Lluis Bassets

Un sistema electoral en crisis

Por: | 25 de septiembre de 2009

Alemania va a las urnas el domingo con una ley electoral que ha sido declarada inconstitucional por el tribunal que interpreta su Ley Fundamental. Además es muy probable que la mayoría que asegure la Cancillería para Angela Merkel sólo se alcance precisamente gracias al mecanismo que los jueces han declarado anticonstitucional. Este resorte electoral, que concede escaños adicionales a los partidos por encima de los que le corresponderían en proporción a sus votos, puede producir un efecto parecido al que permitió en 2000 a Bush vencer en su carrera hacia la Casa Blanca, obteniendo más compromisarios con menos votos que Al Gore. El Tribunal Constitucional alemán exigió en una sentencia de 2008 la reforma parlamentaria de la ley electoral para antes de 2011, dejando así estas elecciones de 2009 en un limbo de legitimidad que puede afectar al próximo Gobierno y abrir una crisis institucional.

La ley electoral alemana obliga al ciudadano a emitir dos votos, uno para la elección de un solo candidato por circunscripción por el sistema mayoritario y otro para una lista cerrada por el sistema proporcional. Este doble sufragio prima a los partidos pequeños y garantiza su presencia parlamentaria, siempre que superen el 5% de votos. Los Verdes, por ejemplo, sólo obtuvieron un escaño directo en 2005, pero gracias a la votación de su lista alcanzaron un total de 50 escaños.

Para que el sistema funcione el Bundestag no puede tener un número fijo de diputados, puesto que con frecuencia el número de escaños adjudicados supera el mínimo de 598 distribuidos en dos mitades, 299 mandatos directos y 299 mandatos de lista de partido. Estos escaños de más, o adicionales, son los que ahora están en discusión y pueden decantar la mayoría del futuro gobierno.

Sólo en dos ocasiones anteriores, en 1994 con Kohl y en 2001 con Schröder, el canciller fue elegido gracias a ellos. Esta vez su número puede ser muy elevado e incluso producir el efecto perverso de que una coalición con menos votos tenga más escaños que otra coalición alternativa. Paradójicamente, una fuerte caída del voto de la CDU-CSU puede proporcionarle hasta 20 escaños adicionales, puesto que seguirá manteniéndose como el partido más votado en muchas circunscripciones uninominales. El mismo efecto apenas contará para los socialdemócratas del SPD.

La importancia de los escaños adicionales crece en el sistema de cinco partidos de la Alemania unificada, que ha sucedido al de los tres de la Alemania de Bonn. Estimulan el llamado "voto dividido", que significa votar en un sentido en la circunscripción y en otro distinto en la lista. En 1957 sólo ejercían el "voto dividido" el 6,4% de los electores, mientras que en 2005 alcanzó ya el 24%. Es habitual que las grandes formaciones lo favorezcan para salvar al partido con el que se quieren coaligar de la barra mínima del 5% exigida para entrar en el Bundestag.

El sistema favorece también el llamado "voto táctico": dar el voto directo a quien esté mejor situado para llevarse el mandato único de la circunscripción, aunque no sea del propio partido sino de los posibles coaligados, y votar en cambio al partido propio en la lista cerrada. Todos, como es evidente, para sacar más diputados.

El Tribunal Constitucional se ha visto obligado a pronunciarse en varias ocasiones sobre estos disputados escaños suplementarios y ha identificado una "desviación" de la voluntad popular, aunque hasta ahora la había considerado "tolerable". En su sentencia de 2008 los declara lisa y llanamente anticonstitucionales y obliga al legislativo a cambiar la ley electoral antes del 30 de junio de 2011.

Una iniciativa parlamentaria intentó abordar la reforma antes del pasado verano, para poder ir a las elecciones con la disputa resuelta. El SPD, especialmente interesado en la enmienda, tuvo que rechazar una iniciativa que hubiera significado el final de la Gran Coalición con la CDU-CSU, pues ésta es la hipotética beneficiaria de esta perversión del sistema. Su aprobación requería una mayoría parlamentaria con los Verdes y La Izquierda, que hubiera anticipado un frente de izquierdas antes de la campaña.

Esta grieta en el sistema electoral, sumada al voto oculto de izquierdas, el alto número de indecisos (un tercio del electorado), y la abstención que se prevé alta, condicionan el valor de los pronósticos y de las encuestas. Es difícil que el SPD se acerque a la CDU-CSU, como sucedió en 2005. Pero no cabe descartar que unos malos resultados socialdemócratas, incluso los peores de su historia, signifiquen su desalojo del poder; como nada hay escrito respecto a que un incremento del voto al FDP, en constante crecimiento desde 1998, conduzca directamente a su entrada en el Gobierno. De ahí la preocupación que suscita la eventualidad de que un resultado muy cerrado quede desempatado por ese puñado de escaños suplementarios que no son fruto directo de la voluntad de los electores

Hay 2 Comentarios


La estabilidad gubernamental no depende, ni siquiera fundamentalmente, del sistema electoral, sino de factores sociales que se proyecten en las instituciones sin provocar la quiebra de esa estabilidad. Lo cual no significa que tal estabilidad no deba negociarse, lo que siempre es mejor que adquirir una mayoría a expensas de una relación lo más próxima posible con los deseos de los votantes. En España se vulnera el precepto constitucional de la igualdad del voto sin que se haya actuado para impedirlo. Ni los partidos mayoritarios ni los grupos nacionalistas están interesados en esa modificación. Sin embargo, en aras de una corrección del sistema que proporcione mayor estabilidad al gobierno, hemos asistido a la ausencia de representación alguna del PCE o de IU en 40 provincias españolas, en algunas de las cuales ha llegado a tener más del 12% de votos. Por otro lado, tal proporcionalidad no ha impedido, sino que ha propiciado mayorías absolutas como las del PSOE en el periodo 1982-1993 y la del PP en 2000-2004. No creo que nadie considere que ninguna de las situaciones fuera beneficiosa para la democracia española, por el grado de carencia de control del gobierno por el parlamento y, sobre todo, porque tales mayorías nunca se refirieron a una equivalencia en votos que las sustentara: el PSOE no tuvo 2/3 de los votos en 1982, pero tuvo 202 de 350 diputados cuando ni siquiera llegó al 50% de los votos. Y nos hemos hartado de considerar a qué llevó la mayoría absoluta de Aznar. En una cultura política pluripartidista, la combinación de votos del sistema alemán parece lo más adecuado. La proporcionalidad pura italiana no evitó que el mismo partido se mantuviera en el poder durante cincuenta años, teniendo que negociar con partidos laicos que no tenían más opción que hacerlo. En Francia, la IV República no cayó como resultado de la proporcionalidad, sino de la locura de expulsar al PCF del área de gobierno (el famoso descuento de los votos de Mendès France en 1954), además de la erosión insufrible de las guerras coloniales. La instauración del sistema mayoritario a dos vueltas supuso, en las elecciones de 1958, que los gaullistas dispusieran de 200 diputados y los comunistas de 10 con un número similar de votos. En las elecciones siguientes, las de 1962, el PC llegó a los 43, gracias a que algún sector socialista votó a sus candidatos en segunda vuelta, pero continuó a gran distancia de los más de 200 escaños gaullistas. El sistema mayoritario ejerce una violencia sobre el elector porque considera prioritaria la fuerza del poder ejecutivo, no la de la asamblea legislativa.

Una corrección que contemplara la necesidad de la estabilidad provocaría una ficción peligrosa: por ejemplo, fijémonos en el resultado de las elecciones francesas: si sumamos el voto a la extrema derecha y a la extrema izquierda extraparlamentarias, más la abstención, en el año 2002 sólo un tercio de los franceses votaban dentro del sistema en las presidenciales...¿No obedece ello, además de a otros factores, al desapego con respecto a un sistema electoral que expulsa opciones del parlamento y reduce a otras a su mínima expresión?

La nuestra no es una cultura de demócratas y republicanos, sino de una tradición plural en la que liberales, conservadores, democristianos, socialdemócratas, ecologistas y socialistas de izquierda o comunistas continúan existiendo como realidad social.

No siempre la proporcionalidad debe ser la máxima en los procesos electorales. También hay que tener en cuenta el elemento de la estabilidad.
http://enclaveinternacional.wordpress.com/

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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