Lluis Bassets

La eficacia del diablo

Por: | 23 de noviembre de 2009

Diabólicamente eficaces a la hora de preservar sus propios márgenes de poder y de acción. La frase de Felipe González, pronunciada en los mismos días en que se estaba cocinando el acuerdo sobre los nombramientos de altos cargos de la Unión Europea, vale para el todo, pero no es aplicable a las partes. Tiene toda la razón el presidente del Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa al hablar de ineficacia diabólica cuando se refiere al Consejo Europeo y a sus decisiones, pero no la tiene si se refiere a las decisiones en las que están en juego los poderes de todos y cada uno de los representantes de los 27 ejecutivos que conforman el Consejo.

Éste es el caso de los nombramientos. A los 27 les interesa contar con una cúpula de la UE dócil y manejable: un presidente de la Comisión que limite su capacidad de iniciativa y de agitación y actúe como un coordinador y secretario al servicio del Consejo; un presidente del Consejo Europeo que se limite a presidir ordenadamente las reuniones y sea incluso capaz de buscar consensos; y un alto representante y vicepresidente de la Comisión que sea, sobre todo, el coordinador del nuevo Servicio Exterior, a disposición de las políticas exteriores de los 27. Ninguno de los tres personajes debe eclipsar, sobre todo, a los tres grandes: al premier británico, al presidente francés y a la canciller alemana. Y de carambola, tampoco a los no tan grandes, como son el italiano, el español o el polaco.

Conocemos perfectamente cómo funcionan las cosas. La eficacia diabólica de que han hecho gala ahora con los nombramientos es la que explicará la ineficacia diabólica que se seguirá en el futuro cuando se quiera tomar decisiones. Lo que ha contado no son las biografías europeístas más brillantes, sino la capacidad de adaptación a las conveniencias de los jefes de Estado y de Gobierno. Conveniencias que son de dos tipos. Las más formales: que se acomoden a los sistemas de compensaciones, cuotas y equilibrios. Y las más de fondo: que se comporten exactamente como quieren los primeros ministros y jefes de Estado.

Las designaciones del jueves por la noche de Herman van Rompuy como presidente del Consejo Europeo y de Margaret Ashton como alta representante para la Política Exterior, que se suman a la designación adelantada en junio del presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, han cumplido con buena parte de los primeros requisitos y con la totalidad de los segundos. Hay dos conservadores, el presidente de la Comisión y el presidente del Consejo, y una laborista, la alta representante. Uno de los tres es mujer, una exigencia finalmente perentoria. Los países pequeños, que conforman ahora mismo la mayoría de los socios, están representados por el presidente belga. Falta la componente de Europa oriental. Pero, de otra parte, los tres son de perfil bajo y con unas biografías políticas que no van a hacer sombra alguna a los amos de Europa.

No hace falta insistir en el nombre de Tony Blair, con fama y trayectoria oscurecidas por su sumisión a Bush y su apoyo impenitente a las mentiras de las armas de destrucción masiva que condujeron a la guerra de Irak; ni el de Felipe González, que no quería. Basta con citar al finlandés Martti Ahtisaari, premio Nobel de la Paz en 2008 por su labor de mediación en procesos de paz en Namibia, Irlanda del Norte, Aceh y Kosovo; a Joschka Fischer, el alemán que hizo cambiar la política exterior de su país y le implicó por primera vez en operaciones militares de mantenimiento de la paz en el extranjero; o a la ex presidenta de Irlanda y ex comisaria de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mary Robinson.

Los interlocutores de Obama y Hu Jintao en la globalidad multipolar que estamos diseñando no serán Durão, Van Rompuy o Ashton, sino que seguirán siendo Gordon Brown (pronto David Cameron), Nicolas Sarkozy y Angela Merkel. En vez de actor global, varios actores débiles y divididos. Una Europa que espontáneamente adopta el lema de la sumisión: el divide et impera que propugnaban los romanos.

Europa merecía más, pero deberá conformarse y trabajar con menos. Como ha venido sucediendo siempre. Gracias a la eficacia del diablo.

(Enlace con las palabras de Felipe González).

Hay 7 Comentarios

Jajaja... María, ¡Qué buen ladrillo te largaste! Ojalá enfocaras donde corresponde. ¿Has visto cómo mueren los africanos de hambre? Ahora, ¿quiénes deben de consumir menos, los que no producen nada, o los que producimos todo, incluso lo que comen los africanos cuando les donamos la comida? ¿Qué parte debo conservar, mi comida o la tuya?

Es tan bello pensar en el "bien del planeta" mientras ignoramos la verdadera realidad. ¿A quién quieres que mate?

"No ma-no-se-e-mos más los tratados". Es mejor que dejemos todos (todos, todos) de estudiar el fuego mientras arde la casa. Y llamemos a los bomberos.

Bellísima es la herencia de viejas piedras en forma de escultura y de viejos óleos de los dioses del Olimpo, comenzando por los representantes de la naturaleza.
Debemos "ayudar a la naturaleza"; "imitar a la naturaleza", decía el sabio y experimentado agrónomo que llegó a ser el francés Jean Marie Roger.
Necesitamos un sistema que ayude e imite a la naturaleza. No es posible un crecimiento sostenible basado en el consumo de recursos sin freno.

La comunidad científica propone nuevas estrategias agrarias, nuevas estrategias para el uso de la energía, nuevas estrategias industriales y nuevas estrategias para un desarrollo económico viable.
Y todos a cumplir las normas, coordinados por y en la ONU. Y haciendo real lo de un hombre un voto

El científico que hablaba del disco de Petri, hace ya veinte años, se llama William C. Clark. Es el autor de "La gestión del planeta Tierra", del número monográfico de la edición española de Scientific American, de noviembre de 1989.

He querido decir disco de Petri.

Existe una dinámica diabólica que no puedo quitarme de la mente, mi estimado Lluís: las pautas de crecimiento que ocurren cuando se introducen bacterias en un disco de Peltri rico en nutrientes. En el limitado mundo del disco, el crecimiento no se puede sostener indefinidamente. Conforme las poblaciones bacterianas agotan los recursos disponibles y se hunden en sus propios desechos, el exuberante crecimiento inicial queda reemplazado por el estancamiento o el desplome. Llevamos al menos veinte años de retraso en la construcción de un paradigma sostenible y eficaz.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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