. Ese maridaje entre hermosura y verdad, tan andaluz, me trae al recuerdo una canción de Raquel Meller: “Un soldado, en Tetuán, / se encaprichó con una mora / y a su amor correspondió / con inocencia encantadora...”. No te cuento el final, porque tú sólo me preguntas por el principio. Sin embargo, te añadiré que, por lo general, lo auténtico siempre es bello, aunque la excepción individual no acabe, ni mucho menos, con Fraga.
    ¿Groucho Marx y Marilyn Monroe han sido una necesidad del siglo XX creada por la mente?
    
El primero, ya ves, puede que fuese una creación de la mente. Pero la segunda fue una forma cuajada de ir directamente al grano.
    Cuando muerdes una manzana, ¿no te da impresión de que ha sido mordida antes?
    
Esa es una impresión digna de una manzana paranoica y celosa de Newton. Yo prefiero no hacerle el juego, que da reuma en el antebrazo y altera el pulso.

                            [siguiente personaje Michel Tournier: 7-4-2014]

El País

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