Lluis Bassets

'Obamao'

Por: | 19 de noviembre de 2009

No es una anécdota. Mao Zedong es un doble símbolo. De lo viejo, el comunismo embalsamado en Tiananmen, y de lo nuevo, la cultura pop que acompaña al capitalismo y a la sociedad de consumo. Fundido con la imagen de Obama, adquiere un significado nuevo e inquietante para las estrechas mentalidades, alérgicas a la ironía, que gobiernan el Imperio del Centro. De ahí la retirada de las camisetas y carteles con esta imagen durante la visita de Barack Obama a Shanghai y Pekín. Por si acaso. Para evitar que unas chispas incontroladas puedan prender en una sociedad en plena efervescencia.

La personalidad de Obama, vista desde China, no tiene nada que ver con los anteriores presidentes que han visitado Pekín desde que Nixon abrió la puerta en su entrevista con Mao en 1972. De entrada, sólo Obama es un icono pop como lo son Mao o el Che Guevara. Para mayor peligro, es el presidente más asiático de la historia de la Casa Blanca. El más próximo, por tanto. Nacido y criado en la región del Pacífico, entre Hawai, donde nació, e Indonesia, donde pasó la infancia, con una hermana indonesia y un cuñado chino-canadiense. Pero su elocuencia y su gestualidad son todo lo contrario a la rigidez china que exhiben los señores del Kremlin chino que es Zhongnanhai (que significa Dos Lagos). Y su imagen personal y familiar está en las antípodas de los fríos y opacos burócratas con los que se ha entrevistado estos días.

Los chinos se preguntan acerca de Obama. No saben si es la cara amable y momentánea de unos Estados Unidos debilitados por los disparates de Bush y por la crisis económica o el nuevo rostro de una superpotencia adaptada a un mundo más equilibrado y multipolar. El poder comunista de Pekín siempre ha preferido a los republicanos sobre los demócratas. Se lo dijo el propio Mao a Nixon: "Yo voté por usted en las elecciones". Nadie ha tenido mejor entrada en Pekín, después de Nixon, que los Bush, padre e hijo. Sólo con Bill Clinton, en su viaje de 1998, los mandarines del régimen soltaron la mano y permitieron una rueda de prensa en condiciones de libertad, en la que Jiang Zemin, el líder de la época, discutió amistosamente con el presidente norteamericano sobre los temas más comprometedores, entre otros los derechos humanos. Ahora, con Obama, ha regresado la frialdad con que el izquierdista Mao trataba a los izquierdistas.

China se ha manifestado como un socio difícil y un amigo reluctante, hasta el punto de que Obama regresará a Washington prácticamente con las manos vacías. No es una novedad. Está en la línea de su presidencia, esmaltada por magníficos discursos, inspirados y de gran capacidad transformadora, y articulada sobre grandes cambios de rumbo estratégico, tanto en la organización de la sociedad americana (sistema de salud, intervención del Estado en la economía, cambio hacia la economía verde...) como en la acción internacional (nuevo comienzo con Rusia, desarme nuclear, incorporación de China al G-20 y de facto al G-2 que tan bien encarna este viaje...). Cosas todas ellas que están muy bien, pero presentan una dificultad que si persiste tendrá consecuencias electorales: todavía no ha dado frutos concretos.

Esos días chinos de Obama expresan perfectamente la ambivalencia: el eje del mundo está ya claramente en el Pacífico. Nada puede hacer EE UU sin China y nada puede hacerse en el mundo sin el tándem que conforman EE UU y China. Se necesitan, a pesar de la frialdad y la distancia. Esto es así si se trata de acordar cifras de reducción de emisiones a la atmósfera, estimular la economía mundial o frenar la proliferación nuclear. Incluso si se trata de gestionar razonablemente los embrollos de Afganistán, Irán e Irak, tres países del continente asiático. Son las interdependencias sobre las que se construyen las nuevas relaciones internacionales en las que cada uno de los grandes actores es necesario, pero ninguno de ellos, ni siquiera dos de ellos juntos, son suficientes para poner en marcha la bola del mundo.

Pero esta ambivalencia se expresa también en 'Obamao', la síntesis iconográfica de la dialéctica maoísta que opone, como tesis y antítesis, a los dos iconos pop, el Gran Timonel que fundó la República Popular China y el primer presidente negro que quiere convertir de nuevo a EE UU en el líder mundial por su autoridad moral y su capacidad de diálogo multilateral. La explicación más sencilla de la censura a esta imagen es que nada produce más sarpullidos en los pabellones de los Dos Lagos que la irreverencia. Pero la técnica de la sospecha conduce a escarbar algo más: obligados a soportar a Mao embalsamado y a utilizarlo como escudo de su intransigencia, temen el impacto de 'Obamao' sobre unas juventudes ansiosas de una libertad hasta ahora secuestrada. El diseñador del nuevo icono, que representa a Obama como un guardia rojo, ha hecho con las imágenes lo mismo que hicieron los jóvenes chinos en 1989 con Tiananmen, ocupar el gran espacio simbólico del culto maoísta.

Hay 3 Comentarios

Zhongnanhai hace referencia a "Dos Lagos", pero no significa eso. Una traducción más exacta sería "Lago del Centro y del Sur", aunque no sé muy bien cuál es la relevancia para el artículo.

Zhong (中): Centro
Nan (南): Sur
Hai (海): Lago (en otros casos quiere decir "mar" u "océano".

Sr. Bassets, muchas gracias por sus acertados artículos; estoy de acuerdo con usted respecto a muchas cosas, pero nó en todas. Respecto a éste quisiera concentrárme en una sola frase: "..Obama volverá a washington con las manos vacías"..Considero que la asumpción no está substanciada, ya que tanto la conversación como los acuerdos son secretos, y yo le puedo asegurar que no se hace un viaje tan largo para volver "con las manos vacías". El resultado de la conversación se reflejará en los acontecimientos del futuro, y tendrán una relación directa con la economía, y nos guste o nó, "el nuevo amo" ya no habla inglés, habla mandarín. Un saludo

"Estados Unidos debilitados por los disparates de Bush" ¿Ah? ¿Debilitados por Bush? Lluís, Lluís, ¿recuerdas la máxima? "No por mucho madrugar amanece más temprano" Qué tú lo desees no lo hace cierto ni certero. Qué Europa (exceptuando a GB, por supuesto,) finalmente se declare impotente militarmente, cobarde políticamente, y reculando en socialismo no hace menos poderosa a USA. Mientras Europa no consigue 5 mil soldados para defender nada, USA pelea dos guerras al otro lado del mundo sin ayuda de Europa (sin contar a GB naturalmente.) Creo que es el agua que beben los euros que produce impotencia, y cobardía política completa, por no decir gorroneo militar (claro, los euros viven de gorra a costas de USA, a quién critican continuamente.) A la OTAN sin USA y GB la derrota Cuba o Venezuela.

Si alguien debilita a USA es Obama, el Incompetente y Cobarde Socialista. Ese que no tiene vinagre para enfrentar a un musulmán asesino dentro de nuestros propios rangos militares. Siempre sale con la hipocresía característica: defiende al musulmán asesino, mientras ataca al policía blanco que defendió la casa del profesor negro.

¿Existe algo en este mundo que los euros estén dispuestos a defender? (Exceptuando a GB naturalmente. Ellos han dado pruebas una y otra vez.)

Me alegra, Lluís, que siempre mantengas tu línea, eres constante y predecible como reloj suizo.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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