Letra Pequeña

Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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Un lugar llamado Climax Road

Por: | 11 de julio de 2012

  Climax

 

 

 

 

 

 

Los ambulantes han sido expulsados.

Los que ven en la niebla de las uvas
los caminos secretos de la luz.

Los que encienden las cabezas de paja
y enredan las aldeas
donde la muerte se pasea y susurra.

Los que viven de lo que no se toca
y tocan todo aquello que dice
“no tocar”.

Los que adornan con lazos
los carromatos de miseria.

Los que plantan espirales de humo
por los nidos vacíos de los bosques.

Los ambulantes.

Viven en el anillo
que solo las urracas ambicionan.

Cantan la madrugada de madera.

Lloran por las plantas que mueren,
lloran por las plantas que nacen,
todo lo que está vivo
que duele y vive cerca o lejos
de ellos.

Ellos, los ambulantes,
los mismos, los diferentes
han sido expulsados.

Este poema no tiene título pero viene encabezado con un XXIV en el nuevo libro de Vanesa Pérez-Sauquillo. Se titula Climax Road y lo edita Rialp porque obtuvo el accésit del Premio Adonais 2011 (ganó Jesús Bernal con Hombre en la niebla). Otro día hablaremos del Premio Adonáis, que es, él solo, todo un capítulo de la literatura española del siglo XX y que en el XXI, pese a la competencia, ha seguido dando buenos libros. Por ejemplo, Un poemario, de Teresa Soto, ganadora en 2007. Por ejemplo, Climax Road.

ClimaxPortadaHemos visto una foto y un cartel con esas dos palabras, pero no sabemos si existe una Cimax Road de verdad. Podríamos comprobarlo, es cierto, y sería fácil, pero por ahora no vamos a hacerlo. Tampoco sabemos si existen Farmington -el lugar en el que Vanesa Pérez-Sauquillo sitúa los poemas del libro- o Liz, Jane, Valerie y Kurt, sus personajes. Poco importa, existen el estos versos que desde el primer momento transmiten una voz y una atmósfera.

La voz es la de una autora que maneja a la perfección el realismo y el irracionalismo, sin dejarse llevar por la posible sequedad de uno ni por el catálogo escolar (y escolástico) de imágenes del otro. “El interior es ya mundo exterior”, dice un verso del primer poema. Y más adelante: “Su verdad es tan viva / como su irrealidad”.

La atmósfera es la de un lugar de los Estados Unidos que cobra vida en 30 composiciones de forman un todo –intimista, humorístico, irónico, político- sin renunciar a la independencia de sus partes.

Un poco Fargo y un poco Spoon River, un pueblo de esos en medio de una naturaleza salvaje en los que hay tres calles, cuatro iglesias y una Quinta Avenida que mide cien metros. Así podría imaginar el lector de esta fábula el mundo creado por Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978), autora ya de cuatro libros de poemas, traductora de Dylan Thomas y Roald Dahl, presente en todas las antologías que cuentan y responsable de uno de esos poemas capaces de meter la poesía en la vida de la gente: un poema con contestador automático.

NOTA FINAL. Bien, ya hemos mirado si Farmington existe. Y vaya si existe, parece el Springfield de los Simpson. “Hay más de treinta aldeas / con el nombre de Farmington”, dicen dos versos de Climax Road. Es cierto, hay uno en California y otro en Connecticut, Delaware, Kentucky, Illinois, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Utah, Virginia… y cinco más solo en Wisconsin, y otro en Canadá y otro en el Reino Unido. ¿Resultado? Nos quedamos igual, o sea, sin saber si existe. Lo mismo que la Liz de este poema:

XVII

Demasiado salvaje

para no quererlo todo.

 

En los rasgos de Liz

Se afilan los cuchillos.

“¿Puede la ira

enredar el cabello?

 

“Te invito a un cóctel

si me dices qué piensas”,

dice un inadvertido

que huele a piedras

antes de un derrumbe.

 

El bar está desierto.

La diana despereza

el silbido de sus dardos.

Nada que lamentar.

 

Ella, que dinamita

noches estrelladas.

 

“Si destruyo, no mezclo”,

le anticipa.

Climaxcomeagain

 

 

El País

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