Las teorías deben servir para todos los casos. Si es teoría de uno, ya no es teoría sino casuística. La tradición imperial británica tiene su casuística y su teoría, guiadas ambas por el pragmatismo y los intereses. Recordemos que lo único permanente en la política exterior del Reino Unido son sus intereses, según frase proverbial atribuida a lord Palmerston. Las teorías británicas se adaptan así al sentido práctico de las cosas, a su capacidad para resolver las situaciones difíciles y, por supuesto, a los intereses.
La teoría de Cameron, expuesta ante la prensa española el pasado miércoles, es muy sencilla, y se aplica a Escocia, naturalmente, pero sirve para Gibraltar o las Malvinas —Falkland, para los británicos—. Primero, mirar de frente a los problemas: “No creo que sea bueno ignorar las cuestiones de nacionalidad, de independencia o de identidad”. Segundo, saber cómo tratarlos: “Pienso que es mejor explicar tus argumentos...”. Y tercero y lo más importante, resolver: “Hay que dejar que el pueblo decida”.





