Lluis Bassets

Editoriales conjuntos

Por: | 27 de noviembre de 2009

No me gustan. Los editoriales me gustan cada uno con su propia voz. Aunque luego las voces formen un coro. El texto unánime sufre en su credibilidad y en las marcas que deja sobre el territorio de los lectores. Los de dentro y los de fuera. Los de la unanimidad y los otros. No me voy a referir ahora al contenido, lo haré más adelante. Igual estoy de acuerdo. Pero no es el caso al menos en dos frases que no firmaría. La que lo encabeza: la dignidad de Cataluña. Sólo conozco la dignidad de los ciudadanos de cualquier país en general y naturalmente la dignidad de los catalanes en particular. Y luego la frase final, por razones más complejas que más abajo explicaré. 

Regresemos al gesto unánime, antítesis de la expresión plural y variada, de la deliberación libre y racional de la que deben seguirse posiciones y decisiones. El periodismo no puede sentirse cómodo en este campo de juego en el que se convierte en puro instrumento de otros. Se dirá que ya lo es en muchas otras ocasiones: razón de más. Que los medios sean agentes políticos no significa que los periodistas aceptemos sumisamente que se nos convierta en instrumentos políticos. 

Vamos ahora a las rayas marcadas sobre el territorio. “La práctica totalidad de los diarios cuya línea se determina en Catalunya”. ¿Por qué no ‘todos’? ¿Habrá algún periódico cuya línea se determine en Cataluña que no haya firmado el editorial? Pues sí: hay un editor en Barcelona que determina la línea de uno de los periódicos que se editan en Madrid, un periódico que milita contra el Estatut, algo que curiosamente es compatible con mantener la propiedad de un periódico que no tiene suficiente con este Estatut. Los otros periódicos y editores 'cuya línea...' quedan fuera, separados, segregados. 

La frase final: “Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable”. No está en el plano del análisis ni de la valoración. Más allá de la toma de posición, entra directamente en el terreno puro de la acción política. Como un partido. O mejor, una coalición de periódicos que mima a una coalición de partidos. 

La advertencia es clara: en 1906 todos los partidos catalanes, desde los carlistas hasta los republicanos federales, se unieron en un potente movimiento que primero se movilizó en la calle y luego se presentó a las elecciones generales de 1907, obteniendo 41 de los 46 escaños catalanes. La Solidaritat Catalana surgió frente a la Ley de Jurisdicciones, que sometía los delitos de opinión a consejos de guerra formados por militares. El catalanismo de principios del siglo XX buscaba la unidad en un movimiento que quería modernizar y democratizar España. 

Por tanto, ni la cruz ni la raya. Pero el resto, el fondo, podría llevar mi firma. Aunque hay que decir que los editoriales conjuntos son, ante todo, cuestión de formas.

Hay 5 Comentarios

Coincido con tu posición. Los editoriales unánimes son un escaparate: un texto así, que podría representar perfectamente las posiciones de periodistas como Enric Juliana, está a años luz de representar a periodistas de, pongamos, el Avui. Claro está, se intuye, en el fondo, la lucha entre los dos grandes periódicos "cuya línea... bla bla" por ver quién es el portavoz oficial de Cataluña. Y eso suena muy poco a periodismo. En esta profesión, cuanto más "nacional" y más "oficial", menos bueno. Un saludo cordial.

D. LLuís,

No me puedo creer que usted, precisamente usted, esté de acuerdo en que nadie, ni siquiera los catalanes, puedan intentar precionsa a nuestro Trobunal COnstitucional para que tome una decisión política, no jurídica, sobre una Ley del Estado, como es un Estatuto de Autonomía.

Por favor, basta ya.

De verdad, siempre he pensado que eres uno de los mejores periodistas de España, pero últimamente me haces dudar.

Qué facilidad tenemos para quedarnos en el análisis del envoltorio y no preguntarnos por el qué hay detrás y su profundo porqué. Una breve reflexión haría sospechar al más naive de los no interesados en este tema, que el horno no está para bollos. Y ese es el problema: los intereses de partida de quienes ridiculizan, desde su capacidad de no conceder, lo que les parece que es una solicitud o un ruego. Y se equivocan. Existe un creciente sentimiento en la población catalana de agravio desdeñoso hacia Cataluña que difícilmente se contiene con descalificaciones formales. El tema es el tema. Cuando el tema cala en la población y se extiende hasta convertirse en un lugarcomún en el normalmente despreocupado ciudadano promedio, la desafección y la ruptura están a un solo paso.
El Sr. Bassets es catalán. De sobra sabe de que hablo. Cataluña es un país cuyo himno y cuya fiesta nacional rememoran sendas enormes y trágicas derrotas, consecuencia de las cuales fueron la abolición de las instituciones catalanas y la división y amputación de su territorio. Un país que celebra de este modo sus derrotas es un país que no renuncia a sus principios y creencias, y a los motivos de aquellas luchas. Y aquí hay enorme reivindicación por el fuero, pero también por el güevo. Más nos vale a todos empezar a tomárnoslo en serio.

La dignidad de Catalunya
TSC, Doce hombres con serenidad
Los catalanes somos gentes pacientes, trabajadores y de flema; uno de los cuatro humores en qué la medicina antigua dividía los del cuerpo humano. De estoico aguante y templanza, de sobriedad y continencia. Los catalanes no somos una amenaza, ni una pandemia ni contagio que azote la salud de nuestra treintañera democracia, que ya camina descalza y confiada, sin dudas ni amenazas que le quemen como brasas. Los catalanes, aportamos vitaminas y proteínas en forma de impuestos y tributos para el bien del resto, de una España que es plural y de mayoría colectividad que vive en libertad y derecho fundamental. La democracia está dentro del estado, como el alma está dentro del cuerpo.
El Estatut es una gran apuesta, la visión tibia de la política. Valiente y audaz, para pedir lo que es justo y arreglo a la razón. Para desatar y soltar de una vez las correas que nos atan a un pasado ya lejano, que ya no es perenne ni perpetuado.
El Partido Popular, en su enajenación por volver a recuperar el poder, utilizará mil artimañas, mil tretas y mil engaños, para confundir al ya curtido ciudadano. Haciendo recursos, demandas y demás impíos requerimientos, cebando a la política para engrandar el desconcierto, para poner freno a la evolución natural y necesaria, pensando erróneamente que con el barro todo se tapa. Pero el ciudadano piensa. Piensa y reflexiona, reflexiona y vota. Porque treinta años de democracia dan para hacer la libertad impermeable que parte de la sabiduría del pueblo. Porque ahora, somos “Ágora y no rastrillo” de las antiguas Españas.
El Tribunal Constitucional, tras tres años de lenta deliberación, tendrá que tomar una decisión para llegar hasta el final. Como el galeno hace diagnóstico, para luego dar tratamiento acertado. Pero aquí no hay paciente ni tampoco enfermo. De la misma manera, -como decía Hipócrates- ; no hay enfermedades, sino enfermos. Y que la decisión de los magistrados, a los tiempos, sea en buena hora y mejor día, para que impere la razón buscando en los rincones y recoletos de su valiente decisión.

Dijo el presidente Zapatero, refiriéndose al Tribunal Constitucional como; “el corazón de la democracia”. Los catalanes no somos el colesterol de las membranas por las cuales se disipan los males del estado, evitando la regulación de las comunidades de una España sana, que como células regeneradas, dispuestas a entenderse están entre ellas.
Catalunya no es el eje del mal de la derecha, porque la derecha tiene sus propios males y dolencias, verdadera causa de su apatía y falta de pensamiento y claridad. Conseguir el poder con dudosas litigaciones y por lo bajo, es vil y de tirar la piedra cuando el cristal ya está roto en el tiempo. Porque atrás, han quedado odios irracionales qué a ningún lugar desembocan; ni en caños ni en fuentes.
El “Estatut de Catalunya”, no es más que la evolución de un país que va camino del buen juicio. Un país que escribió el prólogo de los principios básicos de la libertad en 1977, en referéndum como es costumbre en corazones y rostros civilizados. El desconcierto brilla como soles en los más débiles y villanos en la morada de la política más arcaica
En treinta años de democracia, los españoles han madurado, han reflexionado y se han curtido a golpe de trabajo y esfuerzo. Porque el pueblo piensa, piensa y no se debe de dejar arrastrar ni engañar por afecciones de males imaginarios. En estos tiempos de crisis globalizada, de una crisis mundial y generalizada, no podemos dejar llevarnos por odios pasados. Porque a lo lejos, viene la democracia siempre a auxiliarnos, siempre clara como un espejo donde los demócratas nos reflejamos, que es como un trozo de vida que nos vuelve a poner en los raíles de el agua viva que es la libertad.
Tengamos paciencia, qué más podemos hacer los catalanes que esperar, siguiendo travesía en libertad, con serenidad y entereza, con la templanza del agitador perfilar. Y vosotros los jueces..., recordad, que lo pactado obliga.
Sergio Farras (escritor tremendista) Un hombre nada más....

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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