El caimán se fue hace dos años, pero ya vuelve. Con más pelo en la cabeza, su sonrisa malvada de siempre y esa voz estridente que no cesa, aunque sólo sea para desmentir la amenaza que acaba de proferir hace un instante. Anuncia una marcha sobre Roma, gesto legendario en la historia italiana, si no hay elecciones ya. Tiene esta jugada preparada desde el mismo día en que cedió el Gobierno a Romano Prodi, y ahora no quiere aplazar ni un minuto más su regreso al palacio Chigi, donde tiene su despacho el presidente del Consejo de Ministros italiano.





