Letra Pequeña

Sobre el blog

Como dios y el diablo viven en los detalles, en la letra pequeña de los contratos están los matices. Este blog habla de literatura desde esa perspectiva. A pie de página. Sin gritar demasiado.

Sobre el autor

Javier Rodríguez Marcos

estudió filología, trabaja como periodista y es miope. Pero sigue leyendo. Forma parte del área de cultura del diario EL PAÍS y ha publicado media docena de libros, alguno incluso de poesía. De tener una teoría, podría resumirse en este viejo tuit de don Quijote: "Más vale un diente que un diamante".

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Por cada página escrita, cien leídas

Por: | 18 de mayo de 2013

KapuscinskiPeticionImagenCAI8WJNE

La vieja rima dice que el periodista no debe ser protagonista, pero toda rima tiene sus excepciones. Así, Ryszard Kapuscinski –en portugués angolano, Ricardo Kapuchinsky- es estos días el protagonista de un homenaje en la Casa del Lector de Madrid. El homenaje consta de una exposición de fotografías (tomadas en la antigua URSS por el propio R. K.), un taller (la semana que viene, a cargo de José Andrés Rojo) y dos mesas redondas precedidas por la emisión de la entrevista que le hizo Fernando Sánchez Dragó en Oviedo en 2003 cuando a K. le dieron el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. El propio Dragó moderará la semana que viene un coloquio sobre K. y los corresponsales de guerra en el que participan Ramón Lobo, Alfonso Armada y Gervasio Sánchez. Es el segundo y último de una serie (de dos) que empezó el jueves pasado en otro coloquio entre Llátzer Moix, Luis Ventoso y uno mismo en el que uno mismo, aprovechando que estaba en la casa del lector habló de sus lecturas de K. y de algo así como tres cosas que se aprenden leyendo a Kapuscinski. Las que siguen:

1. Un periódico no es un libro, una agencia no es un periódico.

Dos cosas que no conviene olvidar al hablar de la altura literaria de los libros de Kapuscinski (1932-2007): que era un periodista de agencia, o sea, de la clase tropa del periodismo; que sus primeros libros fueron, lo contó él mismo, reuniones de notas de corresponsal transmitidas por télex a medio dólar la palabra.

Guerra-del-futbolSus libros nacieron de esa, en todos los sentidos, economía de guerra. “Cada vez que regresaba de mis viajes tenía la impresión de que lo que había escrito en esas noticias era muy superficial, muy pobre, muy limitado. Para reflejar todo lo que yo sentía, vivía y experimentaba tuve que buscar otros medios de expresión, y así fue como comencé a elaborar mis reportajes. La profunda insatisfacción ante lo que había hecho en la urgencia del trabajo de corresponsal me lanzó a buscar un método mejor para narrar, un modo de superar la expresividad del lenguaje de la agencia de noticias”. Lo explicó en un taller de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano recogido más tarde en un volumen muy recomendable: Los cinco sentidos del periodista.

El primer libro construido de “modo original” por Kapuscinski fue el octavo que firmó: La guerra del fútbol.

2. Por cada página escrita, cien leídas.

“Nunca comienzo un libro si no he estado familiarizado con su asunto durante por lo menos unos 20 años o si no le he dedicado unos tres a trabajar en particular sobre su tema”. Ahí puso el listón K., que recorrió 70.000 kilómetros en la URSS para escribir El imperio y estudio Etiopía durante 13 años para El emperador.

EmperadorimagesDado que la televisión ha hecho inútiles muchas descripciones, el periodismo de libro se desplaza hacia el ensayo. Y no hay ensayo sin conocimiento de causa.

Otra vez K.:Si un autor se siente inseguro acerca del objeto de su trabajo, inmediatamente su escritura deja ver esa falta de confianza. La fuerza de la prosa viene de nuestra seguridad. Para producir una página debimos haber leído 100”.

Y otra vez: “En algún sentido, escribir es la menor parte de nuestro trabajo”.

3. Todas las crónicas hablan de Angola, todos los lectores son polacos.

Muchos libros de Kapuscinski tienen estructura de mosaico –polifónica, decía él-, pero Un día más con vida, no. Era su favorito. Lo escribió un año después de vivir en Angola las semanas previas al 11 de noviembre de 1975, el día establecido para la independencia del poder colonial portugués. Un día más con vida -libro de viaje, diario, crónica, ensayo- es más lineal que otros célebres libros de K. Reproduce además, las escuetas crónicas que mandaba a su agencia, crónicas que contienen adjetivos como encarnizadas al lado de sustantivos como batallas. Al leerlos juntos se entiende por qué un periódico no es un libro y una agencia no es un periódico. El K. que podría haber ganado el premio Nobel de Literatura es el de los libros.

UndiaCR59_GR. K. fue el único corresponsal extranjero que se quedó en Angola -“un país rico poblado por 5 millones de pobres”- mientras se marchaban los bomberos, los basureros y los policías (aunque seguían llegando las importaciones, por ejemplo, de palos de golf).

La esclavitud, el petróleo y los diamantes son algunos de los ingredientes que explican, según K., el pasado y el presente de un país como Angola, utilizado por Portugal como colonia penitenciaria y exportador masivo de esclavos a países como Brasil (no por casualidad, dice K., el primero en reconocer la independencia del país africano) y Cuba (cuyo ejército, no por casualidad, desembarcó en el país africano teniendo a K. por único testigo periodístico internacional).

Un día más con vida (Anagrama. Traducción de Agata Orzeszek) contiene además observaciones sobre el periodismo como antídoto de la propaganda política que parecen escritas hoy mismo después de la comparecencia de la portavoz de un partido para dar cuenta de las andanzas de un extesorero o de un presidente del Gobierno para hablar de la crisis/desaceleración: “Cuando la situación es favorable los comunicados son breves y serenos. Los hechos hablan por sí mismos, de las cosas buenas no hace falta convencer a nadie. Cuando, por el contrario, algo empieza a ir mal, cuando las cosas se ponen feas, los comunicados se vuelven extraordinariamente largos y confusos, aparece en ellos un gran número de adjetivos y se multiplican los elogios dirigidos al propio orador tanto como los epítetos que ridiculizan al adversario”.

El 11 de noviembre de 1975 Angola es oficialmente independiente y Kapuscinski manda una de sus últimas crónicas. Poco después pide a su jefe que le permita volver a Varsovia.

“Michal, aquí Rysiek, hace tiempo que se me ha acabado el dinero y estoy medio muerto”, le escribe. “Más o menos ya se sabe cómo se desarrollarán los acontecimientos por aquí: ganarán los del país pero la cosa aún durará lo suyo, y yo estoy al límite de mis fuerzas. Por eso os pido que me deis el visto bueno para regresar”.

“La cosa durará lo suyo”, dice. En 2000 Kapuskinski añadió a su libro un epílogo que se abre con esta frase: “La guerra sigue”. Por lo pronto, en aquel noviembre del 76 le permiten volver vía Lisboa pero le piden que se quede en la capital portuguesa: Franco ha muerto y el corresponsal –Mirek Ikonowicz- ha volado a Madrid.

Antes de volver a Europa, R.K. va a despedirse del presidente Agostinho Neto, poeta como él. Relata entonces que más de una vez se vieron sin que el periodista se atreviera a hacerle preguntas que consideraba incómodas. Ese es el tipo de confesiones posible en un libro pero impensables en un periódico. Ese es el tipo de diferencias que, sin salir el periodismo, se aprenden leyendo a Kapuscinski, Ryszard, en portugués de Angola, Ricardo.

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En la imagen, Kapuscinski retratado por Paco Paredes en una exposición de las fotografías del periodista polaco celebrada en Oviedo en 2003.

 

Gol de Zurbarán

Por: | 11 de mayo de 2013

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Nos gusta buscar en lo remoto aquello que tiene de cercano. ¿Dónde hemos leído esto antes? Aquí y a cuenta de Aristófanes, Pink Floyd, Jenofonte, Javier Cercas, Rafael Sanzio, Warhol, Lope de Vega y Demi Moore.

A veces sucede lo contrario: en lo cercano vemos lo remoto. Así, en ocasiones, los periódicos se llenan de piernas pintadas por Guido Reni. Se confunden entonces Hipómenes, Atalanta, Iñigo Martínez, Lafita, Pepe y Lewandowski. Más de una vez ha dicho el pintor Luis Vigil que las formas de la pintura clásica se han refugiado en las fotografías de fútbol. Basta con encender la tele –hay fútbol a todas horas- para entender por qué.

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Champions aparte, otra estupenda versión de la actualidad de los clásicos está desplegada hasta el 20 de julio en el Espacio Santa Clara de Sevilla. Allí puede verse la muestra Santas de Zurbarán. Devoción y persuasión, donde devoción y persuasión son una forma peculiar de la eterna pareja que forman tradición y vanguardia. Y no solo porque Benito Navarrete, el comisario, haya tenido la idea de confrontar 17 mártires retratadas por Francisco de Zurbarán (1598-1664) con los vestidos que esos retratos han inspirado a una selección de modistos españoles (con Balenciaga como pionero). Ya en el siglo XVII causó revuelo la decisión del pintor de eliminar todo dolor de su particular visión de Santa Casilda, Santa Catalina o Santa Dorotea para, además, vestirlas con ropas de gala. “No parecen santas del cielo sino damas del mundo”, dijo de ellas un predicador airado,  Bernardino de Villegas.

La exposición es una maravilla. Por varias razones:

Porque la visión de los cuadros produce esa sensación que sólo se tiene delante de un cuadro y que es irreproducible en un catálogo. ¿Cuál? Que la pintura es mucho más que los temas que trata. Que la pintura, cuando es un fin y no un medio (no hablamos de Magritte), es eso que se pierde cuando se reproduce fotográficamente.

Porque Navarrete ha tenido el buen criterio de colocar en salas (y plantas) distintas los cuadros y los vestidos. Dios y el César duermen en camas separadas.

Porque, sin mezclar los dos mundos, la muestra no hace más que seguir tirando del mismo hilo del que tiró en su tiempo el propio Zurbarán: sus cuadros son retratos a lo divino, o sea, una puesta al día: damas nobles con ropas del teatro barroco pero atributos de santas romanas y medievales. A nadie debería, pues, escandalizar que, cuatro siglos después, el viaje continúe hasta la moda y el flamenco de Eva Yerbabuena.

  

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Imágenes: 

Iñigo Martínez y Lafita pugnan por el balón en el partido Getafe-Real Sociedad del 7 de mayo de 2013. (Foto: Javier Soriano, AFP).

Hipómenes y Atalanta (1619), óleo sobre lienzo de Guido Reni. 206 x 297 cm. Museo del Prado (Madrid).

Lewandowski remata ante Pepe en el partido Borussia de Dortmund-Real Madrid del 24 de abril de 2013. (Foto: Odd Andersen, AFP).

Santa Casilda -óleo de Francisco de Zurbarán (171 x 107 cm.); Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid)- y traje de Elio Berhanyer inspirado en ella (director de fotografía: Fernando Ruso). Exposición Santas de Zurbarán. Devoción y persuasión. Espacio Santa Clara. Sevilla.

 

 

 

 

El poema de mayo

Por: | 01 de mayo de 2013

WCW&Pound



Entre

verdes



ramas

tiesas

viejas



tersas

rotas

vuelve



blanco

dulce

mayo

 

El autor de este poema -"La acacia en flor"- es William Carlos Williams, poeta y pediatra, el hombre que en la foto lleva gafas. El descamisado que le pone las manos sobre los hombros es, ya lo han reconocido, su amigo Ezra Pound.

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¿Para qué sirve un libro?

Por: | 26 de abril de 2013

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“Mi error fue abrir un día un libro”, decía Jack London en El lobo de mar. A veces –suele coincidir con el día del libro- pienso que el mío también. A veces pienso que no. ¿Para qué sirve un libro? Esa pregunta suele provocar respuestas pedagógicas, poéticas o metafísicas. Hay también una respuesta, digamos, periodística. Un libro sirve para enterarte de cosas. Para enterarte, por ejemplo, de que no es que le hayas perdido la pista a alguien, es que se ha muerto. A mí me pasó leyendo un libro de John Berger, uno de mis escritores favoritos.

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Con perdón, la poesía

Por: | 19 de abril de 2013

Joan Brossa-poema pistola copia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 “Poeta, no regales tú libro. Destrúyelo tú mismo”. Por una vez, no hagamos caso a Augusto Monterroso. Sabemos que la poesía lleva ventaja: es difícil que uno compre un libro de poemas y no termine leyéndolo. Si acierta al elegirlo, habrá hecho además la inversión de su vida: los libros de poemas son interminables. Y pesan poco. Además, suelen ser más baratos. Todo ventajas. Van algunas sugerencias para aprovechar el descuento del día del libro.

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Un padre huérfano de hijo

Por: | 13 de abril de 2013

Saskatoon
¿Cuál es la fuerza real de las palabras? ¿Y su límite? La literatura de la enfermedad (Daudet, Sontag, Zorn, Brodkey, Hitchens, Broyard) y la literatura paternofilial (Kafka, Caraco, Ackerley, Cohen, Ford, Auster, Roth, Bechdel, Altarriba, Cruz, Giralt Torrente, Herbert) tienen una variante que sintetiza lo más emotivo y descarnado de ambas: la que nace cuando un padre narra la enfermedad o la discapacidad de su hijo. Joan Didion, Michael Greenberg, Kenzaburo Oé, Joan Margarit, Antonio Martínez, Miguel Gallardo, Màrius Serra o Francisco Umbral pasaron por ese trance y lo contaron en libros que demuestran que a veces la literatura puede estar a la altura de experiencias a las que suele despacharse con la socorrida etiqueta de inefables. La hora violeta es otro de esos libros.

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Un blog que es un libro, un libro que es un blog

Por: | 03 de abril de 2013

Antonio Moreno

UNO

UNO, para vivir, precisa sólo

amar, o bien saber que ha sido amado.

Uno, para escribir, ha de tener

sus cuentas con los vivos y los muertos.

Uno tiene el deber de amar el mundo

por los que están, por quienes han estado.

 

Este poema pertenece a El caudal, el nuevo libro de Antonio Moreno (Alicante, 1964), que ha decidido publicarlo en forma de blog antes que en cualquier otro formato. 

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Las manos vacías de Antonio Ferres

Por: | 23 de marzo de 2013

FerresAntonio
“Metro Alvarado”, dice Antonio Ferres para situar su casa en la calle madrileña de Bravo Murillo, en la acera opuesta a la iglesia de San Antonio. “Frente a la iglesia, siempre”, apostilla el escritor jugando con el doble sentido. Ferres, que el día 1 cumplió 89 años, duerme y escribe en la misma habitación. Allí, el espacio que deja libre la cama lo ocupa el mueble sobre el que tiene el ordenador portátil y la impresora. Le sobra espacio, dice, porque vive solo con un gato negro, Niki. “Se lo encontró en la calle una amiga veterinaria”, cuenta. “Le tengo mucho cariño, pero es un gato gilipollas: no paraba de maullar, como si esperara algo de la especie humana, que ya es esperar”.

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Día infernal de la poesía

Por: | 21 de marzo de 2013

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Diálogos imaginarios en El Limbo. Hoy: el Día Mundial de la Poesía.

AUNQUE LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS vaticanos les han tenido un tanto alejados de sus pantallas, Dios y el Diablo, autores del aclamado “Cambio Cervantes por British Council”, se han vuelto a reunir en el restaurante El Limbo. 

El diablo. Malas noticias para la poesía: hoy es el Día Mundial de la Poesía.

Dios. Alegría, alegría. Siempre tan optimista. No sé qué le ves de malo. Eres el típico snob al que le molesta todo lo que gusta a más de tres personas (y no lo digo por mí). El futuro de la poesía no cabe en los libros. A mí me pareció divino que la Unesco le consagrara el 21 de marzo en 1999.

El diablo. A ti -o a vosotros tres- todo te parece divino. Y consagrado.

Dios. ¿Algo en contra?

El diablo. ¿La Unesco? ¿El día de la primavera? ¿El día de la primavera… en el hemisferio norte? Un poco de multilateralismo, por favor.

Dios. ¿Ahora te preocupas por el sur?

El diablo. Me gusta ampliar el negocio. El norte lo tengo ya a mi cargo. Desde 2008, sobre todo en Europa y en España, me va, siento decirlo, divinamente. Tengo gente muy competente allí. ¿Conoces España?

Dios. ¿Aparta de mí ese cáliz? Soy devoto de Vallejo, César, no Fernando, que dice una cosas de mí... En serio, conozco Belmez y El Palmar de Troya. Desde que no es la reserva espiritual de Occidente ya no es lo mismo. Hablando de poesía, a ti te fastidia no haber escrito algo como el Cantar de los Cantares. Ahí estuve inspirado (o inspirador).

El diablo. De lo tuyo prefiero el sacrificio de Isaac, aunque sea prosa. Tensión narrativa pura.  ¿Sodoma y Gomorra? Me gustó más la película, aunque la vi codificada. Teníamos una conexión pirata y nos la cortaron.

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Un poeta da las gracias

Por: | 20 de marzo de 2013

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“Cuando nos topamos con la inocencia, la belleza, el afecto, la alegría o la valentía, incluso en los sitios más remotos, ¿no estamos obligados a agradecer estas emociones desafiando a los ironistas?”. Estas palabras pueden leerse hasta el 20 de mayo en una pared del Museo Reina Sofía, concretamente en las salas de la tercera planta que acogen la maravillosa exposición de fotografías de Robert Adams. ¿No estamos obligados a agradecer? Lo estamos. A quien corresponda.

La poesía se ha vuelto irónica con la modernidad y el ruido metropolitano, pero a veces los poetas son agradecidos sin recurrir a barreras que enfríen la emoción de decir gracias. Eso es lo que hizo la semana pasada Juan Vicente Piqueras al recibir en Madrid el premio Loewe de poesía. En el acto de entrega, el poeta valenciano resumió en una sola persona todos los agradecimientos de la jornada. Esa persona es don Miguel Ponce, que estaba en la sala, el maestro de escuela que le dijo a su padre –Fermín- que el futuro poeta tenía que estudiar, que no lo pusiera a trabajar en el campo. Sea porque los buenos maestros se parecen unos a otros, sea porque Piqueras trabaja ahora en el Instituto Cervantes de Argel, su historia recordaba a la de Louis Germain, el maestro que pidió a la madre de Albert Camus que no sacara a su hijo de la escuela. La historia terminó en premio Nobel.

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El País

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