Ángel Guache, el hombre orquesta

Por: | 05 de abril de 2014

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A la espera de su próxima reinvención, Ángel Guache es, al menos a esta hora del sábado 5 de abril, un músico que dejó la poesía lírica y un poeta humorístico que dejó la pintura. Por eso no tiene un rincón de trabajo sino tres. Y los tres llenos de libros, discos y cuadros. Lo más parecido a un estudio que hay en su casa madrileña en una mínima habitación en la que uno chocaría con las estanterías si pusiera los brazos en cruz. Con las paredes forradas de catálogos de arte —Imi Knoebel, Mark Rothko, Moholy-Nagy—, del suelo brotan estalagmitas de DVD en las que Simón del desierto convive con Placebo y los Sex Pistols. Colonizado casi todo el espacio, la silla del ordenador quedó impracticable “hace mucho” por otra montaña de papeles. Por eso Guache teclea sin sentarse cuando quiere verificar una fecha de su propia biografía: en qué año publicó en la editorial Trieste El viento en los árboles, el libro que lo consagró como poeta simbolista (fue en 1986), o cuándo inauguró con Piano, piano, ilustrado por César Fernández Arias, la colección infantil de la editorial Hiperión (en 1995).


Ángel Guache, que nació en Luanco (Asturias) en 1950 y vive en Madrid desde los 18 años, se estrenó como pintor “de adolescente” y aparcó los pinceles en 2003. Dos años antes, el Museo Reina Sofía le dedicó la muestra Poemas geométricos, que recogía cuadros de pequeño formato y espíritu constructivista cuya única salida parecía el blanco total. “Al final tenía la impresión”, cuenta, “de que un cuadro termina siendo, sobre todo, un objeto, y no quería ser un fabricante de objetos. Lo que me gusta de la música es que queda en el aire”. Aunque todavía hay un lienzo esperando en un caballete en el segundo de los rincones de Guache, su adiós a las artes plásticas tuvo lugar en 2004 con la exposición Se venden frases en la galería Espacio Líquido de Gijón. Aquella despedida dio lugar a un libro de eslóganes prologado por Javier Barón, jefe de Pintura del Siglo XIX del Museo del Prado, que colocaba al pintor cesante en la línea humorística de La Codorniz y El Roto.


“El futuro pasa por el embudo”, dice uno de aquellos eslóganes tipográficos, enmarcado y apoyado en la pared en el tercer rincón de trabajo del poliédrico Guache. Allí los sombreros se disputan la mesa con las Disertaciones por Arriano de Epicteto, tratados de arte clásico o discos de The Clash y Marilyn Manson. “Aquí trabajo”, dice de un lugar que cualquiera diría reservado para las visitas. Ambulantes o no, aquí tomaron cuerpo los versos que han dado lugar a Ruido cósmico (Huerga & Fierro), el libro de poemas que publica estos días, y Anarquía barbuda, un disco —“eléctrico cántico de insumisión”, lo llama— en el que el poeta ha añadido sus versos y su voz rota a la espídica guitarra de Marcelo Pull. No es la primera vez que Guache hace de letrista, pero sí su estreno como cantante: “Nadie se atrevió con estas letras porque decían que eran de cantautor. Será porque, además de caña y coña, tienen eso que llaman conciencia social. Pues sí, hay que arriesgarse a que digan que caes en el panfleto. En estos momentos de deterioro de los derechos sociales hay que dar testimonio de lo que está pasando”.

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Texto publicado en la sección "El rincón" de Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, el 5 de abril de 2014. El autor de la fotografía de Ángel Guache es Bernardo Pérez.

Otros rincones:

Las manos vacías de Antonio Ferres.

Juan Carlos Mestre, el vigilante del fuego.

José Luis López Muñoz, un traductor a fuego lento.

 

Ángel Crespo en el Campo de Agramante

Por: | 02 de abril de 2014

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JUEGO DE AZAR

No escribo una palabra en la que no

me juegue cuanto tengo y espero

querer tener. ¿Así

habláis vosotros, dioses?

¿O es sólo por placer

de serlo, por un alto

capricho que no puedo

compartir, por malicia

inocente o lascivia, por lo que

me hostigáis día y noche?

Pero no he de escribir

una sola palabra

en la que no me juegue vuestro amor

o, siendo vuestro, el odio.

Ángel Crespo, El bosque transparente (1983)

Extraña suerte la de Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995), ese escritor plural al que muchos han leído como traductor de Pessoa, Dante o Guimaraes Rosa y al que casi nadie sabe dónde colocar como poeta. Aunque su obra está cumplidamente editada, nunca ha dejado de ser un excéntrico en un panorama demasiado sujeto a la ruleta de las generaciones. A la vez, nunca han faltado valedores de esa excentricidad. 

CampoEsa es la sensación que se desprende de la lectura de la última entrega de la revista Campo de Agramante, publicada por la Fundación Caballero Bonald, cuyo último número, el 19, está consagrado a Ángel Crespo. Hoy, miércoles 2, se presenta en el Círculo de Bellas Arte de Madrid durante un acto en el que participarán el propio Caballero Bonald, la escritora y traductora Pilar Gómez Bedate -viuda de Crespo-, Jaume Pont, Clara Janés y el director de la revista, Jesús Fernández Palacios.

El interés de Caballero Bonald por el autor de Todo está vivo, con el que compartió la dirección de la revista Poesía de España, no es nuevo. En las páginas que dedica en sus memorias a la generación de los 50, el escritor jerezano recuerda que "en términos estrictos", ese grupo poético estuvo integrado por Ángel González, Alfonso Costafreda, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Jesús López Pacheco, él mismo y el propio Crespo. A esa lista se añadirían "por meras razones tácticas de calidad", dice, los nombres de Claudio Rodríguez y Francisco Brines, que "no habían participado en las iniciales maniobras político-literarias de los -llamémoslos así- fundadores, pero que enriquecían a no dudarlo, la reputación poética global".

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Mordzinski es un festival

Por: | 24 de marzo de 2014

Daniel Mordzinski es argentino y fotógrafo. Por lo primero vive en París. Por lo segundo, en un avión. Podría decirse que Mordinski es, adaptando el eslogan de este periódico, el fotógrafo global (en español). También podría decirse que Mordzinski es un festival, un festival literario.

DaniellibroComo en el chiste de japoneses: si hoy es lunes y tiene a Mordzinski al lado, está usted en un festival literario. Puede ser, como hoy mismo, la Bienal Vargas Llosa o, como hasta hace unas horas, el Salón del Libro de París, donde nuestro hombre ha presentado un libro dedicado a sus compatriotas argentinos. Puede ser el Festival de la Palabra de Puerto Rico o el Hay de Cartagena de Indias –los retratos que acompañan esta entrada pertenecen al último-, el Hay de Segovia o el Hay de Xalapa. Incluso el Hay de Hay (on-Way). Da la impresión de que a veces Daniel está en un festival y Mordzinski en otro.

Cuando un escritor llega a un encuentro de escritores, Mordinski ya está allí, y antes de que ese escritor sepa deletrear el apellido del fotógrafo, este ya lo ha metido en la bañera o en la cama o lo ha subido a una bicicleta, con ropa o sin ella, con un paraguas tapándole la cara o con una bombilla en la boca. Su autor las llama, con autoironía, fotinskis. Ni que decir tiene que hay autores que no pasarán a la historia de la literatura pero es posible que pasen, vía retratinski, a la de la fotografía.

 

 

 

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Ricardo Piglia

Danieljuangabriel

Juan Gabriel Vásquez

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Virginie Despentes y Beatriz Preciado

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Día internacional de los poetas muertos

Por: | 21 de marzo de 2014

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Hoy es el día internacional de la poesía y no sé si eso es una buena o una mala noticia. Lo que sé es que en lo que va de curso ha muerto un montón de poetas antológicos en lengua castellana: Álvaro Mutis, Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Juan Luis y Leopoldo María Panero, Fernando Ortiz, Félix Grande, Ana María Moix...

MutisLibroEsta tarde la Casa de América de Madrid rendirá homenaje a los tres primeros y si me disculpan la primera persona les diré que para mí pensar en Mutis es también un poco pensar en Ana María Moix. ¿Por qué? Porque ella dirigió muy a finales de los años 90 del, dicen, siglo pasado, una inolvidable colección de libros de poesía en formato CD, para entendernos, baratos, estupendos. Nunca se lo agradeceremos lo suficiente. Allí, entre Neruda, Lorca, Atxaga, Gamoneda o Bellesi estaba Álvaro Mutis, en una selección preparada por Enrique Turpin. En esa antología estaba la “Balada imprecatoria contra los listos” que puede leerse al final de esta nota. Si me permiten la primera persona, les diré que Ana María Moix y yo teníamos una amiga en común (yo la sigo teniendo) y que cuando esa amiga pasó por un momento nefasto en el trabajo, Ana Moix le envió ese poema fotocopiado, dentro de un sobre. Así se mandaban antes los poemas. Ahora se mandan por correo electrónico o se cuelgan en la entrada de un blog. El efecto es el mismo. Para que luego digan que la poesía es inútil.

NOTA. Esta misma jornada, otros años: 2013. Día infernal de la poesía. 2012. Malas noticias para la poesía

 

BALADA IMPRECATORIA CONTRA LOS LISTOS

Ahí pasan los listos.
Siempre de prisa, alertas, husmeando
la más leve oportunidad de poner a prueba
sus talentos, sus mañas,
su destreza al parecer sin límites.
Vienen, van, se reúnen, discuten, parten.
Sonrientes regresan con renovadas fuerzas.
Piensan que han logrado convencer,
tornan a sonreír, nos ponen las manos
sobre los hombros, nos protegen, nos halagan,
despliegan diligentes su abanico de promesas
y de nuevo se esfuman como vinieron,
con su aura de inocencia satisfecha
que los denuncia a leguas.
Jamás aceptarán que a nadie persuadieron.
Porque cruzan por la vida
sin haber visto nada,
sin dudas ni perplejidades.
Su misma certeza los aniquila.
Pero, a su vez, también sus víctimas
suelen olvidarlos, confundirlos en la memoria
con otros listos, sus hermanos,
tan semejantes, tan de prisa siempre,
tratando de ocultar a todas luces
el exiguo torbellino que los alienta
a guisa de corazón.
Todo cuidado, toda prudencia,
de nada valen con ellos,
ni vienen a cuento.
Su efímera empresa, al final,
ningún daño logra hacernos.
Los listos, os lo aseguro, son inofensivos.
Es más, cuando me pregunto
adónde irán los listos cuando mueren,
me viene la sospecha de si el limbo
no fue creado también para acogerlos,
sosegarlos y permitirles rumiar,
por una eternidad prescrita desde lo alto,
la fútil madeja de su inocua cuquería.
Ignoremos a los listos y dejémoslos
transitar al margen de nuestros asuntos
y de nuestra natural compasión
a mejores fines destinada.
De los listos no habla el Sermón de la Montaña.
Esta advertencia del Señor debería bastarnos.

Álvaro Mutis

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En la imagen, reunión en la Residencia de Estudiantes de Madrid de los poetas Álvaro Mutis (Colombia), Emilio Adolfo Westphalen (Perú) , Francisco Matos Paoli (Puerto Rico), Olga Orozco (Argentina) y Gonzalo Rojas (Chile). Foto de 1991 de Gorka Lejarcegi

Panero en el acorde último de las flautas

Por: | 15 de marzo de 2014

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Porque todos llevamos dentro un niño muerto, llorando,
que espera también esta mañana, esta tarde como siempre
festejar con los Otros, los invisibles, los lejanos
algún día por fin su cumpleaños.

Leopoldo María Panero, “Pavane pour un enfant défunt”. Narciso en el acorde último de las flautas.

Después de pasar –y de hacer pasar- por todos los infiernos posibles, es difícil que Leopoldo María Panero, fallecido hace ya una semana, se instale en el limbo de los escritores, ese lugar al que van a parar muchos autores jaleados de vivos pero ignorados de muertos. Aunque parezca lo contrario, en su caso la poesía tenía más fieles que el poeta y eso garantiza su pervivencia.

PaneroNarcisobig_28236_2_9788494066689El editor Antonio Huerga cuenta que colgó una nota en Facebook el día que murió porque en el tanatorio de Las Palmas solo había tres personas. Poco cabe añadir sobre esa soledad. Huerga cuenta también que en Las Palmas y México ya hay programados homenajes y que “las cosas se mueven” en Madrid. Entretanto, las cenizas del poeta esperan su destino final. Como albacea del autor de Locos, el editor tiene en mente promover una fundación que “mantenga vivo su legado” y ponga orden en la enorme cantidad de obra que ha dejado dispersa. (Hace unos días, de hecho, apareció en Canarias una caja llena de manuscritos. Nada extraño en alguien que firmó varios libros en colaboración con otros poetas). Es cierto que Fundación Leopoldo María Panero suena más bien surrealista -por no hablar del hipotético patronato de la hipotética Fundación LMP-, pero tal vez sea una forma de separar definitivamente la leyenda y la obra.

Huerga dice asimismo que adelantará a la primavera el libro inédito Rosa enferma. Entretanto, está listo para distribuirse la reedición de Last River Together mientras se prepara El último hombre. Los dos forman parte de la serie en la que Huerga y Fierro se ha propuesto editar la obra de Panero título a título (Visor tiene en su catálogo la poesía reunida). El último en ver la luz fue, hace unos meses, Narciso en el acorde último de las flautas. Ese libro es importante porque era el favorito de su autor y uno de los más celebrados de su obra. Se publicó en 1979, toma su título la adaptación de un verso de Trakl –“Narciso de flautas en acordes finales”- y contiene uno de los poemas antológicos de Leopoldo María Panero. Porque todos llevamos dentro un niño muerto, dice.

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Letra Pequeña

Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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