Desaceleración o crisis, rescate o gordo de la lotería, la tormenta económica también descarga en las cumbres del monte Parnaso. Fin del poema. La Fundación Nobel anunció el lunes que reducía un 20% la dotación de sus premios, los más prestigiosos del mundo. Que no se alarme ningún candidato. Nadie quedará en la indigencia: el recorte –en español de España, ajuste- supone que en lugar de 1,1 millones de euros, el próximo otoño los galardones irán acompañados de un incentivo de 876.785. Nada comparado con lo que se lleva un banquero en retirada, pero así están las cosas de la austeridad.
Por traer el ascua de los porcentajes a la sardina nacional, tal vez la decisión de Estocolmo sirva de ejemplo en Madrid (Barcelona y alrededores). Dicho en plata: tal vez haya llegado la hora de plantearse si, en medio de un tijeretazo que -por no salir del ministerio del ramo de flores (Educación, Cultura y Deportes)- tiene temblando a las escuelas, las bibliotecas y los museos, es sensato que la mayoría de los premios que concede cada año ese mismo ministerio siga teniendo dotación económica.