El mejor poema

Por: | 09 de noviembre de 2012

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LO QUE NO ES SUEÑO

Déjame que te hable en esta hora

de dolor, con alegres

palabras. Ya se sabe

que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,

curan a veces. Pero tú oye, déjame

decirte que, a pesar

de tanta vida deplorable, sí,

a pesar y aun ahora

que estamos en derrota, nunca en doma,

el dolor es la nube,

la alegría, el espacio;

el dolor es el huésped,

la alegría, la casa.

Que el dolor es la miel,

símbolo de la muerte, y la alegría

es agria, seca, nueva,

lo único que tiene

verdadero sentido.

Déjame que, con vieja

sabiduría, diga:

a pesar, a pesar

de todos los pesares

y aunque sea muy dolorosa, y aunque

sea a veces inmunda, siempre, siempre

la más honda verdad es la alegría.

La que de un río turbio

hace aguas limpias,

la que hace que te diga

estas palabras tan indignas ahora,

la que nos llega como

llega la noche y llega la mañana,

como llega a la orilla

la ola:

irremediablemente.

 

El poema es de Claudio Rodríguez (1934-1999) y pertenece a Alianza y condena (1965), su tercer libro después del precocísimo y fulgurante Don de la ebriedad (1953) y de Conjuros (1958). Que solo publicara dos libros más –El vuelo de la celebración (1976) y Casi una leyenda (1991)- da una idea de la exigencia del que tal vez sea el mejor poeta español de la segunda mitad del siglo XX.

No sabemos si “Lo que no es sueño” es el mejor poema de Claudio Rodríguez, lo que sabemos es que Claudio Rodríguez es uno de los pocos poetas que han conseguido ser a la vez celebratorio y verosímil.

Desde el hecho de cantar lo que se pierde (Machado) hasta el de considerar la literatura como una defensa contra las ofensas de la vida (Pavese), la mayoría de los poetas se han sentido siempre más cómodos en la elegía. Claudio Rodríguez es uno de los pocos que han conseguido cantar la vida sin pecar de optimismo ni resultar naïf. Su amigo Francisco Brines –maestro de la elegía, por cierto- siempre ha dicho que Claudio Rodríguez consiguió eso tan difícil que él llama “voz adolescente”. No adolescente porque hable de la adolescencia del poeta sino porque habla de la del mundo, cuando todo es nuevo o, mejor, es visto como si lo fuera: “Qué verdad, que limpia escena / la del amor, que nunca ve en las cosas / la triste realidad de su apariencia”, dice uno de los poemas de Don de la ebriedad.

Claudio Rodríguez, además, es uno de esos pocos escritores que consiguen disolver la frontera entre el fondo y la forma. Sus poemas son más un cuerpo que una máquina: todo en ellos parece natural, sin esfuerzo. Una vez, en un curso de verano, le pregunté por la palabra final del poema –irremediablemente- y él arrastró las erres y habló del Cantábrico y de cómo las consonantes llegaban al verso como llegan las olas. “No podía ser otra palabra”, dijo.

John Berger sostiene que los poemas están más cerca de las oraciones que de los cuentos, es decir, de la religión que de la literatura. Puede ser. Tal vez por lo que tienen a veces de curativo. No sabemos si “Lo que no es sueño” es el mejor poema del mundo, pero sí es el poema al que uno recurre cuando piensa en un lugar en el que coinciden la verdad, la belleza y la bondad. Dejémoslo en que es el mejor poema para el 9 de noviembre de 2012. Irremediablemente.

 

.......... Imagen: Claudio Rodríguez retratado por Gorka Lejarcegi.

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Claudio Rodríguez es de los mejores, escasísimos poetas españoles, de la segunda mitad del siglo XX. Con todo, hay alguno más que, aun oculto u ocultado, alienta poemas como este:


COMO LIBROS


Quiero decirte que he leído


y sé enteras


las páginas aún sueltas, temblorosas, de tu libro


-un prólogo candente-


y confesarte que he soñado también las escondidas


que aún guardas cerradas


y crees intactas


Quiero decir que quedan muchas páginas en blanco


aún por escribir de puño y letra


donde insertar los pies de las figuras


nuestras siluetas


en cuerpo a cuerpo denso


y boca a boca


Quiero deletrear despacio tu mirada


puntuar tu risa


poner constantemente el dedo en tus acentos


-aún más que circunflejos, circulares-


para atajar los circunloquios


los cenagosos puntos suspensivos


y despoblarte así cada interrogación y cada niebla


Quiero tocar cada renglón con estos dedos


como los casi analfabetos


que siguen con los labios la escritura


y cuando leen, dirías que oran


como los ciegos


que surcan promontorios


que palpan agujeros y así saben


y quiero acompañar entre los labios la lectura


de cuanto esté dispuesto


o como un niño


como un primer lector que descubriera el paroxismo


de barcos, príncipes, murallas…


Una odisea y Troya


El primer libro


Quiero leerte entre comillas y a deshoras


de la paginación al índice completa


al hilo que encuaderna, recoserme


y quiero ser solapa, atril y marcalibro


velar cansado en tu mesilla


ser una lámpara pequeña


-lo necesario-


como un vaso de agua


cuando se tuerce el sueño y se hace miedo


y quiero ser también tu libro de horas


estar de cabecera


quedarme entre tus manos y tu vientre


recostado


para otro día que venga


otro contiguo a ti


tu posalibros


Quiero leerte enteramente


y que me leas hasta el final del colofón


del duelo


y que después, si quieres


tires las páginas al fuego


y que concluya así este opus nigrum


Quiero pedir, que encuadernados


se nos desgaste el texto tan despacio


que en blanco y negro y deslumbrante


sea, línea a línea


una lectura altiva


que nos llame constante


y que nos haga airosos, altos


extendidos


Quiero decir que quiero llegar hasta el epílogo


hasta la página final que nos acecha


que no me rindo


que malherido sí, pero pulsante


te escribo hoy la página de más


casi arrancada


la imprescindible


esta que crece


-que ahora eres tú quien me la debe-


una oración completa


un grito opaco


este renglón que llama y se hace cuerpo


Quiero escribir que sé que estás escrita


Alberto Caffaratto Ladoire (Madrid, 1954)

Gracias a ti Javier. Me alegra contactar contigo después de tantos años transcurridos.
Es un placer leerte.
Un abrazo.
David

Gracias, David. Aquel curso fue inolvidable para mí (perdona el desahogo).
Por Claudio Rodríguez y porque conocí a uno de los mejores lectores -y personas- del universo mundo: Ángel L. Prieto de Paula.
Por aquellas fechas Tomás Sánchez Santiago -inmenso poeta- había publicado en la revista 'Lateral' un precioso comentario a "Lo que no es sueño".

Estimado Javier, tuve la suerte de asistir a ese curso de verano (en Almería, creo que en 1996) al que te refieres y también tuve el placer de conocerte. El curso y la presencia de Claudio Rodríguez allí, tan asequible y cercano, fue para mí una experiencia inolvidable. Y el poema que has seleccionado es ciertamente hermoso. Gracias por tu estupendísimo blog literario. Un abrazo.

bonitas palabras para estas fechas,relajan el espirituy te dan la calma. Cuando sales de nuevo a la calle la rabia llega de nuevo,cuando ves la realidad de la degradacion social,que actualmente nos envuelve.

Leí este poema hace tiempo pero es muy hermoso recuperarlo en este mes de noviembre tan difícil para tantos.
Gracias Javier, por traernos esas palabras tan exactas y
salvadoras.

Cáspita, Jorge. Tú sí que sabes ver en las cosas mucho más que la triste realidad de su apariencia. Gracias de corazón. Y a todos los civilizados. Abrazos

Leo la hermosa entrada de Letra pequeña. Quedo pronto atrapado; el poema de Claudio Rodríguez, la serena glosa de Javier R. M.
Lo leo todo, todos los textos del blog, como un corrector o como decía Georges Perec que había que leer.
Imantado, sigo leyendo los comentarios de lectores, algo cada vez más antipático. Pero los cuatro primeros mantienen la atmósfera de profundidad, de amor al lirismo. Y llego al quinto sin poder frenar. Dice: “Mujer, logra perder 36 Kg. sin dejar de comer sus comidas favoritas…” Este sus comidas favoritas estropea todo, está escrito incorrectamente por discordancia de número (si “sus” se refiere a la mujer, el verbo debería ser “logre”. Y esta sencilla falta me rompe todo el encanto. Pero me asombro de haber podido seguir dentro de una atmósfera poética mientras leía la frase “Mujer/logra perder/sin dejar de comer”. Es ripioso, claro, pero me admira que la magia de lo ya leído antes me haga percibir al menos ritmo y rima en una frase digna de un anuncio de antes de la República.
Y, sobre todo, el mérito es de Javier Rodríguez Marcos, que todo lo contagia de serena contemplación literaria. Gracias.

Que el dolor es la miel
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
La que de un río turbio
hace aguas limpias,

Me quedo estos versos para un 9 de noviembre de tristeza y a la vez, e irremediablemente, de orgullo.

Lo mismo que Lina Susan y Luis Fernando. Gracias

Alegría, la esperanza que nos queda a pesar del mundo oscuro.

¡Una maravilla! ¡Muchos ánimos!

Me ha encantado. Gracias y ánimo.

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Letra Pequeña

Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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